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R E S I S T E N C I A   G L O B A L 

20 de enero del 2004

"El poder imperial usa la lucha de las mujeres para legitimar su agresión"

Luis Hernández Navarro
La Jornada

Mumbai, 18 de enero. Si hubiera que decidir quienes son, de acuerdo con los grandes medios de comunicación, los líderes más feministas del mundo durante el inicio del Siglo XXI, los triunfadores serían George W. Bush y Tony Blair. A juzgar por lo que dicen, estos dos mandatarios invadieron Afganistán e Irak para salvar a las mujeres del fundamentalismo islámico y la dictadura, afirmó hoy en la conferencia "Guerras contra las mujeres, mujeres contra la guerra" la escritora Arundhati Roy.

Más hembras mueren por culpa de la violencia doméstica en el planeta que hombres por conflictos armados, aseguró la maestra de ceremonias de la sesión final del 18 de enero, de la cuarta edición del Foro Social Mundial (FMI). La abogada Irene Khan, de Amnistía Internacional, recordó el caso de Paloma, una trabajadora mexicana de la maquila en Ciudad Juárez, violada y asesinada salvajemente como otros centenares de mujeres en la región, sin que se haya hecho justicia.

Primera en tomar la palabra, la escritora y activista egipcia Nawal el Saddawi insistió en la necesidad de cambiar el lenguaje. Se quejó de que el inglés, lengua colonial, se hubiera convertido en el idioma oficial del foro. Negó ser asiática o provenir de un país pobre del tercer mundo. Rechazó que Africa viva una situación poscolonial y que las mujeres se hubieran ya liberado. Egipto queda -dijo- en el norte de Africa, y no es pobre sino una nación robada por la explotación colonial. Aseguró que una potencia que mata personas e invade pueblos para apropiarse de sus riquezas no puede catalogarse como parte del primer mundo. Africa -sentenció- no es poscolonial porque no ha dejado aún de ser una colonia.

El maquillaje -aseguró- es el velo posmoderno que cubre el rostro de las mujeres, y posibilita que la industria de los cosméticos sea una de las cuatro más rentables del planeta. Finalmente, después de explicar cómo las mujeres son las primeras víctimas de los países que viven una situación colonial, aseveró que el peor velo es el que cubre las mentes.

Durante su breve intervención, Arundati Roy expresó su perturbación por la forma en la que el poder imperial está usando la lucha de las mujeres para legitimar su agresión. Sin dejar de responsabilizar al imperialismo por los daños que ha causado, se concentró en mostrar el terrible daño que "nos hacemos a nosotros mismos" como pueblos. Las mujeres -aseguró con crudeza- han participado y avalado la violencia contra las mujeres. Finalmente donó su tiempo para que una mujer que sufrió la represión de la policía diera su dramático testimonio ante la asamblea.

Sahar Saba, representante de la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán, dijo que su país había vivido conflictos armados durante 25 años y detalló las atrocidades cometidas por Estados Unidos durante la ocupación de su nación: desde apoyar a los criminales de la Alianza del Norte hasta negar que en la recientemente aprobada Constitución se reconocieran los derechos de la mujer.

También sobre Afganistán, Irene Khan narró la historia de una joven de ese país presa con muchas otras esposas más, por abandonar a su marido que la maltrataba. Según la abogada de Bangladesh, en las guerras el cuerpo de las mujeres se convierte, por medio de la violación, en un símbolo para humillar familias, comunidades y patrias. La señora Khan concluyó su documentada intervención solicitando que quienes se solidarizaran con la causa de las mujeres levantaran los brazos con las palmas de las manos abiertas. Prácticamente todo el auditorio lo hizo.

Partido y movimiento

Desde su nacimiento, el movimiento contra la globalización neoliberal ha tenido grandes diferencias con los partidos y con la política institucional. Mumbai hoy fue escenario de un esclarecedor debate sobre una difícil relación. Una discusión entre una concepción de la política nacida de la II y la III Internacional contra una visión de la política inaugurada por el levantamiento zapatista y Seattle. La socialdemocracia y el comunismo tradicionales contra el altermundismo y la irrupción de los pueblos indígenas.

En un lado quedaron Prakash Karat, integrante del politburó del Partido Comunista de India, y Luis Ayala, Secretario General de la Internacional Socialista. Muy cerca de ellos se ubicó el ex alcalde de Porto Alegre y hoy ministro del gobierno de Lula, Olivio Oliveira, que evadió la polémica y se concentró en informar a la reunión sobre los logros de su administración.

De acuerdo con Karat, partidos y movimientos sociales desempeñan funciones distintas. La función de los primeros es organizar, movilizar y representar; sus objetivos son básicamente políticos e ideológicos. La de los segundos es pelear por sus demandas inmediatas en el terreno económico y social. Es necesario -señaló- que haya coordinación entre ambos para responder a la globalización imperialista y no permitir actitudes antipartido ni antipolítica.

