12 de mayo del 2001

Otra forma de socialismo o la democracia participativa de Heinz Dieterich

“El nuevo proyecto histórico de las mayorías”

Luis Bruschtein
Página 12

Para el profesor alemán Heinz Dieterich están perimidos los conceptos históricos sobre el socialismo. Las nuevas propuestas tienden a otros modelos económicos de justicia y solidaridad y a formas políticas de democracia participativa.

La caída del Muro no sólo significó la desaparición de la URSS, sino que también arrojó sombras sobre el llamado "socialismo realmente existente". Muchos de los paradigmas de la izquierda cayeron junto con el Muro. El profesor Heinz Dieterich Steffan, doctorado en Ciencias Sociales y Económicas en la República Federal Alemana, señala que el mismo desarrollo tecnológico que potenció al capitalismo abre las puertas a un nuevo tipo de socialismo que antes no era posible. "La democracia participativa –afirma– es el nuevo proyecto histórico de las mayorías".

–El nuevo socialismo es la democracia participativa. Uso los dos conceptos como sinónimos. El término "nuevo socialismo" es un poco un puente hacia los veteranos de batallas anteriores que todavía tienen su corazón en las diferentes vertientes del socialismo y que andan un poco dispersos, sueltos. Y es necesario dialogar con ellos para que los contenidos del viejo socialismo, y para que el contenido de la revolución burguesa, justicia, igualdad y fraternidad se puedan reactivar para las fuerzas de cambio actuales.

–¿Ese nuevo socialismo tendría formas de producción capitalistas?

–No. Esa quizás es la principal diferencia frente al sistema actual. Este sistema utiliza la economía nacional de mercado, que tiene como 6 mil años más o menos y en su última etapa es una economía capitalista. El elemento principal de la nueva civilización es la economía democráticamente planificada de equivalencias, sobre la base de la teoría del valor objetivo. El mérito de haber encontrado ese nuevo sistema económico para el futuro es de un economista e historiador alemán que se llama Arno Peters. Prácticamente logra hacer operativo lo que desde hace doscientos años aproximadamente, a través de las teorías políticas de Walter Ricardo, Adam Smith y Carlos Marx, se sabía con respecto de que el valor efectivo es el tiempo de trabajo invertido, pero no existían las computadoras ni las matemáticas para hacer esto práctico.

–¿Por qué nuevo socialismo?, ¿en qué fracasó, según usted, el viejo socialismo?

–En retrospectiva podemos decir que el viejo socialismo fue una idea que se adelantó dos siglos a las condiciones objetivas. Esto no es algo nuevo, en la ciencia lo vemos muchas veces, muchos teoremas de Einstein se han comprobado cincuenta u ochenta años después de su enunciación porque en ese momento no existían las condiciones objetivas, la tecnología para comprobarlos empíricamente. Por ejemplo, el socialismo es la autodeterminación de la gente y por supuesto la democracia real participativa. Y por supuesto la democracia real participativa requiere mecanismos de comunicación eficientes, económicos, rápidos, que permitan expresar la voluntad de las mayorías en poco tiempo y sólo ahora con Internet, las computadoras y demás, tenemos la posibilidad de ejercer un carácter plebiscitario de la democracia. Si por ejemplo queremos saber cómo estructurar el presupuesto, se discute dos o tres meses en la televisión y, sobre esa base informativa, aprietas un botón en la computadora y sin mayor costo ni nada, sabemos qué es lo que quiere la gente para el presupuesto del próximo año. La idea de la nueva economía sobre la base del valor objetivo, como de la democracia participativa, no tenía una correspondencia empírica, un soporte tecnológico.

–¿El ejercicio real de la democracia no dependería en ese caso de quién sea el propietario de esos medios de comunicación?

–Claro. En esa discusión habría que diferenciar la fase final, que Marx llamaba el reino de la libertad, la sociedad sin clases, de la fase de transición. Por ejemplo Peters sólo plantea y discute el principio de la economía de equivalencias sólo para la fase final. Nosotros vemos que en la fase de transición hay que hacer ciertas modificaciones. Hay que hacer compromisos entre justicia y eficacia de la economía, habrá que sacrificaralgo de la justicia social en la economía, para que no se produzcan fuga de profesionales a otros países donde les pagan más, etcétera. Tienen que ser las mayorías las que decidan las áreas sociales, económicas, culturales o militares en las que se introduce la democracia participativa que se extiende gradualmente hasta que cambia la lógica del sistema.

–¿Y con respecto al sistema político, funcionaría esta democracia con partidos políticos o con un partido único?

