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O P I N I Ó N

19 de enero del 2004

Estados Unidos: raza, clase y... ¿terrorismo?

Fernando Montiel T.
Argenpress

Según Noam Chomsky existe una palabra prohibida en los Estados Unidos: 'clase'. Al respecto suele poner un dato de relevancia capital: la calidad de vida de la clase baja afroamericana en los Estados Unidos es similar a la del promedio de la gente en Bangladesh. (Chomsky, 1994) Al fin los extremos se juntan en el sur del norte y en el sur del sur: la miseria no sólo es una realidad aterradora entre, sino también dentro, de las naciones. Pero no sólo es la miseria...

Raza, clase y... ¿terrorismo?. 'En París se generó gran polémica por la detención temporal de una francesa que viajaba en un vuelo de Delta Airlines, porque autoridades estadounidenses la consideraron sospechosa por parecer árabe' fue una nota que dio la vuelta al mundo hace algunos días. El Nobel de Literatura Octavio Paz solía decir que 'cada vez que una ideología política es adorada con fervor religioso el resultado son lagos de sangre'. Estas palabras no pierden su vigencia si son reformuladas del siguiente modo: 'cada vez que la raza y la clase se convierten en criterios para definir lo 'legal' el resultado son baños de sangre'. En la historia los ejemplos abundan.

¿Desde cuando el ser árabe es un criterio para definir el potencial criminal de un individuo? Eso suena igual al registro, humillación, interrogatorio y -muy frecuentemente- tortura de palestinos en las barricadas y retenes militares en Gaza y Cisjordania bajo el cargo de ser 'hombres bomba potenciales' por el solo hecho de ser árabes, o a la detención y deportación de migrantes mexicanos en los Estados Unidos por ser 'narcotraficantes potenciales' en tanto hablan español y no cuentan con documentos. ¿Qué no también se detenía, se segregaba y se martirizaba a los judíos en los años cuarenta por el sólo hecho de ser judíos, en tanto se les consideraba 'focos potenciales de diversas infecciones'?. Suicidas potenciales, narcotraficantes potenciales, y focos potenciales de infección, en este contexto todas estas 'ideas' son eufemismos que tratan de esconder la misma palabra dura que por cobardía callan los poderosos pero que con mucho empuje practican: racismo.

¿Terrorismo? Más bien suena a racismo y segregación de clases: sólo los países más ricos del mundo quedaron libres del vergonzoso procedimiento de registro implementado por el US Visit. La interpretación desde la óptica estadounidense no puede ser otra: el terrorismo es un acto exclusivo de los pobres. La imagen con este dato comienza a resultar más clara que el agua: los terroristas siempre vienen de los países pobres y pertenecen a todo aquel grupo étnico que no sea -o parezca- W.A.S.P. (White Anglo Saxon and Protestant). Aunque por supuesto y si tuviéramos que jerarquizar, en los Estados Unidos el origen étnico puede subordinarse a la pertenencia de clase (para muestra podemos señalar que la presencia de Rosario Marín, de origen mexicano, al frente de la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos no se reflejó en una mejora de las condiciones de vida de la comunidad migrante). Por oposición sin dificultad podemos inferir quienes, según ellos, integran el tan llevado y traído 'mundo civilizado' en nombre del cual se ha matado a tanta gente. ¿Evolución histórica? Los criterios políticos globales parecen seguir siendo los mismos de hace 500 años, cuando los 'indios' de América eran, como decía críticamente Jean Paul Sartre 'el punto medio entre ser humano y bestia de carga' por 'no poseer alma' como confirmaba con toda su santidad y su bendición el Papa a los conquistadores españoles.

La conclusión es muy clara. Hoy como ayer, la raza y la clase son las pautas para comprender el modo como se comportan los dueños del mundo. Es la palabra prohibida y su inseparable consorte, es la lógica de la relación entre y dentro del norte y el sur. Es el binomio que explica con mucha claridad la base sobre la que están estructuradas las relaciones internacionales 'modernas' más allá de las mentiras de los políticos y de los oropeles con los que el academicismo (que no la academia) esconde la verdad de forma cómplice por estéril y engañosa. Hoy los racistas y los que midieron su riqueza con la sangre ajena inventan enemigos y responden al producto del coraje y la furia de sus víctimas. Les buscan nuevos nombres para no reconocer su parte de la culpa: 'Terrorismo' dicen ellos. ¿Terrorismo?, Edward S. Herman destruyó esta 'justificación' hace casi dos décadas: 'Si no me agrada, llámalo terrorismo' (Herman: 1986).

Tiene mucha razón quien busca alejarse de las fuentes de la locura, quien busca evadir a los seres peligrosos: hay que alejarse de los terroristas, de los racistas y de los clasistas. Aunque también podríamos, en lugar de alejarnos, tratar de hacerlos entrar en razón. Como sea en este contexto apareció y desapareció casi sin percibirse una pequeña nota en los diarios: '...la empresa OAG, especializada en captura de datos, demostró que ahora hay cinco mil vuelos a la semana, pero antes del 11 de septiembre de 2003 se registraban 6,000 vuelos hacia Estados Unidos. La guerra contra Irak, paradójicamente, afectó más a las rutas aéreas entre Europa y Estados Unidos que las del viejo continente al Medio Oriente, agregó Lynne Fraser, portavoz de OAG' (subrayado es mío). (La Jornada, 6.1.04) ¿Paradójicamente? No lo creo.

* Fernando Montiel T. es editor, analista y consultor en relaciones internacionales y resolución de conflictos.

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