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O P I N I Ó N 

24 de marzo del 2004

El 13-M y la democracia tecnológica

Antonio Hernández
Rebelión

Uno de los aspectos más destacados de la "rebelión" contra la manipulación informativa del gobierno el pasado 13 de marzo en España, hace referencia al uso del teléfono móvil y su sistema de envío de mensajes, así como al uso de internet, como herramientas clave para generar una movilización espontánea que propició la derrota electoral de un gobierno basado en la mentira.

Se observa una curiosa coincidencia entre editorialistas y columnistas de medios clásicos y pensadores y activistas del movimiento antiglobalización a la hora de lanzar loas a estas nuevas tecnologías como vía para extender y mejorar la mejorar la democracia y como medio imprescindible para articular la respuesta social al neoliberalismo.

Análisis y perspectivas demasiado ingenuas, a mi modo de ver, basadas en una incuestionable fe ciega en cualquier invento nuevo que el sistema mercantil lleva siglos inculcando en nuestras conciencias.

Tecnología y poder

Lo primero que conviene aclarar son las características técnicas de estas tecnologías y su relación con el poder. Para que el aparatito (internet, teléfono móvil…) que cada uno tenemos en propiedad pueda funcionar es necesario la existencia de nodos, estaciones repetidoras y satélites en algunos casos que lleven la información a sus destinos. Semejantes infraestructuras requieren grandes inversiones económicas y ajustarse a condiciones de concesión establecidas por el gobierno. Así, en España como en todo el mundo, los dueños de dichos "puntos sensibles" sólo pueden ser las multinacionales o las estructuras gubernamentales.

Si nos preguntamos quién puede ser el principal beneficiario de los envíos masivos de mensajes SMS, bastaría con fijarnos en la evolución de los beneficios económicos de una empresa como Telefónica desde la existencia de dicho servicio; beneficios que son utilizados para extender sus tentáculos por otras países donde apoya prácticas autoritarias y antidemocráticas.

Desde el punto de vista técnico es relativamente sencillo para los dueños de las infraestructuras comunicacionales y para los gobiernos abrir o cerrar el flujo de las informaciones que circulan por ellas dónde y cuándo quieran. Programas informáticos no muy complejos o la simple colocación en pocos puntos clave de personas de confianza o que no se atrevan a cuestionar las órdenes, puede en escasos minutos bloquear cualquier posibilidad de comunicación basada en estas tecnologías.

En la primera huelga general contra el gobierno del PSOE en 1986 jugó un papel decisivo el hecho de que la televisión pública dejó de funcionar exactamente a las 0 horas del día señalado.

Su efecto sobre la conciencia de la gente fue tan poderoso que el país se paralizó totalmente. Les pilló de sorpresa pero aprendieron la lección; en ninguna otra ocasión ha sido posible repetir ese hecho a pesar de existir apoyo muy mayoritario de los trabajadores de televisión a huelgas posteriores. El establecimiento de controles fieles en los puntos sensibles así como la elaboración de leyes y normativas que penalizan una actuación como aquella se ha convertido en la garantía del gobierno para impedir la repetición de aquella situación.

Venezuela y España

También se están haciendo paralelismos sobre el papel de la tecnología para derrotar el golpe de estado contra Chávez y los recientes acontecimientos en España. Sin negar el papel jugado en ambos casos creo que se exagera la realidad. En Venezuela, la mayoría de la gente que salió a exigir la vuelta de Chávez fueron clases pobres que no disponen de dichos aparatos. El boca a boca y la firme voluntad de no querer volver al pasado además de la existencia de redes populares fueron el elemento decisivo que permitió la derrota del golpe.

En España, aunque la convocatoria se produjo en un primer momento a través de mensajes de móviles e internet posiblemente por personas de grupos antiglobalización, no se debe minusvalorar el decisivo papel amplificador que algunas radios y televisiones comerciales jugaron al hacerse eco de la protesta de forma muy significativa. Con todo es muy posible que de no haber existido una indignación tan grande y las numerosas redes asociativas que poco a poco se van consolidando, el resultado hubiera sido muy diferente.

En cualquier caso lo razonable es pensar que el poder también aprenderá estas lecciones y la próxima vez no estarán tan desprevenidos. Es más, con estas nuevas tecnologías su capacidad de neutralizar los canales de comunicación de los movimientos antisistema es mayor que nunca.

Es mucho más difícil localizar una imprenta clandestina oculta en cualquier lugar de una gran ciudad, que rastrear las ondas electromagnéticas asociadas a las comunicaciones actuales.

Si asumimos además que el poder siempre dispondrá de máquinas mucho más potentes, con una capacidad de procesamiento muy superior a la nuestra, llegaremos fácilmente a la conclusión de que confiar en estas tecnologías para tumbar el sistema es bastante iluso.

