http://www.rebelion.org
O P I N I O N

19 de enero de 2004

Un mundo tranquilo

Santiago Alba Rico
Kale Gorria

Una de los fenómenos más característicos de nuestro tiempo es éste en virtud del cual todo es ininterrumpidamente nuevo ante nuestros ojos y, al mismo tiempo, nunca pasa nada. Esta contradicción constituiría una paradoja en un mundo peor que el nuestro en el que hubiese todavía guerras, hambrunas y abusos de poder, pero no plantea ningún dilema a una sociedad reconciliada que ve desfilar el inocente tropel de las primicias, una sucesión ininterrumpida de novedades que no alteran nuestro gusto, no demandan ninguna reacción ni exigen ninguna intervención. Las noticias no piden nada de nosotros, salvo tragaderas, y su propia distribución en las páginas de los periódicos expone ya la armonía del universo en el que nos sentamos a leerlos. Veamos algunos ejemplos.

En la sección de Metafísica, Fernando Alonso, piloto de F-1, declara sin rubor: "Si me pusiera a pensar en la trascendencia que tiene lo que estoy haciendo me volvería loco".

La sección de Deportes, por su parte, nos llena de alegría: "Tres directivos españoles, entre los mejor pagados del mundo. Alfredo Sáenz, consejero delegado del SCH, gana 4.764 millones de euros al año".

En la sección de Salud, Leticia Sabater nos da un buen consejo: "Bueno, tampoco te vas a poner en esos rollos de pensar".

En las páginas de Religión las Fuerzas Armadas del Estado español nos recuerdan que siempre queda alguien a quien echar una mano: "Haz de la solidaridad el centro de tu vida; guíate sólo por la entrega y el amor a los demás".

En la sección de video-juegos un editorialista inglés nos describe el último producto y anuncia los de la próxima generación: "EEUU ha tenido éxito en su guerra ligth. Pero ahora la clave es hacer un esfuerzo suficiente para asegurarse de que estos lugares siguen siendo estables cuando el imperio se marche a casa. Si a los Estados fallidos se les permite volver a fracasar, tendrán que ser rescatados de nuevo para que no vuelvan a convertirse en una amenaza para la seguridad de Occidente".

En la sección del Corazón, el presidente Bush se deja arrastrar por el sentimentalismo: "Gracias a EEUU hay una Europa liberada, el surgimiento de la democracia en Asia y la derrota de un imperio malvado. Millones de personas son libres hoy gracias al coraje desinteresado de los veteranos de EEUU".

¿Y la sección de Política? Fue eliminada hace ya mucho tiempo de todos los medios por falta de noticias. En su lugar campean las páginas de Terrorismo, en su vertiente Nacional e Internacional, donde pueden leerse noticias como ésta: "Garzón detiene a tres personas por organizar un acto autorizado".

Después del 11-S, pero sobre todo tras el 20 de marzo, con los primeros bombardeos sobre Bagdad, todo ha ocurrido exactamente como se anunciaba: los muertos civiles, los guantánamos, la ocupación sangrienta, el fascismo democrático y la indiferencia de casi todos. Lo único nuevo de nuestra época es la falta de memoria que nos impide vincular lógicamente dos acciones. Lo único viejo de nuestra época es la mansedumbre con la que aceptamos todos los cambios. Las dos grandes e inquietantes transformaciones -preñadas ya de los horrores de un nuevo totalitarismo- registradas tras la caída de Bagdad tienen que ver más con el sigilo de los virus que con el boato de los espectáculos. "Imperio" e "imperialismo", dos términos hasta ahora desprestigiados como oxidadas insignias del izquierdismo infantil, han vuelto a adquirir la legitimidad ideológica que tuvieron en el siglo XIX: The New York Times, The Economist o El País, ultraderechistas como Kaplan o "pacifistas" como Ignatieff, todos aceptan por igual, con entusiasmo o resignación, la necesidad de un nuevo "imperio" en un mundo caótico mientras siguen llenándose la boca, sin reparar en el dislate, de Democracia y Libertad. Es decir: gobiernos, instituciones, intelectuales, por cobardía o por interés, han sacrificado ya Iraq y declaran así su disposición a sacrificar nuevos países y viejos valores al "realismo" de la Violencia.

La segunda transformación es inseparable de la primera. Porque la condición para que todo parezca nuevo y, al mismo tiempo, no pase nada en un mundo en el que se repite -y se agrava- cotidianamente el crimen, la injusticia y la ocupación; la condición para que todo se venga abajo sin apercibirnos de nada es el desprecio del otro. En uno de sus últimos artículos decía Edward Said que "la invasión de Iraq habría sido imposible sin la visión que Occidente tiene del otro y, concretamente, del mundo árabo-musulmán". Aceptación institucional de la Fuerza y desprecio colectivo, normalizado, del otro, no lo olvidemos, fueron las dos grandes matrices del fascismo. Tenemos motivos de sobra para estar preocupados, pero no los vemos porque están todos en la sección de Pasatiempos.

Envia esta noticia