El sistema penal que Estados Unidos estableció en Afganistán e Irak es, por su naturaleza, un sistema de tortura
Tom Engelhardt
MotherJones
Al día siguiente (enero 14 de 2004), el General John Abizaid,
comandante de todas las fuerzas militares de EU en la región, se
comunicó telefónicamente con el Secretario de Defensa, Donald H.
Rumsfeld. 'A las pocas horas, El General Abizaid informó a la jefatura
acerca del incidente,' dijo un alto funcionario del Pentágono. El
Brigadier General Mark Kimmitt, vocero militar en Irak, también llamó
al Pentágono, pero utilizó expresiones más inquietantes. 'El dijo,
"Tenemos una situación realmente grave", recordó un funcionario, que
como los demás pidió que se le garantizara el anonimato. 'La evidencia
es perjudicial y horripilante,' 'Tenemos una situación realmente
grave...'
"Abizaid hablaba diariamente con Rumsfeld sobre Irak,
y es probable que la investigación sobre la prisión surgiera a menudo,
dijeron los funcionarios. A los más altos dirigentes del Pentágono,
tales como Rumsfeld y el General de la Fuerza Aérea Richard B. Myers,
presidente del Estado Mayor Conjunto, JCS, así como el presidente Bush,
los mantuvieron informados de la situación, dijo ayer el General Peter
Pace, vicepresidente del JCS, en el programa Early Show de la cadena
CBS." (Tom Bowman, The Baltimore Sun, El ejército guarda herméticamente
las fotografías del abuso en la prisión).
El sistema de tortura
Es importante empezar con los conceptos básicos, porque son los que probablemente usted menos observa del escándalo en ciernes.
El
sistema de injusticia que, desde el 9/11, nosotros hemos implantado en
el extranjero y organizado globalmente - desde Guantánamo en Cuba hasta
la Base de la Fuerza Aérea de Bagram en Afganistán - es por su
naturaleza también un sistema de tortura. Fue diseñado desde el
comienzo para que conformara un Triángulo de las Bermudas de la
injusticia, que permaneciese en una oscuridad extrajudicial fuera del
alcance de "nuestra" vista o supervisión. Allá, en las bases militares
y en las cárceles especiales controladas por los militares, la "guerra
contra el terrorismo" podría ser llevada hasta su climax expansivo
utilizando cualquier vía y cualquier método que los funcionarios del
servicio de inteligencia norteamericano consideraran que podía
"quebrar" a cualquiera de los prisionero que teníamos.
Sea en
Guantánamo o en Abu Ghraib, en Irak, nunca se pretendió que este
mini-gulag en gestación fuera un sistema de encarcelamiento para
criminales; de ahí la ausencia de acusaciones, y menos de algún tipo de
proceso judicial, en cualquier parte del imperio. Se trataba de que
fuera una operación eterna de retención con el propósito de extraer
información (y posiblemente de venganza). Los hombres (y las mujeres)
que dirigen la política exterior de la administración Bush en este
período no tenían que especificar el uso actual de la tortura, a pesar
de que algunos de ellos parecen haberlo hecho. Sabemos por el Sunday
Washington Post que en abril de 2003, después de "debates" sobre el
tema, funcionarios del Pentágono de aprobaron a "los más altos niveles"
veinte métodos de interrogación "sicológicamente estresantes", la mayor
parte de los cuales, si no todos, cualquier persona cuerda clasificaría
como tortura, incluyendo los que se aplicaron a prisioneros desnudos; y
que estos
métodos fueron después aprobados por lo menos para
"detenidos de gran importancia" en Irak. Mientras tanto, hubo una buena
cantidad de cháchara después del 9/11 en los medios de comunicación,
sobre hasta dónde nosotros podríamos, deberíamos y querríamos utilizar
la tortura en una guerra a muerte contra un enemigo fanático.
Ambos,
el presidente y su jefe del Pentágono pretendieron estar
"conmocionados" o "disgustados" ante las formas que adoptó el sistema
de tortura, ante su aspecto. Claro, ellos habían sido informados de lo
que había sucedido en la prisión de Abu Ghraib , pero esas, después de
todo, fueron solamente palabras, meses de palabras. Las imágenes en la
televisión y en la prensa marcaron la diferencia. "Nosotros vimos las
fotografías", dijo el presidente. "Son las fotografías las que le dan a
uno la vívida comprensión de lo que pasó realmente", dijo su Secretario
de Defensa. "Las palabras no lo hacen. Las palabras que describen que
hubo abusos, que fue cruel, que fue inhumano, todo lo cual es verdad,
que fue flagrante, usted lee eso y es una cosa. Usted ve las
fotografías y se hace una idea de ello, y usted no puede evitar
sentirse indignado".
Si se piensa por un momento, ésta es de por
sí una especie de confesión. Usted no puede evitar sentirse indignado.
Todos los meses previos, desde mediados de enero de 2004, cuando él y
su presidente presumiblemente sólo conocían acerca del tema por las
"palabras" (por cierto bien siniestras en el Informe del General
Taguba), y cuando fueron, en la cáustica frase frase del General Peter
Pace, vicepresidente del JCS, "advertidos verbalmente", nuestro
Secretario de Defensa y nuestro presidente no habrían podido "evitar
sentirse indignados". Y esto nos dice mucho.
