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O P I N I O N

10 de mayo de 2004

La atracción de los imanes

Abdel Haqq Salaberria Portavoz de la Comunidad Islámica en el Estado español
Gara


Alguien podría proponer declarar inconstitucional el Sagrado Corán. También a la Torá y al Antiguo y Nuevo Testamento. Argumentos no le faltarían. En primer lugar es absolutamente discriminatorio que unos merezcan el Jardín y otros queden condenados al fuego eterno por no creer en Dios o por no practicar Sus Mandamientos. ¿Cómo es posible que un texto divulgue semejantes contenidos en una sociedad que se define laica e igualitaria y cuyos únicos «mandamientos» deben ser el respeto a los Derechos Humanos y a la Constitución? Eso es poner en el infierno a un montón de gente. También en estos textos se habla con claridad de que el ser humano debe amar y obedecer a Dios por encima de todas las cosas, lo que pone en evidencia que eso de la soberanía popular o la legitimidad democrática no sintoniza mucho con la palabra divina, ya que si de algo se puede estar seguro es de que Dios no se somete a nada. El es un Dios Unico y Todopoderoso: «Realmente cuando quiere algo Su orden no es sino decirle: Sé, y es.» (Corán 36: 82. Sura de Ya Sin)

Sin embargo no se ha ido tan lejos, de momento, y lo que propone el «Nuevo Talante» como primera medida antiterrorista original es controlar a los imanes de las mezquitas. Entre los musulmanes, este propósito ha sonado algo parecido a controlar el clima para evitar epidemias de gripe. Además de impopular, esta medida es del todo inútil por varios motivos que comentaré a continuación, y no hace sino atestiguar el descomunal desconocimiento que se tiene de la realidad islámica, tanto en Occidente en general, como en el Estado español en particular.

Cualquier musulmán con ciertos conocimientos de árabe y de Corán puede ser imán (transcripción fonética incorrecta ya que en árabe es imam). No existe sacerdocio en el Islam. Existen, por supuesto, escuelas que preparan a estudiantes para desempeñar esta tarea con mayor rigor y dedicación, pero no consagran a nadie. Lo que consagra a un musulmán como imán es el respeto y el reconocimiento de su comunidad, que puede estar formada por cientos de miles o sólo por dos personas. Y una comunidad suele elegir a su imán por sus cualidades, más que por sus títulos universitarios. No hay tampoco una jerarquía, o una institución, que fije la doctrina. En realidad hay cuatro escuelas sunitas mayoritarias y otras minorita- rias, entre las que se encuentra la chiíta, y dentro de esas escuelas hay tendencias, e infinidad de grupos políticos, sociales, culturales y étnicos, que re- dundan en la pluralidad del Islam en el mundo y también en Europa. Por eso cuando hablamos de imanes no estamos hablando de un grupo homogéneo, censado y controlado por una institución como la Iglesia Católica, sino de manifestaciones heterogéneas y espontáneas fruto de lazos sociales informales.

No hay que pasar por alto que ciertos imanes sí son puestos a dedo por una oligarquía interesada en desplazar el Islam tradicional por una aberración modernista sectaria, pero afortunadamente no creo que sea la realidad predominante en nuestras latitudes, y ese fenómeno se da más en las grandes mezquitas, necesitadas de la financiación que les brindan esas oligarquías, que en las pequeñas, que suelen ser mucho más autónomas e informales. Pero además, ni siquiera sucede inevitablemente así en las grandes mezquitas, ya que los mecenas no siempre son tan intervencionistas y los hay que tienen un talante verdaderamente musulmán y desinteresado. En este sentido, es modélico el sistema de administración de la mezquita de Granada, al frente de la cual su Fundación es controlada por una mayoría de musulmanes granadinos, de distintas agrupaciones y tendencias, reservándose para los mecenas extranjeros un papel importante pero minoritario en su Junta Directiva.

