EL REINO DEL REVÉS

15 de marzo del 2002

Biografía de Duhalde


José Vales, Revista Cambio

Eduardo Duhalde llegó a la Presidencia de la misma forma en que comenzó su carrera política: por un golpe de suerte y más de un negociado político. Esa es su característica más notoria desde que en 1974 se encontró con la intendencia (alcaldía) de la ciudad bonaerense de Lomas de Zamora en sus manos.

Su buena estrella es tan notoria como su relación con el mundo de las drogas al que siempre le destinó recursos y planes para combatirla desde la Vicepresidencia, durante la gestión de Carlos Menem, o desde la gobernación de Buenos Aires.

Pero eso no le impidió ser, junto al ex presidente y principal enemigo, uno de los políticos señalados por sus presuntos vínculos con el narcotráfico. Algo que en estos días los principales grupos multimedia argentinos se niegan a recordarle a la opinión con el argumento de que no van "a contribuir a la anarquía".

Ex salvavidas de piscina, abogado y notario devenido en líder político gracias a sus buenas relaciones con miembros de la derecha peronista, Duhalde llegó a la intendencia de la ciudad donde nació hace 60 años. Después de destituir al intendente, varios miembros de las 62 organizaciones peronistas (corriente de la derecha peronista que pugnaba por el poder a los balazos) lo fueron a buscar a su casa para que asumiera el cargo.

En 1976 fue depuesto por el golpe militar, pero a diferencia de otros compañeros de causa a él le perdonaron la vida debido a un gran favor que él hizo al Ejército desde la intendencia. Tras recibir el dato de un agente de inteligencia, el intendente le transmitió al más militarista de los dirigentes peronistas de la época, el entonces gobernador Victorio Calabró, que el guevarista Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) se aprestaba a atacar el cuartel militar de Monte Chingolo, en el partido de Lanús.

Gracias a ese aviso, la que debió ser una de las operaciones militares de la insurgencia más grande de la época se convirtió en una trampa cazabobos para la organización liderada por Mario Santucho.

En 1983 los vientos democráticos lo devolvieron al cargo en medio de una crisis del Partido Justicialista que lo dejó en los primeros planos. Ya por entonces en la periferia de Lomas solían apodarlo papá porro, pero pocos conocían el origen y el porqué de ese mote. Con los años y las denuncias los vecinos irían atando cabos.

Aportes vía México

Cuando en 1999 intentó coronar su carrera política con la Presidencia debió enfrentar no sólo al candidato de la alianza opositora UCR-Frepaso, Fernando de la Rúa, un abogado conservador afiliado al radicalismo y ex representante legal de OCA (una de las empresas del empresario Alfredo Yabrán), sino también a la rémora de un gobierno viciado por la corrupción y un sinnúmero de sospechas.

Pero el principal escollo de Duhalde era el propio Menem, al que acompañó y de quien supo sacar provecho durante la mayor parte de su gestión de 10 años en los que ambos abjuraron del peronismo. Como se tenían fe, puso como compañero de fórmula al ex cantante Ramón Palito Ortega, quien de un sólo golpe consiguió un millón de dólares para los gastos de campaña. ¿Quién los depositaba?

"Un grupo de mexicanos con ganas de hacer negocios en Argentina que fueron contactados por mi asesor Aldo Ducler", fue la respuesta de Palito. Esos mexicanos no serían otros que los lugartenientes de Amado Carrillo Fuentes –el Señor de los cielos, capo del cartel de Juárez–, que lograron lavar más de 20 millones de dólares a través de la financiera Mercado Abierto, propiedad de Ducler, ex secretario de Hacienda de la dictadura y administrador de los fondos de la campaña de Palito Ortega.

Cada vez que lo acusaron de tener vínculos con el narcotráfico, Duhalde dijo que se trataba de una campaña de desprestigio. Así quedó especificado en el informe que la Comisión Antilavado del Congreso estadounidense, presidido por el senador Carl Levin, y en las investigaciones que realizaron en Argentina el ex jefe de la Interpol México, José Miguel Ponce Edmonson. En diálogo con CAMBIO, Ponce recordó: "Esos fondos ingresaron por parte de Palito Ortega, a quien Duhalde, enseguida lo raleó de la campaña. Fui testigo del profundo enojo del ahora presidente quien se vio muy afectado por ese episodio".

Cada vez que lo acusaron de tener vínculos con el narcotráfico, Duhalde dijo que "no sabía nada al respecto" y que se trataba "de una campaña de desprestigio". Fue el argumento que esgrimió cuando las acusaciones contra las mafias enquistadas en la policía bonaerense –a la que calificó como "la mejor del mundo"–, que señalaban a su jefe, el comisario Pedro Klodczyk, como un hombre permisivo en la distribución de drogas cuando estuvo a cargo de la regional de la ciudad de Quilmes.

Utilizó la misma defensa en 1992, cuando el juez español Baltasar Garzón tuvo su primera aproximación a Argentina y acusó a la ex cuñada de Menem, Amira Yoma, y al ex secretario de Recursos Hídricos, Mario Caserta (amigo de Duhalde), de integrar una organización de lavado de dinero vinculada al traficante de armas sirio, nacionalizado argentino, Monzer Al Kassar.

