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V E N E Z U E L A 

18 de noviembre del 2003

Ante la coyuntura del reafirmazo y el revocatorio

Unidad cívico-militar para defender y profundizar la revolución bolivariana

Movimiento 13 de abril

El momento político

En Venezuela existe una situación que nosotros denominamos como INSUBORDINACIÓN POPULAR GENERALIZADA. Esta situación comenzó a gestarse a mediados de los años 80 y reventó con fuerza el 27-28 de febrero de 1989. Se mantuvo con altos y bajos en los noventa, hasta que permitió los triunfos electorales de Chávez entre 1998 y 2000, y finalmente resurgió con toda su fuerza el 13 de abril de 2002. Esta insubordinación consiste en la pérdida absoluta de credibilidad en las instancias del poder burgués y en los mecanismos tradicionales de dominación: partidos políticos, sindicatos, parlamento, tribunales, aparatos represivos, etc. Es por ello que el propio movimiento chavista es aluvional; no responde a los mecanismos tradicionales mediante los cuales un partido conquista el poder político.

No obstante, aunque el pueblo sabe lo que no le conviene, no sabe aún qué tipo de organizaciones y de postulados políticos debe confrontar ante el poder del capitalismo globalizado.

Por ello es que no se han constituido organismos de poder popular como sucedió en otras crisis como el París de 1871, Petrogrado en 1917, Bolivia en 1952. En esta falta de claridad ha contribuido la crisis político-ideológica de la izquierda, crisis que tiene su desarrollo específico en Venezuela pero que responde al colapso mundial del modelo leninista-soviético.

La llegada al poder de Hugo Chávez en 1999 encontró a un movimiento popular y revolucionario totalmente disperso, desorganizado y sin un programa político común y coherente. Esta situación, lamentablemente, se ha mantenido hasta el presente. Esta situación ha obligado a Chávez a apoyarse principalmente en los partidos reformistas burgueses de la izquierda tradicional (los cuales por cierto hacía tiempo que habían renegado de toda posición revolucionaria y anticapitalista), y en la estructura de las fuerzas armadas. En otras palabras, en las desviaciones del proceso revolucionario tienen responsabilidad los propios revolucionarios, por no haber sido capaces de presentar una alternativa político-organizativa que confronte y debata con los programas reformistas que postulan las organizaciones del llamado polo patriótico.

El proceso de cambios en Venezuela avanza en dos vertientes paralelas. Por arriba discurre una corriente burocrática, integrada por los partidos y sectores militares que han asumido la administración del Estado y la ejecución práctica del programa contenido en la Constitución Bolivariana. Por abajo, se movilizan centenares de miles de venezolanos, utilizando en algunos casos organizaciones de base de reciente conformación, como los círculos bolivarianos, en apoyo incondicional al proceso. Esta separación entre dirigentes y dirigidos es una grave debilidad del proceso y en términos históricos debe ser corregida para garantizar el futuro mismo de la revolución.

A pesar de estas limitaciones, la insubordinación popular ha generado una crisis histórica de enormes dimensiones para la burguesía y su poder en Venezuela. El desmoronamiento de los partidos y las instituciones entre 1989 y 1999 alcanzó niveles de destrucción casi total. Aún hoy, a casi cinco años de gobierno de Chávez, y a pesar de todos los problemas económicos causados por el saboteo criminal promovido por la burguesía criolla y el imperialismo, la burguesía no ha podido recuperar su liderazgo político y mucho menos asomar alternativas institucionales viables.

El elemento más resaltante del actual momento político es la evidente decisión del gobierno de los Estados Unidos de intentar derrocar por cualquier medio al gobierno de Hugo Chávez. La solicitud de referéndum revocatorio hecha por la oposición es el eje de la estrategia conspirativa.

Ante su evidente incapacidad de recoger las firmas necesarias para solicitar el revocatorio, la oposición prepara una nueva manipulación mediática luego del reafirmazo, pues saben que si no recogen las firmas sus opciones contra Chávez se postergarían hasta el 2006.

Preparan acciones violentas, apoyados por el imperio, y se puede configurar un nuevo intento por derrocar al presidente Chávez, e incluso de cometer magnicidio.

