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O P I N I Ó N

25 de febrero del 2004

Un ataque torpe

La Pasión, el rabino Lerner y los Evangelios

Gary Leupp
CounterPunch

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Me incluyeron, por algún motivo, en la lista de correo de Tikkun Magazine, dirigido por el rabino Michael Lerner, al que respeto por su participación en el movimiento contra la guerra y en la Coalición Not in Our Name. Por otra parte, a veces encuentro extrañas sus declaraciones, y en particular su dictamen del 19 de febrero sobre la película de Mel Gibson "La Pasión de Cristo". Yo también comenté sobre esa película hace seis meses, (o más bien, ya que no la he visto, sobre la controversia que la rodea); traté de ser desapasionado en mi discusión, mientras que el rabino está ciertamente irritado. Y no sólo por Gibson.

Lerner comienza su artículo con una cita de Gibson en la que declara ante una audiencia televisiva: "La verdadera queja de los judíos no tiene que ver con mi película sino con los Evangelios". Por ello, asegura el rabino: "Mel Gibson desentraña el secreto de por qué los estadounidenses nunca han confrontado el antisemitismo". Yo esperaba que Lerner desarrollara ese punto, e identificara ese "secreto" como la esencialización y el vilipendio irracional de grupos étnicos completos o de otras comunidades que domina la cultura estadounidense. Pensé que podría señalar que, si Gibson realmente dijo eso, merece crítica por refundir a todos los judíos. Gibson sabe que en realidad la película ha obtenido aplauso de algunos críticos judíos y que, por eso, "los judíos" ciertamente no formulan una queja colectiva en su contra. Si sugirió que lo hacen, está alentando la polarización. Hay, por cierto, personas por ahí que quisieran creer que "los judíos" están obstruyendo conspirativamente la presentación de la verdad de Dios a la gente, y Gibson no debería hacerles el juego. Si Gibson hubiese reemplazado "los judíos" en su observación por "algunos judíos" o "algunos críticos, incluyendo algunos judíos", hubiera reflejado exactamente la realidad.

Pero, en lugar de reprender a Gibson por plantear una reacción uniforme de los judíos a los evangelios, el rabino procede a exacerbar el argumento de Gibson al instar realmente a los cristianos a rechazar esos libros, o por lo menos su contenido, que considera ofensivo. Desde luego no se considera anti-cristiano. Se alegra por el "movimiento cristiano de renovación espiritual que rechaza las enseñanzas de odio del Evangelio al alegorizar la historia" (sugiriendo, generosamente, que el cristianismo es aceptable, si esta última es alegorizada). Hace una mención honrosa de "los pocos cristianos que [después de la II Guerra Mundial] están dispuestos a aceptar responsabilidad por el devastador impacto de la odiosa representación de los judíos que imbuía los Evangelios". E incluso expresa "la esperanza de que los cristianos tomen la vanguardia en la organización de gente de todas las fes para repartir panfletos en cada exhibición pública de la cinta de Gibson con un mensaje que se oponga a la cólera contra los judíos que será probablemente generada por la película".

¿No podría Mel señalar legítimamente que la queja de Lerner es por cierto menos aplicable a su película que a los evangelios en sí? Ahora bien, no digo que sea erróneo que esas cuatro obras escritas por seres humanos sean objeto de críticas. ¡Al contrario! Como humanista laico, no-creyente y materialista histórico, considero esos textos como productos de la imaginación humana, que reflejan toda clase de influencias religiosas (de Babilonia, Persia, Grecia, etc.) que podemos identificar objetivamente. Considero que la creencia literal en escrituras (de cualquier tradición) es estúpida y peligrosa. Pero considero que la intolerancia religiosa, y el insulto deliberado a las sensibilidades religiosas (como calificar de "odiosos" a textos venerados por cerca de un tercio de la humanidad) son también peligrosos. En mis comentarios sobre la controversia por la Pasión, escritos hace seis meses, sugerí que los que protestan contra la película "deben aclarar si [o no] consideran que el Nuevo Testamento en sí es antisemita, y que, por lo tanto, el tratamiento dramático también es inherentemente criticable", agregando: "En efecto, algunos expertos han formulado esa afirmación". Lo que no señalé fue que aun si esa afirmación contra las escrituras cristianas fuese válida, poner por los suelos una cinta o hacerlo con una religión son dos cosas distintas. Hablando en términos políticos, el segundo caso es, evidentemente, más grave.

