http://www.rebelion.org
O P I N I Ó N

14 de enero del 2004

Suecia: Sobre la sociedad abierta y otras yerbas

Diana Mulinari
Rebelión

La mayoría de los analistas políticos y el conjunto de los ciudadanos suecos identificarían en cualquier encuesta dos hechos, como los más importantes acontecidos durante este semestre: el asesinato de Anna Lindh y la victoria del No en la votación sobre la incorporación de Suecia a la zona Euro. Me gustaría en este texto compartir con ustedes algunos análisis y muchas incertidumbres sobre estos procesos.

Yo vivo en Suecia, un país que según el periódico argentino Clarín es el lugar del mundo donde existe un estado de bienestar modelo y según nuestro primer ministro es un ejemplo de sociedad abierta y democrática. En este país pasó lo impensable. Una semana antes de la votación sobre la entrada de Suecia a la Unión Monetaria Europea, Anna Lindh, ministra de relaciones internacionales, es asesinada en plena calle. Y en menos de dos horas un discurso nacionalista, antifeminista, que criminaliza a los enfermos psiquiátricos, da comienzo al duelo nacional.

Lo que tal vez quiero decir es que a mí no me gustaba Anna Lindh, que siempre me pareció que su cercana colaboración con las empresas multinacionales era problemática, y que yo soy uno de los miles que caminó las calles de este país para exigir una posición clara del gobierno en solidaridad con Palestina y en contra de la guerra con Irak. Y que yo como los miles que caminamos sabíamos que nuestra presencia en las calles era indispensable porque socialdemocracia era la de antes y la que tenemos ahora se muere por salir en las fotos con Blair y con Bush. Simplemente para hacer memoria, fue la socialdemocracia alemana la que llevo adelante una política anti-guerra. Suecia estuvo callada e insegura hasta último momento. Anna Lindh representaba ese silencio.

Lo que yo quiero decir (aunque hoy por hoy sea un sacrilegio) es que yo no la quería a Anna Lindh. Tampoco la odiaba. Simplemente ella representaba la nueva elite profesional y burocrática del poder socialdemócrata europeo. Por eso me dolió cuando el once de septiembre, en las conmemoraciones de los treinta años del golpe en Chile, en muchos actos se recordase a los caídos y a Anna Lindh. No porque no creo que haya que honrar la memoria de Anna sino porque creo que no hay que mezclar las cosas. Entre Anna Lindh y Miguel Enríquez, entre Anna y "Carlos" había un mundo. Y Miguel Enríquez y Carlos eran mis compañeros, y Anna Lindh era una burócrata de una socialdemocracia cada vez más alejada de la gente. Todos hablan tanto de la violencia, pero es profundamente violento igualar el dolor. Es profundamente violento obligarme a que mi profunda rabia porque matan a una ministra democráticamente elegida en plena calle, mi profundo dolor porque la violencia está sexualisada (Anna fue una de las tres mujeres que mataron esa semana en Suecia) deba ser canalizado en la construcción de Anna Lindh como defensora de los pueblos oprimidos y los derechos humanos, excelente esposa y madre ejemplar.

El discurso que se desarrolló en Suecia sobre el asesinato de Anna Lindh es nacionalista porque focaliza en una idea de Suecia como el paraíso de la democracia y la apertura, y esa idea se repite y es compartida por todos los partidos políticos desde la derecha hasta la izquierda parlamentaria, y es mediatizada sistemáticamente durante los primeros días después del asesinato. Que Suecia no es el paraíso de la democracia y la apertura lo saben los refugiados "ilegales" escondidos, los inmigrantes que sufren discriminación y después sufren la humillación de que su sufrimiento no sea reconocido. A los de afuera les parecerá exótico que nuestros parlamentarios viajen sin custodia. Pero creer que porque van sin custodia son más "democráticos", es negarse a ver la falta de identificación de la población con la demoracia representativa, y silenciar las formas profundamente violentas que esta democracia abierta tiene para excluir a la mayoría de la gente de las decisiones importantes. El nacionalismo sueco es peligroso, perseverante y arrogante, y está basado en el convencimiento de que "somos diferentes", más democráticos, más justos, más pacíficos que el resto de Europa. Somos el país donde el nazismo organizado tiene su mayor industria musical y donde por tirar una piedra te encarcelan por siglos, o te disparan un balazo que casi te mata por participar en una demostración contra la globalización. Pero a pesar de todas las evidencias en contra, la imagen de Suecia como país democrático se focaliza sobre estos temas. Todos los discursos en memoria de Anna Lindh empiezan diciendo que hay que defender la democracia y la sociedad abierta que tenemos. Si la definición de la democracia es que el primer ministro salga a comprar en un shopping de lujo sin custodia, nos estamos quedando con definiciones muy pobres de esta forma de gobierno.