Ellos podrían,
según parece, practicar la "denegación", no solamente con nosotros sino
con ellos mismos. Los seres humanos son tan capaces de esto como de
convertirse en animales y torturar a otros seres humanos. Pero
cualesquiera sean los autoengaños a los que se hayan dedicado, el hecho
es que el sistema penal que establecieron fue un sistema de tortura. La
Administración Bush, mientras alardeaba de llevar su versión de la
democracia al Medio Oriente, también ansiaba, como Adam Hochschild lo
escribió para TomDispatch hace muchos meses, llevar a un rápido final
la actual "era de los derechos humanos", en prosecución de lo que el
antiguo director de la CIA y entusiasta neoconservador, James Woolsey,
gustaba llamar la "IV Guerra Mundial", la cual fue imaginaba, al igual
que la Guerra Fría, como un difícil avance de décadas hacia la
victoria, en el cual solamente podrían sobrevivir los más duros,
aquellos deseosos de blandir el poder brutal y acometer las más
difíciles tareas.
Después de todo estamos, después del 9/11, en un
mundo-refugio-anti-aéreo de nuevo estilo y nos disponemos a actuar en
consecuencia y a - según lo aclaran nuestros líderes - mandar al diablo
las instituciones y normas internacionales, sean ellas nuevas (la Corte
Penal Internacional) o viejas (la Convención de Ginebra). Así, ellos
establecieron el tono para innumerables torturas en el Planeta del
Poder Único de un gigante militar determinado a seguir su propio
camino, lo que dijeron de manera muy clara en documentos como su
Estrategia Nacional de Seguridad de 2002 . Determinaron el ángulos de
las cámaras y su emplazamiento, por así decirlo, pero cuando llegaron
las fotografías, no tuvieron estómago para soportarlas. Las palabras,
eran otro asunto totalmente distinto.
Desde el comienzo esta
administración nunca estuvo avergonzada por las palabras, por las
noticias que se filtran de su agujero negro de injusticia. Que tal
sistema estaba siendo desarrollado era obvio para todo aquel que le
importara observar, o se preocupara por leer detenidamente aún nuestra
propia prensa, o por consultar grupos como Human Rights Watch que se
interesan por estos asuntos. Yo he escrito acerca de este tema durante
muchos meses en TomDispatch para pequeñas audiencias, sin un
investigador que me ayude y mucho menos un equipo de reporteros -
basado en nada más que una lectura cuidadosa de la prensa nacional y
extranjera y en una especie de habilidad para la búsqueda a través de
Google que cualquier periodista de un periódico importante podría
mejorar en pocos segundos. A pesar del extraño informe sobre los
métodos que se adoptaron rápidamente en la privacidad de las bases
militares y las prisiones de ultramar, nuestra prensa acobardada y
paralizada generalmente
ha preferido desde el 9/11 no enfocar sus
reflectores - o enviar sus equipos de reporteros - "hacia el interior
de las tinieblas" para averiguar qué estaba pasando verdaderamente;
mientras sus páginas editoriales preferían ciegamente "apoyar nuestras
tropas en Irak" y dejar que los pequeños problemas como el abuso y la
tortura que se dan en esas tinieblas, se fueran por la borda.
Menciono
esto porque como consecuencia de la publicación de las fotografías de
los horrendos abusos en Abu Ghraib, las páginas editoriales de los dos
periódicos imperiales están de repente llenas de lamentos. Ambos están
conmocionados, consternados y dispuestos a hacer algo al respecto. Y
esto nos debe alegrar. El miércoles pasado, The Washington Post publicó
un editorial reconociendo que lo que estábamos enfrentando era, como lo
pusieron en el título, Un sistema de ultraje:
"El Secretario de
Defensa Donald H. Rumsfeld describió ayer los abusos contra los
prisioneros iraquíes en la prisión de Abu Ghraib como un caso
'excepcional, aislado'. En el mejor de los casos, esa es solamente una
verdad parcial. Maltratos similares de prisioneros retenidos por las
fuerzas militares o de inteligencia, han sido denunciado desde el
comienzo de la guerra contra el terrorismo. Un prototipo de arrogante
desprecio de las normas de protección de la Convención de Ginebra o de
cualquier otro procedimiento legal, ha sido establecido desde la
cúpula, por el señor Rumsfeld y los comandantes de mayor grado de los
EU. Informes bien documentadas de las violaciones de los derechos
humanos han sido ignorados o encubiertos, incluyendo algunos más graves
que los reportados en Abu Ghraib..."
Al día siguiente la misma página pidió la renuncia de Rumsfeld:
"Las
decisiones del señor Rumsfeld ayudaron a crear un régimen ilegal en el
cual los prisioneros, tanto en Irak como en Afganistán, han sido
humillados, golpeados, torturados y asesinados - y en el cual, hasta
hace muy poco, nadie ha sido responsabilizado".