Me parece que la religión tiene que ser tratada con mucho cuidado - es algo que toca tan profundamente la mente humana, que a menudo es grabada en ella sentimentalmente a una edad muy temprana, y es algo por lo que jamás se puede culpar al niño que la hereda, porque se la han inculcado. Una cosa es escribir un artículo en un periódico académico examinando el tratamiento de los judíos en los evangelios, y alegar (como muchos de esos artículos lo hacen) "antisemitismo", especialmente en el Evangelio según San Juan. Otra es emprender una masiva campaña para decir a los cristianos que escrituras que, para bien o para mal, han aprendido desde niños a considerar como la Palabra de Dios, "enseñan odio" contra los judíos, se den o no cuenta los creyentes. Al hacerlo, se exhorta a los cristianos (la mayoría de los cuales, en este país, son fundamentalistas) a repensar su relación con la Biblia o, aceptando la tesis de Lerner, a unirse más estrechamente al odio a los judíos, que el rabino considera parte integral de las escrituras cristianas, como el precio a pagar por conservar su fe.

Desde mi propio punto de vista, todo el asunto del "antisemitismo" de los evangelios es altamente problemático. Los evangelios fueron, por supuesto, escritos por judíos, empapados en conceptos judíos contemporáneos de su época. El Jesús que celebran, en las palabras del rabino Lerner, es un "Jesús judío, un Jesús que retiene la esperanza de construir amor aquí mismo, el Jesús que proclama impertérritamente que el Reino de los Cielos ha llegado". También era, en la mente de los autores judíos de los evangelios, el Mesías tan esperado. Pero la mayoría de sus compatriotas judíos no habían (desde su punto de vista) comprendido quién era Jesús, ni aceptado en masa su carácter de Mesías, el milagroso alumbramiento virginal (un concepto muy poco judío, a propósito), y su función como divino salvador de todos los que los "aceptaran" sinceramente. A través de su rechazo, o de su (razonable) escepticismo, los judíos no-cristianos atrajeron la ira cristiana. Pero esa ira no puede ser separada del concepto (muy judío) de escritores de un pueblo instituido muy especialmente por el creador del universo como "pueblo elegido", "la luz de las naciones" que, en su relación con Yahvéh, se rebeló una y otra vez contra su voluntad (un tema crucial en el Antiguo Testamento, al tender los judíos a permitirse más autocrítica sincera que ningún otro pueblo) arruina ahora todo monumentalmente al no reconocer a Jesús por lo que era. En adelante, pensaron los primeros cristianos, ellos mismos (sea cual sea su origen nacional, para Cristo no existe "ni griego ni judío") serían los Elegidos, suplantando en esa posición a los descendientes biológicos de Abraham, Isaac y Jacob. Las categorías cristianas del "ser elegido" y del "Pueblo de Dios" emergen obviamente del previo pensamiento judío.

La cinta de Gibson sigue la narrativa casi-histórica de las últimas horas de Jesús y, según dicen, se atiene a la escritura, según la cual las autoridades judías alarmadas por el dramático ataque de Jesús contra los cambistas en el Templo de Jerusalén y la posibilidad de que condujera al desorden general el que provocaría medidas drásticas de los romanos. Temen que éstas debilitarían el control judío local y por ello presionan a Poncio Pilato, el procurador romano, para que lo mate. Hay contradicciones en las descripciones contenidas en los evangelios, pero la situación general es clara: los sumos sacerdotes, el Sanhedrín y una turba movilizada o pagada por estos, presionan al gobernador romano para que ordene la crucifixión. Pilato lo hace a regañadientes, cuando Jesús le asegura (Juan 19:11) que su muerte provendría de la voluntad de Dios, y que las autoridades judías tendrían más culpa en su muerte que el romano. Esta versión de la historia puede ser verídica, en lo esencial, pero no podemos saberlo. De vez en cuando descubrimos nuevos textos y hacemos descubrimientos arqueológicos que arrojan más luz sobre el Jesús histórico, pero realmente no podemos saber con seguridad qué mezcla específica de acusaciones (la acusación judía de blasfemia, la acusación romana de sedición) jugó un papel en la muerte de Jesús. Algunos (sin motivo, pienso) ven en Jesús a un fanático revolucionario que quiso confrontar el poder militar romano y que fue ejecutado por ese motivo. En todo caso, los evangelios aclaran que, aunque la autoridad romana dio muerte a Jesús, las autoridades locales instaron obstinadamente a que se impusiera ese castigo.

