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O P I N I O N

3 de octubre de 2003

Ser homosexual sigue molestando

Illy Nes
http://www.gaybarcelona.net/

Hace unos días, recibí la llamada de una amiga verdaderamente indignada, triste, y cargada de impotencia. El problema era el siguiente; habían puesto a su pareja de patitas en la calle tras conocer la relación sentimental, que mi amiga Susana L.P. y su chica C.P.V mantenían.

El caso es... que con las pertenencias de C.P.V en bolsas de basura, y tras escuchar palabras fueras de tono, cargadas de mal gusto, incoherencia y clara homofobia, dejaron el hogar familiar de su pareja C.P.V. en el que vivía hasta el momento, obligadas tras la desagradable disputa familiar.

Afortunadamente, Susana tiene un apartamento, donde sin dudarlo dió cobijo a su pareja. ¿Pero que habría ocurrido si Susana no disfrutara de esta independencia? ¿Si Susana viviera con sus padres? ¿Y todavía peor, si estos, tampoco lo aceptaran? Sin mencionar que ambas estuvieran en paro, algo que no resultaría una aberración, teniendo en cuenta los tiempos que corren. 

Sin embargo, (afortunadamente) mi amiga dispone de vivienda propia, y disfruta de una independencia que le hace vivir su homosexualidad abiertamente.

No obstante, si he de ser sincera, pese a lo desagradable de la situación en el primer momento la historia de Susana no llamó exageradamente mi atención. Ya que lamentablemente, en la "actualidad" todavía hay familiares, padres, hermanos, primos, tíos, amigos etc... que nos dan la espalda cuando conocen nuestra homosexualidad. Un desagradable trance que el que más y el que menos conocerá, e incluso habrá vivido en sus propias carnes. Padres que evitan el contacto con nosotros, que nos echan de casa, que reaccionan de forma violenta cuando conocen nuestra homosexualidad. O bien, hermanos que se muestran fríos, y amistades que nos evitan por el mero hecho de optar por una sexualidad diferente.

Pese a lo desagradable de vivir estas experiencias, aun somos afortunados, si tenemos en cuenta a aquellos que tras dar a conocer su homosexualidad, son sometidos a tratamiento psiquiátrico. Como si su tendencia sexual se arreglara con una pastilla milagrosa, o con una charla terapéutica con el psiquiatra. 

Este es el motivo por el cual, cuando Susana me explicó la situación, no resultó desconocida para mí. 

Sin embargo, cuando me comenta que los padres de su pareja son dueños de una granja que se anuncia en la guía gay de Sitges. ¡Me hervía la sangre! 

Cómo se puede tener la poca vergüenza de anunciarse en un folleto gay, buscando claramente captarnos como clientes y sacarnos el dinero, algo que al parecer les resulta lícito siempre y cuando su hija no sea lesbiana. ¡Es indignante! ¡Manda cojones! (Con perdón).

Creo que como homosexuales, tenemos derecho a conocer los verdaderos motivos que llevan a la gente a anunciarse en este tipo de panfletos. Tan deshonesto es la actitud del que acepta añadir a personas de mentalidad digamos "poco tolerante", como aquel que se anuncia. ¿Merece la pena cobrar un puñado de euros a cambio de que utilicen nuestra homosexualidad como una inversión monetaria, riéndose claramente de nuestra sexualidad? Cada cual con su conciencia, pero yo no gastaré ni un euro en un local donde se expulsa de casa, a su propia hija por ser lesbiana. 

Prefiero tomar una copa en un local tolerante, de ambiente claramente homosexual, o bien, en un lugar donde hagan un café de "p.madre", aunque el dueño sea hetero. Pero que no tenga la poca vergüenza de anunciarse en una guía gay. Vendiéndome la moto de una inexistente y falsa tolerancia.

Esta historia me recuerda la desagradable frase que tanto y tanto nos ha tocado escuchar.... 

" No tengo nada en contra de los homosexuales, pero no me gustaría tener un hijo homosexual".

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