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O P I N I Ó N

23 de noviembre del 2003

El famoso filósofo Honderich difamado como “antisemita” en Alemania

Habermas y Suhrkamp ahuecan el ala

Alexander Cockburn
Counterpunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

El distinguido filósofo británico Ted Honderich amenaza con presentar una demanda contra el jefe del museo del Holocausto en Frankfurt por haberlo calificado de antisemita. El director del museo, Micha Brumlik, formuló la acusación la semana pasada después que el libro de Honderich, "After The Terror" [Después del terror] fuera publicado en Alemania en julio.

Suhrkamp, el medroso editor, declaró que va a retirar del libro del mercado, aunque en la práctica esto parece significar que Suhrkamp no va a pedir una reimpresión cuando se agote la primera edición de 3.000.

El más eminente filósofo alemán, Jürgen Habermas, dijo que él fue quien recomendó el libro a Suhrkamp y que no le puede encontrar nada de antisemita, pero, en una manifestación similar de pusilanimidad, señaló que lamenta haber tenido que ver con algo que pueda haber causado ofensa.

Honderich es un decidido partidario de la lucha palestina por constituirse en nación. Pero, como subraya, de ninguna manera es antisemita: tiene una esposa e hijastros judíos y siempre se ha negado a enseñar en Alemania debido al Holocausto.

El libro fue publicado en una traducción alemana, como "Nach dem Terror: Ein Traktat" [Después del terror: un tratado], en julio de 2003, por Suhrkamp in Frankfurt am Main, como uno de los libros presentados en su 40 aniversario. Micha Brumlik es director de un centro sobre la historia y los efectos del Holocausto en Frankfurt, y profesor de educación científica, en la universidad Johann Wolfgang Goethe, Frankfurt am Main.

El 5 de agosto, Brumlik publicó en el periódico liberal Frankfurter Rundschau, una carta abierta al editor Suhrkamp atacando al libro y a Honderich como antisemitas y exigiendo que sea retirado del mercado.

El 6 de agosto el diario publicó una avergonzada nota del profesor Dr. Jürgen Habermas, el más conocido filósofo alemán. El intelectual concedió que él mismo había recomendado a Suhrkamp que publicara el libro. Sorprendido por la carta de su amigo Brumlik, había vuelto a leer el libro y no había descubierto evidencia alguna de antisemitismo. Pero lamentaba haber estado involucrado en algo que pudiera causar dolor.

Posteriormente, Suhrkamp anunció en un comunicado de prensa que retiraría el libro del mercado. Pero quedó en claro que esto en realidad significa que no va a reimprimir un libro que se ha agotado, o que ha prácticamente vendido las 3.000 copias impresas. Sin embargo, no cambia el hecho de que han "prohibido" un libro. En una carta a Honderich observan de pasada que tienen una impronta judía en su empresa.

El 8 de agosto, después de que ya había aparecido en nuestra página, el Frankfurter Rundschau publicó la mayor parte de una carta abierta de Honderich a la universidad Johann Wolfgang Goethe. Honderich rechazó como absurda la acusación de antisemitismo, diciendo que sólo fue hecha por haber reivindicado el derecho moral de los palestinos a su terrorismo o a su resistencia, ya que el estado israelí defiende su derecho moral a asesinar. Exigió que Brumlik fuera destituido de su profesorado.

El asunto se ha convertido en una controversia político-cultural fundamental en Alemania, al provocar por lo menos 50 artículos, algunos de los cuales son virulentos.

Honderich dice: "Me he llegado a dar cuenta plenamente, sobre todo de parte de periodistas alemanes, de que las emociones alemanas sobre el Holocausto y el antisemitismo, 60 años después de los sucesos, siguen siendo ciertamente muy poderosas (involucrando) culpa, resolución y probablemente otras cosas.

"Mi línea firme ha sido la que presenté en mi carta abierta: Se me ataca como antisemita porque reivindico el derecho moral de los palestinos a su terrorismo, tal como el estado neo-sionista en Israel reivindica abierta y clandestinamente su derecho moral a asesinar palestinos. (El que haga valer un derecho moral a la violencia está lejos de ser un caso único.)

"El que sea antisemita es ciertamente una falsedad, definitivamente una mentira. La utilización neo-sionista de la difamación y la calumnia sobre antisemitismo es muy bien conocida, en todo caso afuera de Alemania, y reflejada en la prensa liberal inglesa. Es una política sucia y una moral inmunda. En Alemania, opera en circunstancias que honran a los alemanes: su culpa, etc., 60 años después del Holocausto. La prohibición de este libro es algo triste para Alemania."

Honderich subraya que la acusación de antisemitismo tiene en su caso un poderoso deje personal:

"He tenido una esposa judía, tengo ahora un yerno político judío y, por así decir, nietos judíos. Me he negado a enseñar en Alemania a causa del Holocausto. Incluso si soy filosóficamente avanzado, como se podría sostener, soy un izquierdista británico, todavía miembro del Partido Laborista. Mi autobiografía "Filósofo, una forma de vida", suministra evidencia sobre el punto del Holocausto y también una firme evidencia general sobre mis actitudes hacia los judíos.

"Estoy consultando a mis abogados sobre la posibilidad de demandar Brumlik por difamación. Desde luego existe la consideración personal. (Bajo 'Honderich monster' se encuentran algunos archivos en Google.) También existe el aspecto moral y político del caso, incluyendo el de los palestinos, hacia los cuales me siento comprometido."

En el libro, de próxima aparición, "The Politics of Anti-Semitism", que escribí junto con Jeffrey St Clair, hay un ensayo muy interesante de Norman Finkelstein, que relata acusaciones similares de antisemitismo presentadas en su contra cuando visitó Alemania.

En su ensayo Finkelstein dice:

"En realidad, el Holocausto ha resultado ser una valiosa mercancía para los alemanes políticamente correctos. Al "defender" la memoria del Holocausto y a las elites judías contra toda crítica posible, hacen teatro de coraje moral. ¿Qué precio pagan en realidad, qué sacrificio real hacen, por esta "defensa"? Considerando el ambiente cultural que prevalece en Alemania y el excesivo poder de los judíos estadounidenses, un semejante coraje genera valiosas recompensas. No cuesta nada poner en la picota a un disidente judío - y asegura una válvula de salida "legítima" para el prejuicio latente.

Sucede que estoy de acuerdo con la afirmación de Daniel Goldhagen en "Los Verdugos Voluntarios de Hitler. (Los Alemanes corrientes y el Holocausto)". Aguilar, 1997 de que los filosemitas son generalmente antisemitas con "piel de oveja". El filosemita asume que los judíos son algo "diferentes" y casi siempre alberga secretamente una mezcla de envidia y de aversión hacia esa presunta diferencia. Por lo tanto, el filosemitismo presupone, pero también genera una versión frustrada de su opuesto. Se requiere entonces, un chivo expiatorio público, preferentemente indefenso, para que pueda escapar todo ese malestar acumulado.

Para explicar esa obsesión alemana por el Holocausto nazi, un amigo alemán explicó que a los alemanes "les gusta cargar un peso". A lo que yo agregaría: especialmente si es liviano como una pluma. Sin duda algunos alemanes de la generación de posguerra aceptaron genuinamente el peso de la culpa junto con sus tabúes paralizantes para el pensamiento independiente y crítico. Pero la "corrección política" alemana de la actualidad es una farsa en la que se pretende que se acepta la carga de ser alemán, mientras al mismo tiempo se la rechaza. Porque, ¿qué sentido tiene el interminable mea culpa público además de recordar permanentemente al mundo: "No somos como ellos"?

13 de agosto de 2003

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