La   Página   de  Petras

21 de marzo de 2002

El capitalismo al fin del milenio


James Petras y Henry Veltmeyer
Semanario La Aldea - Santa Fe- Argentina

Introducción

Un buen lugar para iniciar una revisión del capitalismo latinoamericano es la Era del imperialismo de Harry Madoff. Las últimas dos décadas del desarrollo capitalista en América latina han sido testigo de un período de prosperidad sin paralelo de los bancos estadounidenses multinacionales y de las corporaciones, así como de un poder político casi indisputado, ejercido desde Washington. A pesar del consenso intelectual que se ha formado alrededor del concepto de globalización, las dinámicas de estos desarrollos en América latina pueden ser entendidas mejor en términos de la actuación del imperialismo euro-americano. Aunque tiene raíces largas y profundas en la región, no es sino hasta las décadas de los ochenta y noventa que el imperialismo, el estadio más elevado -y final- del capitalismo, llegó efectivamente a la mayoría de edad en América latina, creando las condiciones para su consolidación.

Varias cuestiones son centrales en nuestra discusión sobre la configuración actual del poder capitalista en América latina al inicio del siglo XXI.

Primero, hay una creciente evidencia de la hegemonía de Estados Unidos sobre el proceso global de acumulación capitalista. A lo largo de los noventa el capital estadounidense y su estado imperial han incrementado su peso y posición en la economía global, embarcándose en un verdadero frenesí de fusiones y adquisiciones de las corporaciones líderes en los sectores estratégicos de la economía global, al punto que 224 de las 500 corporaciones más importantes son ahora norteamericanas (contra 222 de hace sólo un año); y de las 100 primeras, 60 lo son. En lo que respecta a América latina, 10 de las 20 más importantes son propiedad norteamericana. Esta hegemonía emergente y de creciente poder económico, y la declinación correspondiente de la posición de Europa, y particularmente del capital japonés1, va paralelo a una serie de movimientos estratégicos para establecer el control sobre las palancas e instituciones de las finanzas globales y el "ejercicio del gobierno" así como potencia militar.

Segundo, la riqueza y el poder sin paralelos de Wall Street y Washington en América latina es un fenómeno relativamente reciente, arribado después de varias décadas de políticas nacionalistas y populistas que limitaron la profundidad y amplitud del imperialismo norteamericano y bloquearon su hegemonía.

Tercero, a pesar de diversos esfuerzos por reactivar las economías nacionales en la región, éstas han estado acosadas por una tendencia a la profundización de la crisis. Las condiciones de esta crisis incluyen el pillaje de los recursos en proporciones asombrosas y operaciones aun más grandes de rescate de los inversores norteamericanos, organizadas por el estado imperial y sus adjuntos institucionales de la «comunidad financiera internacional".

Cuarto, mientras las condiciones de pobreza y las desigualdades sociales en la distribución de los recursos productivos y del ingreso están encastradas en estructuras económicas y sociales hondamente enraizadas, la actual ascendencia del imperialismo de Estados Unidos en la región ha llevado a una reversión de los avances limitados que habían logrado la clase obrera y las clases medias, así como a un serio retroceso en sus niveles de vida.

Quinto, la transición capitalista desde una economía agrícola rural a una economía industrial centrada sobre las ciudades ha conducido a una nueva y fundamental división en la sociedad latinoamericana. De un lado hay una burguesía dominada por un puñado de super ricos, ligados con los circuitos de¡ capital global y un pequeño racimo de corporaciones multinacionales orientadas a la exportación. Del otro, una creciente masa de trabajadores empobrecidos, superexplotados y marginalizados, ubicados en el sector informal en desarrollo de las economías urbanas de la región, despojados de derechos sociales y de legislación laboral protectora.

Sexto, se ha construido un nuevo lenguaje político y discurso teórico para cegar la actuación de¡ imperialismo en la región y en cualquier otro lugar. Los bancos y corporaciones trans o multinacionales en sus operaciones (toma de empresas productivas, apropiación de activos, dominación de mercados y extracción de ganancias sobre la base de¡ trabajo barato) ya no son entendidos como unidades y agentes del sistema imperialista; ahora son vistas allanando la globalización y la creciente integración e interdependencia de la economía mundial. La transferencia del ingreso del trabajo al capital y su reconcentración es considerada un mecanismo de ajuste interno a las exigencias de la economía global. La compra barata de activos públicos y estatales es llamada "privatización". La quita de restricciones a la inversión extranjera, la liberalización de los mercados, la desregulación de la empresa privada, todas políticas destinadas a incrementar la tasa de ganancia del capital invertido, son vistas como formas de "ajuste estructural". La prescripción imperial de políticas macroeconómicas es descripta como "estabilización". La imposición de políticas económicas destinadas a atraer y favorecer el capital extranjero; el salvamento de inversores internos y el acrecentado control sobre las fuerzas militares y policiales, bajo el pretexto de las campañas contra la droga, son llamadas libertad de mercados" o "políticas amigas de los mercados". La acomodación del "Tercer sector" o de organizaciones populares a los intereses y políticas del estado imperial es descripta como buen gobierno" o "fortalecimiento de la sociedad civil", un factor crítico en el proceso de desarrollo económico". Y las acciones en busca de beneficios llevadas a cabo por la clase dominante son consideradas como el comportamiento socialmente orientado y subjetivamente significativo de los nuevos agentes económicos o, en términos "posmo ernos", como las acciones de individuos diversos y particulares en búsqueda de su identidad social. Con la disolución en el pensamiento de las estructuras operativas y las condiciones materiales del sistema capitalista, las clases también desaparecen. Aun la clase capitalista -dominante económica y políticamente- base social del sistema imperialista es reemplazada por una multiplicidad de actores sociales e individuos, y cada uno batalla por definir y ubicarse en el contexto social del nuevo orden económico global y la heterogeneidad de sus condiciones, que son vistas y tratadas más como subjetivas que objetivas.

Para entrar en la discusión del capitalismo y del imperialismo en América latina, el primer paso es descartar el lenguaje y discurso eufemístico, impreciso y enceguecedor que se ha convertido en una moda, y volver a las categorías más precisas y rigurosas del marxismo.

Orígenes históricos de la hegemonía imperial

Desde 1930 hasta mediados de los setenta el imperialismo norteamericano en América latina se vio constantemente desafiado por regímenes y movimientos nacionalistas, populistas y socialistas democráticos. Estos desafíos eran por lo general más reformistas que revolucionarios, en la medida en que cuestionaban elementos del proyecto imperialista, pero no el conjunto de las relaciones y el sistema existente.

En los años treinta y cuarenta el presidente Cárdenas de México nacionalizó los intereses petroleros de Estados Unidos, mientras Vargas en el Brasil, Perón en la Argentina y el Frente Popular en Chile promovían la protección estatal de la industria nacional con barreras comerciales, iniciando un vasto movimiento hacia la nacionalización de industrias estratégicas en la región. En los cincuenta el presidente de Guatemala, Arberiz, expropió la tierra de la United Fruit y la distribuyó entre los campesinos, lo que dio por resultado un golpe de estado exitoso dirigido por la CIA contra su administración. Una revolución de tipo radical nacionalista tuvo lugar en Bolivia en 1952, seguida de una revolución social en Cuba que desafió la hegemonía imperial en la región. Los sesenta y setenta fueron testigos del surgimiento de regímenes y movimientos populistas, nacionalistas y democráticos a lo largo del continente. Este "largo medio siglo" de avance social y político dio como resultado una significativa legislación social y económica que legalizó sindicatos, proveyó de beneficios sociales básicos, extendió la educación pública y la asistencia en salud a sectores sustanciales de la clase obrera industrial, de los empleados públicos y en unos pocos casos (Chile entre 1970 y 1973) a los campesinos.

Este período, que precedió a la actual fase de hegemonía imperial de Estados Unidos y que asistió a la gradual incorporación de la clase obrera y de las clases medias al proceso político y de desarrollo, no fue de ninguna manera una "edad dorada" de desarrollo o un paraíso para los trabajadores. Estos eran explotados, los campesinos estaban excluidos de la legislación social, y las economías dependían fuertemente de la exportación de bienes primarios a los países adelantados industrialmente para financiar sus importaciones de bienes de capital e intermedios. De todas maneras, todavía había algunas restricciones sobre el capital, y bajo diversos regímenes populistas mejoró de manera significativa la distribución de¡ ingreso entre el capital y el trabajo. En el caso de Chile bajo el régimen socialista de Allende el trabajo recibió casi el 60% de¡ ingreso derivado de la producción social, un avance que fue rápidamente revertido por el régimen de Pinochet. Este creó las condiciones para que en 1989, después de 17 años de políticas neoliberales, la participación de¡ trabajo en el ingreso nacional estuviera reducida al 19%, una de las más bajas del mundo.

