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E L   C U A R T O   R E I C H 

7 de enero del 2004

Breve manual sobre la política exterior de los Estados Unidos: estrategia única desde 1947 (y subordinación de Europa)

Alberto Cruz
Rebelión

La invasión y ocupación neocolonial de Iraq ha puesto sobre la mesa muchas hipótesis académicas sobre el nuevo papel de las relaciones internacionales, del derecho internacional público, y ha generado un importante debate sobre el papel de los Estados Unidos como potencia hegemónica incuestionable, la subordinación o no de Europa a los designios del nuevo emperador y si tiene sentido o no el reformar el sistema multinacional amparado por la ONU tras el penoso papel jugado por esta organización en los meses anteriores a la guerra contra Iraq y su posterior sanción de la política de hecho consumados pasando.

Los libros y los artículos sobre estos extremos han proliferado desde que el 11 de septiembre de 2001 fuesen atacadas las Torres Gemelas de Nueva York. En todos, al calor de la "guerra mundial contra el terrorismo", se analiza el giro de la política internacional hacia un unilateralismo militar, el ritmo vertiginoso en el que se han sentado nuevas estrategias, nuevas políticas de alianzas y han aparecido nuevos enemigos. Desde Augusto Zamora a Michael Ignatief, desde Pierre Hessner a Walter Mead, desde Gilles Kepel a Emmanuel Tood, desde Emmanuel Wallestein a Robert Cooper, Norman Mailer, Andrew Bacevich, o el mismísimo Noam Chomsky, por sólo citar los que más se han prodigado en el apartado de Relaciones Internacionales en los medios de comunicación, han considerado que hemos entrado en una nueva era, caracterizada por "la fuerza como instrumento favorito de la política de los EEUU", que los EEUU son "el imperio romano del siglo XXI", que "estamos asistiendo al diseño de un nuevo imperio" o que los EEUU tienen la potestad de poner en marcha "guerras humanitarias dado que su imperialismo es moral". Con la finalización del 2003 se han vuelto a escuchar este tipo de opiniones, especialmente a la hora de analizar lo que ha supuesto la invasión y ocupación ilegal de Iraq.

Pero mi modesta opinión es que ello no es del todo cierto, sino que sigue la misma constante que ha venido impulsando la política exterior de los Estados Unidos desde el fin de la II Guerra Mundial y que se ha basado en la ayuda exterior, la fuerza militar y la presión diplomática. Estos tres ejes conceptuales han sido la tónica desde que en 1947 se puso en marcha el Plan Marshall para "ayudar" a la reconstrucción de Europa después de la devastadora guerra y como principal escenario de la confrontación Este-Oeste. Y se han mantenido inalterables a lo largo del tiempo, siguiendo fielmente la doctrina académica del "realismo político" (Hans Morgenthau) que considera que la política de EEUU, en su lucha "constante y perpetua" por el poder mundial, tiene que desarrollarse en tres formas: "la política de statu quo, la política de prestigio y la política imperialista" (1). Una estrategia que ha sido siempre la misma, desarrollada con mayor o menor intensidad en función del tono del enfrentamiento con la desaparecida Unión Soviética.

