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O P I N I O N

11 de mayo de 2004

Maradona y la sobria embriaguez

Alejandro Moreano
Quincenario Tintají / Quito


Serge Gruzinsky, el extraordinario estudioso del carácter cultural de la conquista y colonización de América, cuyos textos "Guerra de imágenes" y "La colonización de lo imaginario" son verdaderas obras maestras de dicha problemática, se pregunta sobre la posibilidad de comparar una cultura como la occidental que ha excluido de lo normal y real vastos dominios de la experiencia humana como el sueño, la alucinación y la embriaguez, con las culturas precolombinas que como tantas otras, casi todas, incluyen esos ámbitos en su normalidad.

La experiencia artística, constante crítica de la cultura occidental, pretendió defender y explorar esos dominios. Desde los románticos a los poetas beatnicks se mantuvo la experiencia de aquello que el filósofo español, Antonio Escohotado, recordando a los griegos, llama la sobria embriaguez.

El discurso del poder imperial  que une en un champús ideológico a drogas con terrorismo e insurgencia ha generado una actitud conservadora en todos los ordenes de la vida humana.

Así, en estos últimos días, se ha levantado una terrible diatriba moralista contra Maradona, a propósito de su enfermedad. Comentaristas locales, medios de comunicación, editorialistas, agencias informativas internacionales han levantado una virulenta condena moral contra el gran futbolista. En los informativos de la CNN, por ejemplo, la noticia de la enfermedad del crack argentino llegó a opacar las de la guerra de Irak, los asesinatos de Sharon, la toma de posesión de Rodríguez Zapatero. La noticia estaba inmersa en una suerte de morbosa -y repugnante- atmósfera de reprobación moral que se cebaba en una foto que mostraba a Maradona con un tatuaje del Che Guevara mientras la periodista recordaba las estancias de Maradona en Cuba.

Allen Gisberg y William Burroughs experimentaron todas las drogas en su intento de ampliar la esfera de la conciencia, los grandes cantantes de los 70 también, César Dávila Andrade bebía hasta ver el dragón, Jean Cocteau escribió un texto Opio, en que se preguntaba por qué la medicina no había explorado las condiciones de atenuar los efectos negativos de la droga en lugar de condenarla sin más.

En algún momento, Maradona fue un artista del fútbol en el más estricto sentido de la palabra. Es posible que la cocaína fuera un ingrediente de esa potencia creadora. ¿Por qué tanta miseria moral en su contra?

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