Las posibles deserciones en el bando oficialista es un elemento que vuelve a pesar debido a la presión explícita del gobierno norteamericano para sacar a Chávez del poder. El gobierno y las organizaciones populares deben prever y estar atentos ante esta posibilidad.

Estamos convencidos que en cualquier circunstancia el movimiento popular va a responder por cuenta propia. El pueblo no va a dejar que saquen a Chávez del poder. Tomará las calles ante cualquier crisis, y propiciará la definición de los cuerpos policiales y militares, como ocurrió el 13 de abril. Para nosotros es fundamental la vinculación que las organizaciones populares establezcan con los militares patriotas, en función de acordar mecanismos de apoyo y de ofensiva en caso de que se generalicen situaciones de violencia.

La certeza que tenemos es que cada día se generan y profundizan las condiciones para que en Venezuela ocurra una verdadera revolución social. Ese proceso implicaría la derrota definitiva de la burguesía criolla que por 170 años mantuvo al país como furgón de cola del imperialismo de turno, y la apertura a un verdadero poder popular, a una sociedad de democracia participativa y protagónica, que surgiría ante el mundo como la alternativa ante la incapacidad del modelo liberal parlamentario y del neoliberalismo económico para resolver las grandes necesidades de los pueblos. Implicaría también, y como condición necesaria, el desplazamiento de toda la burocracia que hasta ahora se plegó a Chávez en forma oportunista, sin compartir en absoluto los fundamentos nacionalistas y populares de los cambios que el presidente ha propuesto, y que ha venido siendo una traba tanto para el cumplimiento de los planes socioeconómicos gubernamentales como para la participación popular efectiva en la conducción de dichos planes.

La coyuntura del revocatorio y el reafirmazo

Nuevamente el proceso revolucionario venezolano debe enfrentarse a la conspiración imperialista que monta su estrategia en torno al referéndum revocatorio y el llamado reafirmazo. Y nuevamente, los sectores partidistas y "dirigentes" del proceso convocan a los movimientos organizados de base para ampliar su capacidad de acción, mermada por los graves errores y desviaciones que se han venido presentando en las fuerzas que acompañan este proceso.

Como ocurrió el 11, 12 y 13 de abril de 2002, como ocurrió en los dos meses que duró el paro petrolero golpista, nuevamente se recurre al pueblo para que salga a la calle a defender el proceso. No queremos que cuando haya pasado la emergencia, igual que sucedió en los eventos mencionados, la burocracia partidista vuelva a cerrar los espacios de participación a las organizaciones sociales.

Estamos conscientes de que la amenaza de la conspiración imperialista hace urgente la conjunción de fuerzas para defender el proceso de cambios que lidera el presidente Hugo Chávez.

Pero al mismo tiempo no deseamos ser utilizados. Por ello hemos querido exponer aquí algunas consideraciones sobre nuestra participación en el Comando Ayacucho, para potenciar la verdadera democracia protagónica consagrada en la Constitución Bolivariana.

1)No estamos cuestionando a ninguna organización partidista en particular, pues creemos que la negación de la democracia, la burocratización, el personalismo, el clientelismo, en otras palabras, la presencia de la vieja cultura política puntofijista, está presente por igual en todos los partidos y organizaciones, incluso en los movimientos más vinculados a la base social popular.

2)Nos preocupa sobre manera lo que ha venido ocurriendo en PDVSA, luego de derrotar el paro golpista. Ese triunfo se logró gracias a la inmensa participación popular. La voluntad estoica de la población permitió soportar todas las penurias derivadas de la paralización petrolera y empresarial, y con el aporte de numerosas organizaciones y sectores de base se logró reactivar progresivamente la industria. Pero en los últimos meses, PDVSA ha comenzado a cerrar las puertas que tuvo que abrir en diciembre-enero para poder derrotar a los conspiradores. Las cooperativas que se conformaron en el Zulia (más de cinco mil) se han estrellado contra el muro de la indiferencia de una gerencia que parece continuar la dañina filosofía meritocrática de quienes se fueron de la industria. Es más, los pocos contratos otorgados se han dado a cooperativas fantasmas conformadas por dirigentes políticos que aprovechan así su influencia en las alturas del poder. Las expectativas creadas durante los primeros meses de este año sobre la apertura de PDVSA al movimiento cooperativista no pasaron de ser un vulgar engaño a miles de personas que incluso participaron en decenas de cursos y asesorías en los CIED de Maracaibo y Tamare.