–Creo que sería diferente. El socialismo decimonónico tuvo dos grandes vertientes: la de Lenin y la socialdemocracia. Creo que ninguna representa el socialismo del futuro. Cuando Lenin estableció que la clase obrera, que según los clásicos sería el sujeto principal del cambio, era minúscula o prácticamente inexistente en la URSS, entonces el partido tuvo que sustituir el sujeto de cambio. En 1950, después de 30 años, la URSS ya no era un país de campesinos analfabetas como en 1920, sino que ya había como 40 millones de trabajadores industrializados. Hubiera tenido que revertir el argumento anterior y decir: como la clase obrera industrial ya está apareciendo con fuerza tremenda el partido deja el papel de sustitución y entrega gradualmente las decisiones a la clase obrera. Pero eso nunca sucedió y por tanto, en los socialismos realmente existentes sólo hubo un avance en la dimensión de la justicia social, pero no democratización. Cuando el sistema soviético adquirió complejidad y, de ser una sociedad agraria, pasó a convertirse en una sociedad de alta tecnología, entre los años 70 y 80, sufrió una crisis de acumulación, sumada a una crisis de democratización que no se resolvió y la llevaron al colapso. Hay que diferenciar los elementos históricos y los elementos universales del socialismo del siglo XIX. Al observar los dos proyectos de la modernidad, el de 1789 de la burguesía, y el de 1917 del socialismo en su forma leninista, estamos en condiciones de sus déficit estructurales y no repetir los errores.

–¿Los caminos del cambio también serían distintos?

–Sí, el modelo de 1917, por ejemplo, con la toma del Palacio de Invierno, o el modelo de Mao, con la guerrilla clásica que viene del campo a la ciudad, son modelos del pasado. Si tomamos, por ejemplo, la física de avanzada, ésta reconoce lo que se llama "cambios de estado", o "salto cuántico" en la física cuántica. Este fenómeno nos muestra que en muchos sistemas de la Naturaleza hay un cambio de comportamiento que antes en la filosofía se calificaba como salto cualitativo y en el discurso político se llamaba revolución.

–Pero en la teoría social, el cambio cualitativo tenía más que ver con un cambio en la conciencia de la gente que con cambios de tipo físico o material...

–Sí, por supuesto. Lo que quiero decir es hay una legalidad del universo en muchos sistemas, no sólo sociales sino también de la Naturaleza, por la que se producen cambios cualitativos de comportamiento. Por lo tanto tenemos que entender a la revolución como un comportamiento que en ciertas circunstancias cambia el ritmo y el nivel de comportamiento del sistema, lo cual no es nada atípico ni anormal. Un conductor de electricidad produce una resistencia al paso de electrones, por eso se calienta, pero si se enfría al cero absoluto, el sistema cambia, no hay ninguna resistencia, no se pierde de electricidad. Eso es un cambio cualitativo de comportamiento. Cuando se aplica este concepto a la sociedad, un salto cualitativo en el comportamiento de la gente significa un cambio cualitativo en su identidad. Esto nos permite vincular la dialéctica del salto cualitativo, del macrocosmos a la praxis humana. Ya pudimos entender la identidad del ser humano como algo íntimamente vinculado al comportamiento de otros sistemas.

–¿No resulta esquemático aplicar las mismas leyes a sistemas físicos y a sistemas sociales...?

–Nosotros analizamos esto con el concepto de identidad en el ser humano. La identidad es como una brújula que dice lo que puede y debehacer o tener. El salto cualitativo en la identidad significa que hay una reconfiguración mental. La gente aguanta nueve veces el aumento del boleto de subte, pero a la décima dice basta, se produce ese salto cualitativo. La tarea es entender las circunstancias en que este salto se puede dar. ¿En qué circunstancias se podría lograr, por ejemplo, que las masas en América latina digan basta de neoliberalismo?

–¿Y cómo se resuelve la propiedad de los medios de producción que era el tema central del viejo socialismo?

–En la historia moderna ha habido dos intentos de hacer justicia social. Uno fue el de la socialdemocracia o el cepalismo de Prebisch, de dejar los medios de producción en manos de los empresarios y, con el sistema fiscal quitarles parte del plusproducto, para repartir. En Marx y Engels, la solución es quitarles el instrumento de la apropiación indebida del excedente económico: estatizar los medios de producción. En el nuevo socialismo será diferente. Como se puede medir el valor objetivo de un producto y por lo tanto también del esfuerzo del trabajo, tenemos la base científica para ser justos. Porque mientras no se sepa el valor objetivo de los productos no puede haber un intercambio justo. Si podemos medir la cantidad de trabajo que representa cada producto, es posible hacer justicia. Esa condición se puede cumplir hoy. La segunda condición es que todos los que hacen el mismo esfuerzo laboral reciban la misma gratificación, porque el valor de su esfuerzo es equivalente y por justicia, debe recibir la misma gratificación.

