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O P I N I Ó N

18 de enero del 2004

Cuba es lo que es…

(sobre los dichos de Eduardo Galeano)

Pablo Kilberg
Rebelión

A esta altura ya claramente funcional a la perenne diatriba anticubana diseñada allá arriba en el Norte, el escritor uruguayo abre otra vez su boca como una cloaca hedionda para atacar a la Revolución Cubana.

Como hace unos meses, cuando lanzó su lamentable "Cuba duele", vuelve nuevamente a la carga, como caballero armado y andante. Y tan confundido como el famoso Quijote con los molinos de viento, reparte golpes de lanza a diestra y siniestra, aunque la pobreza intelectual de sus argumentos no puedan jamás rozar el prestigio de Cuba Socialista. Tampoco salpicar con la mierda de su cloaca al comandante en jefe de una Revolución que acaba de cumplir sus jóvenes 45 años.

La pluma de E.G., admirada otrora por sus inteligentes y finos trazos - sobre todo por un "progresismo" de poco compromiso político y social - se ha transformado en un borroso y bastardo lápiz que garabatea, repitiendo a pedido - pero no seguramente gratis - el triste papel que hoy le vemos representar.

Y no es que E.G. "nos duela", que no lo queramos ver. Hasta es probablemente mejor que exprese lo que piensa, porque a esta altura ya es más difícil confundir con un lenguaje "de amigos" - como dando palmaditas en el hombro pero clavando cuchillos en la espalda -, con su soberbia de "inspector de revoluciones".

El socialismo cubano es lo que es, gracias al heroísmo y el esfuerzo que desde hace 45 años vienen desplegando pueblo y dirigentes, una unidad histórica y dialéctica forjada al calor del combate patriótico y antiimperialista.

Y ese "es lo que es", es nada menos de lo que es: ejemplo para toda la Humanidad.

Un humanismo que supera largamente al que proclama E.G., un humanismo concreto, palpable, no etéreo, no abstracto, sino materializado en las conquistas de la sociedad cubana, una sociedad socialista. Pero claro, estamos hablando del humanismo socialista, el que Guevara soñó y ayudó a construir, y no del humanismo burgués, el de los bienpensantes que pontifican desde las alturas de sus Olimpos.

El humanismo de Cuba Socialista puede medirse en cifras - más que elocuentes - que la colocan en muchos casos en niveles más altos que los de muchos países capitalistas desarrollados. Pero sobre todo, puede verse en las caras de sus niños. Esas sonrisas de pioneros - "pioneros por el comunismo, ¡seremos como el Che!" dicen ellos - que enternecen al verlos. Ellos no se ven obligados a mendigar, ni a trabajar por un miserable plato de comida, ni a limpiar parabrisas de automóviles en los semáforos, ni a revolver los recipientes de basura para tirar algo al estómago, ni a prostituírse, ni a dormir en los andenes de las estaciones de tren, ni a aspirar pegamento de una bolsita plástica para sobrellevar el hambre crónico, ni sufrir golpes y torturas en una comisaría, ni ninguna de las otras bondades de este INHUMANO sistema capitalista.

El humanismo de Cuba Socialista está presente en cada una de las conquistas del pueblo cubano, de su Revolución. Es deleznable la afirmación de que "los cubanos hicieron lo que pudieron, no lo que querían". Desde las alturas de su Olimpo, E.G. extendió un manto de piedad sobre el pueblo cubano, como diciendo "pobrecitos…"

Lo grave de E.G. no es que habla sin saber. No, no está desinformado, como millones en el mundo, manipulados día a día y hora a hora por los "mass-media". Es un intelectual con una sólida formación - e información - que le ha permitido realizar trabajos de investigación luego volcados a textos como "Las venas abiertas de América Latina", un detallado trabajo que revela los lazos de explotación y dependencia que sufren los pueblos de nuestro Continente. No es falta de información lo que sufre el escritor uruguayo. Es una visión del mundo. Como la que tenemos todos, aunque algunos no admitan el concepto "ideología" porque estarían -suponen - más allá de ella, y otros sostengan con el japo-yanqui Fukuyama que ya han muerto.

Su visión del mundo es la del "progre", sector de las pequeñas burguesías urbanas que cacarean los principios de la Revolución Francesa, pero critican los métodos de los revolucionarios que tomaron la Bastilla. Algunos de ellos algunas veces se "enamoran" de otras revoluciones, pero su amor tiene plazo fijo.:"Hasta aquí llegué" dijo otro intelectual que se autoproclama "comunista hormonal", pero sería recomendable que visite algún buen endocrinólogo…

Estas gentes, a veces, hasta llegan a admitir la existencia de la lucha de clases, pero - siempre hay un "pero", el "siperismo" es su especialidad - excepcionalmente comprometen su pensamiento y sus actos con esta lucha. O dicho en buen criollo: cuando las papas queman, le sacan el culo a la jeringa.

Cuarenta y cinco años de Revolución le parecen a E.G. "algunos milagros". Podría ser cómico si no fuera dicho con tanta mala leche… Claro, es muy evidente utilizar el mismo libreto cavernario y fascista de Bush, Aznar u otro "demócrata" para pegarle a la Revolución Cubana. Entonces, palos y zanahorias para Fidel y el socialismo cubano.

No se trata de soslayar las críticas que puedan hacerse a un proceso hecho por hombres, no por dioses. Pero hablar de "omnipotencia del Estado" o de "estructura vertical de poder" o comparar a un revolucionario de la talla de Fidel Castro con un monarca, está más cerca de un editorial del "Miami Herald" que de el pensamiento progresista que E.G. pretende representar.

No se trata de callar, sino de no hacer de coro "izquierdista" a los ataques planificados, financiados y ejecutados por los fascistas de la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Pentágono y todas las agencias que Galeano conoce muy bien. Salvo que el reportaje de O'Globo tenga otro significado, en papeles de color verde. En ese caso será difícil saberlo, pero huele mal…

Cuando se lanzan a campañas mediáticas como la que en estos días arrecia contra Cuba, su revolución y sus dirigentes; cuando desde Washington se combinan esas campañas con amenazas y presiones sobre otros gobiernos para que "condenen" a Cuba como lo hace Galeano, es por lo menos llamativo que un intelectual de su talla se haya expresado en esos términos.

Después podrán venir explicaciones, justificaciones, desmentidas a medias, firmas de solicitadas como la impulsada por González Casanova. Pero las culpas no se lavan con textos, Galeano.

Lo dicho está dicho, negro sobre blanco. Pruebe quizás con confesarse de rodillas ante un párroco, quizás eso lave su conciencia. La que tuvo alguna vez, digo, no ésta…

Buenos Aires, 8 de Enero de 2004

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