LUCHA ANTIGLOBALIZACIÓN 

23 de enero del 2003

Davos: la fortaleza alpina

Yvonne Zimmermann
Rebelión

A fines de este mes, en un pueblo escondido en los Alpes suizos, se van a encontrar los 2000 hombres más poderosos de este planeta. ¿Qué harán allí, y por qué militarizan las fuerzas de seguridad suizas la región entera y limitan los derechos cívicos en esta temporada?

No es la primera vez que un círculo de hombres poderosos, que se llaman a sí mismos "líderes globales", se reúne en Davos, un pueblito tranquilo escondido en las montañas suizas. Al contrario, ya son 33 años que el Foro Ecónomico Mundial realiza allí su encuentro anual, para planear el futuro del mundo. Sin embargo, es la primera vez que se crea, a la vez, una fortaleza en esa región alpina y que se limitan, profundamente, los derechos básicos de las personas. A más de diez días de que empiece el encuentro del Foro Ecomómico Mundial, la policía controla a la gente que viaja hacia el pueblo turístico Davos. En Davos mismo, de demarcaron zonas especiales donde sólo los participantes del Foro y los vecinos pueden entrar. No obstante, incluso los vecinos necesitan una autorización de la policía para caminar en la calle hasta su casa, si ésta se encuentra en la zona especial. En total, se gastan 14 millones de francos suizos (más de 10 millones de dólares) y se posicionan unos 3300 efectivos alrededor de Davos. La iglesia que está junto a un hotel lujoso sólo deja entrar a las personas que anuncien su llegada a la misa del domingo con anticipación.

La razón para tantas restricciones y tanto control no es, como se podría pensar, el miedo a posibles atentados contra los empresarios o políticos presentes. Mucho más dolor de cabeza representa para las autoridades los manifestantes que se preparan para ir a Davos el 25 de enero: se estima que hasta 10000 personas quieran viajar al pueblito lejano montañoso para protestar en contra del Foro Económico Mundial.

La forja del neoliberalismo

Ellos tienen sus razones: es en el foro en Davos donde se preparan, detrás de puertas cerradas, acuerdos y negocios que para millones de personas del planeta tienen efectos desastrosos. En Davos empezaron las negociaciones para la liberalización del mercado financiero; y el Foro mismo preparó la llamada ronda de Uruguay que llevó a la fundación de la Organización Mundial del Comercio (OMC), una de las instituciones que más empuje da a la política neoliberal a nivel mundial. Esta política, inaugurada hace unos treinta años en Chile, bajo la dictadura de Pinochet, ha logrado arruinar docenas de países y empobrecer a millones de hombres y mujeres a través de privatizaciones o la llamada liberalización del mercado. En Davos también están presentes hombres responsables de las nuevas guerras así como sus beneficiarios. Además, en el ambiente relajado de un bar del hotel, en un cuarto más tranquilo o durante la cena lujosa del Foro, se preparan negocios de millones de dólares entre empresarios y políticos.

Davos es el lugar perfecto para este tipo de acuerdos. En el encuentro anual del Foro Económico Mundial se mezclan los empresarios más poderosos con políticos, científicos, representantes de los grandes medios y algunos artistas. Los miembros del Foro son las mil empresas más grandes del mundo, 235 de las cuales tienen sede en los Estados Unidos. Estas empresas se llaman Coca Cola, Microsoft, Shell, Volkswagen o Nestlé, para mencionar algunas. Uno de los políticos invitados este año es John Ashcroft, ministro de justicia de EEUU, otro es el canciller de EEUU Colin Powell.

¿La toma del sector público por empresas transnacionales?

En su página web, el Foro Económico Mundial explica que su meta es "mejorar el estado del mundo". En la Cumbre Latinoamericana de Comercio, que tuvo lugar en noviembre pasado en Rio de Janeiro, se aclaró qué entiende el Foro con esta linda frase: allí se trató principalmente de cómo el sector privado, es decir las empresas transnacionales, pueden influir más directamente la política. Booz Allen, una empresa de consulting de EEUU, comentó la cumbre latinoamericana de la siguiente manera: "El sector privado necesita un papel mayor cuando se trata de fortalecer las instituciones, especialmente en la reforma del sistema jurídico, en el sistema electoral o en el financiamiento de campañas políticas."