–¿Y la calidad del trabajo, si se trata de trabajo calificado, profesional o técnico no se retribuiría en forma distinta?

–Habría que diferenciar. En la fase final sólo funcionará el mecanismo que decíamos antes, el director de una empresa que trabaja cuarenta horas recibirá lo mismo que el obrero que trabaje ese tiempo, porque ésa es la justicia absoluta, ambos se esfuerzan por igual. Pero en la fase de transición, habrá que hacer lo que se hizo en el socialismo realmente existente, que fue limitar el múltiplo que puede haber entre un trabajo complejo, como decía Marx, y un trabajo sencillo. Aquí hacemos esta concesión al sentido de justicia porque no se puede determinar objetivamente por qué un ingeniero debe ganar cinco veces más que un mecánico o sólo 4.2. Habrá que sacrificar esa medida absoluta del valor en aras de la transición porque, de lo contrario, el ingeniero se va a Miami. Porque por supuesto el proceso de cambio hacia la nueva civilización poscapitalista va a empezar por regiones y se plantearán problemas prácticos para no perder a la gente preparada.

–Para el viejo socialismo, el sujeto de cambio es el proletariado industrial, ¿cuál sería el sujeto de cambio en el proceso de construcción del nuevo socialismo?

–Yo creo que podemos diferenciar el sujeto de cambio en dos grandes grupos. Por un lado todos los excluidos. Y por el otro todos los que por ética no quieren ser cómplices de esta situación. Los excluidos se han expresado por ejemplo en el proceso de Chiapas, en el MST de Brasil, en los indígenas del Ecuador, los cocaleros de Bolivia. En el fondo hay un hilo rojo que los vincula a todos, además de los conflictos étnicos y culturales, que es la destrucción del pequeño campesino en América latina. El capitalismo penetra con la agroindustria y, como sucedió con la acumulación original de capital en Europa, destruye a esa clase social. Estamos hablando de 150 millones de personas. Lo mismo ha sucedido con el trabajador industrial clásico que hoy, tanto en calidad de vida, como cantidad, es sólo una sombra de lo que fue. Lo mismo sucede con el ALCA para el pequeño empresario. Entonces hay tres grandes clases sociales que no tienen lugar en el modelo neoliberal del ALCA, por ejemplo. Estamos hablando de 200 millones de personas. Cuando esa gente pierde su base de subsistencia se integra al ejército de desempleados y subempleados y se encuentra con los sujetos sociales no clasistas, con los 80 millones de afroamericanos, absolutamente marginados, se encuentra con 50 millones deindígenas marginados, se encuentra con las amas de casa que no tienen reconocimiento de su valor económico... Estos son los excluidos que tienen un interés vital por cambiar las cosas. Por otro lado están los intelectuales que por ética no quieren ser cómplices de un sistema tan brutal como éste. Estos serían los sujetos que cambiarían esta realidad.

–¿La cultura y la identidad jugarían un rol más fuerte en cuanto a los sujetos de cambio, que lo que sucedía con el estereotipo del obrero industrial que planteaba el viejo socialismo?

–En el "Manifiesto Comunista" Marx llama a la unión de los proletarios. El "Manifiesto" es un programa de lucha escrito en 1848 para Europa, es un programa regional de lucha. La lógica de ese programa es la siguiente: si el obrero industrial en Inglaterra, Francia y Alemania, vive en condiciones semejantes, su carga cultural también es semejante y esto crea la posibilidad de que luchen por la misma programática de cambio. Hoy en día es diferente porque el trabajador en Alemania es, en el fondo, clase media baja, absolutamente diferente al trabajador de México o de Argentina y la unión entre esas clases sociales es casi imposible. En América latina la identidad de una nación indígena es muy diferente a la de un trabajador industrial, pero tienen un elemento en común que es que no tendrán condiciones de vida adecuadas en este modelo neoliberal porque sus leyes de marcado y las del país están hechas para los grandes, no para los pequeños...

–¿Este nuevo movimiento social incorpora esta realidad cultural pluralista y no tan sólo la del obrero industrial?

–Absolutamente. Nosotros tenemos que convertir el Estado Nacional en una convivencia multicultural, multiétnica, porque el Estado nacional históricamente nace metiendo en una camisa de fuerza a diferentes naciones, España es el mejor ejemplo. En América latina también sucede. Nadie escucha a los pueblos ni respeta sus identidades. Por diferentes razones hoy podríamos convivir en un Estado federal, democrático y respetuoso de las identidades de los diferentes grupos.

