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O P I N I O N

9 de febrero de 2004

Prostitución: estar y no ser

Antón Corpas
Cádiz Rebelde

MERCADO, MORAL Y LEY

En las zonas de sombra del mercado, la moral y la ley, la relación entre trabajo sexual y clandestinidad hoy es ya una vieja extraña, incluso dentro del espacio industrial a la que pertenece. No digo rara. Es normal, lo de siempre, y estamos habituados. Pero su situación es uno de los mas ridículos desfases contemporáneos.

El sexo como espacio industrial y de consumo que cobra por nuestras añoranzas, complejos, miedos, deseos, afectos, perversiones, potencialidades o frustraciones. Una figura transversal para un alto porcentaje de los negocios relacionados con el consumo de comunicación y espectáculo. Un sexo un tanto ingenuo en su perversidad estética, filmada y fotográfica (poyas kilométricas, tetas asfixiantes, miradas bobas 'provocadoras'...), se mueve con toda libertad, junto con el porno de baja intensidad o el erotismo casposo de la televisión y los semanarios. Mientras, el estatus de 'puta' se mantiene en el mismo lugar oscuro.

Para mercado y moral 'las putas' es una cosa de meigas. Puede estar, incluso se puede hablar de ella, pero desde luego no es equiparable a ninguna otra actividad humana en su presencia pública y su afirmación explícita. Su integración en el espacio público solo es viable como parte de aquellas prohibiciones hechas para pecar en un secreto a voces. Para un tipo de 43 años ir de putas es como fumarse un porro para un chaval de 14. Una veda estúpida que todo el mundo sabe que existe, pero cuya oscuridad no quiere romper nadie. Estar sin ser. Para el mercado el trabajo sexual hace circular el dinero, pero solo puede hacerlo desde la inexistencia virtual. Para la moral es objeto de infamia, lamento o compasión. Y en cuanto a la ley, no hay norma hasta que las necesidades del mercado y los devaneos de la moral (retales de la misma cuerda), se ponen de acuerdo. O hasta que una potencia social y política despedaza los tabúes y fuerza las limitaciones sociales, morales y político. El sexo no puede ser objeto de negociación, solo de seducción. Se puede cerrar un periódico, se puede atiborrar de pastillas a un depresivo, se puede reducir la carga fiscal de los ricos, se pueden trabajar cuatro horas mas, se puede tolerar un defensor de oficio negligente, se puede ocultar información, se puede ilegalizar un partido político, se puede mantener a alguien dos meses en preventiva sin ni siquiera definir cargos... Todo eso ocurre, en espacios de mediación social, en las instituciones de justicia, sanidad o representación política. Pero con el sexo no se puede negociar. Es inmoral. Y la inmoralidad solo tiene las catacumbas. La prostitución es un lugar al que se le ha impuesto la sordidez, y más allá de su relación con la pobreza, la falta de salidas y la marginación, una parte inmensa de la oscuridad que la rodea es culpa de esa miseria impuesta.

ASUNTOS SOCIALES Y SEGURIDAD CIUDADANA Para las instituciones los únicos territorios de trato con el trabajo sexual, son la caridad y el control. Lo segundo mas que lo primero. Si observamos el estudio de la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, y vemos que instituciones y de que manera están implicadas en la cuestión, o quien proporciona los datos sobre la prostitución, nada indica que esto haya cambiado un ápice.

La Consejería de Asuntos Sociales niega competencia alguna y señala al Instituto Andaluz de la Mujer. Este no aporta un solo dato de cosecha propia en el "perceptivo informe" solicitado por la ODP, y se limita a reseñar sus políticas asistencialistas, sin una valoración ni cuantitativa ni cualitativa de la cuestión, y relacionándose mas con figuras transversales como la pobreza y la marginación, que en una dialéctica sobre las prostitutas con problemas y necesidades específicas. En ningún caso parecen mencionarse cuestiones capitales como los espacios, la sanidad y la seguridad; en cambío, se mantienen prácticas voluntaristas y abolicionistas, que hace ya mucho que han demostrado sus limitaciones. Esto además no es fruto de un posicionamiento mas o menos intransigente sobre la relación entre prostitución y el patriarcado como es de esperar de un organismo como el IAM, sino del tedio burocrático. Es curioso además, que el grupo redactor del Informe del Defensor del Pueblo llame la atención al propio IAM sobre la omisión de elementos de género en su aportación: "sería necesario que el Instituto Andaluz de la Mujer aplicara la perspectiva de género en el análisis de esta problemática". Eso en lo que toca a los entes públicos. Mas allá de la administración vemos que las entidades presentes son Cáritas y otras asociaciones religiosas, salvo algunas excepciones en Málaga, Cordoba y Sevilla cuyo carácter y objetivos no hemos tenido tiempo de investigar. Pero en general, tanto en la administración como fuera de ella, la relación es netamente asistencialista.

