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O P I N I O N

15 de abril de 2004

Sobre la publicidad de Pepsi

Política a patadas

Luis Angel Abad
La Cartelera de Levante

En el principio de los tiempos todo el telediario estaba unido. Aunque ya entonces se hablaba del fútbol como suplantador del papel que Marx otorgaba a la religión. Ya se decía que el fútbol era la versión moderna del pan y circo de los romanos mucho antes de la aparición mefistofélica de J. J. Santos, que consumó la escisión del telediario. Apareció la figura del comentador deportivo como un doble, y por ahí se coló toda la capacidad de interpretación que reprime la figura del busto parlante aportando información objetiva. Con este esquema revenido norma, lo que se afianza diariamente es la impresión de que la política y el mundo real no merecen comentario; que lo comentable con toda la carga de libertad, ironía, ingenio y crítica recae sólo en el fútbol. Hablamos por lo tanto de un esquema representador de la realidad que administra un factor despolitizador fundamental, tanto más cuanto más obvio y natural parece.

Ahora Pepsi tira de estrellas futboleras para dar la lata a todo quisque, literalmente. En una suerte de escenario feudal el balón se convierte en el arma arrojadiza contra los esbirros del poder, y Beckham y compañía en paladines de un pueblo al que devuelven el disfrute del fruto de un trabajo confiscado. Vamos, una lata. Un individuo, una lata. Y se monta la revolución y la fiesta, que para eso están Ronaldinho y Roberto Carlos de gustosos bufones catalizadores. Esta asunción del circo en plan Espartaco, y esta atribución del reparto del pan, dan un giro de tuerca sobre el papel social del fútbol, que ya no juega como factor elusivo de lo político, sino como su apropiación explícita. Lo cual cierra el círculo de su función alienante. Primero se distrae a la masa para perpetrar el atraco. Luego se asume el papel justiciero de recuperar lo robado al pueblo. Y finalmente lo que se reparte es un producto romo preparado expresamente para un consumo masivo que enriquece a unos pocos. Como metáfora política el anuncio de Pepsi no puede ser más descaradamente sangrante, pero va y a la gente nos hace gracia, y a los niños nos fascina, y a las adolescentes este Beckham con broncínea loriga hasta nos moja las bragas, con lo que se cobra copiosamente hasta el derecho de pernada.

Hace un par de meses tocó dar cuenta del nuevo Golf anunciando revoluciones, este mes Pepsi nos reparte el excedente. No por más que sabido hay que dejar de insistir en el papel alienante del fútbol y la publicidad. Al fin y al cabo ambos son los primeros en abusar de la repetición y la presencia redundante. Así que insistamos en el viejo motto. Suplantación de la realidad, mitificación y falsa liberación es lo que surge de la efervescencia publicitaria. Que cuando se encarga del fútbol nos trata a patadas. Así nos van ganando por goleada.

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