Pero ahí no acaba todo. Si hablamos de las mezquitas nos encontramos con una realidad muy plural. Por un lado hay unas cuantas mezquitas más o menos grandes y conocidas que son edificios singulares. Estas suelen contar, además, con centros culturales que cumplen una importante labor de integración ya que son espacios donde los no musulmanes y los musulmanes pue- den participar juntos de diferentes actividades como conferencias, exposiciones, cursos de árabe... Pero además de las grandes mezquitas, existe una constelación de pequeñas mezquitas y salas de oración diseminadas por toda la geografía, que no son más que simples locales acondicionados para el culto, y cuyos promotores no son respaldados por las embajadas de ningún país sino por los bolsillos de la propia comunidad. Muchas de estas mezquitas se rigen bajo los estatutos legalizados de una Asociación Religiosa, pero otras muchas no tienen ninguna personalidad jurídica, y su organización es totalmente informal.

Suponemos que la intención del Gobierno no es controlar a los imanes como personas, sino a sus jutab (plural de jutba o arenga de los viernes). Estos jutab originariamente sí tenían un carácter político y los pronunciaban los imanes en nombre del emir de la comunidad. Versaban sobre asuntos legales, problemas de la comunidad, y también sobre cuestiones más espirituales. Su correspondiente católica es el sermón u homilía de los domingos. Pero al desaparecer la figura del emir, el imán, salvo que se encuentre en una situación de presión social o política de algún tipo, suele construir el jutba en base a versículos del Corán y sobre materias morales más que políticas. De hecho muchos jóvenes musulmanes echan de menos un poco más de conexión de los imanes con la realidad política y social del Islam contemporáneo. Pero como ya he dicho, la mayor parte de los imanes son gente corriente que les ha tocado ejercer por edad o por decisión popular y evitan, incapaces o temerosos, tocar ciertos temas conflictivos. Así, uno de los últimos jutab que recuerdo de una mezquita del País Vasco, en plena invasión de Irak, con Afganistán caliente y la intifada al rojo vivo, con cientos de muertos en nuestras costas que escapan de la injusticia de sus países, y con una problemática de integración complicadísima en el seno de las familias musulmanas, versó sobre las maneras correctas e incorrectas de hacer las abluciones, algo que es perfectamente válido desde el punto de vista de la legalidad islámica, pero totalmente inoportuno desde el punto de vista del interés social del momento.

Pero ahí no acaba la complicación del supuesto control. El idioma en el que estos imanes se dirigen a sus hermanos musulmanes, sean marroquíes, senegaleses, andaluces o vascos, es el árabe. Sólo una minoría de mezquitas traducen los jutab resumidos al castellano. Esto suele darse en mezquitas donde hay un buen número de musulmanes locales, como en Granada, y de ello también se benefician musulmanes senegaleses, afganos, pakistaníes, bosnios, turcos, indonesios, malayos, chinos o americanos, que tampoco entienden bien el árabe.

En definitiva: ¿Qué va a controlar el Estado? ¿Acaso va a poner un espía en cada mezquita? El espía debe entender árabe a la perfección, árabe clásico y diversos dialectos, porque según la procedencia del imán, la cosa varía. ¿Creen en serio que un terrorista se calien-ta escuchando a un imán? ¿Cuántos atentados se evitarán con la medida? Desgraciadamente ninguno.

Los imanes no tienen ninguna capacidad de influencia en los terroristas, ni para bien ni para mal. Entre otras cosas porque un terrorista, por definición, está fuera del Islam. A los terroristas los calientan fuerzas totalmente ajenas a los ideales que dicen defender y, sobre todo, una desesperación y un odio, ajenos a cualquier creyente sincero. Pero si los imanes tuvieran esa capacidad de influencia, no los creo tan descerebrados como para hacerlo público, mucho menos en un escenario tan hostil como el actual. De tener que controlar a los imanes, deberían ser los propios musulmanes, por su propio interés, los que lo hicieran. Son los únicos capacitados y legitimados para conseguirlo con éxito. Por eso sólo serán efectivas aquellas medidas que tengan en consideración la verdadera realidad del Islam en nuestra sociedad, aquellas que se interesen sinceramente por los musulmanes, víctimas también de todo tipo de terrorismos. Sólo las medidas que se tomen contando con la comunidad musulmana, no de espaldas o frente a ella, tendrán alguna utilidad. -

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