Así que volvamos a la pregunta: ¿debería esta muerte ser mostrada en una película muy gráfica, que sigue la escritura del evangelio? Lerner piensa que no. ¿Pero no es su rechazo de la representación también un llamado a que los cristianos no crean en la historia tal como es mostrada en los evangelios? ¿Y no es un llamado a que los cristianos no sean cristianos? No, en este caso, porque el cristianismo sea un enfoque fallado de la realidad, como la religión en general, sino porque Lerner piensa que esas secciones de la escritura cristiana "enfocadas en la crueldad y el dolor" amenazan a judíos e (inexplicablemente) a "todos esos cristianos decentes, bondadosos y generosos que han encontrado en la historia de Jesús un fundamento para sus instintos más humanos y generosos". Se tiene la impresión de que introduce esto último sólo para quedar bien, para sugerir que no sólo los judíos sino toda la humanidad es amenazada por esos evangelios.

¿Enseñanzas cristianas que amenazan a los cristianos? Tal vez. Pero sólo de la misma manera como la Torá (citada por los colonos de Cisjordania cuando usurpan derechos palestinos) amenaza la posición moral de los judíos, o los textos hindúes como el Ramayana (si son utilizados para justificar la destrucción de templos musulmanes o sijs) amenazan la posición moral de los hindúes, o el Qur'an (si es utilizado para justificar ataques contra no-musulmanes) amenaza la posición moral de los musulmanes. Las escrituras pueden ser interpretadas para privilegiar o para degradar a pueblos enteros; potencialmente para amenazarnos a todos. Pero considerando la complejidad del atractivo religioso, nuestra reacción al respecto debiera ser cuidadosa y medida, no condescendiente ni utilizando condenas generalizadas.

Karl Marx (un judío alemán apasionadamente comprometido con la liberación del ser humano, que echó por la borda sus convicciones religiosas en su adolescencia) escribió algunos de los comentarios más profundos jamás formulados sobre la religión. Apreció su naturaleza dual: "El sufrimiento religioso es al mismo tiempo la expresión de sufrimiento real y una protesta contra el sufrimiento real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de condiciones desalmadas."

Marx y su colega Federico Engels, que tenía una visión matizada del papel de la religión en la historia (y un elevado aprecio del papel histórico de algunas figuras religiosas, como Martín Luther), se apartaron de algunos de sus colegas al objetar contra la exclusión de los creyentes religiosos del naciente movimiento de los trabajadores. Consideraban que la religión era un opiato, una droga medicinal, pero pensaban que era mejor no convertirla en un tema divisorio dentro de ese movimiento de clase.

Lerner, al contrario, está diciendo efectivamente al cristiano: para ser "decente, bondadoso y generoso", debes abandonar tu religión, tal como la conoces. Debes no sólo repudiar la noción de que Caiaphas y la turba de Jerusalén, tal como la describen en los evangelios, obligaron a un romano renuente a matar al Salvador, sino también rechazar la idea teológica más amplia de que los antiguos judíos, al no alistarse en general en el movimiento de Jesús y al no aceptar a Jesús como el Mesías, se opusieron al plan de Dios. ¿Pero quién es Lerner (o, en realidad, mi yo ateísta), para decir a los creyentes cristianos cómo han de reformar su propia religión? Una cosa es decir: "No deberías creer en el cristianismo y punto." Es una posición muy razonable. Otra cosa es decir: "No me importa que seas cristiano, en realidad, reconozco muchas cosas buenas al respecto. Pero, por favor, cambia tu cristianismo y re-escribe algunos de esos textos que se encuentran en el corazón mismo de tu sistema de creencia, porque difunden el odio". Esto tiene que parecer altanero al creyente decente, bondadoso.

