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O P I N I Ó N

6 de april del 2004

¿De qué lado estás?:

Los hipócritas de la Iglesia Católica

Sharon Smith
CounterPunch

Traducido para Rebelión por Felisa Sastre

El 23 de febrero, Patrick McSorley murió a los 29 años en un apartamento de Boston. McSorley fue incapaz de superar la adicción a la heroína que le ha llevado a la muerte. "Tuvo que luchar sin tregua contra los recuerdos de lo que le había sucedido", comentó un amigo. "Habría hecho cualquier cosa para escapar del dolor".

Cuando tenía 12 años, tras el suicidio de su padre, McSorley fue a tomar un helado con el Padre John J. Geoghan, quien, le ofrecía la confianza y el consuelo de un sacerdote. En lugar de ello, el Padre Geoghan abusó sexualmente del niño en su coche.

McSorley fue una de las 85 víctimas del Padre Geoghan, depredador en serie, que fue trasladado de parroquia en parroquia durante dos décadas mientras los dirigentes de la Iglesia Católica acallaban a sus acusadores.

McSorley dio el paso de contar su historia hace dos años y a ayudó a miles de otras víctimas a hacer lo mismo, poniendo al descubierto la telaraña de conspiración urdida por la jerarquía católica para ocultar los extendidos abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Por ironías de la vida, el pasado viernes- el mismo día que el cuerpo del joven McSorley hallaba reposo en un cementerio de Massachusetts-, representantes de la Iglesia Católica convocaban una conferencia de prensa para echar tierra sobre el escándalo de los abusos sexuales.

Al presentar los dos esperados y largos informes sobre abusos sexuales, el obispo Wilton D. Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica, aseguraba a los medios de información de todo el mundo: "La terrible historia que se refleja aquí ya es algo pasado". Ciertamente, los informes contienen las estadísticas desgarradoras que documentan los abusos cometidos por 4.392 sacerdotes contra 10.667 niños entre 1950 y 2002:

· Sacerdotes del 95 % de las diócesis de Estados Unidos han sido acusados por abusos sexuales- entre ellos 1 de cada 10 de los sacerdotes ordenados en 1970.

· La mayoría de las denuncias por abusos no fueron trasladadas por los obispos a la policía, y el 95 % de los sacerdotes nunca fueron acusados de los delitos.

· Cerca del 30 % de las víctimas sufrieron los abusos durante un periodo de dos a cuatro años, mientras que un 10 % los soportaron hasta nueve años.

· 149 sacerdotes pedófilos abusaron de 2.960, es decir el 27 % de los niños.

Pero los dos informes- ambos encargados y controlados por la Conferencia Nacional de Obispos Católicos- son en realidad un intento de la jerarquía de la Iglesia para evitar tentativas de ampliar el proceso hasta la Edad Media.

El antiguo gobernador de Oklahoma, Frank Keating, miembro del Comité Consultivo de Católicos Seglares y autor de uno de los informes, fue obligado a dimitir después de haber comparado los métodos de encubrimiento de los abusos sexuales con los de La Cosa Nostra. No resulta sorprendente por ello que el Comité Evaluador haya sugerido como fórmula mejor "una evaluación fraternal" por los propios obispos- lo que resulta una censura amable si se considera que los obispos colectivamente fueron responsables del encubrimiento del escándalo durante décadas. El otro informe, realizado por la Facultad de Derecho Penal John Jay, se refiere en exclusiva a las cuestionables estadísticas facilitadas por los propios obispos.

Como era previsible, los portavoces eclesiales intentaron evitar relacionar la verdadera causa de la extensión de la pedofilia entre los sacerdotes con los problemas evidentes que se derivan de la obligación del celibato entre los que se ordenan, para hacer hincapié en la homosexualidad.

En realidad, la pedofilia no tiene relación alguna con la orientación sexual, bien sea hetero bien sea gay, sino con la opresión sexual de los adultos sobre los niños. Y la exigencia del celibato de los sacerdotes, como la mayoría del dogma católico, no tiene nada que ver con la devoción al Todopoderoso sino con la búsqueda de riqueza y poder de la Iglesia.

Hasta los siglos XI-XII, se permitía a los sacerdotes católicos tener varias mujeres y amantes y legar sus propiedades a sus hijos. En primer lugar, la Iglesia prohibió que los hijos heredaran, de manera que las propiedades pasaran a la Iglesia. Más tarde, prohibieron el matrimonio de los clérigos, y el que tuvieran amantes, y en 1139, anularon los matrimonios contraídos y obligaron a los nuevos sacerdotes a divorciarse.

La Iglesia Católica no se ha convertido en una de las instituciones más ricas y poderosas del mundo por ser fiel a su propio credo de solidaridad humana. Nada podría resultar más adecuado para poner al descubierto tan vívidamente su hipocresía y para derribar a su jerarquía, que el escándalo de los abusos sexuales a los niños.

Si fuera así, la lucha y la muerte de Patrick McSorley no habrían sido en vano.

Sharon Smith escribe para Socialist Worker, http://www.socialistworker.org/

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