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E S P A Ñ A 

27 de abril del 2004

Sociedades interpuestas, paraisos fiscales, empresas fraudulentas...

Manuel Prado y Colón de Carvajal, administrador privado de su Majestad el Rey de las Españas, ingresa en prisión

José García Abad
El Siglo

Manuel Prado y Colón de Carvajal, administrador privado del Rey durante dos décadas y su mejor amigo durante los tres últimos decenios, podría evitar la prisión muy fácilmente: simplemente devolviendo el dinero que cobró impropiamente de KIO, el complejo inversor del gobierno kuwaití.

En efecto, Prado tiene a su favor tres hechos importantes: 1º) Que la sentencia es relativamente leve: dos años de prisión. 2º) Su provecta edad, 73 años, y delicada salud y 3º) Que no tiene antecedentes penales.Pero para la Sala Primera de lo Penal que preside Siro García y para la jurisprudencia y la ejemplaridad social hay un imperativo insalvable: la devolución del dinero defraudado.

Prado parece dispuesto a todo antes de soltar los cerca de 5.000 millones de pesetas -unos 30 millones de euros- que debe pagar en esta primera pieza del macroproceso de KIO: 2.000 millones (unos 12 millones de euros) más los intereses que corren desde 1992. Su última argucia ha sido la de decirle al tribunal: cóbrenselo de los bienes que me han embargado que, según ustedes, son de mi propiedad.

La oferta tiene 'truco' y la sala de la Audiencia Nacional que tuvo que decidir sobre la ejecución de la sentencia del Tribunal Supremo, que está harta de tanta trapacería, no ha mordido el anzuelo; todos los bienes de Prado están encubiertos por una tela espesa, prácticamente impenetrable de sociedades interpuestas; tales sociedades están sometidas a un embargo precautorio en pieza aparte de responsabilidad civil cuya documentación abarca 15 tomos repletos y densos. Para hacerse con el patrimonio de Prado habría que desembarcar en cada una de las sociedades y proceder a una investigación minuciosa en un procedimiento largo y complicado a lo largo de muchos años, quizá más de los que alcanza la esperanza de vida de Prado. Los agentes judiciales se toparían con sociedades fantasma que intermedian a otras sociedades vaporosas cuyo origen se pierde en paraísos fiscales; chocarían con astutos administradores que no son empresarios sino avezados juristas aplicados a trabar la investigación.

Agotados todos sus cartuchos judiciales, Prado se ha valido del que le quedaba en la recámara: presentar un recurso de súplica. Pero la sala, harta de tan torticero proceder, ha citado al personaje aun antes de contestar a esta última petición suplicatoria que no impide el cumplimiento de la sentencia.

Culminado el 'caso Wardbase', sigue avanzando, sin prisa pero sin pausa, el caso Pincinco también inserto en el proceso KIO, pero que tiene mayor entidad, pues reclaman al administrador del Rey los 8.000 millones de pesetas defraudadas más otros 5.000 millones en concepto de intereses. La suma de ambos casos, Pincinco y Wardbase, cifra el dinero obtenido ilegalmente por Prado de la agencia kuwaití: 18.000 millones de pesetas -unos 108 millones de euros-.

Todo este asunto resulta muy enojoso para el Rey Juan Carlos, que ha mantenido con su administrador una estrecha amistad desde 1974. «Un amigo muy íntimo [...], el único en que podía depositar mi confianza» cuenta el Monarca a José Luis de Vilallonga al referirse a la misión que le confió para enviar un mensaje tranquilizador a Santiago Carrillo en vida o moribundia de Franco. Y la Reina le incluye entre las personas de la casa, con minúscula, según relata Doña Sofía a Pilar Urbano comentando los sucesos del 23-F: «Nos juntamos la familia, las personas de la casa, Mondéjar, Valenzuela, Sabino, Manolo Prado y algún otro amigo de mi marido».

Manuel Prado compartirá cárcel con otros dos amigos del Monarca que también se ocuparon de los intereses de éste: Mario Conde y Javier de la Rosa. La nómina de perseguidos por la Justicia incluye también a un personaje tan huidizo como Prado: el supuesto príncipe Tchokotoua. El Monarca, que dispone de tan privilegiada nariz, no parece aplicarla a la selección de sus amigos.

El otro jefe de la casa

Pero el caso Prado es mucho más embarazoso para el Monarca por su dilatada relación mercantil como administrador privado y socio en diversas iniciativas económicas, porque prácticamente vivía en palacio, donde zascandileaba como Pedro por su casa hasta el punto de que los funcionarios se referían a él como «el jefe de la Casa Bis». Prado sin embargo se califica a sí mismo como 'el perro del Rey'.

Estas circunstancias de amistad, entrega y sumisión total ante el Rey hacen muy turbadora la acusación de Javier de la Rosa, el hombre de KIO en España, de que los cien millones de dólares entregados al administrador privado del Rey estaban destinados al administrado para generar un buen ambiente para los intereses de la familia real kuwaití. ¿Utilizó Prado, su cercanía al Rey para embolsarse el dinero? Sea cuál fuera la respuesta correcta, lo cierto es que se ha generado una apariencia sumamente molesta para el Jefe del Estado.

