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O P I N I O N

17 de marzo de 2004

El imperio, la campaña electoral, el 11-M y el 11-D

Carta a Monseñor Romero

Jon Sobrino
ALAI-AMLATINA

Querido Monseñor:

Veinticuatro años después de tu martirio y doce después de los acuerdos de paz las cosas siguen mal, a veces muy mal.  Mucha gente está harta de la injusticia, la corrupción y la mentira.  En tiempo de elecciones estamos hartos de la desvergüenza.  Y los pobres están hartos de la pobreza y de tener que emigrar.

¿No hay solución, Monseñor? Quiero hablarte de estas cosas con la esperanza de escuchar alguna palabra tuya que traiga luz y ánimo para trabajar.

El imperio

Es lo más grave.  La palabra parecía muerta, pero la realidad la ha resucitado.  Hoy no basta con hablar de opresión y de capitalismo.  Hay que hablar de imperialismo, y de "imperialismo norteamericano", que, con Bush, se ha hecho inocultable: imponer su poderío sobre todo el planeta, a través de todo, comercio injusto, información mentirosa, guerra cruel e irrespeto impúdico de los derechos humanos.

El imperialismo nos llega con el servilismo político de los gobernantes, pero en el día a día penetra de forma más profunda con la seducción e imposición de la "cultura norteamericana", the american way of life: el individualismo, como forma suprema de ser y el éxito como verificación última del sentido de la vida, como lo mejor que ha producido la historia.  Y a la inversa, comunidad, compasión y servicio son productos culturales secundarios. Insistir en ello no es "políticamente correcto".  La igualdad de la revolución francesa, y nada digamos la fraternidad del evangelio, están obsoletos.  De Irak no cuentan los iraquíes, y de Africa no cuenta nada.

Este imperialismo es antievangélico, y por ello para el cristianismo la primera exigencia es combatirlo, proclamar -y vivir- la "cultura de Jesús".  Y como, además, se pretende que comamos, bebamos, cantemos y nos divirtamos, como ocurre en el imperio, hay que defender el "nacionalismo" bien entendido: la defensa de la bondad de la creación de Dios, en diferentes pueblos, tradiciones, culturas y religiones.

El imperialismo, además, nos confronta con otro problema, que es de siempre, pero que hoy se ha acentuado.  En Asia y Africa, "cristianismo" ha sido sinónimo de "occidente", con beneméritas excepciones.  Pues bien, en el mundo actual, más de mil millones de seres humanos, los pueblos musulmanes, ven en Bush, a la vez, la expresión de occidente y la expresión del cristianismo. Con ello, la misión, no como proselitismo, sino como diálogo, se hace muy difícil.  ¿Quién les convence de que no hay que identificar las dos cosas si el imperio, Bush y su grupo, aparecen orando al Dios de Jesús y desoyen a los cristianos que se les oponen, incluido Juan Pablo II?

Monseñor, tú nos enseñaste a desenmascarar a los ídolos y les pusiste nombre: la absolutización del capital, de la doctrina de la seguridad nacional y también, aunque en sí fuesen buenas, de las organizaciones populares, cuando todo lo subordinaban a ellas.  A estos ídolos hay que añadir hoy el del imperio, esa forma de generar víctimas, lenta o violentamente, por imposición irredenta.

Conclusión.  "Sólo Dios es Dios", no lo es ni el césar ni el imperio, como Jesús vino a decir a Pilatos.  Equivocarse en eso, en forma creyente o secularizada, tiene gravísimas consecuencias, como lo vemos a diario en el mundo.  Bien lo dijiste:

Ningún hombre se conoce mientras no se haya encontrado con Dios.  Por eso tenemos tantos ególatras, tantos orgullosos, tantos hombres pagados de sí mismos, adoradores de los falsos dioses. No se han encontrado con el verdadero Dios y por eso no han encontrado su verdadera grandeza (10 de febrero, 1980).

La campaña electoral

La campaña electoral ha mostrado que la política está por los suelos.  Muchos gritos y agresiones al adversario, a veces hasta físicos, y pocos argumentos.  Muchas promesas y pocos programas y medios de llevarlos a cabo.  Entonces nos vienen a la mente unas palabras tuyas: "Oyendo ciertos discursos de estos días de carácter político, yo no encontraba ninguna idea constructiva...  Ideas serenas para construir el bien del país" (13 enero, 1980).  Y nada digamos de pedir perdón por los errores en el pasado y de propósito de enmienda.  Apelar a la austeridad, generosidad e incluso al sacrificio no se hace por no perder votos, pero sin ello no hay solución. 

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