http://www.rebelion.org
O P I N I O N

6 de enero de 2004

Entre la cruz y la media luna

Hervor del Islam

Lisandro Otero
Rebelión

Quién ha sido la verdadera voz de Dios en la Tierra: ¿Jesucristo o Mahoma? Esta interrogación que lleva siglo y medio sin respuesta pasó de ser una abstracción teológica, una mera especulación metafísica a una realidad geopolítica que ha determinado guerras, crisis nacionalistas y transferencias de poder. Desde las Cruzadas hasta el derrocamiento del Shah Reza Palevi, desde la Hégira hasta la guerra por Kuwait, de la ocupación de Afganistán y la colonización de Irak por las petroleras yanquis el mundo del Islam, convulso y grávido, ha determinado importantes alteraciones de la historia. La nueva fuerza que implica el islamismo está determinada por el azar geográfico que ubicó las más vastas reservas petroleras del planeta debajo de las tierras ocupadas por los seguidores de Mahoma.

Los dos campos contendientes por la supremacía económica:la esfera Atlántica, integrada por Europa y Estados Unidos y la esfera del Pacífico, compuesta por Japón y China. Europa ha logrado su unificación económica y su producción es, en muchos sentidos, complementaria de Norteamérica. Japón ha alcanzado una extraordinaria ventaja tecnológica y ha imbuido de su potencial productivo a otras naciones o territorios como Taiwan, Corea del Sur, Singapur, Hong-Kong y Tailandia, los llamados Tigres del Pacífico. China está desarrollando una importante base industrial y constituye un inmenso mercado perspectivo que la esfera Atlántica está penetrando con avidez.

La esfera islámica cuenta con un decisivo resorte de poder, el petróleo. El mundo árabe no ha utilizado el hidrocarburo como instrumento de dominación por su fraccionamiento de intereses, sus pugnas intestinas y el enfrentamiento con Israel que ha frenado su desarrollo. Existen treinta y nueve países en el mundo con más de un cincuenta por ciento de población musulmana. Más de cincuenta países integran la Confederación Islámica.

La decadencia del mundo árabe ha provocado este retorno a las raíces, están redescubriendo sus fundamentos y estos se hallan firmemente arraigados en El Corán. Ello ha refrescado un conflicto de ideologías una disparidad religiosa y un enfrentamiento racial entre árabes y europeos. Ha llegado el momento en que algunos se preguntan en Europa si una guerra entre el Islam y Occidente es posible. El flujo migratorio hacia Europa incrementa el racismo y el distanciamiento. Pero hay algo peor, en Occidente existe una frontera entre la vida espiritual y la vida pública, entre el credo y la acción política. Para el Islam tal frontera no existe. Un musulmán cree y actúa en concordancia. Para el Islam no hay límites entre el estado y la religión.

Los entrecruzamientos entre las dos grandes civilizaciones que confluyen en Europa son numerosos. Los cristianos conquistaron Jerusalén con las Cruzadas y los árabes llegaron a Poitiers, en el corazón de Francia. En el siglo VIII los árabes dominaban desde la India hasta los Pirineos. Dos siglos más tarde poseían el más alto nivel cultural de su época por su medicina, su química, astronomía y matemáticas. Valga recordar que legaron a Occidente el papel y la pólvora (que habían recibido a su vez de los chinos), las industrias del vidrio y textil, su literatura de excepcional calidad y su exquisita arquitectura.

La actual crisis del mundo árabe ha sido precipitada por la acción combinada de Estados Unidos e Israel que han impuesto mutilación de territorios, guerras locales, desmembramiento de estados y una economía permanente de guerra. También las rivalidades ínter árabes han jugado su papel tanto como las agresivas ambiciones desquiciadas de figuras como Sadam Hussein. Como siempre suele suceder, en las crisis salen a flote los duros, los más apegados al núcleo central de la doctrina y menos dispuestos a la transigencia. De ahí viene la vigencia de los integristas. Los que antaño dominaron al mundo hoy son humillados y vencidos pese a ser dueños de una porción considerable del combustible que lo mueve.