Prado fue eliminado, por consideración del emir kuwaití hacia el Rey de España, de la lista de los que persigue la Corte Comercial de Londres en busca del dinero desaparecido, pero no ha podido evitar que Javier de la Rosa se defendiera de la acusación formulada por la agencia gubernamental del emirato de haberse apropiado de 100.000 millones de pesetas y de acumular unas pérdidas de 500.000 millones acusando al Monarca. JR asegura que parte de ese dinero fue utilizado para pagar servicios políticos a favor de la causa kuwaití. Argumenta Prado que los cien millones de dólares los cobró en concepto de asesoramiento, dictámenes, protocolos, gastos de comunicación etcétera, una justificación que recuerda las cuentas del Gran Capitán, cuando fue requerido a explicar sus gastos en la campaña de Flandes.

Prado se salvó de la Corte Comercial londinense a costa de implicar involuntaria pero imprudentemente a Juan Carlos I de España. No es que acusara al Monarca -en eso Prado es una tumba- sino que el Rey aparece en sus conversaciones telefónicas con importantes personalidades del emirato. Casualmente tales cintas aparecieron en el despacho de Javier de la Rosa, quien las utilizó para justificar la evaporación del dinero kuwaití.

Generoso JR

El 18 de diciembre de 2002 la Sección Primera de lo Penal de la Audiencia Nacional notificó la condena de cinco años y medio de prisión para Javier de la Rosa y dos años de cárcel para Manuel Prado y Colón de Carvajal por los delitos de apropiación indebida y falsedad documental por el abono a Wardbase, empresa fantasma de Prado, de cerca de 2.000 millones de pesetas procedentes de KIO, que posteriormente fueron a parar a una cuenta suiza del embajador. Se condenaba al sevillano de Quito a devolver dicha cantidad -12 millones de euros- al Grupo Torras, cabeza de KIO en España. Casi la totalidad de ese dinero, 1.900 millones de pesetas, tuvo como destino, según se prueba en la sentencia, una cuenta de Manuel Prado en Suiza. La sentencia fue confirmada por el Tribunal Supremo el pasado mes de febrero.

Todo empezó cuando Prado convence en 1987 al Monarca para que le releve de una misión comprometida: viajar a Kuwait para convencer al emir de que Javier de la Rosa no era la persona adecuada para representar a KIO en España, tal como Felipe González le había pedido al Rey. Semejante negativa, inédita en un personaje que nunca discutía los encargos de Don Juan Carlos, le reporta al sevillano de adopción el más profundo agradecimiento por parte del catalán, que le da participación en casi todos los negocios que emprende.

En octubre de 1990, cuando Kuwait es ocupado por Sadam Husein, Javier de la Rosa remite a Prado 80 millones de dólares a su cuenta en la Societé Generale de Banque (Sonegal) en Ginebra.Posteriormente De la Rosa le enviará 20 millones de dólares que completarían los 100 millones en cuestión.

El administrador del Rey se ve obligado a cumplir con la generosidad del catalán, que no sólo le ha asociado en sus pelotazos sino que se había tomado las mayores molestias para intimar con el san Pedro de la Zarzuela, el amo de todas las llaves de palacio: intentó hacerse con una finca en Huelva lindante con la suya y compró una caseta en la Feria de Sevilla para alternar con el jefe de la Casa bis de Su Majestad.

Cuando en 1991, tras la Guerra del Golfo se desencadena el escándalo, JR trata de cobrarse los servicios que asegura haber hecho al Rey. El intrépido catalán necesita más que nunca la respetabilidad que irradia el Monarca.

En junio de 1992, Manuel Prado le organiza un pequeño refrigerio con la Familia Real al completo. JR saca pecho. Quiere demostrar que está bien protegido. De vuelta a Barcelona se encuentra en el aeropuerto con Miguel Roca, a quien invita a hacer el viaje en su avión privado. Tenía prisa en que se supiera en la Ciudad Condal y en el mundo entero con quién había comido y lo cordialmente que habían conversado.

Cuando, a finales de 1993, Prado intenta desmarcarse saliendo de las empresas en las que estaba asociado con el catalán, ya es demasiado tarde. De la Rosa, que intenta retenerle sin éxito, le arrastra en la caída. Ya sólo se verán para enfrentarse en el banquillo de los acusados.

Si la prensa, sumamente protectora con Don Juan Carlos, no investigó a fondo las acusaciones vertidas contra él, muchas de ellas meras calumnias, como 10 años antes había ocurrido con las de Ruiz Mateos, la Justicia hizo lo mismo.

Advertencias de De la Rosa

Las denuncias de Javier de la Rosa exigían que el poder judicial excitara el celo de la Justicia contra quien podía estar calumniando al Jefe del Estado: aseguró que disponía de cartas con membrete de la Casa Real; que guardaba grabaciones en el hotel Claridge de Londres en las que Don Juan Carlos agradecía las aportaciones hechas a Prado; que podía presentar cartas de éste, quien en nombre del Rey agradecía el envío de 429 millones de dólares.

