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O P I N I Ó N

15 de april del 2004

Diez años después del apartheid

Nadine Gordimer
La Jornada

Pensar que podemos mirar la libertad como parte de nuestra historia: una década de logros por continuar en la larga lucha contra el colonialismo y su culminación en el apartheid. Pero, ¿qué es la historia? El diccionario dice: "Relación de sucesos, historia, crónica. Registro cronológico de sucesos, como de una vida, desarrollo de un país; rama del conocimiento que registra y analiza los sucesos del pasado". A partir de nuestra experiencia de siglos pasados registrados y de tiempos más recientes en nuestra memoria viva y, finalmente, inclusive de la vida de los jóvenes entre nosotros, podemos añadir otras definiciones.

Por principio de cuentas, la historia es escrita en general por los vencedores del conflicto. Parece que es uno de los frutos de la victoria: dulce para el vencedor, amargo para el vencido. En nuestro caso, en Sudáfrica, nuestro propio continente africano, durante mucho tiempo la historia ha sido escrita y en consecuencia enseñada desde el punto de vista de las creencias y los análisis de los colonialistas, porque, ya fueran holandeses, británicos, portugueses, franceses, belgas o alemanes, ellos eran los vencedores sobre los pueblos indígenas.

La historia tiene sus fases, o su progreso, cualquiera que sea la forma en que los vencedores la miren. La historia que fue el colonialismo ha terminado, derrotada en una lucha de muchos tipos librada durante muchos años. En los 10 años de libertad que celebramos en este 2004 nos hemos visto enfrentados a muchos problemas, entre ellos a la necesidad de desenmascarar, de despojar de sus viejas envolturas coloniales la otra cara de nuestra historia.

No quiero caer en ese término superado de "historia alternativa", porque creo que sería tan poco realista como eran las historias coloniales. Establecer tanta verdad como sea posible, mientras estamos en el presente, es nuestra única garantía de crear la mejor democracia para el futuro, desde nuestro admirable comienzo en una sola década.

Pero hay un anexo vital a la crónica histórica. La persona individual hace la historia: la vida de esos individuos antes de las fechas históricas, antes del día y hora de nuestra crisis, y que en su continuación debe ir más allá de la sangre, el exilio, la prisión y el sacrificio. Eso es lo que se ve completado en la literatura: en la narrativa, la poesía, la dramaturgia.

El relato, el poema, la obra de teatro son los que expresan cómo las vidas, los temperamentos, los compromisos personales expresaban demandas justas de acción pública por la libertad; cómo estas demandas eran vividas por individuos, cómo su destino de justicia y libertad condujo a la crisis de confrontación y cómo quienes sobrevivieron a los terribles acontecimientos y a sus consecuencias continuaron afirmando la vida y viviendo de manera indómita.

Stephen Clingman, erudito sudafricano y biógrafo de Bram Fischer, encontró la frase para definir el papel de la literatura en la historia. La llama "la historia desde adentro": lo que ocurre en los corazones, mentes y cuerpos de las personas antes y después de los sucesos que crean la historia. En tiempos precoloniales y en los primeros tiempos de la colonia esta aportación de la literatura para completar la historia era oral, y hoy, por fortuna, la tradición oral revive como parte de nuestra herencia literaria, nuestra herencia cultural.

Al transmitir la historia oral hemos tenido, y tenemos, "historia desde adentro", desde el precursor Mhudi, de Sol Plaatje, pasando por la poesía de Vilazaki hasta Turbott Wolfe, de William Plomer, en el que escribió, en 1921: "El negro no es la pregunta: es la respuesta". La tradición continúa con Olive Schreiner, con el grito liberal de Alan Paton por su amada patria, y con muchos otros escritores, algunos prohibidos, como lo estuve yo misma: Peter Abrahams, Dennis Brutus, Alex La Guma, André Brink, Miriam Tlali, Breyten Breytenbach, Lewis Nkosi, James Matthews, Don Mattera y Mandla Langa.

Esos son algunos creadores de nuestra literatura que han hecho la historia sudafricana "desde adentro" de la gente. Con los nuevos historiadores, transformar lo no dicho en lo completo; lo que hemos sido, cómo alcanzamos la realidad de nuestro ser.

No podemos entendernos a nosotros mismos sin conocer y reconocer el pasado; el conocimiento y la comprensión son la única garantía con que contamos los seres humanos de no estar condenados a repetir el pasado, sus atroces injusticias, sus terribles acontecimientos, su costo en sufrimiento. Para caminar en el aire abierto de la democracia, de nuestra libertad arduamente ganada, necesitamos a nuestros historiadores y creadores de literatura, los poetas, los novelistas, los dramaturgos. Y para traer a la luz nuevos talentos creativos literarios entre los jóvenes necesitamos una población alfabetizada en las ciudades, las aldeas y en los llamados asentamientos informales, en todos los niveles y todas las edades.

En 10 años, el pueblo de Sudáfrica ha logrado mucho: ojalá que en el nuevo decenio la alfabetización para todos lleve a cada uno este derecho humano fundamental, facultad esencial para el desarrollo de la economía, para cualquier vida funcional, y para la revelación de toda una vida y el placer de la lectura. Ojalá creemos las bibliotecas y nutramos a nuevos historiadores, poetas, prosistas y dramaturgos que llenen los estantes con lo que hemos sido, lo que somos, con lo que hacemos en el presente y con nuestra visión del futuro de nuestro país.

* Artículo basado en un discurso de la premio Nobel sudafricana, pronunciado con ocasión del 10 aniversario del fin del apartheid
© The Independent
Traducción: Jorge Anaya

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