Pero también se
pedía allí de cierta manera un manejo especial para los terroristas,
que únicamente puede conducir a más torturas:
"El señor Rumsfeld
acertó en un aspecto importante: no solamente los miembros de Al Qaeda
capturados podrían ser legítimamente privados de las garantías de la
Convención de Génova (una vez sostenida la audiencia requerida) sino
que tal tratamiento era en muchos casos necesario para obtener
información de inteligencia vital e impedirle a los terroristas
comunicarse con sus cómplices del extranjero. Pero si Estados Unidos
iba a recurrir a esa práctica excepcional, el señor Rumsfeld debió
haber establecido procedimientos que aseguraran que se haría sin violar
las normas internacionales contra la tortura y que solamente los
sospechosos que realmente necesitaran este manejo extraordinario fueran
tratados así.
Parece sencillo, pero la "práctica excepcional" -
tal la expresión convenientemente oscura; que no surtiría tal efecto si
ellos escribieran lo que quieren decir en inglés claro, o sí? - se
convirtió como era de esperar en lo común y corriente en escenarios
tales como Abu Ghraib y Guantánamo. Entretanto, el The New York Times
que en los meses recientes por lo regular se encuentra a la saga en
comparación con el Post, pidió la salida de Rumsfeld el viernes y ese
mismo día ofreció en un editorial su versión de nuestro sistema penal
de ultramar (The Military Archipelago):
"La senda hacia Abu
Ghraib empezó de alguna manera en la Bahía de Guantánamo en el 2002.
Fue allí donde la administración Bush empezó a construir un sistema de
detención militar a escala mundial, localizado deliberadamente en bases
fuera del territorio norteamericano y resguardado del escrutinio civil
y de la revisión judicial. La administración evitó la vigilancia de
entidades independientes que supervisan los derechos, como Human Rights
Watch y Amnistía Internacional. Presumía que los sospechosos de
terrorismo no merecían la protección legal normal y también que los
funcionarios norteamericanos podrían siempre distinguir entre un
terrorista y un transeúnte inocente"
El editorial, aunque
enérgico, se apresuró a añadir: "Hasta donde sabemos, las humillaciones
psico-sexuales que los carceleros militares infligieron a los detenidos
iraquíes el año pasado en Abu Ghraib no tienen paralelo en prisiones
dirigidas por norteamericanos en otros sitios."
Relatos de
prisioneros excarcelados de Guantánamo y aquellos liberados en
Afganistán, en efecto indican que las humillaciones psico-sexuales son
parte esencial del sistema mismo. Pero el punto más importante es
simplemente imaginar ¿qué podría haber sucedido si cualquiera de estos
periódicos imperiales hubiera asumido su conciencia colectiva para
proyectar una luz dentro de la oscuridad imperial, en cuanto que ellos
sabían - después de todo, la administración Bush lo difundió
prácticamente a los cuatro vientos - que considerábamos la Convención
de Ginebra irrelevante en la "guerra contra el terrorismo" y que
nuestro criterio principal en todo el mundo sería simplemente la
aplicación de la fuerza bruta, en lo cual, se creía, nosotros teníamos
el predominio mundial? Ahora, las páginas editoriales de éstos (y de
muchos otros periódicos) están reclamando responsabilidad oficial y
renuncias, además de la cabeza de Donald Rumsfeld. Quizá no obstante,
debería asumirse igualmente al
go de la responsabilidad
periodística, para no hablar de las peculiares disculpas editoriales y
acaso hasta una renuncia o dos. (Muy improbable, por supuesto) A pesar
de los recientes editoriales y del gran despliegue en cobertura de
primera página, permítanme asegurarles que, dado el comportamiento de
la hasta hace muy poco acobardada e inmovilizada prensa, que no se van
a encontrar muchos perfiles de coraje en los medios de comunicación
cuando se consideren los últimos dos años.
Para dar un solo
ejemplo, durante el período de la primavera de 2003 cuando nuestros
medios expresaron su indignación (como deberían) sobre el desfile de
los prisioneros de guerra norteamericanos frente a las cámaras de
propaganda iraquíes, esos medios estaban mostrando las primeras
fotografías de prisioneros iraquíes encapuchados con lo que parecían
talegas de cañamazo. Si revisan los periódicos de ese momento,
encontrarán que tales fotos fueron presentadas sin comentario y que
ellas eran algo común en la televisión. Ninguno discutió el
"encapuchamiento" como método hasta que las fotos de los prisioneros
encapuchados de Abu Ghraib de repente lo hizo aparecer en todo su
horror. Con todo, esta práctica, claramente sistematizada, tuvo que
haber sido planeada y preparada cuidadosamente. Esos talegos no brotan
de los palmares que bordean la carretera. Tuvieron que ser embarcadas
junto con las tropas. No soy un experto en crímenes de guerra, pero
encuentro difícil de creer que el
encapuchamiento de prisioneros esté acordado como práctica internacional en tiempos de guerra.
Hasta
donde yo lo puedo decir, aunque es indudable que los detalles concretos
de Abu Ghraib conmocionan, para los iraquíes mismos nada de esto era en
el fondo precisamente novedoso. Después de todo, ellos fueron los que
mejor comprendieron que el principio esencial de la ocupación era la
utilización de la fuerza bruta (dentro o fuera de la prisión); que la
Autoridad Provisional de la Coalición y su jefe el "Administrador" L.
