| E L C U A R T O R E I C H |
28 de mayo del 2004 |
Terry Jones
The Guardian.
Traducido para Rebelión por Mariví Martínez M.
Tony Blair nos dice que debemos hacer todo lo que podamos para apoyar a Estados Unidos. Y yo estoy de acuerdo. Creo que debemos repudiar a aquellos que le hacen daño a los estadounidenses, debemos rechazar a aquellos que llevan al propio EE.UU. al descrédito y deberíamos denunciar a todos aquellos que amenazan la libertad y la democracia, sinónimos del ser americano.
De ahí que el reciente anuncio de Tony sobre su deseo de caminar hombro con hombro con George Bush resulte tan desconcertante. Cuesta pensar en alguien que haya causado más daño a los estadounidenses que su actual presidente. Desde que asumió el cargo de hombre más poderoso del mundo, cuatro millones de estadounidenses han perdido su seguro social y dos millones de puestos de trabajo han desaparecido. De acuerdo a un informe de CNN, "la mitad de los estadounidenses están viviendo de sueldo en sueldo -- de hecho un cheque de sueldo los separa de la pobreza". Y el último presupuesto del Sr. Bush propone retirar el apoyo de todo tipo a familias trabajadoras con ingresos anuales inferiores a u$s35.000. Al mismo tiempo, la deuda pública se ha disparado a más de 26.000 dólares por familia.
En cuanto a lo de causar el descrédito de los Estados Unidos, el Sr. Bush tiene aquí también un alto puntaje. Ningún otro presidente norteamericano ha tenido tanto éxito en lograr que los estadounidenses sientan vergüenza de ser estadounidenses. Según una encuesta de Gallup del año pasado, la mayoría de los norteamericanos --el 64%-- "mencionan el temor a la hostilidad como primera preocupación cuando viajan al exterior". Y eso fue antes de las fotos. Hoy en día, supongo, el principal motivo por el que los estadounidenses viajan al exterior debe ser el de escapar del doble discurso de Bush. En carrera electoral todas las administraciones tratarán de reclamar el crédito de esparcir dádivas aunque en realidad no lo merezcan, pero la administración de Bush ha ido un paso más allá tratando de llevarse el crédito por dádivas que en efecto ha hecho su más condenado esfuerzo por frenar.
El departamento de justicia, por ejemplo, se llena la boca hablando de gastarse 47 millones de dólares en un programa de seguridad nacional, mientras que Bush de hecho ha propuesto cortar el presupuesto en un 87%. Y los 11.7 millones con que la secretaría de salud alardea de estar reservando para asistir a los que carecen de seguro por enfermedad son para un programa que Bush ha hecho el intento de cancelar en cada uno de los años en que ha estado en el poder.
El presidente Bush ha triunfado en convertir a Estados Unidos en sinónimo de la deshumanización del hombre: desde la tortura de sus prisioneros hasta la masacre de más de 40 personas --incluyendo 15 niños y 10 mujeres-- en una fiesta de casamiento iraquí. El presidente no ha dejado piedra sin mover para destruir el buen nombre de los estadounidenses en todo el mundo.
Pero es quizás en el tema de democracia y libertad donde Bush ha logrado sus resultados más espectaculares. Parece perfectamente feliz aferrándose al poder, incluso cuando la mayoría de los estadounidenses no lo han votado. En palabras del subsecretario de defensa: "George Bush no fue elegido por la mayoría de los votantes en EE.UU. Fue designado por Dios." Me pregunto qué hubiera hecho Sonia Gandhi en los pantalones de George Bush...
En cuanto a la libertad de la que los estadounidenses han estado siempre tan justificadamente orgullosos, ¿hubo algún presidente que haya hecho más para socavarla? La Unión Americana para las Libertades Civiles nos dice que tan solo la Ley Patriot, que pasó como exhalación por el Congreso en nombre de la "guerra al terrorismo", pone en peligro la primera, la cuarta, la quinta, la sexta, la octava y la decimocuarta enmiendas.
Miles de hombres, en su mayoría árabes o del sur asiático, han sido encarcelados secretamente en los Estados Unidos sin cargos en su contra, y el gobierno se ha rehusado a publicar sus nombres o su paradero. Los han "desaparecido". No llores por mí, Argentina. Verdaderamente, Estados Unidos ya no parece Estados Unidos.
Si Tony Blair realmente estuviera preocupado por ayudar a los norteamericanos, seguramente estaría ayudándoles a reconquistar su país e instituciones de las manos de esta presidencia catastrófica.