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O P I N I O N

26 de febrero de 2004

Zapping

Manuel Talens
Rebelión

Son las siete de la mañana de un martes cualquiera. X despierta con la cabeza embotada por los efectos del valium. La radio del despertador le ofrece las primeras noticias del día. La Conferencia Episcopal española ha vuelto a decir no sé qué de las parejas homosexuales. Un kamikaze destrozó ayer en Tel Aviv a una docena de civiles que esperaban el autobús y el gobierno israelí mandó luego unos cuantos bombazos a un campo de refugiados y mató al ciento y la madre. Eso no hay dios que lo arregle, piensa X. Luego, bosteza. Menos mal que la locutora pasa enseguida a otro tipo de noticias. El Real Madrid acaba de comprar otro galáctico, qué goles mete. Ya en el cuarto de baño, X tararea una canción de Enrique Iglesias mientras se enjabona las mejillas frente al espejo.

La radio sigue dando noticias sueltas en la cocina, mientras X desayuna. El ministro Trillo dijo hace poco una impertinencia y la voz que sale del aparato comenta que Trillo es especialista en meter la pata. X asiente un poco ensimismado, el cerebro le pesa todavía. Se toma otra pastilla, esta vez una aspirina efervescente, para ver si la cosa mejora.

Antes de salir del piso mira el correo electrónico en el ordenador. Siete mensajes marcados con la palabra spam. En uno de ellos le ofrecen alargarle el pito, en otro un gilipollas le cuenta en inglés que es hijo de un antiguo presidente de Nigeria, que necesita dinero para un negocio y que le pagará una buena comisión. Entretanto, van entrando en la pantalla anuncios de tías en pelota, usted es el visitante 1.000.000, acaba de ganar esto y aquello. Qué pesados, murmura X, y se fija en un mensaje de Piluca, en donde aparece la foto de Zaplana cuando era presidente de la Generalidad, en recepción oficial con el jefazo de las FARC, y añade Piluca que por qué Zaplana critica ahora a Carod por lo de ETA, si él también habla con terroristas. X tira los mensajes a la papelera del Outlook Express, apaga el ordenata y vuelve a tararear a Enrique Iglesias.

Ya en la calle, compra el periódico en el quiosco. Sube al coche y pone la radio para distraerse mientras avanza por Germanías. Cada vez hay más tráfico, joder. Zapatero dice que si gana las elecciones la televisión dejará de contar mentiras. A ver quién se lo cree, piensa X. A continuación, Rajoy le responde cualquier cosa a Zapatero, qué más da. El dolor de cabeza no cede. En la oficina, antes de ponerse a la faena, ojea el periódico. Muertos aquí, muertos allá, Beckham, Berlusconi, Bush, Irak, el sida, Aznar, vaya rollo.

La jornada ha sido como siempre, papeles y más papeles. Pepe le ha dicho a X que se divorcia, ya está harto de tener que hacer una instancia con tres pólizas para echar un polvo, qué se habrá creído la parienta. Tienes razón, le ha respondido X desde la otra mesa, mientras revisa unos informes. La secretaria del director ha dejado una estela de perfume barato al pasar.

La velada de X es ordinaria, cena precocinada, noticias en la tele, zapping, Tómbola, la boda del príncipe, uno que dice que ha visto a la Virgen, otra que se acostó con Jesulín, lo de todas las noches.

X se toma el valium que le recetaron para dormir y a los diez minutos está roncando en la cama. Mañana será otro día.

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