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16 de junio de 2004


Los muros de la infamia y la intolerancia

Adolfo Pérez Esquivel
La Jornada


BUENOS AIRES. Durante el Mundial de Futbol realizado en Argentina en 1978, me encontraba en la cárcel de la Unidad 9, prisionero de la dictadura militar. Los militares trataron de tapar el horror de los desaparecidos, las torturas, los asesinatos y las prisiones con el slogan: "los argentinos son derechos y humanos". Prepararon estadios y armaron la escenografía para recibir a las delegaciones. Siempre me preocupó la complicidad de la FIFA y otros organismos que facilitaron que la Argentina de la dictadura militar fuera la sede del Mundial de Futbol y hayan avalado la dictadura. Es un capítulo aparte y no el tema de esta nota. Queda para otro momento.

La escenografía para recibir a las delegaciones debía ocultar la realidad; como toda escenografía, y una de las cosas que más me preocupó fue que, para tapar la pobreza, los militares construyeron un gran muro en la ciudad de Rosario para que no se viera la miseria de Villa las Flores, una de las más paupérrimas del país con miles de personas en situación de miseria y sin solución a sus problemas que sobreviven comiendo gatos y algunos de la pesca y algunas changas, es decir, trabajos temporarios y puntuales, como vender hierros, plásticos, papel, cartones y botellas, entre otras cosas que pudieran encontrar.

Los militares construían el muro de día y la gente les robaba los bloques de noche. La necesidad y la creatividad en la resistencia no tienen límite. Los pobladores de noche les robaban los bloques de cemento y los escondían para luego hacer sus casas. La situación era semejante al hilo de Ariadna.

En República Dominicana construyeron un muro para que el Papa en su visita no viera la miseria del pueblo. Ocultan el sufrimiento de los pueblos, pero no hacen nada para solucionarlo.

Otros muros se alzaron en distintas lugares del mundo, como el Muro de Berlín, durante la guerra fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos, quienes terminaron dividiendo a un pueblo y sometiéndolo a sus intereses políticos y económicos. Miles de familias quedaron separadas durante décadas, viviendo el horror y dolor de esa división. Muchos intentaron pasar el muro, unos pocos lo lograron, y otros dejaron la vida, bajo las balas de los guardias y las zonas minadas de Alemania del este.

El muro entre Corea del Norte y Corea del Sur responde a la misma política del poder y la dominación de las grandes potencias, como China y sus intereses. El pueblo coreano está dividido y enfrentado; hay familias que llevan décadas sin poder verse y saber de unos y otros, guardando los pocos recuerdos que les quedan y esperando ese día. No cualquier día, sino ese día, en que el muro de la separación caiga y puedan rencontrarse en las miradas y el corazón.

La comunidad internacional vive conmocionada y expectante a que el problema de Medio Oriente tenga una salida política y se termine la violencia que desangra a los pueblos de Palestina e Israel.

Pero está la intolerancia, el terrorismo de ambas partes, y la estupidez de los gobernantes que no quieren ver la realidad ni el dolor de los pueblos. Israel ha levantado el muro para separar a los palestinos, en lugar de superar el conflicto; creyendo que el muro les dará seguridad. El odio no se detiene con muros. La resistencia de un pueblo por su libertad no se deja vencer por un muro. El primer ministro de Israel, Ariel Sharon, guiado por su odio e insensibilidad, comete atrocidades contra Palestina y daña profundamente al pueblo de Israel. El dolor no tiene límites y lleva a muchos palestinos a inmolarse y sacrificarse en aras de la libertad y ser recibidos en el seno de Alá.

Estados Unidos, la gran potencia imperial, no vacila en levantar el muro de acero en la frontera entre su país y México. Por un lado busca la integración económica que trata de imponer a todo el continente latinoamericano y el Caribe, la llamada Area de Libre Comercio para las Américas (ALCA), pero busca impedir el paso de los inmigrantes mexicanos. Aquellos que logran pasar la frontera y son capturados, maltratados y expulsados y, en el mejor de los casos, tratados como mano de obra barata y en condiciones de semiesclavitud.

