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O P I N I Ó N

20 de marzo del 2004

Palestina e Irak: Conflicto, equidistancia y solidaridad

Walter Wendelin y Mikel Korta
Askapena

De unos años a esta parte se viene extendiendo con un enorme despliegue de medios una forma de analizar los conflictos que en nada contribuye a su superación. Mucho menos a una solución que, apoyandose en claves de justicia, sea verdadera y por tanto definitiva. Nos referimos a la equidistancia.

Queremos analizar esta realidad más aún cuando son muchos y diversos los llamamientos a la movilización, en este caso frente a las ocupaciones de Irak y Palestina. Movilicémonos, salgamos a la calle, pero teniendo claro cual es el objetivo de la fuerza que queremos construir para que esta responda efectívamente a la idea de la solidaridad entre los Pueblos.

Lo defensores de las tesis de la equidistancia pretenden acercarse a los conflictos desde una tramposa posición desde la cual se evita y oculta premeditadamente el análisis de las causas que los han provocado, las razones que los mantienen vigentes para a continuación pasar a hablar de "las partes en conflicto" como si de dos realidades simétricas y equiparables se tratase, planteando su intervención desde la idea de mediación.

A partir de ese no diagnóstico comienzan a hablar de soluciones en las que lo importante no es buscar justicia, libertad y democracia, sino simplemente que desaparezcan las expresiones más brutales del mismo, aquellas que dañan la sensibilidad del espectador blanco, occidental y por supuesto civilizado. Desaparecidas las expresiones de violencia desaparece así el conflicto. En esa línea, para los equidistantes la solución al conflicto pasa irremediablemente por lograr fotos y más fotos en las que las partes aparezcan sonrientes dándose la mano o un abrazo. La foto que sirva para escenificar un acuerdo en el que su contenido pasa a ser secundario.

Lo mismo cabría decir en ese contexto del concepto de diálogo que los equidistantes defienden. Lo importante es su escenificación mediática. Lo importante son las imágenes de las delegaciones llegando a los lugares de encuentro, los saludos, las sonrisas del anfitrión/mediador, ... Lo secundario son los contenidos desde los que se pretende construir el diálogo. El éxito de estas iniciativas de diálogo se mide no por los contenidos del acuerdo alcanzado y su contraste con criterios de justicia o democracia, sino porque se haya logrado o no la foto en la que "las partes" aparecen sonrientes. ¿En cuantas de esas fotos hemos visto a Arafat o a Tarek Aziz abrazándose hasta con el Papa?

Millones de personas salieron a las calles en todo el mundo con el lema de "no a la guerra" ante la más que previsible agresión imperialista contra Irak. La mayoría con la mejor de las voluntades, sin entender que ese lema no tenía nada que ver con lo que iba a ocurrir en Irak y que en esa medida poco podía contribuir a unir fuerzas para lograr una solución satisfactoria frente a los planes de los EEUU, Gran Bretaña, España, ...

La falta de contenido del "no a la Guerra" aparece evidenciada cuando tanto los "personajes antiguerra" como los "proguerra" coinciden en situar en la existencia o no de armas de destrucción masiva en Irak el argumento para dar o quitar legitimidad a la agresión gringa.

¿Qué pasa con las armas de destrucción masiva? ¿Acaso no son los EEUU la potencia que posee el mayor arsenal de armas de destrucción masiva? ¿Acaso no son los EEUU la única potencia que ha utilizado la bomba atómica matando a cientos de miles de civiles? ¿Acaso no es Israel, que se rie de todas y cada una de las resolucioes de la ONU, otra potencia nuclear cuyo peligro para la humanidad es más que evidente?

¿Porqué el "no a la guerra" de tantos en el caso de Irak se convierte en un "sí a la guera" en el caso de los balcanes o en el silencio más absoluto ante genocidios como el que sufre el Pueblo Checheno? Definitivamente lo ocurrido en Irak no iba a ser ni fué una guerra, sino una agresión unilateral, imperialista y con clarísimos objetivos de lograr el control político, militar y económico de un País pasando por encima de un derecho universalemente reconocido cual es el derecho a la autodeterminación y la soberanía de los Pueblos. Es contra eso contra lo que hay que luchar y no contra vacíos llamamientos de "no a la guerra".

Otro tanto ocurre en el caso Palestino. Otra vez la equidistancia.

Poca gente mantiene ya en su memoria que el Estado de Israel jamás existió en tierra Palestina y que la realidad que hoy conocemos tiene su orígen en el "robo" de tierra y la limpieza étnica a la que ha sido sometido el Pueblo Palestino.