El sistema de dos clases (campesinos/propietarios de tierras) que había prevalecido en el período de depresión fue reemplazado por una estructura más compleja que, además de los campesinos y propietarios de la tierra, incluía obreros, pequeña burguesía y burguesía industrial. Una ola de nacionalizaciones en los años sesenta y comienzos de los setenta vio cómo la energía, minería, telecomunicaciones, transporte, acero y otros sectores estratégicos de la economía pasaban a estar bajo el control del estado. En algunos casos las firmas imperiales fueron compensadas generosamente y muchas encontraron lucrativas salidas para nuevas inversiones. Las barreras tarifarias impulsaron la industrialización nacional pero no impidieron que las corporaciones multinacionales (CMNs) siguieran estableciendo plantas filiales. De todas maneras, por lo general tuvieron que sujetarse a la legislación que establecía requisitos en cuanto al sector de la economía, el empleo de los nacionales y el régimen cambiario (producir para la exportación). Más serio todavía fue que las CMNs tuvieron restricciones en lo que respecta a la inversión directa y la repatriación de beneficios, viéndose forzadas a recurrir a subterfugios tales como la transferencia de los beneficios mediante los precios, de manera que emergieran a la superficie en economías más liberales y menos restrictivas.

Los regímenes nacional-populistas de América latina permitieron que hubiera sustanciales beneficios sobre el capital extranjero invertido y las operaciones de las CMNs. De todas maneras, tras la revolución cubana, nuevas y más radicales medidas estuvieron en los programas de muchos gobiernos, creándose las condiciones para la reacción política de las fuerzas sociales generadas en el proceso de acumulación capitalista. En particular, una nueva clase de ricos operadores de negocios y de banqueros estaba irritada por la legislación laboral y los controles establecidos sobre sus capitales, para no hablar de las medidas destinadas a redistribuir los recursos productivos, tales como la tierra, así como el ingreso. Esta clase se volcó hacia las fuerzas armadas y las corporaciones multinacionales en busca de apoyo para romper la alianza populista y asegurar una mayor participación en los mercados exteriores, financiamiento de sus emprendimientos y acceso a nueva tecnología. Así se formó la base social para las políticas de contrarreforma y el ascendiente del imperialismo norteamericano que caracterizaría al capitalismo latinoamericano en las siguientes dos décadas.

Las bases políticas e ideológicas del ascendiente imperial

De acuerdo con los ideólogos del neoliberalismo el "mercado libre" se ha convertido en el modelo dominante debido al fracaso del "estatismo" y a las virtudes inherentes del mercado. Pero los datos históricos sugieren otra cosa. El "mercado libre" surgió en América latina precisamente en reacción al éxito de las reformas sociales y fue impuesto con la intervención política violenta.

Washington, en concierto con los militares de América latina, derribó a los gobiernos elegidos democráticamente en Chile, la Argentina, el Brasil y el Uruguay. Las nuevas dictaduras, apoyadas por las instituciones financieras internacionales, procedieron a desmantelar las barreras sociales y proteccionistas, a desnacionalizar los sectores industriales y bancarios y a privatizar los activos públicos. Las políticas de mercado libre fueron implementadas y puestas en vigor por regímenes draconianos que mataron a miles, encarcelaron y torturaron a decenas de miles y obligaron a muchos más a ir al exilio. Los vínculos políticos entre los bancos, las corporaciones multinacionales, los capitalistas transnacionales de América latina y el estado fueron reforzados y las aspiraciones de hegemonía de Estados Unidos se hicieron realidad.

La centralidad de la política, la violencia estatal y la intervención del estado imperial en la construcción de la nueva configuración neoliberal desmiente a los que sostienen que la institución del "nuevo modelo económico" se debió a la mayor eficiencia y racionalidad del mercado. La expansión de la inversión imperial vía compra de empresas privatizadas, la toma de bancos latinoamericanos y la penetración de los mercados no fue el producto de fuerzas globales impersonales e inevitables (y amorfas); mucho menos fue un inevitable "imperativo de la globalización" o del "sistema mundial capitalista". Más bien la nueva configuración de poder es el resultado de una guerra de clases conducida en el nivel nacional, regional e internacional y ganada por las fuerzas imperiales y sus aliados domésticos, quienes procedieron a construir un nuevo orden económico y sociopolítico, acorde con sus intereses.

Inmediatamente después entraron en juego los ideólogos del nuevo orden imperial. Ellos han elaborado un nuevo discurso (globalización) para darle cierta legitimidad. El nuevo proyecto imperial hace varias afirmaciones y proyecciones futuras acerca del desarrollo capitalista que necesitan ser deconstruidas y sometidas a un análisis crítico.

La primera afirmación es que el sistema anterior "estatista-populista" y su modelo económico estaba en crisis, una vez cumplido su ciclo, y que un nuevo modelo de acumulación era necesario, dirigido hacia el exterior en lugar de estar orientado hacia adentro: dirigido hacia el mercado mundial -el motor del crecimiento económico y el sector privado -su chófer-.

La segunda afirmación es que el nuevo modelo requeriría un período de ajuste penoso en el cual los salarios más bajos y la eliminación de los empleos en servicios públicos llevarían a un crecimiento dinámico basado sobre la concentración del ingreso (un nivel más alto de ahorro e inversión), y flujos de capital en amplia escala, de largo plazo, que llevarían a nuevos trabajos mejor pagados y a ingresos más altos.

La tercera afirmación es que la "transformación productiva" (conversión tecnológica) y "modernización" que acompañó la liberalización incrementaría la competitividad internacional de las firmas latinoamericanas, aumentaría el consumo privado sobre la base de menores costos de producción e importaciones más competitivas y llevaría a una torta económica más grande, que incrementaría el ingreso real y beneficiaría a los pobres, aun cuando las desigualdades sociales existentes persistieran, como se esperaba que sucediera.

Finalmente, los neoliberales sostienen que, una vez que el nuevo orden esté establecido, la liberalización económica conducirá a una política democrática. Entonces surgirán políticos responsables, preocupados con la administración del sistema de libre mercado y con evitar las demagógicas e irracionales demandas "populistas".

En esta concepción del "orden económico del nuevo mundo" (la consolidación del sistema imperial) se presume y argumenta que las adaptaciones a los cambios en él (y los requerimientos del) sistema económico mundial darían un nuevo dinamismo a las economías de la región, permitiéndoles participar de la "nueva ola de prosperidad" que está por inundar a todo el mundo. De todas maneras las evidencias sugieren un desarrollo y giro muy diferente de los acontecimientos: el surgimiento de una enorme división entre nuevas formas del capital y el trabajo, que producen en abundancia, de un lado, grandes concentraciones de riqueza y, del otro, condiciones de extendida y creciente pobreza y miseria.

En el contexto de este desarrollo, sostenemos que la retórica de la globalización y del ajuste estructural, y la previsión de un crecimiento renovado y prosperidad, están destinadas a encubrir el proyecto imperial de recolonización. El programa real que está detrás de la consolidación del nuevo orden imperial en América latina es no sólo generar un renovado ciclo de acumulación capitalista, sino también crear en el proceso las condiciones que permitirán a las fuerzas del imperialismo norteamericano avanzar y expandirse en otras partes del mundo. En efecto, América latina ha sido señalada no sólo para ser saqueada en sus recursos, sino también como un terreno de lanzamiento hacia la batalla pendiente por el mercado mundial entre los centros líderes de los poderes capitalistas y las aspiraciones hegemónicas, y las pretensiones del capital de Estados Unidos.

El Nuevo Orden Imperial: doce años en el poder

Existe abundante evidencia para sostener que los miembros de la elite de la clase capitalista transnacional de América latina así como las "empresas" imperiales se han beneficiado enormemente con la hegemonía imperial de Estados Unidos en el último cuarto de siglo. La naturaleza del Nuevo Orden Imperial en América latina puede ser entendida en términos de los hondos lazos estructurales que han servido como puntos de extracción de excedente y de las relaciones clase/estado que los han sustentado.

El Nuevo Orden Imperial se construye sobre cuatro pilares: pagos de intereses a largo plazo de la deuda externa en gran escala; transferencia masiva de beneficios derivados de las inversiones directas y de cartera; compras y toma (takeovers) de empresas públicas lucrativas y de empresas nacionales con problemas financieros, así como inversiones directas en talleres y fábricas de sobreexplotación, en recursos energéticos y en manufacturas e industrias de servicios de bajos salarios; cobro de rentas provenientes del pago de regalías sobre una amplia gama de productos, patentes, mercancías culturales, etc.; balances de cuenta corriente favorables basados sobre la dominación de las corporaciones y bancos de Estados Unidos en la región gracias a la tradicional "familiaridad" con el mercado y a los lazos históricos.

(i) Pagos de intereses sobre la deuda

En lo que respecta al pago de los intereses sobre la deuda externa, las estadísticas causan vértigo y la realidad que les corresponde aún más. La mayoría del capital original en forma de préstamos bancarios sindicados fue prestada en los setenta, cuando los bancos comerciales de Estados Unidos expandieron rápidamente sus operaciones internacionales para ubicar sus excedentes de capital y ganar las altas tasas de retorno que anticipaban. Para 1982, unos 257.000 millones de dólares habían sido extendidos en esta forma (préstamos bancarios) a los gobiernos latinoamericanos y al sector privado, particularmente en México y el Brasil, que por sí solos tenían más del 50% de toda la deuda acumulada del tercer mundo. Con el inicio de la "crisis de la deuda" en 1982 el volumen de los créditos bancarios a la región fue drásticamente reducido, a pesar de que en el curso de la década -desde 1983 a 1989- la deuda externa acumulada de la región creció de 257.000 millones de dólares a 452.000 millones; esto a pesar de haberse pagado intereses por 170.000 millones. El resultado fue un drenaje neto de recursos tan grande (120.000 millones), que el entonces presidente del Banco Mundial se vio impulsado a observar, con alguna vacilación, que la transferencia de recursos en tales proporciones es... probablemente prematura".

