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O P I N I Ó N

8 de octubre del 2003

Los imperios y las barbaries de la civilización

Miguel Ángel Ferrari
Desde la Gente

Los imperios, por definición, siempre fueron detestables. Pero sus períodos de decadencia, con su creciente corrupción e insoportable violencia, siempre se constituyeron en trágicas caricaturas de la civilización.

La Nación de Buenos Aires de hoy reproduce un artículo publicado en The New York Times, titulado "En los Estados Unidos dicen que la trampa y el engaño gozan de buena salud". A renglón seguido señala: "Se han descubierto engaños de estudiantes, deportistas y empresarios. Entre las causas se mencionan las actuales presiones económicas y la decepción respecto de las instituciones".

¿Cómo no va a campear la decepción respecto de las instituciones, en un país donde reina un absoluto doble discurso en los círculos gobernantes?

¿Cómo no va cundir la decepción en un país donde gobierna el presidente que menos votos obtuvo? No solamente a causa de un envejecido sistema que cuenta con un arcaico Colegio Electoral. Eso es obsoleto e injusto, pero es legal. Lo real es que el ganador obtuvo menos votos, pero esto se solucionó gracias al fraude en el estado de Florida y al dictamen de una Suprema Corte de Justicia que se apresuró a impedir el recuento que hubiera dado ganador al candidato demócrata.

¿Cómo no va a cundir la decepción en un país donde megaempresas como la Enron y la WorldCom, aportantes del partido Republicano, estafaron a sus trabajadores y a los inversores en miles de millones de dólares, sin que todavía -a más de un año y medio de estallar el escándalo- las autoridades no han formulado cargos penales a los ejecutivos que dirigieron esas compañías? Bernard Ebbers -de WorldCom- y Kenneth Lay y Jeffrey Skilling -de Enron- quizá nunca serán procesados. "Hay definitivamente una sensación de que, a la larga, no se enjuiciará a las personas que tienen la mayor responsabilidad por lo sucedido'', dijo Robert A. Mintz, ex fiscal federal auxiliar.

¿Cómo no va a cundir la decepción en un país cuyos gobernantes se lanzaron a la macabra aventura de invadir a Irak, aduciendo que su gobierno poseía armas de destrucción masiva, y luego, sin inmutarse, admitieron -en los hechos- que ese argumento era falso?

La decadencia de los imperios -lamentablemente- no los lleva a su caída en poco tiempo. Lo importante es conocer la "lógica" de sus razonamientos, no dejarse enredar en sus perversas actitudes y disponerse a combatirlos con sensatez y valentía.

El imperio, como era de prever, está respaldando al primer ministro israelí en sus tropelías dentro de Palestina y fuera de ella, como es el caso de sus bombardeos a Siria. Al terror desatado en el restaurante de Haifa, el genocida Ariel Sharon responde con el terrorismo de Estado. Muchas veces hemos acusado al gobierno de ocupación israelí de aplicar la Ley del Talión... "ojo por ojo, diente por diente", pero es bueno recordar que esta arcaica concepción prebíblica es mucho más avanzada que la doctrina aplicada por el gobierno de Tel Aviv, puesto que -con su política- la venganza alcanza a los familiares de los supuestos o reales terroristas, no limitándose como lo establece la Ley del Talión al culpable. Las fuerzas armadas israelíes dinamitan las casas o los edificios donde habitan las personas que tienen algún lazo de sangre con los imputados, dejándolos -si no perecieron en el derrumbe- absolutamente a la intemperie, por el delito de ser familiar. El imperio, lógicamente, lo convalida.

La represalia por el ataque terrorista al restaurante de Haifa incluyó la agresión a Siria. Este país planteó ante el Consejo de Seguridad su condición de víctima y obtuvo como respuesta del imperio la amenaza del veto, que favorece la agresión de Sharon, y la reprimenda de George W. Bush que advierte a Damasco sobre los peligros que le puede acarrear su apoyo al terrorismo. Para el imperio la Carta de la Organización de las Naciones Unidas es papel mojado, para decirlo con elegancia. El imperio, por naturaleza, es violento y enemigo del orden y la justicia internacionales.

Cuando se trata de una superpotencia imperial, todo lo que ocurra en cualquier " oscuro rincón" del planeta, llámese Iraq, Yugoslavia o las islas Malvinas, tiene que ver con "su seguridad" o con "sus intereses".

Esa prepotencia, mal disimulada con la hipocresía, nos trae el recuerdo de otra potencia, que hace dos mil cuatrocientos años, cuidaba menos su imagen y le alcanzaba con un solo discurso.

Se trata de Atenas, esa potencia marítima, por entonces en guerra contra Esparta.

A este respecto el historiador Tucídides, en su obra "Historia de la Guerra del Peloponeso", relata que los atenienses tenían el propósito de someter a su voluntad al pueblo de la isla egea de Melos. Con esa finalidad sus diplomáticos desembarcaron en ese pequeño territorio para explicarles a los melios que tenían dos caminos: aceptaban pacíficamente su subordinación a Atenas o Atenas los derrotaría militarmente, con todo lo que ello implicaba.

Y se lo dijeron de este modo "no hay que salir de lo que se debe y puede hacer; sabemos y vosotros lo sabéis tan bien como nosotros, que la justicia interviene en el razonamiento de los hombres, sólo cuando la necesidad no obliga más a una parte que a la otra; en caso contrario, los fuertes ejercen su poder y los débiles deben ceder a él".

Los gobernantes de Melos, se negaron dignamente a rendirse. Las conversaciones se interrumpieron y, llegado el invierno, el asedio fue implacable. Traición de por medio, los melios se rindieron sin condiciones a los atenienses. Estos masacraron a todos los hombres adultos y redujeron a esclavitud a las mujeres y a los niños. Después ocuparon la isla y -a continuación-enviaron quinientos colonos a poblarla.

Sí claro, los atenienses eran poseedores de grandes valores filosóficos, fueron quienes acuñaron el concepto de democracia. Los Estados Unidos también alumbraron al mundo con su democracia burguesa antes que la misma Revolución Francesa. Pero, ni unos ni otros pueden arrogarse el derecho a ejercer la barbarie en nombre de sus antecedentes civilizatorios. Cuando las potencias pretenden sintetizar estos términos antagónicos, es porque ya han entrado en su propia descomposición.

Nota emitida en el programa radial "Desde la Gente", de LT8 Radio Rosario, República Argentina, el martes 07/10/03. Publicada en el sitio www.hipotesisrosario.com.ar

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