Sin aduana

En septiembre del 1989, durante un viaje de Menem a Yugoslavia, Duhalde quedó a cargo de la Presidencia. En esos días estampó la firma, junto al ministro de Economía de la época, Néstor Rapanelli, en el decreto 642 con la designación del sirio Ibrahim Al Ibrahim como asesor especial de la aduana en el aeropuerto de Ezeiza.

Al Ibrahim era ya el ex esposo de Amira Yoma y en español sólo sabía decir "muchas gracias". Durante una entrevista con medios argentinos y españoles, Al Ibrahim –quien vive refugiado en Damasco desde que se convirtió en un prófugo de la justicia argentina y de la española–, aseguró que "Duhalde era uno de los funcionarios de gobierno que más favores me pedía en la aduana".

Eran los días en que la ex primera dama, Zulema Yoma, declaraba a boca de jarro: "Si quieren saber sobre las drogas pregúntenle a Menem y a Duhalde". Y Duhalde le encargaba a su lugarteniente Alberto Bujía retirar maletas o bultos que pasaban sin abrir por los controles de la aduana en el aeropuerto.

Las irregularidades en la aduana fueron denunciadas por el semanario español Cambio 16 y las pruebas contundentes que aportaba el semanario llevaron a que Garzón tomara la causa que involucraba a Al Kassar –quien reside en Marbella–.

Con el escándalo en todos los medios, Duhalde se comunicó rápidamente con el juez "para saber cuál era su situación en el expediente", según cuenta el periodista Hernán López Echagüe, en su biografía sobre el actual presidente, titulada El otro. Como consecuencia de su investigación, López Echagüe fue víctima de dos atentados contra su vida que lo obligaron a abandonar el país. Ante la consulta desesperada del Vicepresidente, la respuesta del magistrado español fue corta y tajante: "Duhalde, yo sé qué clase de político es usted..."

Diez días antes de que la jueza María Romilda Servini de Cubría iniciara las indagatorias por esa causa, conocida como el narcogate, Alberto Bujía, uno de los hombres de confianza de Duhalde –el emisario ante Al Ibrahim– moría en extrañas circunstancias.

El Negro, como era conocido Bujía, era considerado un peso pesado de Calabró y de la derecha peronista. Desde cuando comenzó a trabajar para Duhalde en 1982, era el enviado que llevaba extraños paquetes a las familias Romero y Saadi, en las provincias de Salta y Catamarca, respectivamente. Roberto Romero y Vicente Leonides Saadi fueron los fundadores de dos dinastías políticas que hicieron historia en sus provincias (actualmente el gobernador de Salta es Roberto Romero, hijo).

Bujía solía frecuentar la finca Don Alejo, propiedad de los Romeros en Salta donde en 1984 fue descubierta un pista de aterrizaje a la que llegaban aviones desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, que estuvo en la mira de la DEA.

Con Al Ibrahim en la aduana, Bujía no sólo visitaba al extraño asesor con el que se comunicaba por señas, sino que requería los servicios del funcionario en cada uno de sus viajes al extranjero con bultos que en los controles gozaban del mismo estatus que todos los encargos del Vicepresidente. El 16 de marzo de 1992 falleció cuando conducía su motocicleta y un camión lo atropelló de frente, según testigos del hecho. Aún así, su muerte pasó a la historia como un accidente por ebriedad.

Hombre de encuestas

En 1991 Menem le pidió a Duhalde que se presentase a los comicios para gobernador en la provincia de Buenos Aires. "Sólo acepto si cuento con el dinero necesario y la posibilidad de saber cómo estoy ubicado en las encuestas", le dijo en cada una de las negociaciones al entonces presidente.

Los sondeos de opinión son su debilidad, al punto de que Duhalde no suele tomar una sola decisión de gobierno sin antes hacerla pasar por el tamiz de sus encuestadores de cabecera, los sociólogos Julio Aurelio y Ricardo Rouvier.

Encuestas no le faltaban, pero sí dinero. Acordó con el ex presidente la creación de un Fondo de reparación histórica para el Conurbano bonaerense de 700 millones de dólares anuales, que manejó a discreción durante ocho años. Sus gastos de representación como gobernador, según lo reconoció en más de una oportunidad, ascendieron a US $720.000 anuales, reconocidos por él mismo, cuando su salario oficial era de US $5.001.

Ni el fondo ni las privatizaciones que llevó a cabo en la provincia lograron evitar que dejara en 1999 el estado más grande del país en virtual bancarrota y al borde de un estallido social que recién se consumaría en diciembre último.

Ni los numerosos casos de corrupción administrativa durante su gestión que duermen en los archivos judiciales, ni los manejos políticos en la investigación por el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas en 1997, ni la matanza de víctimas y victimarios por parte de la policía bonaerense en el asalto al Banco Nación de Ramallo en 1999 –oscuros episodios plagados de sospechas–, son recordados en estos días por la prensa argentina. Mucho menos sus presuntos vínculos con los narcotraficantes y los aportes del cartel de Juárez a su campaña.

Nada de esto impide, sin embargo, que los jubilados que no logran cobrar sus salarios o que los gestores de esporádicos cacerolazos se lo recuerden con insultos ante las cámaras de los noticieros.

Con esos antecedentes, y tal vez porque hasta ahora ha sido un hombre de suerte, es que la oligarquía política se puso en sus manos. Después de todo, la clase dirigente argentina es consecuente: confió en él, uno de sus fieles representantes, para salvarlos del abismo.