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E S P A Ñ A 

15 de noviembre del 2003

Las mujeres al trono. Los plebeyos donde dios manda

Alfonso Cortés
marbelladigital

Es curioso observar el revuelo que ha suscitado el anuncio de boda de Felipe de Borbón con Leticia Ortiz (Leticia con 'z' es una excentricidad que no quiero asumir). A los españoles y españolas parece que se les cae la baba, y que están ilusionadísimos, contentos de que, según ellos, se asegure la diferenciación de cuna institucional en un país que se cree democrático.

La verdad que no debe ser muy meritorio por parte del príncipe de Asturias el contraer matrimonio; no es ninguna hazaña. Mi primo el adefesio del pueblo, se casó el año pasado, y eso si que es motivo de admiración, de llevarlo a los altares por el conspicuo milagro. ¿pero el príncipe? Él lo tiene chupado, desde el bodorrio, pasando por el viaje, hasta llegar a la vivienda, se lo pagamos todos los ciudadanos (súbditos, si nos acogemos a la terminología oficial) que seguro tenemos problemas para llegar a fin de mes.

Por si fuera poco es bien parecido, está 'forrao' y es famoso; cualquier persona en esta era de la imagen desearía casarse con él. Por lo tanto no hagamos tanto jaleo, que lo sucedido era lo previsible y de lo previsible no nacen los héroes.

Relacionado con este asunto, se ha puesto sobre la mesa el debate de la Ley Sálica, y desde feministas hasta machistas de la izquierda a la derecha, discuten sobre una reforma constitucional, para que el primogénito o la primogénita, reine independientemente de su sexo, de lo contrario, según opinan, se está vulnerando la constitución. ¡toma castaña! ¿Desde cuando la institución monárquica, nacida antes incluso que la Iglesia Católica, fue democrática? Democracia y monarquía son dos conceptos que jamás podremos unir sin artificios. Y nuestro tipo de estado, al igual que el inglés o el holandés, es sin duda un artificio político.

Así pues, reflexionemos y seamos coherentes, si queremos una jefatura de estado democrática y actual, tendremos que proclamar una república, sino aceptemos la monarquía como es, ya que el único valor que tiene (y tal valor es discutible, por cierto) es la tradición. La monarquía, no solo vulnera la constitución, sino la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ya que manteniendo monarquías evidenciamos, de entrada, que no todos los seres humanos nacen iguales. Supongo coherente que es más importante que los pueblos elijan a sus representantes diplomáticos, que un príncipe encantado elija esposa.

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