Para los noventa, cuando el flujo de capital a la región había cambiado significativamente en su composición (crecientemente en la forma de valores y no deuda), los Institutos Financieros Internacionales (IFIs) anunciaron en son de triunfo el fin de la crisis de la deuda, a pesar de que la mayoría de los países aún tenían que servir sus deudas externas por un nivel (50% de los ingresos por exportaciones) que el mundo bancario define como "crítico". En el curso de la década el problema de la deuda externa no se superó de ninguna manera, a pesar de que era visto ahora por los IFIs como "manejable" (Cuadro1). Para 1998 el total de la deuda externa de América latina trepaba a 698.000 millones de dólares, un incremento del 64% respecto de la deuda existente en 1987, el año pico de la crisis de la deuda. De todas maneras, lo que es significativo acerca de esta deuda no es su tamaño (alrededor del 45% del producto bruto regional) ni el peso que representa para los trabajadores, productores y clases medias de la región, sino el volumen de los pagos de intereses a los bancos de Estados Unidos como una forma de plusvalía y el drenaje de una inmensa masa de capital potencial de América latina. En sólo un año (1995) los bancos recibieron 67.500 millones de dólares de esta fuente y en el curso de la década más de 600.000 millones, un número equivalente a aproximadamente el 30% del total de los ingresos por exportación generados en el período a un enorme costo económico y social.

Cuadro 1 Deuda y pago por la deuda, América latina, 1982-98 (en miles de millones de dólares, promedios anuales, a precios corrientes)

 

'80

'87

'90

'91

'92

'93

'94

'95

'96

'97

'98

Stock de deuda

257

474

476

491

450

526

547

588

627

650

698

% de pnb

36

66

45

45

42

37

35

36

35

33

36

Pagos

30

47

41

39

37

38

35

36

35

33

35

% de exportaciones

36

37

32

26

26

28

29

29

 

 

 

Fuentes: Banco Mundial World Debt Tables 1994/95, 1994, World Development Report, varios años; Cepal, 1998b:25

(ii) Inversiones de cartera

Seducido por un programa de reformas neoliberales, el capital privado ha afluido a América latina a una tasa acelerada a partir de 1991 (Cuadro 2). Las inversiones de cartera en acciones y títulos han formado una parte importante de este flujo de capital, representando la parte del león del total de los flujos de capital a lo largo de la década y, como inversión directa extranjera (IDE), altamente concentrada en los países avanzados más industrializados de la región, el Brasil y México. En los años que llevan a la crisis de la deuda de los ochenta hubo una salida neta de inversiones de cartera, que reflejan no sólo la volatilidad de esta forma de capital, sino también un síntoma de la fuga del capital así como de las condiciones que llevaron a un incremento persistente de los déficits de la cuenta corriente en la región y la erosión, sino saqueo, de las reservas de divisas de los bancos centrales (Cuadro 6). Los primeros años de los noventa vieron un boom de las inversiones de cartera, atraídas por las altas tasas de interés y las oportunidades en los mercados emergentes, pero en los años siguientes ha habido un considerable sube y baja, y entrada y salida, en el flujo de la inversión de cartera, en la medida en que los inversores responden a los ajustes de los gobiernos, a las manipulaciones de las tasas de cambio y de interés, y a las condiciones cambiantes. En general, se observa (Cuadro 2 y UNCTAD ) 2 que países de América latina (más que en cualquier otro lugar, con la excepción de Chile) han tendido a apoyarse más sobre la inversión extranjera de cartera que en la inversión extranjera directa (IDE). Hasta hace poco y desde 1992 los flujos de entrada de inversión de cartera en la región (bonos y títulos emitidos por gobiernos, especialmente del Brasil y México) han excedido por mucho a los flujos de entrada de IDE 3.

Cuadro 2 Flujos de capital en activos hacia América latina (miles de millones de dólares acumulados)

 

1981-89

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

Entrada neta 4

-8.3

12.2

25.3

51.1

76.3

66.3

61.2

89.1

94.8

IDE + Cartera

82.1

 

28.2

45.7

91.6

91.8

37.3

94.2

88.6

IDE

83.0

8.7

11.6

17.6

17.2

28.7

31.9

43.8

56.1

Cartera

-9

 

16.6

28.1

74.4

63.1

5.4

50.9

32.5

Otras

-90.5

 

-2.9

0.4

-15.3

-25.5

23.9

-5.1

6.2

Fuente: Para inversiones de cartera y otras, FM1 lnternational Financial Statistics varios años; para. W 1990-97: UNCTAD (1998: 256, 362) basada sobre datos provistos por ECLAC, Unit on Investment and Corporate,Strategies. De acuerdo con Securities Data (Excelsior, 16 de enero de 1999) 54.400 millones de dólares en OE en 1998 fueron usados para comprar activos de corporaciones existentes en 1998.

(iii) Inversiones directas extranjeras

A lo largo de los ochenta la mayor parte del capital en la forma de valores se dirigió a otros países desarrollados, mientras que los créditos bancarios se dirigieron hacia los países en desarrollo; pero en los noventa la dirección y composición de los flujos de capital ha cambiado significativamente. El mayor cambio ha consistido en un giro relativo hacia inversiones en valores tanto en forma de cartera como directa 5. Desde 1978 a 1981 los préstamos bancarios sindicados representaron la parte del león de todos los flujos de capital hacia América latina (82%). Una década más tarde desde 1990 a 1993 sólo representaba el 32%, pero hacia el fin del milenio, unos seis años después, la inversión en valores representa más de las tres quintas partes de tales flujos -una tercera parte en la forma de cartera y cerca del 45% en la forma de inversión directa, Otra característica de este flujo de capital es su acrecentada preferencia por los "mercados emergentes" de América latina y por los activos debido a las condiciones altamente favorables que presenta el amplio programa de privatización de América latina, la profundización de la liberalización, la estabilidad macroeconómica -y política-, así como la Política general de los gobiernos y el stock de recursos naturales, mercados, trabajo y "activos creados" de la región 6. En el curso de la década, el flujo de inversión directa creció un 223% en el mundo, pero en América latina la tasa de aumento estuvo cerca del 600%, la mayor parte (62%) corresponde al Brasil, México y la Argentina, mientras que a Chile, Colombia, Perú y Venezuela les corresponde el 26% 7. Este flujo de entrada de IDE a la región (Cuadro 2) se refleja en el rápido crecimiento del stock acumulado de IDE y en la acrecentada participación de la IDE en la formación de capital fijo bruto -de un promedio anual de 4,2% en los años 1984 a 1989, 6,5% de 1990 a 1993, 8,6% en 1993 y 11 % en los siguientes años un nivel que refleja el peso desproporcionado de las CMNs en la economía de la región 8.

La mayor parte de esta IDE se ha usado para comprar los activos de las empresas públicas privatizadas y de empresas "privadas" de la región con problemas financieros, con poca formación de capital comprometida 9. Tales adquisiciones, juntas, representan entre el 68 y el 75% de toda la IDE de la región. La naturaleza improductiva de esta IDE se refleja en las estadísticas sobre la explosión de fusiones y adquisiciones transfronteras, que ha llevado a que sectores industriales clave y corporaciones de primera línea cayeran en las manos (con compañías tenedoras de acciones o en operaciones) de corporaciones de Estados Unidos, las unidades más grandes en operaciones del imperialismo norteamericano 10. Para 1999, 33 de las 100 corporaciones más importantes de América latina habían caído víctimas de los inversores extranjeros, en su mayoría de Estados Unidos 11. El poder económico y el control efectivo ejercido por estas corporaciones sobre la economía latinoamericana es mucho mayor que el tamaño de su capital comprometido (entre el 3,5 y el 5% del pbn de la región). Esto se debe a que los activos actuales en posesión y controlados por las filiales de las firmas imperialistas es aproximadamente 3,5 veces más grande que su stock de entrada de IDE 12. A esto hay que agregar que el control corporativo está concentrado y es ejercido estratégicamente.

El flujo de IDE en la región ha generado preocupación por el impacto negativo de la IDE en las balanzas de pagos. En el Brasil, por ejemplo, el déficit de la cuenta corriente ascendió de 1.200 millones de dólares en 1994 a 33.000 millones en 1997, a la par que los flujos de entrada subían de 3.000 millones a 17.000 millones 13. Un estudio realizado por Varman-Schneider (Cuadro 5) sugiere que este problema abarca a toda la región y está ligado con la cuestión de la huida de capital, que aparece como un residuo en los datos de las balanzas de pagos 14. De hecho, Varman-Scheneider muestra que grandes entradas en deuda y valores de capital, así como los crecientes déficits en la cuenta corriente y el vaciamiento de las reservas de divisas se vinculan con el fenómeno de la fuga de capitales, que en muchos casos alcanza y aun excede las proporciones de la deuda externa. Y estos problemas también se vinculan con la enorme salida de ganancias realizadas por los administradores de dinero de Wall Street y los bancos de inversión en sus inversiones especulativas de corto plazo. En relación con esto, un informe reciente sobre la crisis financiera en el Brasil señala las enormes ganancias realizadas por algunas casas de inversión y bancos como el Chase Manhattan, que en el contexto de la crisis brasileña duplicaron y hasta cuadruplicaron su tasa "normal" de beneficio 15.