Las únicas estadísticas existentes sobre prostitución provienen de las distintas policías, que lógicamente usan su maquinaria con criterios y objetivos puramente policiacos. Prácticamente todos los números en que se basa el informe de la ODP, están relacionados con los controles sobre la inmigración ("Población extranjera que ejerce la prostitución en clubes", "expedientes de expulsión de mujeres extranjeras que ejercen la prostitución en Andalucía") o con la persecución y represión de mafias. Provienen por tanto desde su tratamiento puramente criminal. Por cierto, que no se indica una relación entre el número de inmigrantes detenidas y expulsadas con las redes desarticuladas, esencial para saber sobre quien se ceba realmente la represión.

No existen datos mas allá de la galería numérica criminal que despliega el Ministerio del Interior. Ni sobre las distintas formas de prostitución y las diferencias entre las trabajadoras mismas, según donde trabajan, de donde provienen, sus condiciones de trabajo, su edad o las causas y motivaciones por las que la ejercen. Esto reduce enormemento el campo de mirada y análisis y obvia la complejidad cada vez mayor de la cuestión, a la cual además se atribuye la falta de datos que ayuden a comprender su situación, problemas y necesidades, cuanto menos a un nivel estadístico. "...realizar el cálculo, siquiera aproximado, del número de personas afectadas por el problema de la prostitución en Andalucía, constituye una operación bastante complicada debido, entre otras razones, a las condiciones de privacidad o clandestinidad en las que se desarrolla la propia actividad, así como a su temporalidad debido a los continuos desplazamientos a que son sometidas las personas que ejercen la prostitución. Todas esas circunstancias determinan que, hoy por hoy, sea imposible conocer no solo el número real de las personas que ejercen la prostitución en nuestra Comunidad, sino también la dimensión económica y social de este fenómeno" (Defensor del Pueblo Andaluz, "La Prostitución: Realidad y Políticas de intervención pública en Andalucía" Abril 2002)

Pero esta obviedad no es del todo creíble. En un mundo en que la sobrecarga de información y los niveles de vigilancia de conductas y movimientos, dan la preocupante impresión de que nada escapa a los centros de control, disponemos de cientos de estudios sobre el botellón o la audiencia de 'Aquí hay tomate', pero no de los datos mínimos que ilustren el trabajo sexual. No se puede considerar que, a priori, la complejidad del terreno imposibilita su estudio, simple y llanamente porque organismos como el IAE o el INE nunca han puesto en marcha ningún observatorio ni método de investigación y seguimiento, que permita disponer de datos fiables. ¿Como se puede alegar la dificultad de algo que no se ha tenido la mínima voluntad de hacer?.

La ausencia de los instrumentos y datos es la ausencia misma de la prostitución en lo público, su invisibilización, y la negación de las trabajadoras como sujetos de derecho.

EL SUJETO

La mirada social sobre la prostitución pendula entre el viejo síndrome social temeroso por 'la perversión de Eva', y la paulatina y creciente victimización de la figura de la trabajadora sexual. Esta última tendencia, muy criticada precisamente a raíz de los todavía aislados procesos de autoorganización política entre las propias prostitutas durante las dos últimas décadas aproximadamente. En cualquiera de los dos casos síndromes, la prostituta desaparece como sujeto complejo, con sus derechos como trabajadora, pero cuya vida trasciende mas allá del ejercicio de su profesión. Evidentemente no pueden atribuirse derechos a nada ni nadie que represente 'el mal' o 'un mal'. Pero el efecto de la victimización no es muy diferente, objetos de caridad, y como cualquier objeto de caridad, objeto de vigilancia y represión según el caso.

