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O P I N I O N

9 de marzo de 2004

Las drogas, un tema ausente en la campaña electoral

Carlos Ballesteros
Rebelión

A pesar de ser uno de los grandes problemas de nuestro país, las drogas han sido dadas de lado por la campaña electoral tanto del PP como del PSOE. Situación que debería sorprender si tenemos en cuenta que 11 millones de españoles, 35 de cada cien, consumen a diario una droga que cada año causa la muerte de unos 50.000 de nuestros conciudadanos: el tabaco. A esta cifra hay que sumar los 13.000 fallecimientos anuales que causa el alcohol. Entre ambas drogas producen unos gastos estimados en un billón de pesetas, estando el alcohol directamente relacionado con la violencia doméstica. Como dato nada esperanzador el alcohol es consumido por el 73% de los jóvenes de entre 19 y 28 años, siendo un porcentaje en aumento.

Frente a la alarmante situación del consumo masivo de sustancias que causan tan acreditados daños a nuestra sociedad, las drogas que suelen llamar la atención de la opinión pública, las ilegales, son consumidas por porcentajes que apenas alcanzan el 1 por mil en el caso de la heroína. Es esta una droga que parece relativamente controlada gracias a la expansión de la asistencia sanitaria, de los tratamientos de rehabilitación y de la dispensación de sustancias de sustitución. Mientras, la droga ilegal más consumida en nuestro país es el cannabis, que a pesar de haber sido probada por la cuarta parte de los españoles, menos de 2 de cada cien la consumen a diario. Se trata de una sustancia que según el Plan Nacional sobre Drogas produce relajación, desinhibición e hilaridad. Frente a los miles de muertes anuales que se achacan a alcohol y tabaco, no hay evidencia de que el cannabis haya producido ningún caso mortal en toda la historia, siendo los daños asociados a su consumo los producidos por el humo, y las bajadas de tensión que produce su mezcla con alcohol.

Sin embargo, el Partido Popular parece haber centrado sus esfuerzos en materia de drogas en dificultar o prohibir el autocultivo del cannabis. Así, el Gobierno ha formado un Grupo de Estudio, cuyos miembros se desconocen, que deberían presentar a la vuelta de las elecciones un informe con medidas que podrían pasar por la prohibición de la venta de semillas de marihuana, cuya legalidad ha permitido la apertura en los últimos cinco años de unas 400 tiendas en todo el país. En estas grow-shops, o tiendas de cultivo, se puede adquirir desde semillas hasta todo lo necesario para su cultivo: tierra, abonos, iluminación, así como manuales y revistas con información sobre cultivo, pero también sobre legalidad, efectos sobre la salud y estrategias de reducción del daño.

Tanto estas publicaciones, como unas 40 asociaciones antiprohibicionistas, defienden la actual posibilidad legal de que cada persona pueda cultivar las plantas necesarias para su consumo anual. De este modo el consumidor se asegura un producto natural, las flores de la planta, en vez del adulterado hachís marroquí, lo que a su vez estaría restando ingresos a las mafias narcotraficantes. Prohibir y perseguir el autocultivo servirá para reservar el monopolio del cannabis para las redes del narcotráfico, cuyo potencial corruptor alcanzó el año pasado nada menos que a los cuerpos de seguridad del Estado, Ejército, Justicia y Ayuntamientos.

Parecería lógico que dada esta situación, los partidos políticos propusieran medidas como la prohibición de la publicidad del tabaco, tan habitual en radio y vallas, así como una limitación de los 600 aditivos que las tabacaleras añaden al tabaco para reforzar su poder adictivo. A ello habría que unir una educación para la salud, y por supuesto, la apertura de un debate amplio y sereno sobre la mejor regulación legal del cannabis, donde el autoabastecimiento pueda reducir la delincuencia sin aumentar las posibilidades de acceder a esta droga por parte de los menores de edad.

Una vez que tan importante problema ha sido ignorado por los principales partidos políticos sólo nos cabe esperar que el Gobierno saliente de las urnas proteja la salud de los españoles por encima de los fuertes intereses económicos que representan las industrias farmacéuticas, del tabaco, y el alcohol, y se decida a poner coto a la enorme corrupción y los ingresos multimillonarios que la Prohibición esta deparando al narcotráfico.

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