El rabino Lerner está obvia y justificadamente preocupado por la perspectiva de que las emociones generadas por esta película, que los organismos evangélicos cristianos promocionan con bombos y platillos, producirán antisemitismo en una sociedad en la que, en realidad, los casos de violencia antisemita han sido pocos últimamente. Pero los fundamentalistas cristianos que esperan con más ansias esta película tienden a un apoyo ciego al sionismo y no les interesa andar golpeando a tipos con yarmulkes [gorros]. La "reavivación del odio" que predice Lerner no provendrá, si ocurre, de la gente de Pat Robertson, sino de otra parte. Desde luego, las condiciones en otros sitios del mundo son diferentes, por diversas razones.

Mi preocupación por un antisemitismo reavivado difiere de la del rabino. Como Lerner sabe, la guerra de EE.UU. contra Irak fue y es una atrocidad moral. Fue impulsada por una sistemática campaña de mentiras. Y parte integral de ese esfuerzo de difusión de mentiras fueron los "neoconservadores", que como ha señalado con total naturalidad la prensa progresista israelí (Ha'aretz del 4 de abril de 2003), da la casualidad que son en su inmensa mayoría judíos y a veces ciudadanos de doble nacionalidad (Israel-EE.UU.) que consideran que los intereses de las dos naciones son inseparables: Douglas J. Feith, David Frum, John Hannah, Michael Ledeen, I. Lewis Libby, William J. Luti, Richard Perle, Abraham Shulsky, Paul Wolfowitz, David Wurmser. Elliott Abrams, Kenneth Adelman, Josh Bolton, Eliot Cohen, David Kay, Edward Luttwak, Daniel Pipes, Michael Rubin, James Schlesinger, Dov Zakheim, etc. Varios de estos individuos se ven ahora confrontados por problemas legales y, como algunos han diseminado deliberadamente desinformación como parte de su campaña para transformar el Medio Oriente en función del interés de Israel (un esfuerzo que hasta ahora ha costado unas 550 vidas estadounidenses), podrían verse en el futuro cercano expuestos a una hostilidad generalizada. Merecen ser enérgicamente criticados (y tal vez condenados a penas de prisión), aunque nadie merece jamás el vilipendio antisemita. Pero podría ocurrir, como trágico reflejo de los perversos sentimientos anti-árabes, anti-musulmanes que han impulsado como parte de su campaña, reflejados descaradamente en la reciente idiotez escrita por Frum y Perle.

El movimiento contra la guerra en este país ha sido dirigido en parte importante por judíos. Tal vez la mitad de los activistas con los que he trabajado eran judíos. Obviamente la continua guerra en Irak no es producto de una conspiración judía, como tampoco la izquierda progresista antiimperialista es una empresa judía. Los judíos tienen tantos puntos de vista como la sociedad en general. Pero, porque ésta es una sociedad racista, con una propensión cultural profundamente arraigada a conceptualizar en términos étnicos, pienso que es bastante posible que, a medida que el criminal ataque contra Irak haga sentir sus efectos, algunos dirán (inteligentemente): "¡Irak nunca fue una amenaza para nosotros! ¿Por qué mueren nuestros muchachos allá? Y (en forma poco inteligente): "¡Son esos judíos! ¡Están enviando a nuestros muchachos para que mueran por Israel!"

En ese contexto, el que judíos progresistas ataquen los fundamentos de la fe cristiana (por insostenibles intelectualmente que sean esos fundamentos), me parece un grave error político. No queremos familias cristianas ofendidas que declaren: "Mi hijo murió en Irak por esos judíos neoconservadores. ¡Mintieron sobre Irak, y ahora hasta tratan de encubrir lo que nos dice la Biblia sobre cómo mataron a Jesús!" Pero, anticipando esa posibilidad, exhorto al rabino a que tenga cuidado de aplicar su fuego a casos en los que haga más bien, y que deje la crítica de los evangelios para otro día, no vaya a ser que su expresión, ahora mismo, sirva a una ola de antisemitismo que podría apuntar por igual a los Perle y a los Lerner.

23 de febrero de 2004
* Gary Leupp es profesor de historia en la Universidad Tufts, y profesor adjunto de religión comparativa. Es autor de Male Colors: The Construction of Homosexuality in Tokugawa, Japan, Interracial Intimacy in Japan: Western Men and Japanese Women, 1543-1900 and Servants, Shophands and Laborers in the Cities of Tokugawa, Japan. Su correo es: [email protected]

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