Paul Bremer estaban instaurando no un sistema de leyes y derechos
respaldado por el voto - democracia -, sino un sistema arbitrario
centrado en el botín de las corporaciones. La "democracia" de Bremer, a
la que se le agotó el aislamiento de la Zona Verde de Bagdad, estaba
desprovista de iraquíes, mas plena de "contratistas" de las
corporaciones, incluyendo aquellos que ganaron, y en verdad siguen
ganando, un montón de dinero, mediante el envío de los "interrogadores"
y "lingüistas" que han contratado. Estos ingresan a nuestros centros de
detención para un
irse a los "equipos de explotación humana"
norteamericanos - un término que escuché por primera vez anoche en ABC
News -. Y al menos una de estas empresas, CACI International, está
todavía poniendo avisos para reclutar interrogadores que deseen
trabajar bajo "supervisión moderada" en el campo de actividad de
"AfganistánIrakKosovo". ("Debe ser capaz de trabajar y vivir en un
ambiente hostil con facilidades médicas escasas. Tiene que desarrollar
excelentes técnicas de comunicación y la habilidad para trabajar en
condiciones extremas por largos períodos de tiempo... Estar dispuesto a
viajar y poseer la aptitud de ser un comunicador efectivo... Tener
conocimiento de las operaciones de la policía militar y de los
procedimientos de las Fuerzas de Protección. Experiencia en conducir
interrogatorios y entrevistas utilizando lingüistas e interruptores
locales. Conocimiento de la información sobre técnicas utilizadas en
operaciones tácticas de interrogación.").
La necesidad de
"información" fue tan grande en Irak , reporta Julian Borger del
Guardian, que se presentó una auténtica estampida en busca de empleos.
Borger entrevistó a Torin Nelson "perteneciente a un equipo que
componen unos 30 en Abu Ghraib, enganchados por la firma, CACI
International, con sede en Virginia". Del testimonio de Nelson escribió:
"Torin
Nelson, quien sirvió como oficial de inteligencia militar en la Bahía
de Guantánamo ante de ir a Abu Ghraib como contratista privado el año
pasado, achacó los abusos a una falla del comando de la inteligencia
militar de EU y a una sobre-dependencia de las firmas privadas. Aduce
que esas compañías estaban tan ansiosas de satisfacer la demanda de sus
servicios que enviaron 'cocineros y camioneros' a trabajar como
interrogadores".
Son tantos los iraquíes que han pasado por
nuestra red de cárceles allá - algunos estiman que 43.000, incluyendo
tal vez 8.000 que se encuentran detenidos todavía - que esta clase de
cosas difícilmente fueron noticia (como lo señaló Jo Wilding con mucho
detalle en el Progressive Trail website). Las protestas de los
familiares se han venido efectuando mes tras mes. Tampoco podría ser
novedad que entre los "terroristas" que se deslizan dentro del país, la
Autoridad Provisional de la Coalición, APC, estaba patrocinando
mercenarios a sueldo que habían trabajado anteriormente en escuadrones
de la muerte o en otras actividades atroces de regímenes como el del
Apartheid en Suráfrica, el de Pinochet en Chile (...) Los iraquíes, por
supuesto, sabían de primera mano lo que una simple búsqueda en Google
podría traerle a usted estando aquí en los EU (como sucedió conmigo), o
lo que cualquier guardia de nuestros centros de detención podría
ciertamente haberle contado. (" 'Es común abusar
de los
prisioneros', le dijo el sargento de la Policía Militar, Mike Sindar a
Reuters, hablando de su estadía en Abu Ghraib. 'Yo vi palizas todo el
tiempo' ").
Ha sido revelado a todo el mundo que nuestro sistema
"penitenciario" en Irak cuenta con 16 o 17 centros de detención a lo
largo y ancho del país, cuyas actividades incluyen golpizas
sistemáticas, abuso, tortura, humillación y asesinato; la retención de
decenas de miles de prisioneros a menudo inocentes, sin hacerles
cargos, manteniéndolos a menudo fuera del alcance de sus familias,
muchas veces sin registrarlos y procedentes de otros sitios
("prisioneros fantasmas", como es sabido que los llama la gente que
trabaja en inteligencia), y en condiciones caóticas (en el testimonio
que rindió el mismo Rumsfeld sólo pudo dar una cifra aproximada de los
prisioneros retenidos en el sistema). Hasta hace muy poco, sin embargo,
había sido posible aprender más acerca de la naturaleza del sistema a
través de "Riverbend" (una joven mujer de Bagdad que tiene una página
personal en Internet y que ha estado largamente encerrada en su casa
debido a la inseguridad reinante en esa ciudad) que de
los
principales periódicos, cada uno de los cuales tiene equipos de
reporteros, traductores, ayudantes, chóferes, técnicos para sus
equipos, etcétera.
Habiendo descrito antes algo de la pesadilla
de las detenciones en su país bajo la ocupación y entrevistas con
desesperados parientes de los detenidos, ella escribe ahora:
"Todos
sabían lo que estaba sucediendo en Abu Ghraib y en otros lugares... ver
las fotografías simplemente lo vuelve todo más real, más tangible. Los
políticos norteamericanos y británicos han tenido el atrevimiento de
salir en la televisión y utilizar palabras como 'Es cierto que la gente
de Abu Ghraib son criminales, pero...' Todos aquí en Irak saben que hay
miles de personas inocentes detenidas. Algunos simplemente estuvieron
en el lugar equivocado en el momento equivocado, mientras que otros
fueron detenidos 'bajo sospecha'. En el nuevo Irak, se es 'culpable
hasta que pruebe su inocencia por algún milagro divino'.
