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R E S I S T E N C I A   G L O B A L 

16 de enero del 2004

De Porto Alegre a Bombay

Rafael Díaz–Salazar
La Vanguardia

La celebración del cuarto Foro Social Mundial en Bombay (del 16 al 21 de enero) es un signo de la consolidación de una sociedad civil internacionalista a escala planetaria. Nos hallamos ante un hecho que no tiene precedentes históricos: la existencia de una nueva galaxia social compuesta por miles de movimientos sociales, sindicatos, ONG, centros de investigación y medios de comunicación por Internet. Especialmente esperanzadora es la emergencia de lo que denomino la generación de Porto Alegre, compuesta por jóvenes comprometidos en luchas sociales internacionalistas. Nos encontramos ante la paradoja de que esta juventud nuevamente politizada es la que se halla más distanciada de la política que practican casi todos los partidos. Téngase en cuenta este dato en el periodo electoral español, pues muchos de ellos son abstencionistas de izquierda.

Considero un gran acierto que el Foro se haya trasladado de Porto Alegre a esta ciudad de India. Asia va a dar a conocer mejor sus potentes movimientos sociales. La estrecha alianza de movimientos brasileños e indios contribuirá a reforzar el nuevo rol internacional que están jugando sus países como pudimos ver en la última cumbre de la OMC. Trasladar el Foro a India tiene también un gran valor simbólico, pues es la tierra de Gandhi, quizá el principal inspirador de los modelos de lucha de las organizaciones que a él acuden: acción directa, no violencia activa y desobediencia civil. En Bombay se van a reunir cerca de 100.000 delegados de movimientos de 90 países que se comunicarán a través de once lenguas oficiales (tres occidentales y ocho asiáticas). Los asistentes tienen estos objetivos: analizar la situación mundial desde la perspectiva de los empobrecidos, proponer alternativas, organizar luchas conjuntas, compartir energías y esperanzas.

Este año los debates se articulan en cuatro ejes: la militarización de las relaciones internacionales, la explotación de los trabajadores, las discriminaciones étnicas, la globali-zación y la soberanía sobre el agua, los alimentos y la tierra. El análisis del nuevo imperialismo que une guerra, comercio y finanzas va a ocupar un lugar central. El tema de la militarización abarca también otros conflictos bélicos olvidados: el problema palestino-israelí y propuestas de desarme en diversas zonas del mundo. El enfoque feminista de las guerras puede ser muy interesante, ya que este año acuden muchos movimientos asiáticos de mujeres que trabajan en red con movimientos por la paz. La globalización se va a abordar desde dos perspectivas: la inseguridad social y económica en países empobrecidos que pierden soberanía sobre bienes básicos (agua, tierra y alimentos) y la necesidad de una gobernabilidad mundial para regular los nuevos poderes económicos internacionales.

Quisiera destacar como novedad la celebración de un panel sobre las relaciones entre movimientos sociales y partidos, un tema muy espinoso en el Foro. En él intervendrá Ayala, secretario de la Internacional Socialista; Bertinotti, el principal líder del neocomunismo mundial, y dirigentes de movimientos populares. Entre los seminarios autoorganizados por grandes redes internacionales, es relevante el propuesto por el Forum Popular Mundial de las Aguas. En el mundo hay un problema mayor que el hambre, es la sed; además, el agua va a constituir uno de los principales factores de conflicto internacional en los próximos tiempos. Otro seminario muy importante es el que aborda la globalización de los derechos humanos; este año se va a centrar en tres cuestiones: la infancia explotada, los delitos ecológicos de las transnacionales y el comercio internacional como vulnerador del derecho a la alimentación. También quisiera destacar los actos que se celebrarán sobre deuda externa, sida en África y refundación de la ONU.

El Foro Social Mundial constituye un gigantesco laboratorio en el que miles de movimientos elaboran respuestas a los grandes problemas que tiene la humanidad. El camino que va de Seattle a Bombay, pasando por Porto Alegre, nos indica el paso de la antiglobalización como protesta a la justicia global como propuesta. Estos movimientos quieren construir una ecojusticia que rompa la lógica del capitalismo neoliberal. Desde un radicalismo democrático luchan por mundializar los derechos sociales que se ejercen en los modelos más avanzados del Estado de bienestar. Su objetivo es crear una democracia económica a escala planetaria. La constitución de un contrapoder mundial desde la sociedad civil es ahora más necesaria que nunca si no queremos que un grupo de líderes ciegos nos conduzca a todos al abismo. El Foro pretende cambiar la agenda internacional dominante. Las desigualdades internacionales matan y hay que destruir las fábricas que las producen.

El futuro de esta red internacional se dirime en el arte de saber combinar la difusión de alternativas concretas, el impulso de campañas mundiales de presión política, la generación de conflictos pacíficos y la creación de opinión pública. Necesitamos multiplicar el número de ciudadanos sin fronteras. El desafío para el siglo XXI es éste: internacionalismo solidario o barbarie neoliberal.

* RAFAEL DÍAZ-SALAZAR, profesor de Sociología en la Universidad Complutense y autor de "Justicia global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre

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