–¿Y cuáles serían las vías hacia esta transformación de la sociedad?

–A mi juicio serían las siguientes: las condiciones objetivas para el cambio se están dando, porque el mismo sistema se concentra cada vez más; el 84 por ciento de la riqueza mundial está en el primer mundo y excluye a cinco mil millones de seres humanos. Un sistema así no puede ser estable. Lo que faltan son las condiciones subjetivas, es decir no ha habido un proyecto histórico de cambio. El concepto proyecto histórico es clave en esto. Si reflexionamos sobre la historia, vemos que surge siempre una clase que empieza una nueva civilización porque ha tenido una visión del futuro, de lo que iba a ser la economía y la convivencia política. Así nace el proyecto histórico de la burguesía y el proyecto histórico de Marx y Engels y antes el de los esclavistas romanos. Lo que tenemos que saber es cuál es el proyecto histórico de las mayorías excluidas frente a una civilización que ya no tiene razón de ser. La primera tarea es entender cuáles son las instituciones constitutivas de la nueva civilización.

–¿A qué llama usted instituciones constitutivas?

–A las instituciones básicas que sostienen una civilización. En la sociedad burguesa son la economía nacional de mercado, la democracia solamente formal y el sujeto. La economía nacional de mercado ya no cumple con su función de satisfacer las necesidades de la gente porque cada vez hay más gente en la miseria; la democracia formal sufre una fuerte involución, como se vio en el robo de las elecciones en los Estados Unidos. La plutocracia liquida esos mecanismos formales y no puede dar espacio a la democracia participativa. Así el sujeto racional y ético será cada vez más peligroso porque cuanto más crece la productividad del trabajo, hay más excluidos. Se está peor en vez de mejor y una persona ética va a protestar. Entonces el sistema tiene cada vez mayor necesidad de controlar las mentes y de conceder menos libertad en lo cultural y lo político. Esas instituciones están agotadas estructuralmente.

–¿Cuáles serían las nuevas instituciones, las que vendrían a reemplazarlas?

–En el plano económico será la economía democráticamente planificada. Se trata de una economía que no está basada en el principio destructivo de la competencia, porque si le gano a otro, quiere decir que lo destruí económicamente. En el plano político hay que entender a la democracia como la propiedad de un sistema social. Esta característica tiene tres dimensiones que son la democracia formal, la democracia social y la democracia participativa. De esas tres dimensiones de la democracia, en la sociedad burguesa sólo hay una realizada a medias en los Estados del primer mundo. La democracia participativa mejora e integra a la democracia formal. Estas dos instituciones, la economía democráticamente planificada y la democracia participativa, crean el entorno para que el sujeto pueda ser lo que siempre ha querido ser en la filosofía burguesa: un sujeto completo, racional por la ciencia, ético y estético. Estas serían las tres columnas sobre las cuales se construiría la civilización poscapitalista.



¿POR QUE HEINZ DIETERICH?

El debate que comienza

La izquierda, y en general los sectores populares, no han podido mellar la hegemonía absoluta del neoliberalismo en los últimos años, tanto en el plano de la economía como en el de las ideas. Surgieron formas de resistencia a los modelos neoliberales, pero no propuestas de construcción alternativas a éstos. Dieterich se doctoró en Física y en Ciencias Sociales y Economía en la RFA, desde hace diez años reside en México y ha publicado numerosos libros sobre Latinoamérica y la crítica a la globalización. En esta oportunidad visitó Argentina para participar en un seminario organizado por la mutual "Sentimiento" de ex presos políticos y ex exiliados y para presentar su libro Bases del Nuevo Socialismo.

Dieterich parece tomar ventaja en la polémica por el desarrollo de nuevas propuestas y en este libro trata de diseñar el "nuevo proyecto histórico de las mayorías". Dieterich descarta los conceptos de valor de uso y valor de cambio que se utilizaban en el socialismo y en el capitalismo. Se basa en las teorías económicas de su compatriota Arno Peters sobre el valor objetivo, que se obtiene a través de complicados cálculos matemáticos que suman el esfuerzo y los insumos –y a su vez el valor de éstos– que se requieren para la producción de un bien, desde la extracción de la materia prima hasta su fase final. En la entrevista, este concepto está simplificado como tiempo de trabajo, pero es más complejo.

Las propuestas de Dieterich incorporan muchas de las ideas que se han ido desarrollando en los últimos años y les agrega su propuesta en el plano de la organización económica. Pero el debate recién comienza, no hay certezas ni verdades reveladas y serán las mayorías –como señala Dieterich–, las que en definitiva elegirán su camino.