Sin entrar en consideraciones académicas, sí cabe mencionar que estos tres ejes de la política exterior estadounidense se han venido poniendo en práctica de forma individual y/o en conjunto siempre que los EEUU lo han estimado necesario, con independencia del inquilino de la Casa Blanca, y con el objetivo explícito de afirmar sus "intereses nacionales vitales" en todo el planeta. Así, en la década de los 40/50 Europa fue el principal escenario -como consecuencia de la II Guerra Mundial, lo que se conoce como "política de equilibrio del terror", consistente en llevar a la URSS a una situación de riesgo de guerra y que años más tarde fue sustituida por el concepto de "guerra fría", lo que por seguir con el academicismo de Morgenthau sería la política de statu quo-; en la década siguiente (50-60) la atención de EEUU estuvo centrada en Asia (Revolución china y guerra de Corea) siguiendo la "Doctrina Kennan", puesta en marcha para evitar la expansión del comunismo; en los años 60-70 se volvió al tradicional "patio trasero" latinoamericano (Alianza para el Progreso para hacer frente a las enseñanzas de la Revolución Cubana, con intervención militar directa en la República Dominicana) aunque se mantuvo la atención en el flanco este de Asia (Vietnam) en cumplimiento estricto de la "Doctrina Kennan". Los 70-80 tuvieron Oriente Medio como zona de intervención motivada por la crisis del petróleo y necesidad de estabilidad para garantizar el acceso a las ingentes reservas petrolíferas de la zona ("Doctrina Carter", aunque impulsada al final de su mandato -1981- es la respuesta a la crisis de los rehenes en Irán y la reacción a la crisis del petróleo: en ella se declara que las reservas de petróleo del Golfo Pérsico son de vital interés para los EEUU y, a partir de ese momento, se justifica la intervención militar estadounidense para impedir cualquier intento de dominio exterior de la región"); los 80-90 vieron cómo todos los países de Centroamérica sufrían una guerra de baja intensidad generalizada contra los procesos emancipadores que se habían iniciado en Nicaragua, El Salvador y Guatemala ("Doctrina Reagan": el "músculo militar americano" debía golpear en cualquier lugar -invasión de Granada en 1983, ataque a Libia en 1986- o apoyar de forma directa a los antimarxistas, o sea, la puesta en acción de la "política de prestigio", para detener el expansionismo soviético: Angola, Etiopía, Mozambique, Nicaragua, etc.) y, en la década con la que finalizaba el siglo XX, los centros de atención se diversificaron en tres zonas: Oriente Medio, Europa del Este y el triángulo estratégico latinoamericano: Venezuela, Colombia y Ecuador ("Doctrina Clinton" y la diversificación de las "amenazas a la seguridad nacional de los EEUU").

Rusia y China

Al centrar su atención en tres áreas geográficas distintas y distantes los EEUU ponían de manifiesto que estaba en marcha el nuevo plan estratégico diseñado por el Departamento de Estado de EEUU en 1993 (Bottom up review, "Revisión de arriba abajo" en castellano, o lo que es lo mismo, revisión de los planes estratégicos en vigor hasta entonces una vez desaparecido el comunismo) en función del cual, y bajo cuya aplicación, durante la presidencia de Clinton el imperialismo alcanzó su cenit: expansión económica y superioridad incuestionable en tecnología de la información en todo el mundo. Dicho plan estratégico, que supone el inicio formal de "la política imperialista" a la que se refería Morgenthau, se elaboró al hilo de los acontecimientos que supusieron el fin de los estados del "socialismo real" en la Europa del Este, el derrumbe de la URSS y las enseñanzas extraídas de la guerra de agresión contra Iraq en 1991. Con la primera guerra contra este país árabe se ponía de manifiesto la determinación estadounidense de desencadenar una guerra convencional y altamente destructiva contra una potencia emergente del denominado Tercer Mundo (e hipotético peligro para Israel puesto que Iraq era la principal amenaza externa del estado sionista a medio plazo) para defender unos "intereses estratégicos" supuestamente amenazados: los energéticos. Al mismo tiempo, desaparecía del lenguaje habitual imperialista la noción de "gran enemigo", como durante décadas se tildó al comunismo y a la Unión Soviética, y se sustituía esa noción por la de "grave amenaza para la seguridad nacional".