3)Lo que ocurre en PDVSA se repite de la misma forma en todas las instancias de la administración pública, por lo menos en este estado. Se ha ido constituyendo un neo- adequismo que consiste en reproducir todos los vicios del pasado, con el agravante de no contar con las virtudes que en una época tuvieron los partidos puntofijistas. Muchos funcionarios públicos violan la más elemental ética ciudadana y realizan actos reñidos con la ley, buscando enriquecerse a costa del erario público y el cobro de comisiones. Esta realidad necesita ser detenida de inmediato, y la única forma de lograrlo es a través de la contraloría social que realizan los ciudadanos a través de sus organizaciones de base.

Pero si las organizaciones de base no tienen espacios de participación política dentro del proceso, pues será imposible avanzar en esta dirección.

4)Se ha impuesto una modalidad de construir organizaciones políticas en base a la gestión estatal, ya sea controlando una determinada instancia (gobernación, alcaldía), o la ejecución de un programa social particular. De esta manera, los partidos y organizaciones políticas son en realidad funcionarios de una determinada institución. Eso explica, por ejemplo, el derrumbe del arismo en el Zulia, y porqué muchos de los seguidores de Arias hace apenas tres años hoy son furibundos chavistas. Mucha gente orienta su militancia hacia donde existan recursos económicos. De esta forma existe un profundo vacío político e ideológico en quienes asumen la gestión estatal en sus niveles medios y de ejecución.

No existen diferencias ideológicas sólidas entre un partido y otro. Lo que prevalece es una vulgar pugna burocrática por el control del Estado, donde los intereses del pueblo y de la nación son los convidados de piedra.

5)La designación de los cargos públicos se realiza bajo el criterio del reparto de parcelas de poder entre partidos y grupos. Exactamente la misma modalidad del bipartidismo adeco- copeyano. No se profundiza en el perfil ciudadano, político y profesional de los cargos, sino en su condición de amigo o miembro de determinado partido o grupo.

6)Nuestra Constitución postula la democracia participativa y protagónica, como una forma de organización de la sociedad más avanzada que la tradicional democracia representativa surgida del liberalismo parlamentario burgués. Esta democracia propuesta en la Constitución Bolivariana es el verdadero poder popular, surgido desde abajo, autogestionario y profundamente revolucionario. Pero no vemos en la práctica de los partidos y grupos nada que se distinga de la misma representatividad burguesa practicada en 40 años de puntofijismo. Sigue la misma división del trabajo entre dirigentes y dirigidos, entre quienes toman las decisiones y quienes las ejecutan. Tampoco vemos que se tenga conciencia de que el modelo constitucional es distinto, que no es un problema de quítate tú pa'ponerme yo. Pocos dirigentes hablan de abrir y practicar nuevas formas de participación democrática. Incluso la ejecución de fórmulas novedosas como los Consejos Locales de Planificación se realiza bajo los parámetros neo-adecos, intentando controlar burocráticamente los cargos de representación en esos consejos, y convirtiéndolos en simples ratificadores de las decisiones ya tomadas previamente por la alcaldía.

7)El pueblo ha alcanzado niveles de conciencia históricos, nunca antes vistos en el país, y sabe que este proceso es suyo, que Chávez es de los suyos, y está dispuesto a defender el proceso en cualquier terreno en que se plantee la confrontación. Pero aún no alcanza a comprender totalmente eso de la democracia protagónica y participativa. Hasta ahora la población ha estado esperando que el propio gobierno abra los canales de participación, sin ocuparse mucho de caminar por cuenta propia en esa dirección.