Según Ayala, partidos políticos y movimientos sociales desempeñaron un papel clave en la caída del Muro de Berlín y la democratización de América Latina. Ahora ambos enfrentan el reto de la privatización de la política y el liderazgo de los mercados y no el de las personas en el centro de las políticas. Los partidos son necesarios para mantener la gobernabilidad democrática, pero casi nadie parece preocuparse por ellos. En el conflicto que enfrenta a movimientos y partidos no hay ganadores. Es necesario -afirmó- que se unan para enfrentar el peligro principal de la época: el unilateralismo en las relaciones internacionales, la reforma de las Naciones Unidas y las instituciones financieras multilaterales.

Del otro lado de la barrera se colocaron Fausto Bertinotti, dirigente de Refundación Comunista de Italia, el representante indígena boliviano David Choquehuanca, y Alejandro Bendaña, un ex embajador de Nicaragua durante el gobierno sandinista.

Para Bertinotti si se quiere cambiar el mundo es necesario transformar la política. Esto significa que debe rebasar las fronteras de los estados nacionales, así como aprender de la vida, desde la vida, pues si no está condenada a morir. El dirigente italiano explicó cómo desde la reunión de Porto Alegre la globalización neoliberal ha seguido destruyendo las redes de solidaridad. La guerra produce devastación e incuba al terrorismo. Nace de un hecho dramático: como el nuevo capitalismo no es capaz de gobernar desde el consenso requiere destruir todo.

Optimista, señaló cómo en Cancún el movimiento altermundista propinó al nuevo capitalismo una sonora derrota. Los conflictos sociales de clase -señaló- han renacido en muchas partes del mundo, y esa irrupción ha generando nuevas formas de participación, como los Caracoles zapatistas.

Al preguntarse sobre el principal problema que enfrenta el nuevo movimiento social, se respondió: desarrollar los instrumentos que le permitan influir en las grandes decisiones. Hay que ir más allá de protestar contra la guerra, hay que ser capaces de frenarla, afirmó. Hay que crear alternativas. Y para ello la política debe conducirse de otro modo, uno en el que os movimientos sociales deben adquirir la potencia democrática capaz de modificar el destino del mundo.

Según Bertinotti hay que superar la política del Siglo XX. Con ella se obtuvieron muchos logros, pero también severas derrotas. El movimiento obrero trató de tomar el cielo por asalto y fracasó en el intento. Su descalabro no fue ajeno a una concepción del poder que separaba artificialmente partidos, sindicatos y movimientos sociales y le asignaba a los partidos el monopolio de la acción política. La nueva política necesita hacer la crítica de la economía política pero también reivindicar la ética; no debe ser un ejercicio de delegación de la representación en unos cuantos. La nueva política está en los nuevos movimientos. Para cambiar el mundo -finalizó- debemos modificar la política, y como los zapatistas han sostenido, caminar preguntando.

Choquehuanca reivindicó una propuesta nacida de la cultura indígena, en la que se trata de impulsar una sociedad complementaria entre el hombre y la naturaleza, no enfrentada a ella. Su proyecto va más allá de la lucha por la libertad y la democracia; reivindica el consenso sobre la democracia. La democracia -aseguró- implica el sometimiento de unos a otros, mientras el consenso obliga a llegar a acuerdos.

Para Bendaña en los procesos vividos en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, los agrupamientos político-militares se convirtieron en partidos que no alcanzaron a superar su condición de fuerzas condenadas a ser oposición. Aunque la izquierda se extiende socialmente mucho más allá de donde alcanzan a llegar los partidos, éstos se quedaron atrapados en las redes de la política institucional. Ciertamente tienen influencia en gobiernos locales, pero éstos no modifican las tendencias centrales del funcionamiento del sistema. Los partidos se han relacionado con los movimientos de manera instrumental, convirtiéndolos en materia de negociación y han ignorado a movimientos como el indígena y el de las mujeres.

La marcha interminable

Incansables, los manifestantes marchan durante horas por las calles principales de Bollywood, sede del cuarto capítulo del FSM. Las danzas y caminatas levantan en varios puntos del trayecto una nube de polvo que hace difícil respirar. No son pocos los delegados que han debido improvisar tapabocas para hacer más llevadero su traslado de un local a otro.

Los tambores nunca descansan. Tampoco los cantos. En Mumbai parece que se quiere hacer posible otro mundo a través de la fiesta. Se logre o no, lo cierto es que no podrá conseguirse sin ella.

Máscaras, representaciones de animales diversos en tela y cartón, grandes imágenes de Gandhi, personajes disfrazados George W. Bush, carteles, banderas, pendones y una multitud incontable de trajes regionales se suceden unos a otros. De vez en cuando, el mundo del trabajo organizado, con sus consignas, puños en alto y disciplina, hacen acto de presencia.

En Mumbai, la energía social parece el vapor de una caldera a punto de estallar. Sólo que ese vapor se ha expresado más a través de la vitalidad de las culturas regionales que de la cultura política de la izquierda tradicional.

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