Esa amenaza, en singular o en plural según convenga a los intereses del momento, ya no surgía de un país o de una zona delimitada sino de varios focos diferentes y los EEUU readecuaron su estrategia para intervenir militarmente donde estimasen oportuno con el objetivo estratégico de convertirse en el único factor de política internacional amparándose en su incuestionable poder militar. De esta forma, los EEUU se arrogaban la potestad de intervenir en aquellos países donde considerasen que había una "proliferación de armas de destrucción masiva" (recurrente excusa aducida cada vez que se bombardeaba Iraq en los años 1993-2002 y excusa formal para invadir el país árabe en 2003) y donde hubiese "peligros regionales" derivados de una amenaza de "agresión a gran escala" de grandes potencias regionales "con intereses antitéticos a los nuestros" (velada alusión a Rusia por sus intentos de recomponer viejas alianzas con repúblicas de lo que fue la ex URSS, o sea, la Confederación de Estados Independientes). Se incluía también en el apartado de amenazas susceptibles de intervención militar estadounidense la reversión de "la democracia y las reformas económicas" en Rusia y en el resto de países de la Europa del Este, esos en los que ahora se apoyan los EEUU -"la nueva Europa" para subvertir o dificultar los intentos de unificación política de la Unión Europea. Los EEUU no han ocultado nunca su preocupación por Rusia, en el sentido de evitar que recupere protagonismo en la escena política internacional, y de ahí que hayan elaborado un importante programa económico y militar para desplazar a Rusia del Cáucaso, la cuenca del Caspio y Asia central. Esta ha sido la meta de la política exterior estadounidense desde el mismo momento de la desaparición de la URSS; de hecho ya en 1997 se inició el "cerco militar" a Rusia con la expansión de la OTAN hasta sus mismas fronteras para dificultar la recuperación del complejo militar de Rusia y el económico con la construcción del oleoducto transbalcánico AMBO por las compañías estadounidenses, que atraviesa Bulgaria desde el mar Negro, a través de Macedonia y Albania hasta el Adriático, mucho antes de la guerra contra Yugoslavia. Caspar Weinberger, antiguo secretario de Defensa durante la presidencia de Reagan, se encargaba de alertar sobre el peligro ruso en un artículo periodístico al afirmar que "si Moscú consigue dominar los recursos energéticos de la región del mar Caspio obtendrá una victoria estratégica que podría significar mucho más que el éxito occidental" (2) que supondría la ampliación de la OTAN y la entonces incipiente extensión de las zonas de intervención militar.

La doctrina estratégica de la Administración Clinton contenía también un difuso "apoyo estatal al terrorismo" y una clara intención de intervenir militarmente en aquellos lugares donde "la subversión" pusiese en peligro a los gobiernos amigos, lo que justifica el apoyo al Plan Colombia, por ejemplo. Sin embargo, lo más novedoso de este nuevo plan estratégico (3) de intervención imperialista es la referencia a los conflictos étnicos (razón "humanitaria" aducida para la guerra contra Yugoslavia en 1999, aunque la económica ya estaba en marcha desde mucho tiempo antes, como he reseñado más arriba) y religiosos (en la interpretación de "musulmanes contra cristianos"). Este actualizado discurso de la amenaza ha otorgado carta de naturaleza a una nueva forma de agresión imperialista bajo la cobertura de "intervención humanitaria" -ahora se está volviendo al discurso al demostrarse la falacia de las "armas de destrucción masiva" en Iraq y se avala el derrocamiento de un gobierno desde el exterior, actuación expresamente prohibida por el derecho internacional (sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya "Accciones militares y paramilitares en y contra Nicaragua, Nicaragua contra EEUU", 27 de julio de 1986), y las "amenazas económicas a nuestra seguridad nacional [de los EEUU] que pudieran derivarse en la imposibilidad de construir una economía fuerte, competitiva y en crecimiento" (4).

Este nuevo plan estratégico sufrió "reacondicionamientos" en 1997 -como se ha dicho antes con el caso de Rusia- puesto que a la teoría del mantenimiento y despliegue de una fuerza militar suficiente para llevar a cabo simultáneamente, y ganar, dos grandes conflictos regionales (con la mirada puesta en Oriente Medio y la parte norte de Asia, algo que se repite todavía hoy con las amenazas contra Corea del Norte) se añadía la preocupación por el auge económico, político y militar de China y de ahí el intento estadounidense de obstruir el acceso hacia China de gas y petróleo procedentes de Asia Central, puesto que en China está creciendo muy rápidamente la necesidad de fuentes de energía y las reservas energéticas dentro de sus fronteras son muy escasas (las mayores están en el Tíbet). Hace pocos años se ha descubierto en el Mar del Sur de China un gran potencial de reservas de gas y petróleo y eso ha provocado algunos conflictos que han desembocado en episodios como el del avión espía estadounidense, obligado a aterrizar en un aeropuerto chino en el año 2001 tras un incidente con un caza del Ejército chino.