El ingreso generado por los flujos de entrada de IDE es considerable, constituye una fuente muy importante de beneficios, de los cuales un 50% es reinvertido regularmente (y por lo tanto considerando el volumen del flujo actual de IDE, el flujo real de entrada de capital es sólo el 6% del total del flujo registrado 16. El Cuadro 3 presenta diferentes formas de este ingreso y la tasa de ganancia sobre la IDE de Estados Unidos. El ingreso registrado representa en promedio anual una tasa de beneficio del 12% sobre la IDE de Estados Unidos, calculada por el Departamento de Comercio (de Estados Unidos), pero una tasa que va del 22 al 34% tal como la calcula ECLAC. Por supuesto, la tasa real de retorno y de beneficio es mucho mayor porque gran parte de él no es informado, o es disimulado a través de mecanismos de transferencia con los precios, pero también porque no incluye los beneficios reinvertidos y se calcula después de las deducciones por impuestos, las obligaciones de las corporaciones matrices, los pagos por seguros y derechos por licencias y regalías, y una serie de "ajustes" relacionados con las valuaciones de las monedas. De todas maneras, aun como se registra oficialmente, la tasa y magnitud de la repatriación de beneficios es significativa -sobre la base de los cálculos de la ECLAC, sólo en los últimos tres años fue de 157.000 millones de dólares 18. Esto constituye una fuente crucial de combustible para el proceso de acumulación global y expansión del imperialismo norteamericano.

 

Cuadro 3 Pagos de ingreso sobre inversiones en valores y tasas de beneficio (en miles de millones, promedios anuales)

 

1993

1994

1995

1996

1997

Ingreso sobre activos

27.5

34.0

41.6

40.0

59.0

IDE

14.3

16.6

16.7

17.8

19.9

Otros

12.6

18.1

25.7

22.2

20.1

Tasa de beneficio sobre IDE 17

(1)

 

14.2

12.3

12.1

11.6

(2)

 

 

 

27.2

34.3

Fuentes: FMI, varios años; UNCTAD, 1998: 267-268; Departamento de Comercio-BEA Estados Unidos, 4 de marzo de 1999.

(iv) Royalties y derechos por licencia

La batalla de Estados Unidos por incluir las cláusulas de "propiedad intelectual" en la Ronda Uruguay del GATT se basó sobre el hecho de que las regalías y los pagos por licencias han devenido cada vez más importantes para el balance de pagos de Estados Unidos (Cuadro 4). Entre 1982 y 1992 los pagos por regalías y licencias totalizaron unos 1.300 millones de dólares, pero en los noventa tales pagos han excedido los mil millones por año y representan un gravamen creciente impuesto anualmente por las corporaciones matrices de Estados Unidos a las operaciones de sus filiales en América latina. No sólo estos pagos constituyen una forma de renta que puede ser cobrada sin añadir valor a la producción, sino también permiten a las empresas matrices bajar sus tasas de beneficios declarados en el país receptor. Los pagos de royalties y derechos de licencias también están aumentando en los últimos años, crecieron un 14% en 1996 y otro 20% en 1997.

Cuadro 4 Pagos por royalties y derechos de licencias a Estados Unidos desde América Latina. (en miles de millones de dólares, promedio de pago anual)

1985-90

1991-93

1994-95

1996

1997

0.9

1.1

1.6

1.4

1.7

Fuente: UNCTAD, 1998: 268; Depto. de Comercio - BEA de Estados Unidos, "US Direct Investment Abroad. Capital Flows" (1994; 1999)

(v) Comercio

Los retornos acumulados de la inversión directa de Estados Unidos en un amplio abanico de sectores económicos y los altos márgenes de ganancia de las mayores corporaciones son de vital importancia para sostener la economía norteamericana. Pero de igual importancia es el papel jugado por el comercio entre América latina y Estados Unidos. Cerca de un cuarto de las exportaciones norteamericanas y de las importaciones desde Estados Unidos se dirigen hacia América latina. En este sentido, América latina es la única región en el mundo que provee a Estados Unidos con un excedente significativo en la cuenta corriente. Sin este excedente, el déficit externo en cuenta corriente de Estados Unidos sería significativamente mayor, el dólar estaría más débil y el rol de Estados Unidos como banquero del mundo se volvería mucho más problemático. Perder este papel devastaría la capacidad de Estados Unidos para financiar sus enormes déficits. En este aspecto América latina está considerada una reserva estratégica, que compensa la debilidad comercial de Estados Unidos en otros lugares y provee un importante flujo de beneficios para sostener la expansión imperial.

La especialización de las economías de América latina impuesta por la "comunidad financiera internacional" ha generado ganancias inesperadas para Estados Unidos y otros poderes imperiales. La doctrina de las "ventajas comparativas" según la cual se aconseja a los países latinoamericanos especializarse en ciertas líneas de producción que reflejen sus dotaciones de factores, ha socavado el proceso de diversificación económica que se había iniciado y puesto en marcha durante la fase industrial nacional. El resultado ha sido una sobredependencia en una limitada línea de productos de exportación -particularmente materias primas- que ha sufrido una fuerte caída de precios a lo largo de años, con el resultado de un deterioro relativo de los términos de intercambio, que se estima ha costado a la región un 25% de las ganancias potenciales por exportación. En la actual coyuntura (marzo de 1999) una precipitada caída en el precio mundial del cobre, petróleo y café está causando desastres en numerosas economías de la región, con el resultado de que se anticipa una tasa general de crecimiento negativa para el último año del milenio, con un ajuste hacia la baja de un anterior -y repetido- pronóstico de crecimiento sostenido.

En este contexto, en la medida en que los precios de¡ petróleo declinan fuertemente en el mundo, las economías de México y Venezuela han incrementado su dependencia de las exportaciones de petróleo hacia Estados Unidos, con una desastrosa baja en sus ingresos que, a su vez, ha provocado cortes salvajes en los programas sociales y en las inversiones públicas y, por lo tanto, un deterioro sustancial de los niveles de vida y un incremento masivo de la pobreza y el desempleo. La caída en los ingresos ha llevado a la venta de aun más activos públicos lucrativos para cumplir con los pagos de la deuda con el extranjero. Por otro lado la economía de Estados Unidos se ha beneficiado enormemente con las fuentes de energía barata para alimentar su propio crecimiento y maximizar los beneficios de sus corporaciones.

La estructura del comercio entre Estados Unidos y América latina no sólo ha provisto a Estados Unidos de un excedente sustancial en su balanza comercial con la región, sino también facilita la transferencia encubierta de una significativa masa de plusvalía y ganancia. Entre otras cosas, las filiales de las corporaciones norteamericanas dominan este comercio y, se estima, un 58% de ese comercio consiste en transferencias intrafirmas y por lo tanto no está sujeto a las llamadas "fuerzas del mercado". Más aun, hay evidencia de una considerable subfacturación o falsificación de documentos de transacciones comerciales, como un medio de ganar divisas por fuera del control o la regulación de los bancos centrales de la región 19. Cuando se suma al ingreso perdido por el mecanismo de los términos de, intercambio y el ingreso generado sobre las exportaciones e importaciones, así como el enorme flujo hacia fuera de ingreso en la forma de renta, pago de intereses y beneficios sobre inversiones a largo y corto plazos, el resultado es una enorme masa de recursos que ha succionado al exterior, a la manera de un sifón, la sangre vital de la región, para enriquecer a los capitalistas locales o extranjeros, pero mutilando la economía y empobreciendo a la gente.

Estancamiento, regresión y nuevo dualismo en América latina

El otro lado de la prosperidad de las corporaciones dentro del imperio norteamericano es la profundización del estancamiento y las crisis sistemáticas en América latina. Como Magdoff y Sweezy lo han argumentado de manera convincente, el capitalismo en su fase monopolista posee una tendencia inherente al estancamiento y la crisis. En ningún lado esto es más evidente que en América latina hoy (Cuadro 5). A pesar de los anuncios periódicos del Banco Mundial y del FMI acerca de América latina se ha recuperado de la crisis y está en camino de un crecimiento dinámico, tales proyecciones optimistas siempre son de corta vida en la medida en que surgen nuevas y más serias crisis, a partir de la debilidad de los fundamentals de la economía y las grietas en su base.

Entre 1980 y 1999 América latina ha experimentado el estancamiento, perforado por crisis sistemáticas que son acompañadas por costosos salvamentos que debilitan aún más las estructuras básicas de la economía. Los años ochenta fueron llamados la década perdida" en cuanto los bancos internacionales drenaron la economía regional a través de masivas transferencias de pagos de la deuda y la primera ola de compras de empresas públicas lucrativas. Las deudas renegociadas y los nuevos préstamos estuvieron condicionados a la aplicación de políticas que debilitaron el sistema productivo y socavaron el empleo y la inversión pública en infraestructura, que pudo haber prevenido una recurrencia de las crisis. Las "condiciones" impuestas por los IFIs abrieron aún más las economías de la región a una inundación de importaciones baratas y aflojaron los controles sobre los flujos de capital. El resultado ha sido un boom de corto plazo en inversiones especulativas de cartera, un debilitamiento del poder del estado sobre sectores estratégicos de la economía y una mayor dependencia y vulnerabilidad con respecto a los centros imperiales del capital extranjero.

