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O P I N I Ó N 

28 de enero del 2004

Lucha global contra el desempleo y la exclusión

Guayú De Falkón
http://members.fortunecity.es/guayu/luchaglobal.htm

El empresariado neoliberal transnacional y demás clases que sostienen el sistema capitalista global, actúan como si fueran descendientes de los constructores o diseñadores del planeta Tierra. Se comportan como si descendieran de extraterrestres. De acuerdo con ello, sus brutales y despóticas acciones tendrían origen en derechos que emanarían de tiempo anterior a la formación del planeta. De allí que las transnacionales empresariales estén reclamando, mediante el uso de la violencia y el terror, la propiedad de uso y usufructo de todos los bienes existentes en la naturaleza. Exigen ese derecho como si poseyeran la propiedad intelectual sobre la creación del planeta.

Hasta hace sólo algunas décadas, el gran propietariado privado ejercía el derecho de propiedad sobre los bienes de la naturaleza de los territorios que ocupan sus pueblos de origen, sobre sus invenciones y sobre sus creaciones técnicas y tecnologías. De vez en cuando saqueaban otros territorios y esclavizaban a los hombres que allí habitaban, justificando sus acciones de mil y una maneras; pero nunca habían pretendido como ahora, ejercer el derecho de propiedad privada sobre todos los bienes de la naturaleza, sobre el planeta entero. Hoy exigen el total derecho sobre los bienes de la naturaleza, bienes en que aplican sus creaciones técnicas y tecnologías con que los pueblos del planeta, en su mayoría, de manera voluntaria y/o por inducción o coerción producen y reproducen sus vidas.

La discusión y solución en torno al conflicto humano que desde hace varios milenios transita por la explotación, dominación y enajenación, nunca ha dejado de situarse en medio de la base “legal” del discurso e intereses del dominador, explotador o enajenador de turno. Pocos críticos han partido del punto en que los bienes de la naturaleza tienen origen cósmico. Son producto del ir y venir de la energía y demás elementos que conforman lo que los humanos llamamos el cosmos o universo. De acuerdo con ello, los bienes de la naturaleza nos pertenecen a todos o por el contrario, no pertenecen a nadie.

El problema del conflicto humano además de acarrear por milenios la explotación, dominación y enajenación del género humano, tiene como uno de sus históricos componentes el más importante y antiguo elemento de las disputas terrenales: el usufructo y reparto de los bienes de la naturaleza. Bienes con los cuales el hombre primitivo reprodujo su vida entre los demás animales, bienes con que hoy hombres y mujeres agrupados en sociedades numerosas producen su vida mediante el trabajo organizado.

La reclamación del derecho de propiedad sobre la naturaleza que pretende establecer el propietariado neoliberal transnacional, a través de la OMC o el ALCA, pasa por demostrarnos su descendencia extraterrestre. Algo que no pueden probar; excepto que esa tarea se la encomienden a los medios de comunicación privados venezolanos, los que sin ninguna duda ¡sí lo probarán! (*) Como la clase empresarial transnacional tampoco nos puede demostrar su origen divino, aunque lo supongan, el problema del derecho de propiedad sobre los bienes de la naturaleza no tiene discusión alguna. Si existe propiedad sobre éstos, los mismos corresponden a todos los seres humanos. El aire, el agua, los animales, las plantas, los océanos y todos los minerales y demás elementos que usamos y transformamos para producir nuestras vidas ¡ya estaban aquí en el planeta Tierra millones de años antes que el protohombre apareciera sobre la biosfera! Ahora bien, los seres humanos nacen sometidos a las condiciones existentes, a la manera en que hoy se produce y reproduce la vida. La cuota parte de bienes naturales a utilizar en la reproducción de la vida ya no se pueden tomar libremente como nuestros antepasados lo hicieron hace milenios. Lo que hoy no es propiedad privada, es propiedad estatal, nacional, municipal o comunal. Y lo que está sin pisatarios ni propietarios que ejerzan el derecho de propiedad legal, o no contiene ningún elemento que sirva a la reproducción de la vida humana, o son ecosistemas contaminados en destrucción acelerada irreversible.