La burbuja europea

Mientras tanto, Europa vivía dentro de una burbuja. La desaparición de la URSS, el desplome de los países del "socialismo real" y la reincorporación de todos ellos a la órbita europea occidental generaron una importante euforia en el viejo continente, llegándose a creer que se podía convertir en el contrapoder de los EEUU o, si esta afirmación parece muy aventurada, que podía ser el factor que moderase las ansias hegemónicas y unilateralistas de los EEUU. Pero veamos la secuencia de hechos. En 1986 (con la URSS aún existiendo) se había firmado el Acta Única Europea para la libre circulación de mercancías, capitales, servicios y personas con la pretensión de que entrase en vigor en 1993; era el paso previo a la creación del euro, la moneda única europea. En 1993 (ya desaparecida la URSS) se adopta el Tratado de Maastricht con el objetivo de que entrase en vigor a finales de los noventa como moneda de transacciones financieras (1999) y con fecha física de circulación, o sea, en los bolsillos de los ciudadanos en el 2002. Se producía, en paralelo, el proceso de expansión económica y financiera hacia la Europa del Este -se le llegó a considerar el "patrio trasero europeo"- y hacia América Latina -en plena venta de la riqueza estatal y privatizaciones, que volvían a convertir a esa zona del mundo en el nuevo "El Dorado" para los conquistadores europeos, especialmente españoles- y se proyectaba su modelo económico, social y medioambiental con la etiqueta de "alternativa" a las brusquedades de las políticas de ajuste y al proceso de globalización. Estaba en marcha la construcción de una la gran Europa, casi con pretensiones de superpotencia, que aspiraba a serlo en los aspectos políticos y militares respaldada por el euro.

Pero todo el entramado salta por los aires con la guerra contra Yugoslavia (el 24 de marzo de 1999, en lo que supuso la primera violación del derecho internacional y de la Carta de Principios de la ONU). Si ya antes (1995) Europa había puesto de manifiesto una debilidad política considerable en el conflicto de Bosnia, con la guerra contra Yugoslavia dejaba patente que ni siquiera podía ejercer una función protagonista en un aspecto regional. Al hacer saltar por los aires el acuerdo de Rambouillet -con la confirmación de que la OTAN no es más que un instrumento al servicio de los intereses geopolíticos de la potencia hegemónica- los EEUU demostraban a sus aliados europeos quién detenta la hegemonía en el mundo y los aleccionaba a cerca de su incapacidad, pese a los intentos de unificación antes mencionados, para ser sujetos activos de las relaciones internacionales, demostraba que su margen de autonomía es muy escaso y sólo pueden reforzarlo mediante alianzas de subordinación a la gran potencia imperial. Por lo tanto, a partir de ese momento tenían que asumir cada vez más un carácter subsidiario en los proyectos políticos, económicos y militares del imperio. Y, a partir de ese momento, hay que observar la progresiva pérdida de autonomía y/o independencia en conflictos como el de Colombia o Palestina, por mencionar sólo los más sangrantes (literalmente hablando). Incluso se puede hablar también de Iraq, aunque con alguna matización.

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional o la "Doctrina Bush"

Todos los presidentes de los EEUU han pasado a la historia por sus aventuras militares, no por su proyección interna. Bush, pese a su fraudulenta elección, no iba a ser menos. Así, la nueva "Estrategia para la Seguridad Nacional" (septiembre de 2002) afirma con rotundidad que ese país "jamás" permitirá que se desafíe su hegemonía militar de la forma en que ocurrió durante la llamada "guerra fría". O sea, tanto en el aspecto militar como en el político (y es algo más que un aviso a navegantes, asiáticos o europeos). Con la excusa de la "guerra contra el terrorismo" se aleja de la técnica de la contención y la disuasión, desecha todos los tratados de no proliferación de armas nucleares y, con un lenguaje orwelliano, se pronuncia por la "contraproliferación", es decir, el ejercicio de una política activa de desmantelamiento de los arsenales nucleares de los países considerados "gamberros" (ya antes la "Doctrina Clinton" había acuñado el término de "Estados parias" para referirse casi a los mismos países que ahora forman el "eje del mal"). Y es aquí donde hay que encontrar la principal novedad en la "Doctrina Bush" respecto a sus antecesores.

