| R E S I S T E N C I A G L O B A L |
19 de marzo del 2004 |
Pável Blanco Cabrera
Rebelión
El Foro Social Mundial adoptó una agenda de movilizaciones para el año 2004, destacándose la del 20 de marzo contra la guerra y la ocupación de Irak. Se trata de mantener la ola de protestas contra la agresión permanente de Bush a los pueblos, escudada en la doctrina de los ataques preventivos, que con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, preside el intento de con la guerra recuperar la economía estadounidense.
Pasado un año del ataque militar a Irak, sin olvidar el atropello al derecho internacional, a la misma ONU y a los millones que en todas partes lucharon por la paz, hoy lo evidente es que no han presentado los ocupantes una sola prueba de que Irak representara alguna amenaza a la paz mundial, no hay indicios de arsenales de ningún tipo, ni pruebas que lo vinculen a Al Qaeda.
En cuanto a la segunda línea de argumentación, la cuestión de la democratización, no es posible olvidar que el régimen de Husein contó con el respaldo en el pasado de los EEUU, en momentos en que reprimía a los comunistas y al movimiento sindical. El tema de la democracia no fue sino un justificante de segundo rango, que permitiera la estancia de las tropas yanquis en Irak, más allá del periodo permisible, cuando se agotara el pretexto de Irak como amenaza a la humanidad. La democracia chatarra que promueven los yanquis no deja de ser una carnada para las aves de rapiña que hoy buscan ser los representantes nativos de las grandes compañías petroleras norteamericanas, pero es totalmente repudiada por el pueblo, quien se expresa con indiferencia ante la nueva constitución o el gobierno.
Quedan entonces claras las verdaderas intenciones de la invasión son las que se denunciaron previamente: el petróleo, el dominio por los yanquis de una zona estratégica militar y políticamente desplazando a los rivales de la Unión europea y de Rusia. Por otra parte afirmarse como potencia hegemónica.
Esta claro que hay muchas razones para demandar la salida inmediata de las tropas yanquis y aliados que acompañan, inmediatamente del medio oriente.
Pero además de enarbolar una causa justa las protestas tienen un valor que esta pesando decididamente en la política y en el rumbo que puede tomar la humanidad. El 15 de febrero, en marzo y en todas las acciones antiguerra del año pasado se dejo sentir una potente fuerza, que ratifica y sitúa una forma central de lucha por otro mundo posible: la movilización. Millones concentrados no solo en las principales ciudades, sino en prácticamente todos los sitios del planeta, expresando su oposición al camino guerrerista y al fascismo. Algunos se preguntaron si valieron de algo esas movilizaciones si no lograron detener la guerra. Muy bien ese objetivo no fue alcanzado el año pasado, pero si entro esta fuerza a la disputa y quien puede negar que en la derrota de Aznar y su sucesor, esa oleada de protestas jugo un rol, que puede extenderse a la derrota de Bush también. Tenemos los comunistas el reto de que el potencial de este movimiento se desarrolle a partir de no bajar el ritmo de las acciones y de situar una salida a la crisis terminal del capitalismo.
Un tema importante es que la movilización debe expresar abiertamente su solidaridad con la resistencia tanto en Irak como en Afganistán. Es algo que frecuentemente se olvida, y es inaceptable. En Francia los maquis, en los países bajos los luchadores antifascistas, o en cualquier parte siempre los patriotas que organizaban la lucha contra los invasores, el ejercito ocupante recibieron el abrazo, la comprensión, la solidaridad. Hoy a la resistencia afgana o de Irak, se les ignora, se sospecha, que porque esta vinculada a Hussein, al terrorismo, etc, se les calumnia, pero no se destaca nunca su heroicidad, su amor por la independencia, que permite un promedio de 25-30 acciones militares diarias contra las tropas yanquis que están aterrorizadas, que disparan contra cualquier cosa en movimiento. Es momento de revisar la actitud frente a estos hombres que como bien dice Miguel Urbano, representan hoy la vanguardia de los pueblos, que lo encuentran cara a cara y lo confrontan.