Las inyecciones de capital de corto plazo en gran escala, de tiempo en tiempo, dan la impresión de una "recuperación" y de la llegada a la "tierra prometida" promovida por los ideólogos neoliberales De todas maneras, poco después de que se anunciara la recuperación", un evento disparado (en casa o afuera) llevaría al asalto de la moneda nacional y de las reservas de los bancos centrales, conduciendo a una masiva fuga de capitales, estimada por fuentes oficiales en una magnitud que excede en mucho los nuevos flujos entrantes de capital. Esto condujo a una nueva crisis, profundizando el estancamiento y el crecimiento de¡ desempleo y subempleo, exponiendo la fragilidad del sistema financiero y productivo, y la completa dependencia (leída como relaciones de interdependencia) de la región de las agencias e instituciones imperialistas. Cada "solución" ofrecida profundiza la penetración imperialista, aumenta las oportunidades rentables y debilita los fundamentals de la economía.

Cuadro 5 Indicadores macroeconómicos del desarrollo de América latina

 

1981-89

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

Pnb per cápita

-0.9

-2.2

2.0

1.3

2.3

3.8

-1.2

1.8

3.6

0.7

Balanza de pagos (en miles de millones)

Comercio

 

 

 

 

 

 

 

-20

-32

-50

Cuenta Corriente

 

-5

-22

-38

-41

-46

52

-37

-64

-84

Capital

 

 

 

 

 

 

 

62

80

62

Balanza de pagos (promedio anual de cambio en %)

Comercio

 

-2.1

0.4

-1.2

-1.5

-0.6

-0.5

-0.5

-1.6

 

Cuenta Corriente

 

-0.2

-1.5

-2.7

-3.2

-3.1

-2.1

-2.0

-3.2

 

Capital

 

-0.7

1.9

3.8

4.3

2.5

1.7

3.5

4.1

 

Fuente CEPAL, 1998 a: 1; 1998 b: 26.

Para atraer nuevo capital a las economías en deterioro los regímenes neoliberales ofrecen tasas de interés más altas a los especuladores, llevando a una ola de inversiones de cartera, venta de empresas lucrativas y a una política de puertas abiertas a mayores flujos de importaciones, profundizando por lo tanto el estancamiento en la medida en que las empresas locales van a la bancarrota. En este sentido, se estima que unas 38.000 empresas medianas en la Argentina, aquellas operadas por la pequeña burguesía, o bien quebraron en la pasada década o están agobiadas por deudas imposibles de pagar. En México este desarrollo es aun más crítico, dando como resultado la formación de una organización de productores endeudados con los bancos (El Barzon) que en el lapso de pocos años ha reunido más de 750.000 miembros.

En el mismo contexto, los industriales locales buscan mantener la tasa de beneficio sobre sus inversiones y operaciones bajando los salarios aún más y/o volcándose hacia actividades de intermediación y especulativas, así como a actividades ilícitas (drogas, contrabando y prácticas corruptas en gran escala, comprendiendo sobre costos en los contratos estatales). Para atraer las inversiones de cartera la "estabilidad macroeconómica" que se busca a cualquier costo da como resultado una moneda sobrevaluada, lo que lleva a la caída de las exportaciones y al aumento de los déficits comerciales, lo que a su vez provoca apuestas especulativas y corridas sobre la moneda, lo que demanda nuevas operaciones de salvataje y el saqueo de las reservas de divisas de los Bancos Centrales 20. El resultado es un círculo vicioso (estancamiento -crisis -salvamento -estancamiento) que beneficia al sistema imperial de conjunto así como a sus corporaciones clave y a los agentes financieros, pero que sujeta a los que conducen la política de la región a considerables dificultades en la administración económica y gobernabilidad.

Del estancamiento a la crisis de clase

Para mantener los beneficios capitalistas bajo condiciones de estancamiento crónico, la clase capitalista de América latina se ha empeñado periódicamente en una serie de asaltos directos contra la clase obrera, atacando su capacidad organizativa y negociadora, y en un asalto indirecto (vía el estado) contra los beneficios sociales legislados estatalmente, revirtiendo la legislación social del período previo para debilitar aún más la capacidad del trabajo de participar en cualquier aumento de la productividad. En este aspecto, muy poco del capital atraído a la región ha sido o es invertido productivamente. En el curso de los ochenta y noventa la tasa de participación del capital en las ganancias de productividad asociadas con el proceso de conversión tecnológica y transformación productiva, según la mayoría de los cálculos, fue negativa o marginal. El trabajo, por otro lado, ha participado sustancialmente del aumento de la productividad, pero lo ha hecho sin un aumento correspondiente en sus niveles de participación. De hecho la participación del trabajo en el valor añadido a la producción y al ingreso nacional (Cuadro 6) ha sido reducida drásticamente en el proceso de reestructuración laboral, lo cual ha resultado en una compresión dramática del valor de los salarios, así como una reducción de la parte del trabajo en e¡ ingreso nacional. La clase obrera indudablemente soporta el embate más fuerte del proceso de ajuste generado por los esfuerzos de insertar la economía de América latina en el proceso de globalización.

Cuadro 6 Salarios como porcentaje del ingreso nacional

 

1970

1980

1985

1989

1992

Argentina

40.9

31.5

31.9

24.9

 

Brasil

34.2

35.1

36.3

 

 

Chile

47.7

43.4

37.8

19.0

 

Ecuador

34.4

34.8

23.6

16.0

15.8

México

37.5

39.0

31.6

28.4

27.3

Perú

40.0

32.8

30.5

25.5

16.8

Fuente: CEPAL, varios años

La base de este ajuste es la reestructuración del trabajo en sus formas de empleo (precarización), sus condiciones de trabajo (irregularidad e informalidad) y particularmente en su relación con el capital. El proceso puede ser seguido en dos niveles. En términos estructurales, se refleja, en primer lugar, en las condiciones que llevaron a una significativa reducción de la participación del trabajo en los ingresos nacionales (y en el valor añadido a la producción). A comienzos de los setenta, bajo el régimen de Allende, los trabajadores chilenos recibían más de un 50% de¡ ingreso nacional. Para 1980, después de cinco años de crisis y de medidas draconianas contra el trabajo, esta participación se había reducido al 43%; para 1989, después de 17 años de dictadura y de reformas de libre mercado, al 19%. Y en otros países la historia es la misma: en promedio, la parte del trabajo (salarios) en el ingreso nacional ha sido reducida alrededor del 40% al comienzo del proceso de ajuste a menos del 20%, y este desarrollo fue paralelo con una aún mayor reducción de la parte del trabajo en el valor agregado al producto social. Otros cambios estructurales pueden ser registrados en la reducción de los trabajos en el sector formal de la producción y en una declinación asociada y desaparición de proletariado industrial.

Los cambios estructurales en la clase obrera también son evidentes en la caída en el valor de¡ salario promedio y de los salarios mínimos y en el empeoramiento que va asociado de las ya amplias y profundas disparidades en la distribución de los ingresos de los hogares. En muchos casos, los niveles salariales a comienzos de los noventa estaban todavía por debajo de los niveles alcanzados en 1980 y en el caso de la Argentina y Venezuela en 1970. El Banco de México estima que al final de 1994 -esto es, antes de la más reciente crisis que trajo una reducción mayor y drástica de los niveles salariales- los salarios habían mantenido sólo el 40% de su valor de 1980. En Venezuela y la Argentina los trabajadores todavía no recuperaron los niveles salariales alcanzados en 1970 21.

En cuanto a la distribución del ingreso basada sobre una compresión generalizada de los salarios, la Argentina brinda un caso ejemplar. En 1975 el ratio de ingreso recibido por los quintiles superior e inferior de la población era de 8 a 1. En 1991 esta brecha en el ingreso se había duplicado y en 1997 llegaba a un asombroso 25 a 1 En el caso extremo -pero no atípico- del Brasil el 10% más alto recibe 44 veces más ingreso que el último decil. En otros países se puede encontrar el mismo patrón y la misma historia: crecientes desigualdades sociales en la distribución de la riqueza y el ingreso; en un extremo, florece un puñado de enormes fortunas y un proceso de acumulación asociado, y en el otro, la extendida ampliación y profundización de una agobiante pobreza. ECLAC estima que en el curso de las reformas estructurales implementadas en la región en los ochenta la tasa de pobreza aumentó del 35 al 41% de la población, pero que en la primera mitad de ¡os noventa esta tasa de pobreza se redujo algo en ocho de doce países estudiados. De todas maneras un examen más atento de las estadísticas sugiere manipulación o directamente ocultamiento y mentiras: la pobreza se reduce redefiniendo la línea de pobreza en términos del Banco Mundial de 1 dólar por día. Con otras medidas más razonables, relacionadas con la capacidad de la población de satisfacer sus necesidades básicas, la tasa de pobreza ha continuado subiendo, hasta el 60% o más de los hogares, de acuerdo con algunos estudios. En todo caso, el mínimo progreso que se identificaba para la primera parte de los noventa ha desaparecido en la segunda mitad.