Con el argumento falaz y banal de que no hay forma en el mundo actual de que se pueda disuadir a quienes odian a los EEUU y a todo lo que representa, la nueva doctrina afirma que si bien los EEUU tratarán constantemente de obtener el apoyo de la comunidad internacional, no dudarán en actuar solos en el ejercicio de su derecho a la defensa propia, "en acciones preventivas contra los terroristas". La "Doctrina Bush" es bien clara al respecto: "Si bien los Estados Unidos tratarán de obtener apoyo de la comunidad internacional, no dudaremos en actuar solos, en caso necesario, para ejercer nuestro legítimo derecho a la defensa" (5). Esta es la versión académico-militar del nuevo principal sucesor de Morgenthau, Michael Ignatieff -que, junto a Robert Kagan, es el máximo adalid de la nueva teoría que considera "irrelevante muchas veces, pero todavía es un foro útil en cuanto suministrador de legitimidad política" el papel de los organismos multinacionales como la ONU, la Organización Mundial de Comercio, la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea- y otros (6). Es decir, los fines imperiales se muestran en la actitud que los EEUU han de tener en el nuevo orden mundial, el "internacionalismo inconfundiblemente norteamericano que refleje la unión de nuestros valores y nuestros intereses nacionales" que dice la "Doctrina Bush": volver cruciales aquellas instituciones multinacionales que se adecuan a sus propósitos, como la Organización Mundial de Comercio o el Banco Mundial, e ignora o sabotea las que no lo hacen, como el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático o el Tribunal Penal Internacional.

Pero todo ello no es más que la excusa para la intervención militar en el corto y medio plazo mientras que refuerza su gran objetivo: prevenir cualquier desafío militar de los únicos países que le preocupan, que no son otros que China y, en menor medida, Rusia. La mención que en la "Doctrina Bush" se hace de estos países, a quienes se considera permanentemente bajo sospecha, es muy esclarecedora de hacia dónde irá en el futuro la estrategia político-militar de los EEUU y deja claro que si con la "guerra preventiva" los EEUU ponen en marcha las capacidades operativas militares convencionales, con el rechazo a la ratificación de tratados de contención de misiles balísticos intercontinentales refuerza el componente nuclear en sus vertientes ofensiva ("guerra de las galaxias") y defensiva ("escudo antimisiles") para así intentar hacer cierto el aserto de que "es hora de reafirmar la función esencial del poderío militar norteamericano".

Tanto Rusia como China se han dado cuenta de por dónde van los tiros, nunca mejor dicho. El temor de la antigua superpotencia a ser definitivamente superada por los EEUU en armas nucleares no es infundado. Sus sistemas de alerta temprana se encuentran en otros países, ahora independientes y que antes formaban parte de la URSS, y en los círculos políticos, militares y académicos rusos ya se empieza a hablar de que el Stalingrado de Rusia se encuentra en la militarización del espacio, puesto que tras los recortes impuestos a los planes espaciales rusos, los EEUU se encuentran ahora en posición de lanzar un primer ataque devastador sobre las fuerzas estratégicas rusas y neutralizar al máximo las denominadas "fuerzas de disuasión de segundo golpe" con el escudo antimisiles. Por lo que a China respecta, la amenaza es mayor puesto que sus misiles intercontinentales son de reacción lenta. De ahí que haya iniciado un rápido proceso de crecimiento presupuestario para modernizar su ejército (desplegando sistemas de lanzamiento móviles e incrementando su flota de submarinos lanzamisiles estratégicos) y esté enviando "señales" a los EEUU de que no se va a dejar amedrentar: así es como hay que interpretar tanto el envío de su primer astronauta al espacio, en una operación cosmética puesto que apenas estuvo 13 horas en órbita, como el papel que está jugando en la crisis con Corea del Norte.