"La
gente está muy furiosa. No hay manera de explicar las reacciones - aún
las de iraquíes que están a favor de la ocupación, quienes se
silenciaron por causa de la última atrocidad. Yo no puedo explicar como
se siente la gente o aún como me siento yo personalmente. De alguna
manera, las fotografías de los iraquíes muertos son más fáciles de
soportar que este espectáculo grotesco de la técnica militar
norteamericana. La gente preferiría morirse a que abusen de ella
sexualmente y la degraden los animales que dirigen la prisión de Abu
Ghraib...
"Algunas veces recibo correos electrónicos pidiéndome
que proponga soluciones o haga sugerencias. Muy bien. La lección de
hoy: No violen, no torturen, no asesinen y váyanse mientras puedan -
cuando parece que ustedes todavía tienen una alternativa... Caos?
Guerra civil? Masacre? Nosotros asumiremos nuestros riesgos - solamente
cojan sus títeres, sus tanques, sus armas inteligentes, sus políticos
estúpidos, sus mentiras, sus promesas vacuas, sus violadores, sus
sádicos torturadores y lárguense".
Pasándola bien... Ojalá estuvieras aquí!
Volviendo,
como diría un científico, a la causa próxima del actual escándalo (las
últimas fotos), ahora sabemos que vienen más y peores cosas. Un
reciente artículo de The Washington Post (Aparecen nuevas fotografías
de la prisión):
"La colección de fotografías empieza como si
fuera un el recuento de un viaje a Irak. Una de ellas muestra a unos
soldados norteamericanos posando frente a una mezquita. En otra se ve a
un soldado montado en un camello en el desierto. Y luego: un soldado
sosteniendo una traílla amarrada alrededor del cuello de un prisionero
iraquí. Este está desnudo, con la cara contorsionada y tendido en el
piso.
"Mezcladas en más de 1.000 fotografías digitales
conseguidas por The Washington Post hay imágenes de hombres desnudos,
aparentemente prisioneros, echados uno encima del otro, mientras unos
soldados están parados a su alrededor".
Así, los jóvenes y
empobrecidos aquí en nuestro país fueron "habilitados" - para
apropiarme de una palabra del informe Taguba - para ver el mundo a
través de los militares de EU gracias a la administración Bush.
Camellos, el desierto, una joven mujer en uniforme sujetando un iraquí
atraillado... una de las muchas imágenes captadas por cámaras
digitales, empacadas en un disco compacto y enviadas a casa a través
del computador para los amigos; una moderna versión de las postales
coloniales del siglo XIX o una espeluznante escena en tercera dimensión
(la cual algunas veces ha presentado imágenes no menos terroríficas del
mundo sojuzgado).
"Pasándola bien... Ojalá estuvieras aquí!" Y
gracias a estas imágenes enviadas por estos muchachos y muchachas
comunes y corrientes ("No corresponde a su naturaleza hacer algo como
eso. No hay un solo hueso de malicia en su cuerpo". "...a veces se le
hacía difícil matar animales cuando iban de cacería..."), los
norteamericanos se encontraron inmersos en un mundo diferente. Bueno,
en realidad varios de esos muchachos y muchachas vivieron en las
vecindades de las prisiones norteamericanas en las que fueron
guardianes y sin duda tampoco allí ninguno era muy amable, pero quienes
no lo fueron estaban tratando de escapar de su destino en oficios
subsidiarios o de empleados de un almacén Wal Mart.
Desde los
camellos hasta los hombres atraillados, sus fotos de lo "exótico", son
reconocibles al instante para los historiadores de los siglos XIX y XX,
como típicas de cualquier brutal ocupación colonial. Fotografías de las
cabezas cortadas de los chinos en los buenos viejos tiempos de la
Rebelión de los Boxer, cuando una fuerza expedicionaria internacional
se tomó Pekín, o esos grotescos "álbumes" de fotos que los orgullosos
soldados japoneses traían de vuelta de sus "triunfos" durante la Guerra
del Pacífico, en lugares como Nankín, o fotografías similares enviadas
desde Vietnam (y publicadas a finales de los 60 en lo que entonces se
conocía como "prensa clandestina"). Lo sangriento y lo exótico siempre
van juntos mientras usted considere a los vencidos como menos humanos
que usted mismo; y aún así, las misiones de conquista siempre han
tenido nombres refinados y magnánimos como la "misión civilizadora"
francesa. Aquellos fueron, por supuesto, hechos que usted no conocería
si
hubieran ocurrido en su propio mundo - a menos que se presenten
circunstancias similares a las de, por ejemplo, las festivas postales
de linchamientos que tuvieron lugar en nuestro propio país hasta bien
entrado el siglo XX.
"Estas fotografías son imágenes de un
comportamiento colonial", escribió Phillip Kennicott en una enérgica
pieza periodística en The Washington Post, "el ultraje del pueblo
ocupado, el insulto a las tradiciones locales, la humillación de los
vencidos. No son excepcionales. En diferentes formas, podrían ser
imágenes de los holandeses tratando brutalmente a los indonesios; los
franceses encarnizándose con los argelinos; los belgas atropellando con
saña al pueblo del Congo".
