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R E S I S T E N C I A   G L O B A L 

23 de enero del 2004

Foro Social Mundial: lucha épica contra el capital

Vandana Shiva
IPS

El Foro Económico Mundial (FEM) concibió un mundo modelado por el "Hombre de Davos", centrado en el capital y en los hombres y las empresas que lo controlan. La libertad para el Hombre de Davos, por lo tanto, es la libertad para el capital. El proyecto para esta libertad es la globalización guiada por las grandes corporaciones empresariales -un proyecto que yo califico de producto del patriarcado capitalista-, que se refleja en los condicionantes ajustes estructurales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI), en las distorsionadas, perjudiciales y antidemocráticas reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en el paradigma económico liberal en general.

En este mundo todo está en venta, todo es una mercancía. La biodiversidad y las formas de vida, los genes y las semillas son propiedad intelectual que es posible patentar. El agua, la verdadera base de la vida, es una mercancía comerciable, no un bien común ni un derecho humano fundamental. Los alimentos y la agricultura no son la base de la subsistencia o medios de vida sino sólo fuentes de lucro para el agronegocio. La biodiversidad y los campesinos han desaparecido para dar paso a una agricultura industrial globalizada y controlada por grandes corporaciones. En lugar de alimentos saludables, este sistema perverso nos ha dado los organismos genéticamente modificados, la vaca loca y la obesidad.

El crecimiento del fundamentalismo religioso, el aumento del terrorismo y de la violencia, así como la militarización y la guerra, son consecuencias inevitables de un sistema que deja a un lado fundamentales derechos humanos y democráticos de la gente.

En Seattle, en la Reunión Ministerial de la OMC de 1999, el paradigma de la globalización empresarial fue desafiada a escala global por ciudadanos de diferentes partes del mundo. Seattle marcó un cambio tectónico en el cual el poder popular frenó al monstruo de la globalización e hizo que la reunión de la OMC fracasara.

Y cuando tuvo lugar, en febrero del 2003, la mayor movilización popular contra la guerra jamás registrada, la sociedad civil fue reconocida como la segunda superpotencia.

Y en el Foro Social Mundial (FSM) efectuado después de Seattle en Porto Alegre comenzó a resonar una nueva consigna en los movimientos sociales, "Otro mundo es posible", alternativa a la globalización.

Ahora se celebra el cuarto FSM en Mumbai. El primer mensaje del Foro al FEM es su propio nombre: el FSM da su principal importancia a la gente y a la sociedad, mientras que el FEM pone en primer lugar a las corporaciones empresariales y al capital.

El segundo mensaje se refiere a los sistemas de organización, uno controlado por el capital y el otro organizado conjuntamente por miles de grupos. Es en esta diversidad y pluralidad de la organización que una nueva política ha comenzado a tomar forma.

El tercer mensaje es el de la paz y la no violencia. La violencia es a la vez el medio y el fin de una economía basada en la codicia, la dictadura económica y el militarismo. La no violencia es tanto en los medios como en el fin el resultado de la elección del pueblo. La corporación empresarial necesitó al militarismo, explícito o implícito. Cuando 25.000 campesinos indios son forzados a cometer suicidio, cuando el granjero coreano Lee sacrifica su vida en las barricadas en Cancún diciendo "la OMC mata a los granjeros", cuando las corporaciones estadounidenses Halliburton y Bechtel surgen como los verdaderos ganadores de la guerra de Iraq, queda en claro que la guerra es la globalización por otros medios.

Pero hay dos peligros que enfrentan las movilizaciones del FSM. El primero viene desde dentro del propio FSM. Mientras que el éxito de Seattle y Cancún fue el resultado de la capacidad de organización de la propia gente y de su solidaridad en la diversidad, hay una tendencia entre ciertas organizaciones a imitar el gigantismo y el control centralizado de las estructuras dominantes, en lugar de crear una plataforma para acoger y dar energías a diversas tendencias, movimientos y culturas. Esta tendencia comporta el riesgo de sofocar el proceso del FSM.

En la nueva política impulsada por los ciudadanos lo global necesita a lo local y lo local a lo global. Los movimientos que dieron impulso a Seattle han sido formados primero a escala local. Pero constituimos en verdad un ejemplo de resistencia global porque lo global se ve reflejado en nuestras luchas locales y nacionales. Una resistencia global sin raíces locales no puede durar mucho, lo mismo que los movimientos locales sin solidaridad global o una conciencia planetaria o universal pueden transformarse en parroquiales, defensivos e inseguros. No es necesario institucionalizar al FSM. Hacerlo sería un costoso despilfarro. El gran tamaño es la fortaleza del poder y la vulnerabilidad de la gente. La pequeñez y la diversidad, al contrario, son la fuerza del pueblo y la vulnerabilidad del poder.

La segunda amenaza para el FSM está surgiendo en su exterior, de políticas de viejo estilo basadas en principios patriarcales y en la celebración de la violencia y de la fragmentación. El Mumbai Resistencia 2004, organizado para oponerse al FSM, refleja el divisionismo y la violencia de las políticas de viejo estilo, que intenta perjudicar la política de paz y diversidad que los movimientos antiglobalización han construido durante la última década con su enfoque de "vivir y dejar vivir". Nuestra no violencia ha sido nuestra fuerza. Pero esa fuerza, que el establishment no le puede quitar a la gente, es amenazada por algunos movimientos que hace de la violencia su principal estrategia para el cambio.

La lucha entre el pueblo y el capital es ahora una lucha épica de vida o muerte que ha apenas comenzado. Este es el comienzo de un nuevo capítulo de la historia humana, no "el fin de la historia".

(*) Vandana Shiva es escritora y militante en las campañas internacionales a favor de los derechos de la mujer y del ambiente. Fue galardonada con el Right Livelihood Award, premio alternativo al Nobel, en 1993.

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