Ya dijo Tucídides que en política hay que distinguir entre el logos o discurso y el erga o realidad que se esconde tras él. La Estrategia de Seguridad Nacional o "Doctrina Bush" es una obra maestra del lenguaje orwelliano y al leer "cooperar" hay que interpretar "liderar", "promover la paz" es equivalente a "guerra como único camino", "extender los beneficios de la libertad" es lo mismo que "defensa de nuestros intereses dentro y fuera del país", "Europa es un aliado en posición de igualdad" hay que interpretarlo como "subordinación".

En este sentido, el moderado entusiasmo que algunos han mostrado con las propuestas presentadas en la parte final de la presidencia italiana de la Unión Europea (composición de la Comisión, reparto interno de votos, política exterior común, Constitución), en lo que podría suponer un intento de restablecer la autonomía en relaciones internacionales de Europa o en la constitución de la "Europa-potencia", en palabras de los más entusiastas, es absolutamente irreal. La guerra contra Iraq ha puesto de manifiesto, otra vez, como antes con la guerra contra Yugoslavia, que Europa ha perdido definitivamente ese papel autónomo en política exterior. Si bien es cierto que la UE cuenta hoy con un claro poder económico, el hecho es que no es capaz de lograr que ese poder se convierta en poder político. Y una forma de lograrlo sería que los bancos centrales de los países considerados "socios preferenciales" de la UE convirtiesen sus reservas a euros, en vez de dólares. Ni siquiera es capaz de dotarse de una política exterior o de seguridad propias, sino que se subordina a la OTAN, y acepta claramente la doctrina de los ataques preventivos, por lo que es ya una organización militar ofensiva y con capacidad de actuar más allá de las fronteras europeas. La subordinación europea a los EEUU va a mantenerse al menos durante diez años puesto que, en contra de las apariencias, el proceso de ampliación a 25 países (casi todos los de la Europa del Este, abiertamente proestadounidenses) va a debilitar el proceso de construcción de "Europa-potencia", que dirían algunos, en vez de fortalecerlo. Con esta ampliación los EEUU han introducido un gran caballo de Troya en el seno europeo que le permitirá incrementar su poderío hegemónico a medio plazo. Iraq ha sido la primera pieza perdida definitivamente por Europa, Irán va camino de convertirse en la segunda.

La conclusión que se saca de la guerra de invasión contra Iraq es que Europa no tiene política exterior propia, cada vez que una crisis de guerra aparece se manifiesta una actitud sumisa (con alguna excepción) que hace cierta la aseveración de que una política exterior sólo está al alcance de aquellos países que cuentan con los medios o los recursos suficientes para hacerse oír fuera de sus fronteras. En el estudio de las Relaciones Internacionales se establece que éste es el caso no sólo de la superpotencia, sino también de las consideradas "potencias medias" que podrían ejercer una importante función protagonista, aunque nunca hegemónica, en un aspecto regional. Desde la guerra contra Yugoslavia Europa ha demostrado que ni tan siquiera es posible una actitud semejante en su propio terreno y el resultado es el de una Europa raptada, si hablar de colonizada parece muy fuerte. Como en el cuadro de Tiziano, la violencia del rapto y la postura forzada de Europa que ha quedado reflejada en la política internacional se ve dramatizada con la tormenta que se avecina tras las montañas.


NOTAS

(1) Morgentahu, Hans: "In defense of the National Interest", American Political Science Review, vol. 66, Nueva York 1952.

(2) Winberger, Caspar/Schweizer, Peter: "Russia's Oil Grab", The York Times, 9-mayo-1997.

(3) Citado por Cordesman, A.H: "U.S. Forces in the Middle East. Resources and Capabilities", Westview Press, 1997.

(4) Cordesman: ibid.

(5 )www.usinfo.estate.go.

(6) Ignatieef, Michael: "Imperio estadounidense (acostúmbrense a él)", New York Times Magazine, 5 de enero de 2003.

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