| DE VIETNAM AL AMAZONAS |
6 de marzo del 2004 |
Ejercito de Liberación Nacional de Colombia
En torno a la compra de unos tanques viejos y unas piezas de artillería se ha abierto un
debate interesante en el país, así no vaya a la esencia del problema. Deja traslucir y hace
reflexionar sobre pasos que se están dando, no obstante los esfuerzos de algunos
interesados en ocultar la verdad y distraer la atención de los verdaderos planes que se
tienen, poniendo la discusión donde no es.
Tras las compras hay asuntos más importantes por ver. El debate no se debe
circunscribir a si son viejos y chatarrudos los tanques y los aviones de la ex-ministra de
Defensa Marta Lucía Ramírez, si son aptos o no para el terreno, si España se deshace de
los trastos viejos y tiene a Colombia como cementerio de sus deshechos, si algún
mercachifle se gana unas cuantas pesetas en la transacción y demás asuntos propios de
una negociación sospechosa.
Estos hechos son menos importantes que los planes y el destino de los tanques
suministrados por España y los otros recursos incluidos en el acuerdo de febrero del 2003,
suscrito por los gobiernos de Álvaro Uribe y José María Aznar, y la abierta injerencia del
gobierno español en los asuntos internos de los colombianos y de la región, apartándose
de la conducta asumida por la Unión Europea.
La compra hay que analizarla en relación con la situación caliente en Suramérica, el papel
del gobierno de Uribe Vélez en ella y los planes imperiales del gobierno de los Estados
Unidos para los países de Latinoamérica y el Caribe: la anexión económica, la sujeción
política con gobiernos lacayos y la intervención militar desde bases implantadas en
distintos países, para intimidar e imponer sus intereses.
Contrapuesto a esos planes se ha levantado con valentía el gobierno venezolano
comprometido con su pueblo en sacar adelante el proceso de la revolución bolivariana, de
servicio al pueblo, libre de ataduras e imposiciones y de la rapacidad del neoliberalismo.
Esta rebeldía justa tiene a Venezuela en el ojo del huracán y la destrucción del proceso
revolucionario liderado por Chávez, convertida en la prioridad uno de la política agresiva
del gobierno de Bush en la región.
Impedir a como dé lugar los cambios sociales y políticos que impulsa y defiende la
insurgencia colombiana, sigue siendo otra prioridad de los Estados Unidos. En el nuevo
escenario se convierte en el pretexto para atizar, escalonar y desatar la guerra desde
Colombia, si las alternativas golpistas y desestabilizadoras con que viene jugando en
Venezuela, no le dan los resultados a Bush, como hasta el momento ha ocurrido.
Es dentro de ese escenario y la carrera armamentista en que viene empeñado el gobierno
colombiano, incondicional de la política guerrerista de Bush, que se entiende la adquisición
de los tanques AMX30, monstruos con 36 toneladas de peso, que andan unos pocos
kilómetros por hora y que con tres horas de movimiento requiere diez y seis de
mantenimiento. Están dotados de cañones que apuntan a un blanco a 2.5 kilómetros.
Por sus características son vehículos inapropiados para combatir en una guerra irregular,
operar en un terreno quebrado y selvático como el colombiano.
Tanques que, según se ha filtrado, están destinados a La Guajira para reforzar los
batallones mecanizados de Maicao y Buenavista, a Cúcuta para reforzar el batallón
mecanizado General Maza, a Arauca para reforzar el batallón mecanizado Reveiz Pizarro y
otros para los llanos orientales, todos sitios estratégicos en los 2.219 kilómetros de la
frontera con Venezuela.
Se van a destinar 30 mil soldados más para la región del Catatumbo, tal como lo anunció
en días pasados el Comandante del ejército colombiano, General Martín Orlando Carreño.
Se está construyendo una superbase militar de los Estados Unidos, a un costo de US 90
millones de dólares, en Saravena y en Tame se construye otra para el ejército
colombiano a un costo de US 300 mil dólares, ambas en el departamento de Arauca que
hace frontera con Venezuela.
El proyecto paramilitar que fue implantado a lo largo de la frontera en los último años,
financiados por los capos del narcotráfico y de la mano de las Brigadas II, V, XVI y XVIII,
con un alto costo en vidas, desplazamiento de campesinos y narcotización de la región, lo
están expandiendo al territorio venezolano en apoyo a los golpistas y dentro de los
planes contra la revolución bolivariana, como en más de una ocasión lo han declarado los
narcotraficantes Carlos Castaño y Salvador Mancuso, asesorados por la Fundación Cubano americana de Miami.
Pero hay otro indicio relacionado con éstos. Dentro de la comedia de negociaciones entre
el gobierno de Uribe Vélez y sus amigos los narco-paramilitares, se está contemplando la
concentración de éstos en el Catatumbo sobre la frontera, para facilitar desde ahí las
operaciones de guerra sucia contra el gobierno y la población civil venezolana.
Además de la campaña mediática de los medios colombianos, son muchos los indicios que
hacen prever a Venezuela como un posible escenario de guerra, si se mira con
detenimiento, se hilan los pasos que se están dando en la frontera desde el lado
colombiano y si se suman las reiteradas operaciones desestabilizadoras del gobierno de
los Estados Unidos.
Una guerra entre Colombia y Venezuela sería una infamia, una vergüenza que dos pueblos hermanos sean arrastrados a una confrontación para defender los intereses del gobierno de los Estados Unidos, de sus multinacionales, de un reducido grupo de oligarcas
antipatriotas, darle juego a la obsesión guerrerista del Presidente Uribe y permitirle que
cumpla su papel de lacayo principal del imperialismo en la región.
Los colombianos desde ya debemos rechazar con toda la fuerza y energía la guerra que se está tejiendo desde suelo colombiano contra Venezuela. Debemos impedir que el presidente Uribe, representando los intereses imperiales en la región, comprometa al
pueblo colombiano en una guerra fratricida.
Asumamos desde ya, y antes que sea tarde, la oposición férrea a los planes que
involucran a Colombia en la destrucción del proceso revolucionario de los venezolanos.
Rechacemos estos planes con energía y no permitamos que la patria de Bolívar se manche
con sangre de hermanos sirviendo al imperio.
Con nuestras manos de colombianos, con las manos de los venezolanos, con las de todos
los latinoamericanos y caribeños, en un solo puño digamos no al imperio y defendamos
la patria común que heredamos de Bolívar, San Martín, Morelos, Martí y sus ejércitos
libertadores.
Neguémonos a la guerra imperial, levantemos la voz, tomemos las calles y gritemos a
Bush, ¡basta!, a Uribe, ¡basta lacayo! ¡Basta de guerras imperiales!