Como feminista me indigna que uno de los ejes centrales de la forma en como se recuerda a Anna Lindh es en su condición de esposa y buena madre. Como una mujer que supo combinar su familia con su trayectoria política, siendo una profesional de primera al mismo tiempo que siempre -según los medios de comunicación y la elite política y económica- priorizaba a sus hijos y a su marido. Y una se pregunta, si hubiese sido lesbiana, si hubiese tenido muchos amantes, si le hubiese dejado los hijos al ex marido o no le gustaran los niños, ya no sería un ejemplo como profesional y como dirigente política? Que yo recuerde, cuando Olof Palme fue asesinado a nadie se le ocurrió argumentar que su mejor cualidad era la de combinar su trayectoria política con su paternidad. Yo escribo desde un país donde la mayoría de las mujeres (como en todo el resto del mundo) trabaja, y donde la mayoría gana sueldos mucho peores de los que ganaba Anna Linnh. El acento que se pone en la propaganda sobre la capacidad de Anna Linnh de combinar su vida familiar y su carrera tiene otro objetivo, en un contexto donde abundan y se expanden otras formas de familia: reproducir y reforzar el modelo sueco de la "igualdad de género" basado en la familia (hetero) sexual, un modelo con serias limitaciones desde una perspectiva feminista y un modelo que está en crisis. El día que Anna Lindh fue asesinada murieron otras dos personas. Una niña de cinco anos y una adolescente de dieciocho. Todas mujeres. Es indudable que hay una relación entre la violencia y formas específicas de masculinidad. Y también es indudable que esas formas específicas de masculinidad no pueden combatirse si la manera de recordar a Anna Lindh va a ser como madre, esposa y política.

La caza de brujas en busca del culpable excedió todos los limites, con fotos del primer sospechoso en los periódicos y relatos de la madre, la ex-novia y el médico. Los niveles de total hegemonía de la prensa, que fueron vergonzosos durante Gotemburgo (represión a los manifestantes en contra de la Cumbre), se repiten en el contexto del asesinato. Paradójicamente -e iluminando lo problemático de la adjudicación de identidades étnicas y nacionales- al asesino se lo describió como de origen nórdico. El nuevo sospechoso es de origen yugoslavo, pero claro, era rubio y hablaba bien sueco, por lo cual la policía descartó que pudiera ser alguien de origen "extranjero". También es preocupante la criminalización de la enfermedad mental. Durante los primeros días un sin número de psiquiatras desarrollaron teorías seudocientíficas sobre los psicópatas y sus características. Y lo que se exige es más policías y más cárceles, no más recursos para el sector de salud mental. También se trató durante los primeros días de culpar a los activistas del NO al Euro, argumentando que ellos tenían la responsabilidad simbólica del asesinato por su agresividad en el debate, especialmente cuando criticaron a Anna Lindh, activa defensora del SI.

Por todo esto que les voy contando, yo (y muchos como yo) creíamos que el NO iba a perder. Creíamos que confundidos por el dolor y la confusión, y como último homenaje a Anna Lindh, la gente votaría por el SI. Estaba profundamente equivocada (yo siempre creo que vamos a perder). El mapa de Suecia se dividió mágicamente en dos y el voto del NO rompió el silencio: obreros cansados de promesas socialdemócratas que no se cumplen, mujeres indignadas con un sistema de salud y educación sin recursos, jóvenes que hace siglos que son parte de Europa peleando y organizándose solidariamente pero que sufren el desempleo y la injusticia cotidiana. Pocas veces fue el voto un voto tan claramente de clase (los miembros de los sindicatos que organizan a los obreros votaron en su mayoría por el NO), de género (las mujeres votaron por el NO en mayor medida que los hombres) y de generación (los jóvenes votaron por el NO en mayor medida que la generación setentista en el poder). Indudablemente hubo un aporte de votos inspirados por visiones racistas y nacionalistas pero no son esos votos lo que definieron el resultado ni el perfil de la votación. La gente votó NO a un modelo económico y político neoliberal con el que no se identifica.

En mis años en este país nunca había visto el nivel de desprecio con que la elite política y económica recibió la noticia. La gente había votado NO porque era conservadora, le faltaba información y estaba en contra del cambio. Regiones enteras que votaron por el NO fueron estigmatizadas en las editoriales de los diarios, algunos comentaristas argumentaban que dichas regiones no deberían ser parte de Suecia.

Han pasado varios meses desde la victoria del NO y mi incertidumbre aumenta. Nuestro primer ministro discute la posibilidad de cambiar el sistema de seguro social (un sistema de seguro social incluyente y universalista) y encontrar nuevas formas que permitan formas de seguridad social "individuales". Y nuestra ministra de igualdad de género ha informado a la población que está viendo la posibilidad de que el personal para trabajo domestico sea en parte financiado a través de los impuestos (poder tener servicio domestico como en el resto del mundo es una demanda central no solo para la burguesía sino para sectores privilegiados de la clase media que día a día se alejan del "modelo sueco"). Se han tomado una serie de medidas para "priorizar" los recursos en el sector de salud, y el argumento de que no hay recursos para cubrir las necesidades de todos y todas las necesidades dentro del estado de bienestar se repite continuamente. La izquierda parlamentaria esta dividida entre los sectores "pragmáticos", que continúan apoyando la colaboración con la socialdemocracia, y la izquierda "dura" que exige que esa colaboración se termine. Pero en nuestra vida cotidiana no se notan los conflictos dentro de la izquierda, porque la hegemonía de la izquierda continua centrada en los parlamentarios que defienden la colaboración. Lo que sí se nota es que todo sigue igual o peor. Lo que si se nota es que, a pesar de que el NO ganó, la política económica se perfila cada vez mas hacia un proyecto neoliberal. Y la socialdemocracia (y parte de la izquierda parlamentaria) nos quieren convencer de que deberíamos estar contentos, que los ajustes terribles que sufrimos serian peores si gobernaran los partidos burgueses. Es como si la gente no hubiese votado NO y exigido otro proyecto y otra Suecia, es como si lo que usted y yo y millones de otros piensan no importara en absoluto. En el fondo es como si no existiéramos. (pero dicen que seguimos existiendo)

Envia esta noticia