En el nivel político, el ajuste de los trabajadores a las demandas del imperialismo se refleja en la desarticulación y destrucción de sus organizaciones de clase y en un generalizado debilitamiento de su capacidad de negociar acuerdos colectivos con el capital. Estos desarrollos, así como el fracaso o incapacidad de la clase obrera para resistir efectivamente la imposición en todos lugares del nuevo modelo económico reflejan una nueva correlación de fuerzas de clase en la región. En los setenta los trabajadores enfrentaron una concentración de fuerza armada y represión así como un asalto directo del capital a su capacidad organizativa y a las condiciones de su existencia social. En los ochenta el principal mecanismo de ajuste fue una reestructuración de la relación capital -trabajo basada sobre las fuerzas liberadas en el proceso de cambio de la política económica. En los noventa, dentro del mismo marco político e institucional, la clase obrera enfrentó una gran campaña a favor de la reforma del mercado laboral, llevada a cabo por organizaciones como el Banco Mundial.

El objetivo de esta campaña, la última arma en el arsenal de estas organizaciones que se han unido a la batalla del capital, fue crear las condiciones políticas para un nuevo y más flexible régimen de acumulación (capitalista) y un modo de regulación (laboral): dar al capital, en su función de dirección, mayor libertad para contratar, despedir y usar el trabajo en la medida que lo necesite y flexibilizarlo, es decir, predispuesto a aceptar los salarios ofrecidos bajo las condiciones del libre mercado y someter al nuevo modelo de dirección su relación con el capital y la organización de la producción. Tal como el Banco Mundial lo elabora, la extendida interferencia de los gobiernos en el mercado laboral y lugares de trabajo (legislación salarial mínima), así como el excesivo (monopólico) poder de los sindicatos, han distorsionado el funcionamiento del mercado, llevando al capital a retirarse del proceso de producción y generando con ello los problemas de desempleo, pobreza e informalidad que infestan la región.

Para resolver estos "problemas", las legislaciones laborales que protegen el empleo son reemplazadas por leyes que aumentan el poder arbitrario de los empleadores para despedir obreros, contratar trabajo temporal y transitorio y reducir las indemnizaciones por despidos. Tal desregulación del mercado laboral y de otros mercados ha conducido a nuevas reglas impuestas por la elite capitalista para facilitar la transferencia de ganancias, inversiones y de la producción dentro y fuera de la región, con el resultado de que fueron diezmados los trabajos estables, aumentó la marginalidad en las comunidades y se polarizaron agudamente las economías nacionales.

Las disparidades en la distribución de¡ ingreso y el acceso a los recursos productivos cuya distribución es aun más sesgada y la compresión y reducción del valor de los salarios, se reflejan, en un polo, en la abundancia de unos pocos multimillonarios, la concentración del ingreso en la clase capitalista y propietaria, que dispone de la parte del león de los recursos productivos y del ingreso. Peor aún, mucho del ingreso disponible para esta clase no está declarado. Por ejemplo, los ingresos provenientes del narcotráfico de capitalistas de México, réditos de los cuales una parte se distribuye entre compinches -políticos, banqueros y otros- exceden los ingresos provenientes de su principal exportación, el petróleo y están subregistrados en gran medida.

Por otra parte, los hogares más pobres disponen de una reducida parte del ingreso que está creciendo poco o no crece en absoluto en términos reales. Un resultado de esto es la generación de nuevas formas y condiciones de pobreza que alcanzó a las clases medias de las sociedades de América latina. En relación con esto, una característica que impresiona de la desigualdad inducida por el imperio es el crecimiento de los pobres urbanos y el cambio de la composición de clase de los pobres. La nueva pobreza es urbana más que rural y se extiende mucho más allá de las clases trabajadoras y productoras, llegando a la otrora orgullosa clase media, que ha sido diezmada por las fuerzas liberadas en el proceso de reestructuración. En el pasado, la mayoría de los pobres estaban concentrados en las áreas rurales en declinación. Mientras la pobreza rural continúa siendo la regia, el crecimiento más rápido del número de pobres hoy se registra en las ciudades. A diferencia del pasado, los nuevos pobres urbanos no son simplemente "migrantes rurales" sino trabajadores en situación descendente y capas bajas de la clase media, que han sido despedidos de sus trabajos y no encuentran empleo en el superpoblado sector informal. El creciente ejército de pobres urbanos de América latina está formado ahora por trabajadores de segunda y tercera generación, que crecientemente viven en villas de emergencia, incapaces de subir en la escalera de ocupaciones hacia una mejora creciente de las anteriores generaciones. Una de las mayores consecuencias de esto ha sido el gran crecimiento del crimen, directamente ligado con la desintegración de la familia, y concentrado en una juventud que en la anterior época habría canalizado sus quejas a través de los sindicatos o del sistema fabril.

El nuevo dualismo: primer mundo, cuarto mundo

Los presidentes Carlos Menem, Fernando Cardoso, Ernesto Zedillo y Eduardo Frei han anunciado, en alguno u otro momento, que sus respectivos países (la Argentina, el Brasil, México, Chile) entraban en el primer mundo. Exhiben los modernos shoppings, el boom de los teléfonos celulares, los supermercados abarrotados de bienes importados, las calles atoradas por autos y los mercados accionarios que atraen a grandes especul¡adores extranjeros.

Hoy en América latina el 15 a 20% de la población comparte un estilo de vida "primer munclo": envían sus hijos a exclusivas escuelas privadas, pertenecen a countries privados donde nadan, juegan al tenis y hacen ejercicios aeróbicos, se hacen Iffing en sus caras en clínicas privadas, viajan en autos lujosos en caminos con peajes y se comunican vía computadoras, faxes y servicios de correo privado. Viven en comunidades con entradas protegidas por policía privada. Frecuentemente veranean y hacen compras en Nueva York, Miami, Londres o París. Sus hijos van a universidades en el extranjero. Disfrutan del fácil acceso a políticos influyentes, a los grandes personajes de la prensa, celebridades y consultores de negocios. Por lo general hablan un inglés fluido y tienen la mayoría de sus ahorros en cuentas en el exterior o en títulos locales nominados en dólares. Forman parte del circuito internacional del nuevo sistema imperial. Constituyen la audiencia a la cual los presidentes de América latina dirigen sus grandilocuentes discursos de primer mundo sobre una nueva ola de prosperidad global basada sobre el sometimiento a las exigencias del nuevo orden económico mundial. Y a pesar de las subas y bajas de la economía, continúan beneficiándose del sistema imperial.

El resto de la población vive en un mundo totalmente diferente: está descendiendo del estilo de vida "tercer mundo" al "cuarto mundo". Los recortes en el gasto social y la eliminación de los subsidios para la comida básica han llevado a los campesinos a la malnutrición y el hambre. Los despidos en gran escala de trabajadores industriales y su entrada en el "sector informal" significan el retorno a una existencia de subsistencia y dependencia de la1amilia extendida", de la caridad basada sobre la comunidad y de la "solidaridad (ollas populares) para sobrevivir. La reducción radical de los presupuestos en salud pública y educación da como resultado que cada vez haya que pagar más los servicios y éstos sean cada vez peores. Los recortes en las inversiones para mantener el agua, las redes cloacales y otros servicios públicos han dado como resultado el resurgimiento de enfermedades infecciosas. Los niveles de vida en baja, medidos en ingreso monetario, así como las condiciones de vida, son la realidad de dos tercios o más de la población. Una declinación desde el estado de bienestar del tercer mundo a la miseria del cuarto mundo.

En la medida en que se profundiza la crisis del sistema de conjunto, la elite de la clase, para desarrollar nuevas capacidades productivas, intensifica la explotación de las clases asalariadas. Como los costos de asociarse con los poderes del primer mundo se incrementan, las elites de América latina desvían un mayor porcentaje de los ingresos estatales para subsidiar sus sociedades a expensas de los programas sociales para las familias trabajadoras.

En la medida en que se acumulan los pagos de la deuda, y los intereses, regalías y ganancias se van al exterior, los ingresos en retroceso achican los mercados domésticos. Se multiplican las quiebras y la competencia de los mercados extranjeros en baja se intensifica. La crisis deviene sistémica: las economías vacilan al borde de¡ colapso. El estancamiento se transforma en depresión, grandes bancos e instituciones financieras van a la quiebra, se fusionan o son compradas por grupos financieros de¡ exterior. Los especuladores del exterior amenazan con una salida rápida. Los salvatajes internacionales se hacen más frecuentes y amplios, y son instrumentados para prevenir el colapso inminente como es el caso del Brasil.

