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R E S I S T E N C I A   G L O B A L 

24 de enero del 2004

Mumbai y el problema de las alternativas

Octavio Rodríguez Araujo
La Jornada

De acuerdo con las notas de Hernández y Garrido, enviados de La Jornada a Mumbai, India, el Foro Social Mundial (FSM) en su cuarta edición es diferente a los capítulos que lo antecedieron en Porto Alegre, Brasil.

En la India se está cumpliendo (y agotando) un ciclo de los movimientos sociales altermunidstas, como se les llama ahora: el ciclo de la protesta contra la globalización neoliberal. Los participantes, que no son de iguales composición social e ideológica a los de Porto Alegre, están interesados en un nuevo ciclo, el de las propuestas alternativas a lo que se ha criticado desde hace varios años, incluso antes del Encuentro Intercontinental en 1996, organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Los libros de Boyer y Drache, de Husson y de Hirst y Thompson, todos ellos publicados en 1996, fueron de los primeros diagnósticos críticos de la globalización neoliberal, y sus planteamientos más de fondo se han repetido, con variantes y también críticas, hasta la fecha. La discusión que se planteó en esos libros, incluso sobre el Estado nacional ante los mercados en la economía mundial (Boyer y Drache), ha sido tema de debate en el FSM de Mumbai. No debe extrañar; los estudios científicos siempre tienen un tiempo de asimilación por parte de quienes no se dedican a tareas de investigación; luego como que se socializan, frecuentemente simplificados, y se aceptan o no convirtiéndose en un nuevo debate, el debate de la acción.

Esta acción se ha traducido en movimientos, en un movimiento de movimientos, para mejor decir, en los que, en principio, ha prevalecido la oposición a lo existente y a la definición de objetivos, por considerarse que estos pueden dividirlos a partir del momento en que se discutan las estrategias, el cómo alcanzarlos. Anarquismo y marxismo, por ejemplo, tuvieron enfrentamientos precisamente por las diferencias estrategias de ambas corrientes para construir el socialismo. De hecho, ambas corrientes planteaban el socialismo desde la Primera Internacional, pero su concepción sobre el socialismo era distinta, y su estrategia opuesta. Esto no ha cambiado en más de 130 años. El debate continúa en los FSM.

Aún así, en Mumbai se presentó un marcado interés, que señalan los enviados de este diario, por la construcción teórica de objetivos alternativos a la globalización neoliberal, ahora no sólo entendida sino categorizada por la experiencia de los pueblos de todo el mundo. Nadie más o menos consciente de su realidad tiene dudas sobre la relación de instituciones como el Fondo Monetario Internacional con las deudas impagables de los países, de la relación de la concentración de capital con la ampliación de la pobreza, del deterioro de la cohesión social con la crisis económica y con las políticas neoliberales de los gobiernos subordinados a los grandes capitales que dominan la economía mundial. Todo esto, y más, ha sido entendido por los pueblos de Africa, Asia y América Latina, pero también por los sectores más depauperados de los países del llamado primer mundo. Pero lo que ahora se quiere y se exige, incluso de los intelectuales tan criticados en Porto Alegre, es la discusión de alternativas que vayan más allá de una supuesta humanización del capitalismo que nunca se dará (porque contradice su esencia).

La perspectiva no es fácil. Más allá de los cantos y los bailes, del contacto entre diferentes culturas, que es un aspecto muy positivo del Foro, pues acerca a los pueblos y les da más conocimiento de sus pares en otros países, los debates sobre objetivos y estrategias tienden, por naturaleza, a dividir. Muchos participantes en esta edición del FSM podrían estar de acuerdo en que la lucha contra la globalización neoliberal y el nuevo imperialismo fuera también la lucha por el socialismo, pero de inmediato surgirían, como ya ocurrió, las diferencias. Garrido cita el caso de un comunista indio que planteó volver a la ortodoxia marxista y que, de paso, "encomió a los antiguos regímenes de Europa central", y dice que hubo murmullos y cuestionamientos en la sala de conferencias, con toda razón, añadiría yo. No parecería fácil borrar, como si no hubiera existido, la larga polémica entre las izquierdas desde la Primera Internacional hasta Mumbai, pasando por los movimientos del 68, la conversión de la URSS en un país capitalista y Porto Alegre. Este es el riesgo de cualquier intento por presentar alternativas a la mera oposición a lo existente. Sin embargo, pienso, deberá intentarse. Este es el gran reto.

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