La guerra desatada contra Afganistán e Irak, las masacres contra esos pueblos y las continuas violaciones de los derechos humanos, señalan el horror en las cárceles en Irak por tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña, países que se autoproclaman paladines de la libertad y la democracia.

La farsa y la estupidez continúan, tratando de justificar lo injustificable: son gobiernos responsables de crímenes de lesa humanidad y, algún día, Bush y Tony Blair deben ser juzgados por las atrocidades cometidas.

Guantánamo, en la base militar que Estados Unidos tiene desde hace más de100 años en la isla de Cuba; con dos campos de concentración, con más de 600 detenidos, algunos niños y adolescentes, personas provenientes de 42 países, de los cuales nadie sabe los cargos que tienen, privados de libertad y sometidos a todos tipos de vejámenes; violando las más elementales normas de los derechos humanos.

Siguen sometiendo a un bloqueo inmoral e injusto al pueblo cubano desde hace 45 años, con total y absoluta impunidad, violando la soberanía de ese pueblo.

China es una potencia emergente, con un rol a cumplir en la comunidad de las naciones en poco tiempo y serio competidor de Estados Unidos en el comercio y las relaciones internacionales; tiene un triste y trágico desempeño en Tibet, país invadido y masacrado por tropas chinas, cometiendo atrocidades, un genocidio y etnocidio contra el pueblo tibetano, que en gran parte debieron exiliarse juntamente con el Dalai Lama.

La intolerancia y la soberbia del poder de la fuerza no sabe y no quiere saber del derecho de los pueblos a su autodeterminación y soberanía.

Rusia es responsable de la gran masacre contra el pueblo en Chechenia, y pone en evidencia las graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos y la falta de sanciones para evitar que continúen cometiendo esas atrocidades.

Los países que se dicen "civilizados", y que enviaron tropas militares y policías, de Naciones Unidas y de la OTAN, a Kosovo para reguardar la paz y la seguridad, terminaron participando y levantando burdeles, sometiendo y violando a mujeres y a niñas, escudándose en la inmunidad. Según informes de Amnistía Internacional "niñas de 12 años son secuestradas y sometidas como esclavas y obligadas a atender a más de 10 clientes por día"...

¿Cuántos muros de insensibilidad y desprecio por la vida humana tienen las tropas de esos países "civilizados"? ¿Qué hacen los pueblos de esos "países civilizados", qué muros han construidos para que no vean ni oigan el clamor y el dolor de otros pueblos? ¿Qué pasa con Naciones Unidas, totalmente marginada y silenciada, detrás de muros del olvido y el desprecio? ¿Qué pasa con todos los avances que la comunidad internacional fue generando durante décadas, del derecho internacional y humanitario?

Los pueblos indígenas han luchado y sobrevivido a las dominaciones, saben de los muros que se han levantado para marginarlos y destruirlos, sin embargo, han logrado conservar sus culturas y valores, como la memoria y la identidad en la resistencia y unidad de sus pueblos, con todas las dificultades y problemas.

Los muros más resistentes y dolorosos, difíciles de derribar, son los de la conciencia, de la intolerancia y de la idiotez humana, de aquellos que se creen dueños de la verdad absoluta y no les importa el costo y la vida de otras personas y de los pueblos, con tal de alcanzar sus objetivos.

Los fundamentalismos religiosos, aquellos que se han apropiado de Dios para sus propios intereses, vaciando los contenidos espirituales y manipulando los signos y símbolos religiosos, levantan los muros de la intolerancia y el sometimiento.

El capitalismo ha entronizado al dios Mamón y levantado los muros de la dominación, como la "deuda externa y eterna", privilegiando en el altar del mercado el interés, y condenando a los pueblos a la miseria y la pobreza.

El peor de los muros está dentro de cada uno; si no los derribamos y tenemos el coraje de comprender y respetar el derecho del prójimo y de los pueblos, nada podemos cambiar.

Continuarán levantándose los muros de la estupidez y la crueldad humana que hoy separa al mundo. Debemos rescatar la humanidad, rescatándonos a nosotros mismos y compartiendo el caminar de los pueblos en la diversidad y en la unidad; saber escuchar a nuestra Madre Tierra, y a toda la naturaleza a la cual pertenecemos y la que debemos cuidar y respetar en este pequeño planeta llamado Tierra.

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