Mientras se trate prácticamente de la toma del sector público, el Foro Económico Mundial presenta su encuentro anual bajo el lema "Crear Confianza". Con esto se pretende superar la crisis de confianza que sufrieron numerosas empresas transnacionales el año pasado a través de sus balanzas falsas, escándalos varios y bancarrotas. A la vez, busca ganar la confianza de la población civil que se ve cada vez más atacada por la política de los miembros del Foro. También en países como Suiza, sectores de la población poco a poco pierden derechos - por ejemplo el derecho a la educación gratuita o al seguro social- que otrora fueron los logros del movimiento obrero después de décadas de lucha. Más aún: la gente de Davos se da cuenta de que pueden quitarles sus derechos cíviles supuestamente para la protección de un encuentro privado de los más ricos del mundo. Así que no sólo el Foro Económico Mundial, sino también las autoridades suizas intentan legitimar el encuentro y neutralizar las protestas.

En este contexto, el Foro Económico Mundial creó el "Foro Abierto" (Open Forum) que pretende ser un diálogo con la sociedad civil. Allí participan instituciones elegidas por el Foro, mientras los movimientos sociales, los sindicatos hasta muchas ONG's rechazaron conversaciones con éste puesto que lo ven como una institución sin legitimidad alguna. Las autoridades de Davos, por su parte, autorizaron por primera vez una manifestación en contra del Foro después de que su actitud en los últimos años le hiciera recibir muchas críticas: siempre había prohibido cualquier manifestación mientras permitía el Foro. Además, para garantizar que el Foro tuviera lugar sin problemas, había implementado restricciones del derecho a la libre circulación y a la expresión. Hace dos años esto llevó a una situación en que la policía contuvo a alrededor de cinco mil manifestantes en una estación de tren lejana, con gases lacrimógenos, para impedir una manifestación en Davos. Cuando caldeó la situación y numerosos manifestantes salieron heridos por balines de goma, las autoridades se vieron bajo presión y declararon al año siguiente que no podían garantizar por la seguridad de los participantes del Foro sin violar los derechos básicos de la ciudadanía. El fundador del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, inmediatamente cambió su retórica y declaró que se iba con el Foro a Nueva York para demostrar solidaridad con las víctimas del derrumbe de las torres gemelas.

Controles cuestionables para contener la protesta

Este año el Foro está de regreso al pueblo montañoso. Las autoridades de Davos, para mantener la imagen democrática, autorizaron la manifestación. Sin embargo, las las fuerzas de seguridad siguen interesadas en contenerla y controlar a cada uno y cada una de los manifestantes: en el único carril a Davos construyeron una estación de tren, donde, según ellos, los manifestantes tienen que caminar por un corredor y dejarse controlar. También limitaron los derechos de sobrevolar Davos: avionetas no anunciadas, dijeron, arriesgan ser disparadas. Este concepto de control no llega a tierra fértil. Los manifestantes ya anunciaron que no aceptarán el control. Con razón: los datos registrados en controles anteriores los usaba la policía arbitrariamente para detener a personas no deseadas antes de una manifestación. Con ellos crearon la llamada lista negra que intentan ampliar este año con los nuevos datos que serán recogidos. Así las cosas, la policía tiene la potestad de decir quiénes tienen derecho a protestar y quiénes no. La respuesta de los manifestantes frente a este concepto de control es que las protestas no se van a dirigir solamente contra el Foro Económico Mundial: como dijeron los organizadores de la manifestación, cada uno de los puestos de control se va a convertir en un lugar de protesta.

Y si pasa otra vez que los manifestantes no puedan llegar a Davos, esta vez por los controles de la policía, puede ser que este encuentro del Foro Económico Mundial sea el último que tenga lugar en el pueblo escondido en los Alpes suizos.