El fiscal general del Estado, Carlos Granados, trató de abortar un escándalo en ciernes asegurando que el Rey era «totalmente ajeno» a los negocios entre De la Rosa y Prado, pero no estimó conveniente instar el procesamiento del supuesto calumniador. Una faena para el Monarca, pues un juicio por calumnias podría haberle dejado libre de polvo y paja para hoy y para la Historia.

Como en otros episodios relacionados con el Monarca se optó por movilizar al CESID, nuestro servicio de espionaje, que había realizado grabaciones al Rey y a su entorno pícaro y que presionó para que Manuel Prado huyera de España. Como también hicieron el jefe de la Casa del Rey, Fernando Almansa, y el periodista Luis María Anson, que temían el efecto que tales hechos podrían tener sobre la institución. No hay jefe de Estado europeo que hubiera salido indemne de tamañas apariencias comprometedoras, pero el Rey disfruta de la sobreprotección de la prensa, del agradecimiento general por los servicios prestados al país en la tripulación del proceso democrático y de la simpatía general.

Prado es el secretario de todos los secretos del Rey. Ha sido durante muchos años su «embajador permanente», el socio, el administrador y el amigo del alma. Es un personaje que combina características de pícaro y de héroe. Ha hecho fortuna a la sombra del Monarca, pero también éste se ha beneficiado de sus buenos oficios. Manolo, como le llaman los reyes, un buscavidas de resonante apellido a quien se le supone descendiente de Cristóbal Colón por parte de madre, nació en Quito en 1931 -tiene ahora 73 años- hijo de un diplomático chileno que luchó como voluntario franquista en la Guerra Civil. Conoció a Don Juan Carlos cuando éste era príncipe en una cena organizada por su primo el infante don Carlos de Borbón Dos Sicilias, duque de Calabria. Y congeniaron a primera vista, «una relación intensa en la frecuencia y honda en la afectividad», según lo ha expresado Prado.

Pronto vio la oportunidad de enriquecerse cultivando a determinados aventureros, como el supuesto príncipe georgiano Zourab Tchokotoua, de confusa andadura, casado con Marieta de Salas, una de las amigas de la Reina, con la que ésta solía salir de compras, también amigo de JR, quien le señaló en su declaración judicial como mediador de un dinero supuestamente entregado al Rey, y juzgado por una estafa inmobiliaria en Palma de Mallorca.

Misión secreta

Manolo, que inició su aventura empresarial con Simeón de Bulgaria, intermediaba todo lo intermediable y lo no intermediable, como el buen nombre de Su Majestad. Empezó a ser requerido en los 70 por distintas multinacionales como la Ford o la General Electric por su cercanía al Monarca. Tuvo su momento épico cuando, en 1975, unos meses antes de la muerte de Franco, Don Juan Carlos le envió a una misión secreta a Rumanía para entregar un mensaje a Carrillo por medio de Ceaucescu, y dos días después de la muerte del caudillo le encarga una misión en Washington: explicar sus intenciones democráticas.

El Rey premió los servicios de su hombre de confianza: la presidencia de Iberia en septiembre de 1976 y la del Centro Iberoamericano de Cooperación. A Manolo no se la ha regateado ningún honor, como el de ser designado senador real en junio de 1977 y presidente de la Comisión del V Centenario en 1981. Es miembro fundador de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción que preside la Reina, ha sido presidente de Adena, es caballero de la Orden Militar de Santiago, caballero de Honor y Devoción de la Soberana Orden Militar de Malta, caballero del Real Cuerpo colegiado de Hijosdalgos de la Nobleza de Madrid, Gran Cruz al Mérito Aeronáutico, Gran Cruz al Mérito Naval, Comendador de la Legión de Honor de Francia, Real Orden de Abdul Asís de Arabia Saudí, etcétera.

Sus negocios han sido variopintos, casi siempre en el terreno de la intermediación: desde gestiones para exportar barcos hasta la actividad inmobiliaria. Los Prado, Manuel y Diego, fueron los promotores del Banco de Descuento, que presidía este último cuando, con un agujero de 20.000 millones de pesetas, fue intervenido por el Banco de España en 1981.

El administrador privado del Rey se ha metido en muchos charcos. Su declinar comienza con la caída de su socio De la Rosa y el ascenso en palacio de Mario Conde, una operación que culmina en enero de 1993 cuando el banquero coloca de jefe de la Casa de Su Majestad a Fernando Almansa en sustitución de Sabino Fernández Campo. Caído Conde, el sevillano de Quito vuelve a tener una posición fuerte cerca del Monarca, con quien mantiene una amistad a toda prueba.

Este hombre singular, un seductor de los más altos personajes, tiene una cita mañana a las 10 de la mañana. Si no se presenta con 30 millones de euros, ingresará en la cárcel. La sala, harta de tantas estratagemas ha decidido que ya está bien de argucias dilatorias.

* José García Abad. Director de "El Siglo", autor de "La soledad del Rey" (Ed. La Esfera de los Libros).

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