Las consideraciones anteriores generan una considerable debilidad al proyecto revolucionario que se adelanta en Venezuela bajo el liderazgo de Hugo Chávez. La ausencia de compromiso político y fortaleza ideológica en muchos dirigentes del proceso abre un boquete a la fácil penetración de los intereses de la burguesía internacional. Estamos convencidos que para el capitalismo globalizado el problema es cómo continuar haciendo negocios en Venezuela, cómo darle continuidad al modelo dependiente que por 200 años ha funcionado con los distintos gobiernos que hemos tenido desde Páez hasta Caldera. Al capital multinacional no le importa si hace negocios con adecos, con primero justicia, o con pretendidos chavistas. Su interés real es que nada cambie en el fondo.

El proyecto nacionalista y popular que encabeza Chávez puede perder su viabilidad en medio de los vicios que proliferan en las filas "revolucionarias". Ya en 1999-2000 hicimos considerables observaciones críticas hacia lo que en ese momento se dio en llamar el "dedo de Miquilena", es decir, la designación burocrática de funcionarios y candidatos, sin consideraciones político-ideológicas y sin la menor consulta hacia los múltiples y diversos sectores revolucionarios comprometidos con el proceso. Los nefastos resultados de esa política los hemos sufrido desde el año pasado, ejemplificado en la enorme cifra de funcionarios y diputados que han desertado de las filas revolucionarias, y de paso se han convertido en nuestros más rabiosos enemigos (comenzando por el mismo Miquilena).

La actual amenaza imperialista necesita de unas fuerzas populares bien organizadas y unidas en torno al programa revolucionario que promueve el presidente Chávez. Pero las limitaciones presentes en las "fuerzas del cambio" dificultan la incorporación de los movimientos sociales a la defensa activa de la revolución. Creemos que esta coyuntura puede ser favorable para avanzar en la articulación de las fuerzas sociales revolucionarias, y en el combate a los vicios burocráticos presentes en muchos partidos y dirigentes del proceso.

Propuestas

1)Impulsar la recogida de firmas para revocar el mandato de los diputados tránsfugas (Julio Montoya en el Municipio San Francisco).

2)Supervisar el reafirmazo de los conspiradores y prepararse con un plan de contingencia ante eventuales acciones violentas de los golpistas.

3)El trabajo articulado de las organizaciones populares de base que postulan y practican los principios de la democracia participativa y protagónica.

4)El fomento de los espacios de comunicación popular alternativa.

5)La formación político-ideológica de los dirigentes y activistas revolucionarios.

6)Construir instancias de poder popular alternativas a las inoperantes instituciones estatales.

7)Practicar en todas las esferas de acción social la nueva cultura política revolucionaria.

8)Rechazar la designación burocrática y el reparto entre partidos y grupos, de los funcionarios y candidatos ante instancias del Estado. Reivindicar la consulta democrática y el establecimiento de perfiles ciudadanos, profesionales y políticos para cada cargo.

9)Defensa del modelo de desarrollo basado en la economía social, enfrentando la reiteración del modelo dependiente y subordinado al capital multinacional que se realiza desde PDVSA y algunos ministerios.

10)Ejecución real de la demarcación de territorios indígenas, desenmascarando a los pseudo- dirigentes que han obstaculizado hasta ahora este mandato constitucional.

11)Combatir los planes de expansión de la explotación carbonífera en el Zulia, que amenazan las fuentes hídricas de la población y violentan el hábitat de las etnias indígenas.

12)No reconocemos organizaciones ni dirigentes autoproclamados. Respetamos los liderazgos que reconoce el pueblo sobre la base de una consecuencia con las luchas sociales, pero nos distanciamos de aquellos líderes mediáticos y repartidores de favores.

13)Denunciar los planes separatistas que el imperialismo promueve en el Zulia, realizando campañas por la unidad nacional y los valores de la venezolanidad, a la vez que se desenmascaran los intereses económicos y políticos del imperio y las multinacionales.

14)Reestablecer los derechos humanos y sociales de los ciudadanos venezolanos y refugiados que habitan en nuestras fronteras, para ganar la batalla política y cultural al intervensionismo solapado en el Plan Colombia. 15)Unidad cívico-militar si ocurre un nuevo intento por derrocar al presidente Chávez. Participación activa de los movimientos sociales en la defensa del proceso.

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