Para nosotros, el presente embrollo
se veía venir desde hace mucho tiempo; e impredecible en sus detalle
concretos como podían ser sus modernos cambios (las fotografías
digitales liberadas en los sistemas computacionales), el trayecto hacia
estos horrores fue notablemente rectilíneo. No necesitamos ulteriores
investigaciones para verlo, aunque pienso que el anuncio de Rumsfeld el
viernes de que estaba estableciendo un "comité de revisión
independiente" para examinar las investigaciones previas sobre Abu
Ghraib contó con cierta simpatía. Es de presumir que a esto seguirá una
investigación de la investigación de las diversas investigaciones
anteriores, dado que hasta ahora este "selecto" grupo de expertos ,
como The New York Times lo denominó en un artículo el sábado, lo
integran exclusivamente miembros del Comité de la Política de Defensa,
un cuerpo asesor del Pentágono, dirigido hasta hace muy poco por
Richard Perle, alias "príncipe de las tinieblas", el famoso
neoconservador
de esta administración. Esto podría conducirlo a usted a preguntar, "¿independiente de qué exactamente?".
Naturalmente,
por qué "investigar" lo que ya ha sido investigado y cuando el mordaz
informe del General Tacuba fue clasificado como secreto y mantenido
fuera de la mirada del público, transgrediendo las regulaciones
militares, hasta que esas "postales" empezaron a filtrarse desde Irak.
(De acuerdo con el Proyecto sobre confidencialidad de la Federación de
Científicos Norteamericanos, "La orden ejecutiva que rige para los
secretos profesionales en la nación establece que 'En ningún caso la
información debería ser clasificada para... encubrir violaciones de la
ley' "). Tampoco necesitamos investigar ya que la simple lógica nos
lleva directamente por la autopista de Guantánamo hasta los horrores de
Abu Ghraib, los cuales son seguramente una simple estación en la ruta
de "atrocidades" (la palabra que el senador Kerry utilizó para pedir
excusas en relación con Vietnam) hacia cualquier otra parte, incluso en
la cloaca penitenciaria que con seguridad resultará ser la de
Guantánamo.
La mayoría de los comentarios de arrepentimiento
o pavor emitidos por esta administración, realmente tienen que ver con
cuestiones como "imagen", "sostenimiento", pérdida de "reputación" o de
"credibilidad", con "impresiones erróneas" y, por supuesto, con
"esfuerzos por minimizar el daño". Solamente a los norteamericanos
dentro de nuestro imperial mundo-burbuja, pueden estos comentarios
parecerles vagamente razonables o al menos como cualquier especie de
excusa. El otro día en la entrevista en el canal de televisión Al
Arabiya, por ejemplo, el presidente dijo:
"En nuestro país,
cuando hay una acusación de abuso - algo más que una acusación en este
caso, de abuso tangible, nosotros vimos las fotografías - debe haber
una investigación completa y debe hacerse justicia. Nosotros tenemos en
nuestro sistema la presunción de inocencia hasta que se demuestre la
culpabilidad, y el sistema debe ser diáfano y abierto para que la gente
pueda ver los resultados. Esta es una cuestión esencial. Es un asunto
que deja malparado a mi país. Los ciudadanos estadounidenses están
consternados por las imágenes que vieron, al igual que lo están los
pueblos del Medio Oriente. Compartimos las mismas profundas
preocupaciones. Y descubriremos la verdad de todo esto, para lo que
llevaremos a cabo una investigación exhaustiva. El mundo podrá observar
la investigación y se servirá la causa de la justicia".
"La
presunción de inocencia" es ciertamente el Estilo de Norteamericana,
como lo ha dicho el presidente, pero en este caso solamente para
Norteamérica (y no, por supuesto, para José Padilla o para Yase Esam
Hamdi, ciudadanos norteamericanos que han experimentado sus propios
Guantánamos privados en calabozos militares y en cárceles precisamente
aquí en los EU). De hecho, ese fue el mismo propósito de la política de
la administración Bush después del 9/11. Su maniobra de gran astucia
que generó la presente situación fue separar pequeñas áreas en el mundo
controladas por Estados Unidos - generalmente bases militares, nuestras
modernas "cañoneras" imperiales - y clasificarlas como "no Estados
Unidos" para así ponerlas fuera del alcance legal o la supervisión de
cualquier organismo, desde la Corte Suprema hasta la Cruz Roja
Internacional. Guantánamo fue, por supuesto, el golpe maestro en esta
política y el orgullo de nuestro nuevo sistema penal de ultramar.
Guantánamo
nos dice todo lo que necesitamos saber acerca de este sistema: que, dos
años después, esta administración no ha logrado conformar una simple
prueba, ni siquiera de las fabricadas, con las que pensaban podrían
deshacerse para siempre de sus principales enemigos. (Y recuerden que
han dejado muy en claro que, si pierden en cualquiera de estos
tribunales escogidos por ellos mismos, consideran conservarían su
derecho de mantener de todos modos los prisioneros en prisión mientras
dure la "guerra contra el terrorismo"). Este es ahora también el Estilo
de Norteamérica. Y -permítanme decirlo una vez más - no estamos
hablando aquí es de un sistema que tenga que ver con determinar la
"inocencia", lo cual implicaría un sistema de justicia; el único
propósito es romper las voluntades y extraer información, y esto es,
por su naturaleza específica, un sistema de tortura.
