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P A N   Y   R O S A S 

19 de julio del 2003

Mujeres de maquilas

La mayoría de las trabajadoras de la maquila tienen menos de 25 años


Mujeres Hoy

Esta forma de explotación, ya practicada en Centroamérica en los decenios de 1940 y 1950 por la United Fruit, ha creado una fuerza de trabajo nueva, sobre todo de mujeres, con problemas y necesidades específicas. ¿Qué son las maquiladoras, de qué capitales son, y cuál es la situación de la gente que trabaja en ellas?

Aunque las plantas maquiladoras de montaje operan en la región de la frontera de EEUU y México desde tres décadas antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), la experiencia de la maquiladora fue un anticipo de lo que el TLC reservaba para el pueblo mexicano.

Lo que comenzó como un programa de excepción restringido a la región de la frontera, se convirtió finalmente en el elemento central de la estrategia económica del gobierno mexicano orientada a la exportación. El programa permite a las empresas extranjeras importar partes para ser ensambladas por trabajadores mexicanas, y el producto final es reexportado casi sin impuestos.

Hoy, existen alrededor de 4 mil plantas maquiladoras de montaje, que emplean a 900 mil trabajadores y trabajadoras mexicanas y que producen de todo, desde partes de automotores a aparatos de televisión y a pantalones. Cuando hablamos de maquiladoras tendemos a pensar en talleres de baja tecnología, pero muchas de las nuevas maquiladoras utilizan tecnología de avanzada.

El 81 por ciento de las maquiladoras de México se encuentran localizadas en parques industriales en la zona de 3.000 millas de frontera con EEUU. Sin embargo, las empresas multinacionales establecen, cada vez más, maquilas en otras partes del país.

Las empresas que han basado sus operaciones o contratado parte de su producción en las zonas de maquila son: General Electric, General Motors, Matsushita (Panasonic), Chrysler, Hallmark Cards, Ford Motor, Sony, Mattel, Hasbro, Hyundai, Converse, etc.

Aunque algunas firmas canadienses han invertido en las maquilas mexicanas, en particular en el sector de partes de automotores, la mayoría de las maquiladoras son de propiedad estadounidense o japonesa. Recientemente, ha habido también un aumento de la inversión coreana en el área de Tijuana. Sin embargo, el hecho de que muchas multinacionales basadas en EEUU, como General Motors y Ford, produzcan actualmente en Canadá y en México, significa que nuestro futuro está ligado con el destino de los trabajadores y comunidades mexicanas.

Yendo más al Sur

México no es el único país donde se encuentran las maquiladoras de exportación. Ha habido un gran crecimiento de la inversión extranjera en las zonas francas de América Central. Las maquiladoras de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua emplean más de 200 mil trabajadores y trabajadoras, la mayoría mujeres jóvenes que han migrado de las comunidades rurales que no pueden competir con importaciones agrícolas baratas.

La mayor parte de las maquiladoras de América Central se dedican a la industria del vestido, pero también existen algunas de montaje electrónico. Las maquiladoras más grandes son de propiedad coreana, taiwanesa y estadounidense. Estas plantas producen, bajo contrato, para las mayores tiendas y marcas de EEUU, que venden sus productos en Estados Unidos y Canadá.

¿Quién roba los trabajos de quién?

"Por cada empresa canadiense o de EE UU que se establece en México, se cierran tres o cuatro empresas de propiedad mexicana". Ángeles López, organizadora, Frente Auténtico del Trabajo (FAT).

Algunos trabajadores canadienses que han perdido sus trabajos como resultado del libre comercio y la reestructuración empresarial, ven a los trabajadores y trabajadoras del tercer mundo como aquellos que "nos están robando los trabajos". ¿Pero qué obtienen realmente los pueblos de México y América Central de esta inversión en la maquila?

En México, las maquiladoras forman parte de una estrategia económica amplia de abrir el país a la inversión extranjera y a la importación de bienes de consumo. Aunque esta estrategia ha creado nuevos trabajos, ha producido también la destrucción virtual de la industria doméstica, que no pudo competir con bienes de consumo producidos en la línea de montaje global.

Incluso en las regiones donde están concentradas las maquilas, se puede debatir si en realidad la gente gana más de lo que pierde por una inversión extranjera sin regulaciones ni restricciones. Dado que las empresas de las maquilas importan casi todos sus insumos y tecnología, es muy poco lo que hacen para crear industrias secundarias.

Las empresas de las maquilas casi no pagan impuestos, y lo poco que pagan va al gobierno central; los gobiernos locales no tienen la capacidad de proporcionar los servicios mínimos, como agua potable, electricidad, pavimento y servicios sanitarios a las crecientes poblaciones habitadas por los trabajadores de las maquilas y sus familias.

Es cierto que las miles de personas que migran a la región fronteriza lo hacen en busca de oportunidades de trabajo, aunque sea con bajos salarios, pero el alto grado de rotación de personal demuestra que los trabajadores de las maquilas no están satisfechos con los salarios y condiciones de trabajo.

El salario promedio del trabajador mexicano de la maquila es US$50 a 60 por semana, en una región donde el costo de vida es tan alto como en la parte estadounidense de la frontera. En Guatemala, el salario promedio es de alrededor de US$25 por semana.

15 de julio
(Montevideo, Comcosur Mujer/RSM*)

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