La crisis de los sectores y clases "excluidas" ha comenzado a extenderse desde las clases medias a los sectores de elite y a las clases ligadas con la economía internacional. América latina, uno de los eslabones más débiles de la economía mundial capitalista, tiene la menor capacidad de resistencia: las reservas extranjeras que parecen formidables en un momento, desaparecen en meses, sino en semanas porque están construidas sobre arena; o peor, sobre la gran afluencia de inversiones de cartera basadas sobre la fácil entrada y la rápida salida. A comienzos de 1999 las propias elites reconocían que las mayores y más importantes economías de América latina marchaban hacia la depresión. Se espera que la economía del Brasil caiga un 5% en 1999, arrastrando toda la región a la recesión; se anticipa una caída del 1,2%. México, la Argentina, Venezuela están en la misma espiral descendente, así como Chile, la actual estrella y la vidriera del neoliberalismo latinoamericano. Inversores de Estados Unidos ya están saliendo, los banqueros toman resguardos ante la probabilidad de que no se cumplan pagos de la deuda y los exportadores están enfrentando fuertes pérdidas en los mercados. La crisis sistémica no es una predicción, es visible en las estadísticas económicas. La verdadera cuestión ahora es cuán honda va a ser, cuánto va a durar y cómo afectará a la economía de Estados Unidos.

Respuestas a la crisis: reforma o revolución

En los últimos años algunas voces desde el seno del consenso imperial han comenzado a cuestionar seríamente los resultados del "nuevo modelo económico" sustentado sobre las operaciones del "mercado libre". Funcionarios internacionales, intelectuales, políticos y líderes de negocios han hablado de la necesidad de "volver a traer al estado". Al tiempo que aceptan las premisas básicas del libre mercado, reclaman una intervención estatal limitada para suavizar los golpes del mercado, financiando programas de entrenamiento laboral, de alivio o reducción de la pobreza y de autoayuda. Algunos han propuesto controles al capital para estimular las inversiones productivas más que la Inversión especulativa". Al tiempo que apoyan las privatizaciones como una cosa buena, cuestionan la "transparencia" de los negocios, la venta a precios no competitivos a compinches. Critican el alto desempleo, pero evitan abordar sus causas estructurales, prefiriendo pedir más flexibilidad y entrenamiento laboral. En efecto, promueven el modelo de mercado libre pero abogan por un banco agrario para financiar a los productores pequeños y medianos al borde de la bancarrota, por protección contra la afluencia de importaciones baratas y la necesidad de aumentar la base social de la producción 22. Algunas de estas propuestas han sido implementadas y, como era previsible, han fracasado en frenar la profundización de la crisis; otras han sido archivadas una vez que los críticos entraron al gobierno.

Por otro lado está creciendo una oposición más consecuente, extraparlamentaria, que cuestiona la "globaloney" de las clases dominantes. Estos nuevos movimientos sociopolíticos como el ELZN de México, el MST de Brasil, las FARC de Colombia, los movimientos campesinos-indios de Ecuador, Bolivia, el Paraguay, están desafiando abiertamente los regímenes neoliberales y a los imperialistas que los respaldan. A pesar de que sus tácticas varían desde las ocupaciones de tierra en gran escala, a los ejércitos guerrilleros, pasando por una amplia gama de otras acciones de masas, estos movimientos han llamado a la socialización de los sectores estratégicos de la economía, a una redistribución de gran alcance de la tierra y la reducción de la deuda externa y de otras transferencias. Mientras que programas completos alternativos todavía están en proceso de ser elaborados, estos movimientos están luchando por crear regímenes antiimperialistas que pueden comenzar la reconstrucción del mercado doméstico, recuperar el control sobre las palancas esenciales de la economía, redistribuir la riqueza y crear una forma de democracia participativa para reemplazar los sistemas electorales dirigidos por la elite, basados sobre el extranjero, que corrientemente se describen como democracias.

Conclusión

La parábola neoliberal ha completado su curso. A partir de los setenta, cuando el neoliberalismo irrumpió en escena bajo las armas de los militares y el tutelaje de la CIA y del Pentágono, se inauguró un nuevo ciclo que atacó salvajemente a la clase obrera y al campesinado, demolió el estado de bienestar y despejó el camino para la expansión capitalista sin restricciones. Alimentados por masivos préstamos de los IFIs, el flujo de capital de las corporaciones multinacionales y los préstamos privados en gran escala y a largo plazo, los regímenes consolidaron temporariamente su dominio. Ellos se aseguraron el apoyo entre sectores de la pequeña burguesía y los trabajadores mejor pagados con facilidades de crédito e importaciones baratas. El boom, de todas maneras, terminó en seguida con la crisis mundial de estanflación de comienzos de los ochenta que llevó al colapso virtual de las economías y casi a una década de retroceso y desacumulación. El descontento popular, el malestar en la elite y la intervención de Washington llevaron a las transiciones desde las políticas militares a las electorales ampliamente ubicadas dentro del "caparazón" de economías neoliberales e instituciones estatales autoritarias. Las elites electorales profundizaron y extendieron las políticas de libre mercado y las instituciones inauguradas por los regímenes previos, sin consulta popular. Amplios sectores de la economía fueron privatizados por decretos ejecutivos, los pagos de la deuda fueron satisfechos al costo de los programas sociales y se impusieron planes de austeridad al pueblo. Las políticas gubernamentales no guardaban ninguna similitud con las campañas electorales: las promesas de reforma social precedieron las fuertes reducciones en el gasto social; las promesas de pleno empleo fueron seguidas por despidos en masa; la retórica sobre la defensa del patrimonio nacional fue seguida por la privatización de las empresas estratégicas y rentables.

El capital volvió a la región en el período 1990-93, la mayor parte en forma de inversiones especulativas de cartera o simple compra de empresas.

El estancamiento subyacente de las fuerzas productivas todavía es la realidad, como es la propensión a las crisis. El crash mexicano de 1994-95 puso de relieve la declinación definitiva del neoliberalismo, dejando como resultado la destrucción masiva de empleo productivo y el colapso del sistema financiero. El "paquete de rescate" de 20.000 millones de dólares sólo salvó a los especuladores norteamericanos y sujetó a México a un abierto control colonial, con sus futuros ingresos petroleros como hipoteca para el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Al final del milenio, el estancamiento de largo plazo y la crisis están transformándose en un colapso en gran escala. Las reservas extranjeras están siendo vaciadas, los salvatajes se multiplican en la medida en que las monedas son amenazadas por el colapso, la tasas de crecimiento negativas y de dos dígitos de desempleo (el Brasil: 12%; la Argentina: 14%) van paralelas a un ejército permanente de reserva y/o subempleo (el sector informal), alcanzando el 50, 60 y 70% de la población en países como la Argentina, México y Venezuela. Los ingresos por exportaciones están en picada, se están reduciendo las importaciones, las deudas, internas y externas, están reduciendo cualquier recurso estatal que hubiera podido usarse para estimular la economía. El ciclo neoliberal se acerca al colapso aun cuando los regímenes continúan aplicando fórmulas vacías para enriquecer un estrecho círculo de compinches de clase, el 10% más alto de la población.

La vieja izquierda de los años setenta y ochenta, enlodada en disputas electorales y acomodamientos socioliberales al status, muestra poca imaginación y menos audacia para organizar una ruptura radical con el sistema, a pesar de su colapso. Figuras militares populistas como Hugo Chavez emergen como radical outsiders que rápidamente se. ponen en buenos términos con los banqueros extranjeros y los inversores mientras florea la retórica y se frustran las expectativas de las masas. La brecha entre las condiciones objetivas de la crisis y el posible colapso del sistema capitalista y la respuesta revolucionaria subjetiva se está ensanchando en la medida en que la crisis se hace más sistémica. Las ONGs en este contexto zozobran en los intersticios del sistema, sus proyectos locales y microempresas de autoayuda actúan como un soborno ineficaz frente a niveles de vida que colapsan. Los nuevos movimientos sociopolíticos radicalizados en sus asentamientos rurales tienen hondas raíces populares "fuera" del sistema. Ellos están comprometidos en la construcción de una nueva subjetividad revolucionaria.

El problema fundamental es convertir estos movimientos sectoriales en formaciones políticas nacionales capaces de transformar las luchas regionales en revoluciones sociales. El fin del milenio trae intensas privaciones, elevadas polaridades sociales y nuevas formas de represión estatal. El nuevo milenio puede ser el preludio del renacimiento del socialismo, pero es probable que el camino sea largo y tortuoso.

Bibliogratía

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World Bank (1994), World Debt Tables 1994/1995.

World Bank (1995), World Developement Report, New York: Oxford University Press

Notas

* La versión original de este trabajo, enviada por los autores para su reproducción en la revista Realidad Económica, fue publicada en Monthly Review (julio-agosto 1999). Traducción del inglés: Rolando Astarita.

1.- Este asunto es discutible. Bergsten y Randall Henning (1996), entre otros, han llamado la atención sobre la evidencia existente acerca del renacimiento de la rivalidad interimperialista, reflejada en las disensiones en el seno del G-7. De todas maneras, sostendremos que existe evidencia del esfuerzo creciente y éxito de Estados Unidos, luego del colapso de la URSS y del bloque socialista, en establecer su hegemonía sobre el conjunto del sistema. El Japón, en particular, ha estado perdiendo terreno. Al mismo tiempo, y a pesar de la evidencia de una creciente batalla por el mercado global y de las dificultades dentro del G-7 para concertar políticas de management global y de gobierno, y de las dificultades para controlar los efectos del capital especulativo de corto plazo, el sistema en conjunto está cada vez más bajo el poder y la hegemonía de Estados Unidos. Este desarrollo se refleja en la participación decreciente del Japón en las 500 multinacionales más importantes (de 71 en 1998 a 46 en 1999) y de la Comunidad Europea (173 contra 244 de Estados Unidos). Entre las 100 primeras, la preponderancia de EStados Unidos es aun más llamativa: el 70% contra 26% para Europa y 4% para el Japón (Financial Times "Global 500", 28 de enero de 1999)

2.- UNCTAD, 1998:17

3.- La liquidez y volatilidad de las inversiones de cartera se refleja en la caída dramática de los flujos de inversión de cartera en 1995 con la crisis financiera mexicana; inmediatamente después de ésta más de la mitad de los bancos del país entraron en default, requiriendo un salvataje equivalente al 8,6% del pnb de México.