En Irán la tiranía sanguinaria del Shah fue derribada en 1989 por un movimiento de masas conducidos por los fundamentalistas chiítas bajo la orientación del ayatola Jomeini. Desde entonces, el extremismo intransigente ha sido un factor de inquietud social. Cuando en 1980 Sadam Hussein invadió Irán, inició una guerra de ocho años que contribuyó aún más a dividir las fuerzas del Islam y a debilitarlo ante las potencias occidentales.

El tratado de paz con Egipto, marcó el inicio de la distensión: fue la primera nación árabe que se reconcilió con el estado judío y logró que este se retirara de la península del Sinaí que había conquistado en la guerra de los seis días en 1967. Pero ello le costó a Anuar El Sadat el rechazo y aislamiento de la comunidad árabe y se acentuó aún más la división entre musulmanes.

El acuerdo palestino-israelita de 1993 permitió establecer una autoridad palestina en la franja de Gaza. El acuerdo entre Israel y Jordania implicó un intercambio de derechos de agua y una devolución de territorio jordano que había sido arrebatado en los conflictos anteriores. Todos estos pasos han sido cuestionados, han generado intensas críticas y han contribuido a la desunión del mundo islámico.

Cada día vemos nuevas manifestaciones del celo con que se custodia la singularidad étnica. El hecho de haber nacido sobre un pedazo de tierra y no en otro, en un determinado grupo racial o social y no en otro, nos arma con un conjunto de tradiciones, un idioma y una bandera y, sobre todo, una religión común.

El futuro se muestra incierto. La economía egipcia no crece al mismo ritmo de su población y ello hace prever una grave inestabilidad social en el futuro. Tras la muerte del rey Hassan de Marruecos su hijo ha dado algunos pasos erráticos para democratizar la severa autocracia instaurada por su padre y abuelo. Muammar Kadafi acaba de efectuar importantes concesiones a Bush, buscando una armonización que pudiera serle muy costosa en el futuro. El dominio de la familia real saudita puede ser quebrantado por un movimiento de radical inconformismo. Turquía, uno de los gigantes del universo musulmán, pertenece a la comunidad occidental y formó parte de los pactos de la guerra frente al campo socialista. Aun no ha resuelto el problema de la minoría kurda y su economía parece tambalearse. Está escindido entre la lealtad al mundo árabe y su dependencia servil de Estados Unidos.

Argelia es otra de las potencias musulmanas donde crece la violencia interna. El gobierno decidió cancelar, en 1992, unas elecciones que evidentemente iban a ganar los fundamentalistas. Esto ha dejado una secuela de intranquilidad. El número de emigrantes que viajan hacia Europa crece desordenadamente. Se ha desarrollado una campaña de xenofobia con masivos asesinatos contra extranjeros. Los fundamentalistas tratan de llegar al poder en Argelia y de lograrlo se alteraría el equilibrio de fuerzas en el Magreb. Algo peor, comenzaría una tensión entre Europa y el Norte de África. Francia y Alemania han expresado su preocupación por el crecimiento del fundamentalismo islámico y la amenaza que esto supone para Occidente.

Los árabes consideran el estado de Israel como un portaviones norteamericano varado entre los estados islámicos para impedir que se volcaran del lado soviético en los años de la Guerra Fría. Moscú apoyaba a los árabes suministrándoles armamento, apoyo logístico y aliento ideológico, además de sostén diplomático internacional de las naciones del bloque socialista. Pero ya desaparecida la Guerra Fría, demolido el Muro de Berlín, efectuada la reunificación alemana, esfumado el campo socialista de Europa del este, ya no es necesario ese baluarte estadounidense en tierras palestinas como un instrumento de guerra. Ahora se trata de doblegar el mundo islámico para obtener su petróleo. Israel es una cuña activa en el Medio Oriente, un departamento satélite del State Department, en el corazón del mundo árabe, para vigilarlo y frenar su desarrollo.

Los dados están echados. La confrontación entre la cruz y la media luna está sellada y hay algo más que petróleo en el conflicto. La ideología cuenta y la fe del Islam es mucho más que una bandera.

[email protected]

Envia esta noticia