La libertad de elección de los hombres para vivir de manera natural, al margen de la sociedad establecida, para la mayoría del género humano es algo imposible de materializar. Ejercer hoy el derecho a la libertad para vivir de manera natural, es en la mayoría de los casos, elegir de manera libre sufrir o morir por no existir suficientes bienes naturales ni espacios útiles libres, con excepción del aire si no está contaminado.

Ante la imposibilidad que los seres humanos puedan tomar de manera libre lo necesario para vivir, como se hizo durante milenios, el producto social que nace de la utilización de los bienes y recursos naturales tiene que redistribuirse de manera radical. Las sociedades están obligadas a garantizar que la producción global llegue a todos. Una de las formas que el género humano ha utilizado para lograr sus propósitos de manera mancomunada, además del trabajo, es luchar contra lo que le impide alcanzar su tranquilidad, paz y bienestar. Se impone llevar adelante una lucha global de los pueblos para resolver el conflicto humano por el reparto del producto social y los bienes naturales. Desde hace décadas existen las condiciones materiales objetivas para resolver los problemas que más aquejan al ser humano: la alimentación, la salud, la vivienda, el vestuario, el medioambiente. De acuerdo con la ONU, el problema es de orden político. No existe voluntad en las élites que gobier nan de facto el planeta para materializar esas políticas. Los pueblos de todo el mundo no tenemos otra alternativa que luchar para redistribuir los recursos de la naturaleza y el producto social global.

Ya se escucha el eco del clarín que convoca la lucha global de todos los pueblos del planeta. La batalla por el reparto equitativo de los bienes naturales y la producción global es aquí y ahora, mañana será tarde. Un nuevo reparto del trabajo, del producto social y de los bienes naturales es vital para la vida inmediata de todos los seres humanos. Si el propietariado neoliberal logra establecer bases espaciales antes que la lucha global de los pueblos obtenga un nuevo reparto y uso de la producción global y bienes de la naturaleza ¡nos esclavizaran por milenios amenazados de exterminio desde el espacio si nos rebelamos! No es difícil imaginar lo que harían con todos nosotros Bush, Blair, Aznar y demás sátrapas si vivieran en Marte. Como hicieron con Serbia y hoy hacen con Afganistán e Irak, acabarían a quien se resista a sus edictos con cohetes interplanetarios.

Es el momento de la lucha por construir la democracia participativa global y derribar la autocracia y la democracia formal. Llegó el tiempo en que todos los seres humanos cuenten con trabajo, ingresos monetarios y servicios básicos mínimos como derechos humanos. Ha llegado el momento de dar la batalla por LA PATRIA HUMANA. Es el tiempo de las movilizaciones, paros, marchas y huelgas globales. Ha llegado el tiempo de la Revolución Social Global que abrirá paso a la edificación de una Nueva Sociedad Humana.


* A manera de relax diremos que Televen usaría a la opinadora de oficio matinal, Marta Colomina, para presentar “antropólogos” y “arqueólogos” antichavistas con documentos “encontrados” en Marte por el robot Spirit donde se probaría que sobre la Tierra existe propiedad privada; RCTV haría un Primer Plano donde Marcel Granier presentaría un panel de “profesionales” que validarían el reclamo neoliberal sobre la propiedad de la naturaleza. Granier nos contaría además que su tatara, tatara, tatara, tatara...abuelon le dejó como herencia sus derechos; Una cadena de las televisoras privadas presentaría en exclusiva un reportaje de Ana Vacarella desde los restos de la nave espacial donde llegaron a la Tierra sus “constructores”; Y Venevisión, como telón de fondo presentaría al bufón Napoleón Bravo “entrevistando” a un grupo de “empresarios cósmicos” reclamando los derechos de propiedad intelectual s obre el planeta. Leería ante las cámaras de la TV de Cisneros los documentos de herencia del planeta Tierra, tal como simuló leer la “carta de renuncia” del Presidente Hugo Chávez el 11 de abril de 2002. Para los medios de desinformación privados venezolanos es fácil cumplir con esta misión, toda su existencia han engañando a la población y los últimos cinco años han sido de entrenamiento intensivo en el oficio.

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