4.- El flujo real de capital así como el ingreso derivado del mismo es difícil de determinar y es probable que sea considerablemente mayor al informado. Esto se debe en parte a las "distorsiones significativas" -como dice CEPAL (1999:1)- generadas por el hecho de que más del 40% del capital en activos, aun registrado oficialmente como flujo hacia la región, es depositado en los "centros financieros del Caribe". Más todavía, un "inusualmente alto" porcentaje de los ingresos de las filiales -58% en 1997, 54% en 1996 y 38% desde 1982 a 1995- es reinvertido (Departamento de Comercio de Estados Unidos, Survey of Current Business, junio de 1998). Como resultado, la contribución de nuevo capital es mucho menor que lo que reflejan las estadísticas del flujo de capital.

5.- En cuanto al stock de inversión directa extranjera, calculado en 3,5 billones de dólares para 1997 (UNCTAD, 1998:xvii), provee la base para las operaciones de unas 53.000 corporaciones multinacionales y 448.000, aproximadamente, de sus filiales, que dominan la producción y el comercio mundiales; valor total se calcula en 9,5 billones de dólares. Observando el flujo de IDE, los países en desarrollo tuvieron cerca de 2/5, o 149.000 millones de dólares de la IDE del mundo en 1997, lo que representaba el doble de su participación en 1993 y diez veces la de 1985 (UNCTAD, 1998:16). Para 1997 América latina había superado a Asia del Sur, del Este y del Sudeste como lugar preferido de llegada de IDE y en IDE per cápita (ibid: 17,264)

6.- UNCTAD, 1998: xvii-xix, 246, 264. Dice la UNCTAD : "los marcos politicos liberales nacionales" en la región son ahora tan comunes que pierden su poder para atraer capital extranjero, el cual crecientemente se orienta en sus decisiones por las "ventajas locales" de una región, esto es, su stock de recursos humanos, infraestructura, acceso a los mercados, así como los "activos creados" como tecnología y capacidad innovativa (xxxi).

7.- UNCTAD, 1998: 224. En 1996 el Brasil mantuvo su posición como líder de la región en la recepción de IDE, superando a México; en 1997 esta superioridad sobre México se consolidó con una entrada adicional cuantiosa basada sobre la mayor privatización efectuada hasta la fecha.

8.-UNCTAD (1996 a: 61), UNCTAD (1998: 12,243). Mientras los flujos de IDE hoy son casi dos veces mayores de lo que han sido en 1990 y aproximadamente siete veces su volumen de 1989, ello subvalora fuertemente la magnitud real de la inversión de las CMN porque no cubre las inversiones que son financiadas con fondos captados en los mercados domésticos e internacionales (UNCTAD, 1997a). Si éstos se incluyeran se estima que el capital base de la producción global correspondiente a las corporaciones transnacionales (CTN) y sus filiales sería de unos 1,6 billones de dólares, aproximadamente 3,5 veces el valor del stock de IDE (UNCTAD, 1998: 8).

9.- De acuerdo con el Banco Central do Brasil (1998) sólo aproximadamente el 30% de los activos privatizados en Brasil han sido adquiridos por inversores extranjeros (la mayoría de Estados Unidos), aunque en los sectores de telecomunicaciones y electrónica el involucramiento de empresas extranjeras es más alto (39 y 40% respectivamente). Más en general, desde 1996 la IDE se usa en forma creciente para adquirir las acciones de firmas no privatizadas -un 40% de acuerdo con la CEPAL (1999).

10.- En 1997 el total de las transacciones por fusiones y adquisiciones transfronteras (F y A) en el mundo sumaron unos 342.000 millones, representa aproximadamente el 25% de todas la F y A del mundo, pero el 58% del total de los flujos de IDE (UNCTAD, 1998: 19). En el Brasil, el campo de deportes de América Latina favorito del capital transnacional, desde 1992 a 1997 se produjeron 600 F y A, 61% de los cuales involucraron a firmas extranjeras (en su mayoría de Estados Unidos). Estas F y A han sido particularmente evidentes desde 1994 en los sectores de bancos, seguros y finanzas (que en 1997 se convirtieron en el principal destino para la IDE en la región), así como en productos farmacéuticos y químicos y telecomunicaciones (UNCTAD, 1998: 19 y ss.).

11.- América Economía, 1997/1998; UNCTAD, 1998: 248.

12.- UNCTAD, 1998: 8.

13.- IDB, 1998; UNCTAD, 1998: 263.

14.- La fuga de capital se mide de manera diferente en diversos estudios (Varman-Schneider, 1991). Tal como lo elabora el Banco Mundial, es un ítem residual en la cuenta de la balanza de pagos, esto es, la diferencia entre la fuente de financiamiento (cambio en las reservas oficiales de divisas, déficits en la cuenta corriente y salidas de capital). Alternativamente la fuga de capital se mide como la suma del cambio en la deuda externa acumulada, el aumento en la IDE neta, el excedente en la cuenta corriente y el cambio en las reservas oficiales.

15.- New York Times, 26 de marzo de 1999. El mecanismo de estos super beneficios es la especulación acerca de los tiempos de las acciones políticamente manipuladas del gobierno sobre la tasa de cambio del real. Chossudovsky (1999) estima que los administradores de dinero de Wall Street y los especuladores hicieron una ganacia adicional de 20.000 millones de dólares por esta vía.

16.- UNCTAD, 1997: 27.

17.- La tasa de beneficio es calculada por los autores sobre la base de los datos de la balanza de pagos informada por el Departamenteo de Comercio -BEA- de Estados Unidos, sobre el ratio entre el ingreso por inversión (el retorno sobre la IDE de Estados Unidos) y la posición de la IDE de Estados Unidos (sobre la base de los costos históricos). El ratio (1) es el ingreso de inversión calculado por el BEA sobre la IDE de Estados Unidos, mientras que el ratio (2) utiliza los datos del ingreso de IDE presentados por Investment and Entrepreneurship Strategy Unity de ECLAC, del 12 de octubre de 1998. De acuerdo con esta fuente, la IDE desde 1990 a 1997 en las once economías más grandes de la región (Cuadro 5 para 1996-1998) generó un total de ingreso neto de 323.000 millones de dólares, más del doble del ingreso registrado por el Departamento de Comercio de Estados Unidos para ese período. Estos cálculos de la tasa de beneficio sobre las inversiones directas se comparan con los siguientes cálculos realizados por la UNCTAD (1994: 29) de los beneficios realizados por CMNs con base sobre Estados Unidos sobre las inversiones directas en América Latina: 11,7 (1977), 16,1 (1982), 10,7 (1987), 10,9 (1988), 14,6 (1989) y 11,4 (1990). A pesar de que estos cálculos claramente subestiman las tasas reales de ganancia, el Departamento de Comercio de Estados Unidos nota que la IDE en América Latina y en otros lugares siempre genera una considerable prima sobre las ganancias generadas en las operaciones domésticas, en compensación de los riesgos más altos involucrados.

18.- ECLAC, 1998 c: 2; Slide 18.

19.- Varham-Schneider, 1991: 12.

20.- Este proceso está bien ilustrado en el caso del Brasil y su más reciente crisis financiera que creó las condiciones que condujeron al "miércoles negro" (15 de enero de 1999); un asalto especulativo masivo sobre la moneda, con el resultado de una devaluación de facto del 20%; la pérdida de 50.000 millones de dólares de reservas, la mayoría de los cuales terminaron en los cofres de los especuladores de Wall Street y en las cuentas en el exterior de la elite financiera del Brasil; y una fuga de capital que, de acuerdo con fuentes oficiales, promedió los 400 millones de dólares por día, pero que en por lo menos dos días alcanzó 1.500 millones y 3.000 millones.

21.- Fields y Newton (1997). En términos de los datos del Banco Mundial (1995), el índice de salarios bajó en Bolivia de 192 (1980) a 76,4 (1987); en México de 129,2 en 1980 a 103,3 (1990); en el Brasil de 100 (1981) a 68,3 (1989); y en Venezuela de 100 (1980) a 47,4 (1992).

22.- Cepal/ECLAC (1990) es la mayor fuente institucional de tales propuestas en la región. Mientras el modelo neoliberal está dirigido a un pequeño racimo de empresas (se estima un 15% aproximadamente de todas las empresas) que son compeatitivas internacionalmente, así como a otro grupo de empresas medianas que tienen "capacidad productiva", CEPAL sostiene que es necesaria una forma de desarrollo económico más participativa e inclusiva: incorporar en el proceso de producción (y desarrollo) aquellas empresas formadas por los campesinos en la economía rural, y por los operadores de micro empresas en la economía urbana informal, que han sido dejados a merced de los vientos de las fuerzas del mercado por el modelo neoliberal.