Poca gente mantiene en la memoria que el Pueblo Palestino jamás se ha negado a convivir con aquellos judíos que querían habitar aquellas tierras. Que es el sionismo internacional con la ayuda de las grandes potencias occidentales quien ha construido un estado artificial y excluyente en el que la raza es su elemento vertebrador. Que es desde esa clave racista y excluyente que Israel expulsa del territorio del que se ha aporpiado a toda persona que simplemente desea mantener su identidad.

Poca gente mantiene en su memoria que, precisamente por ese concepto razista y excluyente que está detrás de la construcción del Estados de Israel, los habitantes del mismo son gentes emigradas de otras partes del mundo que han ido colonizando esas tierras, protegidos por tanques y aviones, con la única base de legitimidad consistente en declararse ciudadanos judíos.. Menos aún que millones de palestinos han sido expulsados de su propio País, sus casas y tierras para hacer sitio a personas que procedentes de América, Europa, Asia, África u Oceanía las han ido ocupando. Esto ha hecho que sean millones los palestinos que viven refugiados fuera de su propio territorio, más de un millón vivan en el actual estado de Israel como ciudadanos de segunda y víctimas permanentes de la represión y que los que habitan en los territorios supestamente gestionados por la Autoridad Nacional Palestina lo hagan en un espacio que no alcanza ni al 10% de su territorio original.

Poca gente conoce que mientras el estado de Israel sacraliza el derecho al retorno para cualquier ciudadano que habite donde habite se proclame judío, niega este mismo derecho a quienes eran y son los propietarios de las tierras y las casas robadas mediante la fuerza de las armas y hoy bajo administración israelí. Todavía hoy se siguen pagando el viaje, ofertando documentación y ayudas por miles de dólares a ciudadanos que procedentes de cualquier lugar del mundo llegan a Israel para ocupar y colonizar tierras ajenas y continuar así con la política israelí de construir su estado sobre un territorio que no les pertenece.

Por eso es muy fuerte que a la luz de esta realidad los equidistantes pretendan presentarnos el conflicto palestino/israelí como un partido de pimpón entre violentos.

Un conflicto en el que no existen verdugos y víctimas, ocupantes y ocupados, agresores y agredidos, sino dos Pueblos que deben aprender a vivir juntos.

Y es ahí donde aparece otra mágica palabra: la reconciliación. Recurso retórico para esconder el objetivo de apuntalar la política de ocupación militar impuesta por el estado de Israel.

Por eso nos suena tan mal la palabra diálogo en boca de esos mismos equidistantes que olvidan que cada vez que los Palestinos se han sentado a dialogar o negociar la consecuencia ha sido siempre la merma de su derecho a la independencia, el robo de nuevos territorios, ... ¿No es acaso más que evidente a estas alturas que el diálogo no es un fín en sí mismo y que dependiendo de las voluntades de quienes lo impulsan puede servir tanto para solucionar los conflictos como para imponer por esa vía lo que no se ha conseguido mediante la fuerza.

Por eso desde Askapena queremos decir que el día 20 de Marzo estaremos en la calle para manifestar nuestra protesta ante las ocupaciones de Irak y Palestina y para reivindicar el derecho a la soberanía y la Autodeterminación de los Pueblos. Para reivindicar su derecho a la resistencia. Nos manifestaremos contra la ocupación de Irak sin olvidar la realidad del Pueblo Kurdo y su Derecho a la libre determinación porque frente a la equidistancia proponemos y defendemos la solidaridad entre los Pueblos. Una solidaridad activa cuyo objetivo es que el Pueblo Palestino pueda acceder a la construcción de su propio Estado asentado en sus propias tierras y formado por todas las personas que independientemente de su ideología, raza o religión quieran formar parte de él. Un Estado que surja de la restitución al Pueblo Palestino de todo lo que le ha sido robado, de la vuelta a casa de todos los refugiados expulsados de su propia tierra y en el que todas las personas tengan los mismos derechos a la hora de decidir y gestionar su presente y su futuro.

Con ese espíritu llamamos a participar en las movilizaciones que el próximo día 20 tendrán lugar en Euskal Herria contra la ocupación de Irak y Palestina y por la soberanía de los Pueblos.

Este artículo fué escrito antes de que tuviera lugar el atentado de Madrid y por supuesto antes también del último atentado que ha acabado con la vida de decenas de personas en Bagdad. Nos reafirmamos en todo lo dicho y añadimos que las movilizaciones del día 20 son la forma más justa y efectiva para conseguir un mundo sin estas masacres. Porque la condena, el lamento y los llamamientos a la movilización vacíos de contenido pueden servir para un colectivo ejercicio de limpieza de conciencias, pero poco para lograr un mundo en el que las relaciones entre los Pueblos se basen en la igualdad, el respeto, la libertad y la solidaridad. Desde ahí la paz en el mundo será una realidad.

* Miembros de Askapena

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