Advirtamos
de paso, que el General de División Geoffrey Miller, jefe de la prisión
de Guantánamo, fue recientemente traído a Irak para "supervisar" el
sistema de prisión allá. (Nuestro sistema global de pequeños gulags es
ahora tan extenso como para tener según parece su propio escalafón
laboral). En los últimos días, él ha sido uno de la serie de altos
oficiales que se han "disculpado" con los iraquíes, y ahora proclama
que ha retirado de la lista 10 de las 50 técnicas irregulares para
interrogatorios severos en este país, incluyendo el encapuchamiento.
Dexter Filkins de The New York Times reportó:
"Pero él defendió
practicas como privar del sueño a los prisioneros y forzarlos a
mantener "posiciones estresantes", como medios legítimos de
interrogación, anotando que están dentro de las 50 técnicas irregulares
que algunas veces son usadas contra enemigos detenidos. [Parece que
ahora él ha cambiado de opinión respecto a la privación del sueño]...
Dijo que entendía que su principal objetivo en ambos lugares era el de
extraer tanta información de inteligencia como fuera posible para
ayudar a los esfuerzos de guerra norteamericanos. 'Nosotros estuvimos
muy orgullosos de lo que hemos hecho en Guantánamo, porque pudimos
crear la clase de ambiente que nos permitió concentrarnos en obtener el
máximo de información de inteligencia', dijo el General Miller...
También defendió la utilización de interrogadores a contrato, diciendo
que había empleado 30 en Guantánamo".
Nosotros sabemos ahora
también que el General Miller originalmente visitó Abu Ghraib en el
otoño de 2003 y parece haber logrado que siguiera funcionando al
ofrecer un fragmento del conjunto de consejos útiles procedente de la
más brillante de las colonias penales. Sugirió "que los centros de
detención militar en Irak deberían servir como 'facilitadores de
interrogación' y que los guardianes penitenciarios deberían 'establecer
las condiciones para un exitoso aprovechamiento de los internados' ".
Como lo comento Seymour Hersh, cuyo reportaje en el New Yorker
realmente irrumpió con la historia de Abu Ghraib, en una aparición en
el programa de TV de Fox The O'Reilly Factor: "Una de ellas [las
investigaciones sobre Abu Ghraib] fue hecha por un general de división
que estuvo involucrado en Guantánamo, el General Miller. Y es altamente
confidencial, pero puedo decirle que él recomendaba hacer exactamente
la misma clase de cosas que sucedieron en esa prisión. Quería que se
rompieran
las reglas. Quería además poner la prisión bajo el
control de la inteligencia militar". El general, sea que haya levantado
directamente la mano contra un prisionero o que haya ordenado
directamente uno de esos métodos "estresantes" (y tal parece que lo
hizo), es por la misma naturaleza de lo que ha supervisado, un
torturador, y, como los que están por encima de él, merece ser juzgado.
En
el mundo exterior, dado que ha gastado cerca de dos años para montar
cuidadosamente el sistema, la administración Bush es "culpable para
siempre". En ese mundo exterior, sea en Guantánamo, en Abu Ghraib, en
la Base de la Fuerza Aérea de Bagram, en "Camp Justice" sobre la isla
Diego García del Océano Indico (un "portaviones" en una isla), o en
tantas zonas de detención, centros de retención, literalmente
portaviones-cárcel, y hasta en los presidios extranjeros de "aliados
amistosos", donde los prisioneros han sido más o menos abiertamente
torturados, donde no solamente no existe la presunción de inocencia, si
no que no hay posibilidad de probar que uno es inocente.
Tal vez
lo más llamativo y lo menos comentado sobre el carácter de las
recientes entrevistas con detenidos iraquíes, que fueron sometidos de
diversas maneras a abusos y torturas y ahora se encuentran afuera (por
lo que pudieron ser entrevistados) es esto: cuando se les pregunta por
qué fueron liberados, ellos invariablemente contestan que no tienen ni
la menor idea. Simplemente un día fueron notificados de que pronto iban
a ser liberados, o solamente fueron lanzados sin ceremonias a la calle.
Hasta donde yo puedo decirles, en ningún caso los prisioneros
recibieron alguna explicación. Esto no es extraño. Después de todo,
cuál explicación podría ser ofrecida cuando el mismo concepto de
"inocencia" ha desaparecido, como tiene que ser en un mundo totalmente
extrajudicial. (La famosa novela de Kafka, El proceso, cuyo escenario
fue por un tiempo la piedra de toque para describir mundos
totalitarios, es llevada por esta clase de cosas aún más lejos de lo
que él imaginó).
