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LUCHA ANTIGLOBALIZACIÓN 

30 de maj del 2003

Enfrentamiento Global en Evian

Las verdaderas voces de incumbencia internacional en la cumbre del G8 provendrán de las calles

Mark Engler
Rebelión

La capital mundial de agua en botella -- Evian, Francia -- puede ser una ciudad apropiada para servir de anfitrión a las cabezas de estado de los ocho países industrializados mas poderosos. Pero la imagen de los acaudalados dirigentes libando H20 gourmet "l'original" difícilmente ayudará al G8, como se conoce al exclusivo grupo, a defenderse contra los cargos de ser un foro elitista y antidemocrático.

Dado que muchos de este grupo de países se opusieron a la invasión de Irak, comentaristas estarán vigilando de cerca como se desenvuelven las tensiones entre los EEUU y la "Vieja Europa" durante el viaje del Presidente Bush a Francia. Sin embargo, el verdadero choque de visión internacional se llevará a cabo afuera de los salones del encuentro, en las calles.

La deuda y el control de armas, dos temas importantes en la agenda del encuentro en Evian, muestran como aquellos que se reúnen a protestar no solo vociferan importantes críticas sobre la ilegitimidad del encuentro, pero también proponen soluciones vitales a problemas internacionales.

El alivio de la deuda, la pregunta si las naciones ricas deberían liberar a las mas pobres de la carga de hacer pagos agobiantes a sus deudas, ha mantenido un puesto central de discusión en los encuentros del G8 en los últimos cinco años. Este año, el debate ha retornado, pero en una forma inusual. Los EEUU, quien tradicionalmente ha estado entre los mas reticentes a otorgar verdadero alivio a la deuda, ahora argumenta que el perdón es esencial -- para Irak.

Irak debe mas de sesenta mil millones de dólares a acreedores foráneos, mas las reparaciones por su invasión a Kuwait. Presidente Bush está preocupado que, sin alivio, el país estaría obligado a gastar tanto de sus recursos económicos al servicio de la deuda que la reconstrucción sería imposible.

Los otros países del G8 no necesariamente están de acuerdo. Sin embargo, dirigentes Europeos no están emocionados de ver el debate asaltado al servicio de las prerrogativas de política extranjera unilateral de los EEUU. El tratamiento de la administración Bush a otros países deudores sugiere que las recientemente encontradas simpatías del Presidente tienen mas que ver con reivindicar su "cambio de régimen" que con cualquier arrepentimiento humanitario.

Apenas el mes pasado, la Casa Blanca impidió la creación de un Mecanismo de Reestructuración de la Deuda Soberana (Sovereign Debt Restructuring Mechanism) en el Fondo Monetario Internacional. Si bien la mayoría del mundo, incluyendo ministros Europeos de comercio, apoyaron el mecanismo -- en esencia una corte global de bancarrota -- los EEUU argumentaron que sería demasiado costoso siquiera considerar permitir a los países agobiados por la deuda a legalmente incumplir con el pago de prestamos privados.

El ejemplo de Irak ilustra un punto que los protestantes de la coalición para el alivio de la deuda Jubilee han hecho por años: Muchas de las deudas sostenidas por países en desarrollo son en verdad "odiosos" -- el resultado de préstamos que acaudalados prestamistas hicieron a gobiernos tiránicos. Es sencillamente inhumano que los países del G8, incluyendo a los EEUU, ensillen a los empobrecidos ciudadanos con estas deudas luego de la caída de los dictadores.

Si los países ricos están serios en socorrer la libertad, deben de reconocer la ilegitimidad no solo de las obligaciones de Irak, pero de toda deuda odiosa.

El desarme y la anti proliferación nuclear, temas que ocuparán un sitial alto en la agenda del encuentro en Evian, representan una segunda área en el cual los que van a protestar, en vez de los gobiernos, están ofreciendo soluciones internacionales compasivas.

Durante su acción en Irak, los EEUU se presentó como el único país dispuesto a tomar el liderato contra las armas de destrucción masiva. Pero los EEUU ha virtualmente impedido todos los esfuerzos diplomáticos existentes al control de armas -- desde el Tratado de Anti Proliferación Nuclear (Nuclear Non-Proliferation Treaty), el Tratado de Misiles Anti Balísticos (Anti-Ballistic Missile Treaty), el Tratado Comprensivo Contra Pruebas Nucleares (Comprehensive Test Ban Treaty) y el tratado de armas biológicas hasta los nuevos esfuerzos para controlar minas terrestres, armas pequeñas, la venta de armas a gobiernos represivos, o el despliegue de armas en el espacio.

El G8 en si tiene un mejor registro. Sin embargo, el hecho que países como Francia, Rusia, Alemania y Gran Bretaña se sitúan con los EEUU como los principales comerciantes de armamento convencional los ha llevado a oponerse a las restricciones de ventas de armas a dictadores. Estos cinco países juntos son responsables de la transferencia de armas entre 1997 y 2001 por un valor de casi $83 mil millones de dólares.

Reconociendo que la búsqueda efectiva de un mundo mas seguro no puede estar basado en los intereses mezquinos de las potencias mundiales, movimientos populares han demandado fuertes controles en la producción, uso, y mercadeo de armamento -- bien sea convencional, químico, o nuclear.

Las propuestas de la no proliferación que Jacques Chirac tiene la intención de colocar sobre la mesa en Evian sin duda merecerán atención internacional. Pero como los EEUU y otros países del G8 consistentemente adelantan sus negociaciones basados en miopes visiones de su bienestar nacional, sus diluidos acuerdos caerán cortos de la visión of de "seguridad humana" propugnada en las calles.

Los argumentos de aquellos que protestan sobre las armas y la deuda ilustran una mayor crítica al G8. Que las poderosas elites globales se reúnan a moldear el actual orden mundial puede ser política real, pero no es democracia. Ni son las instituciones que el G8 defiende, como la Organización Mundial del Comercio (World Trade Organization) y la IMF, cuerpos representativos de gobierno global.

Si a meta es libertad, o hacer del mundo un lugar mas seguro, entonces el gobierno de los ricos nunca prevalecerá. Hasta tanto los escenarios oficiales sean reconstituidos para permitir hablar a las voces del mundo, serán necesarias las protestas de afuera para llamar a un verdadero multilateralismo.

* Mark Engler, un escritor con base en la ciudad de Nueva York, es comentarista para Foreign Policy in Focus. Puede ser contactado a través del sitio web www.DemocracyUprising.com. La asistencia investigativa para este artículo fue realizada por Katie Griffiths.
Traducido por Louis J. de Deaux

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