"Se podría argumentar que la prostitución y, fundamentalmente el hecho de que la mayoría de trabajadoras son mujeres mientras que la mayoría de clientes son hombres, nos habla de que la prostitución es una consecuencia de la situación de subordinación social y laboral de las mujeres en nuestras sociedades. Pero si nos quedamos en este análisis superficial veremos a las prostitutas como las que colaboran y refuerzan el patriarcado o como las víctimas por excelencia de él. Esta perspectiva nos impide ver las estrategias de sobrevivencia que las mujeres ponen en marcha, estrategias que les proporciona mayores ingresos y mayor independencia económica que la que alcanzaría en otros sectores laborales, en sociedades donde las mujeres ocupan los puestos de trabajo peor remunerados y más informales del mercado laboral" (Cristina Garaizabal, Hetaira "Derechos laborales para las trabajadoras del sexo", Abril 20039

No se trata de desmontar la demonización o la victimización, para dar lugar a una mirada idílica, pero si de situar a las mujeres que ejercen la prostitución, como figuras capaces de pensar, actuar y defenderse, siempre que tengan los medios a su alcance. Efectivamente hay realidades como la relación entre mafias, inmigración y prostitución, en las que este discurso es mucho mas difícil de entender. Pero es la propia clandestinidad de la actividad, las restricciones de la legislación de extranjería, y sobre todo, los intereses del mercado, los que propician esas realidades. Y aún así es importante utilizar los términos con rigor:

"a no ser que consideremos mafiosos a banqueros, patronos, mercaderes y tanta gente que se aprovecha de las necesidades de las personas para acumular dinero, es conveniente distinguir entre lo que son las redes que posibilitan la entrada ilegal de emigrantes de lo que son las mafias. El término mafia se refiere a aquellas estructuras organizadas que extorsionan a las personas, mediante chantaje, coacción y violencia, para obligarles a hacer algo en contra de su voluntad. Y esto, aunque se da en algunos casos, no puede hacerse extensible a la forma como mayoritariamente entran los inmigrantes en nuestro país" (op.cit.)

PROSTITUCIÓN Y LIBRE MERCADO

Eso si, si bien tienen diferentes objetivos y métodos, mafias y 'empresariado de alterne' comparten intereses en lo que toca a la mano de obra. Mantenerla dentro del mercado y fuera del derecho. Eso es lo que, bajo cierto matiz normativista pretende seguir manteniendo la Patronal Proxeneta. La postura de los empresarios es regular la prostitución solo en cuanto a condiciones higiénicas, espacios de uso y pago de impuestos. Pero rechazan en cualquier caso la relación laboral entre prostitutas y locales. Esta era su postura frente a una sentencia del TSJA, que obligaba a un club de Córdoba a reconocer la relación laboral con sus trabajadoras:

"la prostitución se pueda ejercer en completa libertad y el dinero sea para las señoritas que la ejercen, mientras que los locales de alterne cobrarán por los servicios que presten, bien sea el alquiler de las habitaciones o los espectáculos" (El Mundo, 13/01/04)

Su posición se basa en la condición de "autonomas" para el régimen de la Seguridad Social que utilizan algunas prostitutas para cubrirse las espaldas respecto al futuro, pero que no todas pueden permitirse. Así, en cualquier caso, los empresarios no solo se ahorrarían los costes laborales, sino que sufragan los gastos y multiplican plusvalias gracias al pago de las habitaciones por las arrendatarias o sus clientes. Negocio redondo, donde claro está que no gana ni la trabajadora ni el cliente. La propuesta no es otra que una reproducción adaptada del viejo discurso liberaloide, que representa la relación entre empresario y trabajador, como un acuerdo entre individuos libres que negocian unas determinadas condiciones. Algo que da verdadera risa. No niego que se dé una coincidencia de intereses entre empresarios y una parte de las prostitutas, pero desde luego, esa no puede ser la base que regule los derechos de todas.

La trampa va mas allá. El paso coherente a este tipo de regulación seria la persecución de pisos privados que pudieran hacerles la competencia desde la alegalidad, una vez que la alegalidad deja de ser el estatus jurídico de la prostitución. Esta es quizás una de las cuestiones mas importantes. Salir del actual limbo legal, supone entrar en el sistema de derecho, que es entrar en un sistema de abuso y control en cualquier caso, pero que ofrece instrumentos necesarios e imprescindibles para la autodefensa individual y colectiva, sobre todo comparado con la indefensión actual. Pero según entre la prostitución en el ordenamiento legal, puede no mejorar las condiciones de las trabajadoras, e incluso empeorar la situación de algunas.

La intención final de la Patronal Proxeneta es levantar un régimen legal que les permita tener un monopolio de la actividad, y a la vez mantenga a las prostitutas dentro de la misma oscuridad legal que hasta ahora, pero además con un margen de maniobra aún menor, por el riesgo de persecución de su trabajo si lo hacen fuera de los ámbitos legalizados y regularizados.

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