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O P I N I Ó N

3 de enero del 2004

Feliz año nuevo

Frei Betto
Gara

Feliz año nuevo a los que despiertan en el 2004 sin la resaca de la culpa, llenos de vida en que la pasión sobrepasa a la omisión y el gozo teje luces donde la amargura acostumbra a bordar telas de araña.

Feliz año a quien no oculta afectos ni arranca de sí las fuentes de donde emanan transparencias y no mira a los que le son cercanos como extraños pasajeros de un viaje sin parada, playas u horizontes.

Felices los que abandonan en el pasado sus excesos de equipaje y con corazón ligero derraman en la tierra el montón de orgullo y de tedio; y, generosos, buscan la humildad.

Feliz año nuevo para todos los que despiertan hoy al son de oraciones y agradecen lo habido y lo no habido, maravillados por el don de la vida, a pesar de tantas grietas en las paredes, de los higos resecos y de los gatos furtivos.

Buen año a quien saborea la frijolada (gallopinto, fabada) y se complace en los granos servidos en plato ajeno; la vida es don, contracción del útero, deseo erguido, espíritu goloso insaciado de Dios.

Que sea nuevo el año para quienes nunca maldicen y contienen la propia lengua, economizan palabras y siembran fragancias en las veredas de los sentimientos.

Sea también feliz el año para quien se cuida en el mirar y, si tropieza, no cae en el abismo de la envidia ni se pierde en oscuridades donde el pavor es apenas el eco de sus propios temores.

Feliz nuevo año a quien se niega a ser tan viejo que ambiciona tener todo nuevo: cuerpo, carro y amor; vivir es gracia para quien acaricia sus arrugas y trata sus límites como cercado florido de cabaña montañera.

Tengan un feliz año todos los que saben ser gordos y felices, endeudados y alegres, privados de caricias pero llenos en sus ansias de fortunas venideras.

Feliz año nuevo a los huérfanos de Dios y de esperanzas y a los mendigos que tienen vergüenza de pedir, a los caballeros de la noche y a las damas que nunca probaron la leche que llevan en sus senos.

Sean felices en este año los hombres ridículamente adornados, supuestos campeones de ventajas; aquellos que nada temen, excepto la mirada suplicante del hijo y la sonrisa irónica de las mujeres que no los quieren.

Sean felices también las mujeres que se matan de amor y de dolor por quien no lo merece y que en el espejo se descubren tan bellas por fuera cuanto se saben por dentro.

Sea nuevo el año para los ebrios que nunca tropiezan en impertinencias, y para quien no conspira contra la vida ajena.

Feliz año nuevo para quien colecciona utopías, hace de sus manos arado y riega con su propia sangre las semillas que cultiva.

Sean muy felices los viejos que no se disfrazan de jóvenes y los jóvenes que superan la vejez precoz; sus corazones tragan la edad anunciadora de emociones fuertes.

Muchas felicidades a los que traen consigo la casa del silencio y por la tarde ofrecen en sus balcones chocolate caliente con sonrisas de sabiduría.

Un año feliz para quienes no se ostentan en el gallinero de la propia vanidad, tratan la muerte con extrañeza y saltan con el niño que los habita.

Feliz año nuevo para los sonámbulos que hacen equilibrios en hilos que unen postes, y para quienes rebuscan luces en las esquinas de la noche.

Un año nuevo muy feliz para todos los que juramos secuestrar los vicios que cargamos y no pagar el rescate de la dependencia; el futuro nos encontrará delgados por comer menos, sanos por fumar oxígeno, solidarios por compartir dones y bienes.

Feliz 2004 para nuestro país, sin terremotos, huracanes, maremotos, erupciones volcánicas, sequías y otros desastres. Dios nos conceda la bendición de tantos dones.

02 de Enero, 2004

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