No olvidemos que desde hace años las policías y servicios de inteligencia están trabajando con grandes programas de rastreo, espionaje e interceptación de todas las comunicaciones, lo cual se ve facilitado por la existencia de enormes superordenadores capaces de procesar cantidades inimaginables de información. No sería descabellado suponer que ya tengan localizados y controlados los principales recursos alternativos de información basados en estas tecnologías.

También en estos días hemos comprobado lo fácil que resultar tumbar páginas web alternativas como ocurrió con La Haine.

Pienso por tanto que los medios de comunicación utilizados por los movimientos antisistema nunca han sido tan vulnerables como los actuales y que confiar en ellos como ariete decisivo de nuestra pelea es de una ingenuidad peligrosa.

13-M, patada al gobierno, no al sistema

Coincido plenamente en señalar la importancia que el 13 de marzo ha tenido para la democracia en España y en los resultados electorales del día siguiente y sus posibles repercusiones como golpe a la política de intervención imperial. Pero conviene no desvirtuar algunas cosas. En primer lugar, el objetivo de los manifestantes no era tumbar el sistema: este no corrió peligro en ningún momento por lo cuál tampoco se requerían acciones contundentes por su parte.

Tampoco sería descabellado pensar que la torpeza del gobierno del PP hizo sonar algunas alarmas dentro del propio sistema y que se produjera un cambio de apuesta por el PSOE en algunos estamentos del estado. La credibilidad exterior del gobierno del PP estaba quedando muy afectada por el engaño al que estaba sometiendo a organismos internacionales y a gobiernos y policías extranjeros. Pienso que la filtración de información desde estamentos policiales y la fuerte apuesta informativa de algunos medios habría que valorarla más allá de la simple lucha y alternancia partidaria.

Con la derrota del PP en España seguramente asistiremos a una reconfiguración en el reparto de poder entre EEUU y Europa respecto a los recursos petrolíferos de Iraq pero eso no va a cambiar la esencia del orden mundial.

¿Democracia tecnológica?

Tampoco se puede negar la importancia de la capacidad de movilización y respuesta ciudadana que se ha demostrado y que ha debido preocupar a los poderes del estado. Por eso hay que valorar bien cuáles han sido nuestros éxitos y cuáles las perspectivas que se abren. Y la "democracia tecnológica" no es una de ellas.

Recordemos que George Bush se sirvió de cierta manipulación de votos electrónicos para acceder al poder. Las posibilidades de desvirtuar el voto a través de los sitemas informáticos es impresionante.

Es usual escuchar que sin internet y las nuevas tecnologías de la información el movimiento antiglobalización no existiría tal y como lo conocemos y posiblemente sea verdad. Pero esto ignora que sin esas tecnologías tampoco existiría la globalización, la especulación financiera con sus actuales dimensiones ni la capacidad de penetración del neoliberalismo salvaje en todos los rincones del planeta.

Pensemos un momento por que los presidentes estadounidenses desde Clinton insisten tanto en promover la introducción de las nuevas tecnologías como "agentes del desarrollo" en países que ni siquiera tienen resuelto el problema del hambre. Y es que además de enormes beneficios económicos les proporcionará mayor poder y capacidad de control.

Las actuales tecnologías de la información han sido y son la condición necesaria para los enormes flujos de capitales y la concentración cada vez mayor del poder político, económico y militar. Han sido diseñadas y promocionadas para favorecer la extensión de las multinacionales por el planeta y para aumentar la capacidad militar y policial y para mejorar la coordinación en la explotación de los bienes naturales y humanos. Ese es su sentido y carácter primordial.

Esas posibilidades implícitas en las nuevas tecnologías ellos van a aprovecharlas al máximo por que tienen la capacidad y los medios técnicos y económicos necesarios para hacerlo. Por tanto, ante internet, teléfonos móviles o cualquier otro invento hagámonos las siguientes preguntas: ¿ quién se beneficia más?¿quién tiene el control?¿podemos revertir ese control?.

¿Significa esto que debamos renegar de dichos instrumentos? Obviamente no. Con esto como con cualquier otra cosa debemos aprovecharlas para buscar grietas, visualizar contradicciones y fomentar la organización y participación en movimientos alternativos. Y estas herramientas también nos ofrecen posibilidades a nosotros. Pero conviene conocer las limitaciones de dichas herramientas y los peligros que su uso entraña para el propio movimiento. Y no errar en el objetivo a la hora de comprender que lo que hay que crear por encima de todo son redes reales, movimiento humano, comunicación directa; y no dejarnos entrampar en ficciones que nos alejan de la realidad. En el mundo virtual las aspiraciones de liberación tienen la guerra perdida por que precisamente la tecnología virtual es la negación última de la propia vida.

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