Tarde o temprano, hipotéticamente, lo que los
detenidos prueban no es su inocencia, sino que han dejado de ser
útiles, o tal vez se llegue a establecer que nunca han sido de ninguna
utilidad; entonces ellos son arrojados de la prisión sin mayores
explicaciones, tal y como fueron metidos en ella. Robert Moran de
Knight Ridder reportó sobre un extraño prisionero recientemente
liberado de Abu Ghraib:
"Decenas de prisioneros liberados el
martes de la controvertida prisión de Abu Ghraib, fueron forzados a
tomar un tortuoso viaje de cerca de cinco horas a través de la región
central de Irak, en tres sofocantes y desvencijados buses escoltados
por camiones militares Humvees, hasta que fueron dejados sin
explicación en medio de una cantera de cascajo cerca de Tikrit, la
ciudad natal de Sadam Hussein. No estaba claro por qué los detenidos,
al menos cien de ellos, fueron soltados en esa remota localidad, 120
millas al norte de Bagdad... Uno de los prisioneros, que declinó dar su
nombre, preguntó: '¿Es esto democracia?' ".
No, esto no tiene
nada que ver con "democracia". Fue el desenlace lógico, la última
pequeña tortura en un sistema extrajudicial establecido únicamente para
extraer información por cualquier medio. Ahora sabemos por qué la
película de Gillo Pontecorvo, La Batalla de Argel, acerca de la
rebelión y la tortura en la colonia francesa de Argelia, fue exhibida
en el Pentágono durante el pasado 2003. Es deplorable que todo el
mundo, como es obvio, haya fijado su atención en las torturas,
perpetradas con la intención de romper el respaldo a la resistencia
argelina, y haya ignorado el final de la película.
Y aquí radica
la ironía de todo esto. Tales métodos - desde las humillaciones de
"ablandamiento" hasta los tratos más severos - pretendían romper en
primer lugar los locos duros de Al Qaeda y luego la os encarnizados
baatistas del régimen de tortura y asesinato de Sadam. Pero entre más
información estos prisioneros y sus unidades de "abuso" esparcían, más
insegura se volvía Irak (y asimismo el mundo). Entre más aplicaban
estros horrores para quebrantar a nuestros enemigos, más cerca se
encontraba esta administración de quebrantarse ella misma. ("Un asesor
del Pentágono dijo que los oficiales con quienes trabaja en la política
iraquí continúan poniendo cara feliz en público, pero en privado están
pesimistas acerca de la situación en Bagdad. Agregó que cuando se
discute la política iraquí de la administración, ésta es: 'Hombre
muerto caminando'" (Nota: Traducción literal del título en inglés de la
película "Pena de muerte"). Ahora, el sistema de tortura post 9/11,
bajo la form
a de esas postales marginales, parece estar agrietando
por completo a la administración Bush. Bajo "tortura", son ellos los
que se han plegado. Si esto no es una lección aquí, entonces
recuérdenme qué sería una lección.
Sin embargo, ¿quiénes somos?
El
novelista y antiguo funcionario de la inteligencia británica John Le
Carré escribió una serie de novelas de suspenso sobre la Guerra Fría,
de las cuales las más famosas fueron El espía que regresó del frío y El
Topo. Todas ellas ofrecieron una visión característica de esa época.
Aunque la KGB rusa, la inteligencia británica y nuestra propia CIA se
habían metido de lleno en el "mundo criminal de la clandestinidad" para
desarrollar su mortal juego de espía contra espía, apareció con
claridad que algo extraño estaba sucediendo en ese reino subterráneo
donde cada uno de los lados creía que estaba bloqueando cruciales
avances de los otros. Sus espías y nuestros espías estaban comenzando a
creer que tenían más en común entre sí que con las sociedades que ellos
estaban ostensiblemente defendiendo. En la clandestinidad, sus modos de
vida empezaron a mezclarse. Le Carré dio una visión primordial; fue el
primero en extraerla del bajo mundo de la inteligencia para llevarla a
novelas
cuyas lecturas todavía impactan.
Pero como él lo
pone de presente en su última novela Amigos absolutos aquí surge una
cuestión extraña: cuando la Unión Soviética colapsó, la última
superpotencia global que quedaba, en vez de levantar su tienda,
simplemente absorbió mucho del otro lado y enseguida se sumergió aún
más en el mundo del espionaje. Y al proceder así, nuestro propio
sistema se volvió -afuera en los dominios del imperio (y cada vez más
en nuestro propio país) - más "absoluto", más opresivo, en resumen, más
ruso..
Nosotros vemos los sombríos resultados de esto en Abu
Ghraib y en otras partes. Lo vemos en el continuo crecimiento del
Pentágono a pesar de que se han perdido los mayores enemigos militares.
Lo vemos en la manera grotesca y desordenada en que la administración
Bush está nuevamente repitiendo sus propias experiencias primitivas,
las de la Guerra fría y Vietnam. En particular, no obstante que a duras
penas se ha percibido, vemos en la manera en que actúa esta
administración la misma política que, en la era de las dos
superpotencias, persistió como una fantasía.
Dado el poderío del
ejército ruso, especialmente cuando contaba con armas nucleares, la
posición de Estados Unidos en la Guerra Fría fue considerada en general
como de "contención". Pero sobre todo en los primeros años, existió
otra política que fue discutida con entusiasmo. John Foster Dulles,
Secretario de Estado durante la presidencia de Dwight D. Eisenhower (y
hermano del entonces director de la CIA, Allen Dulles) la llamó "hacer
retroceder". Nosotros estuvimos por obligar al imperio soviético,
mediante la subversión y del poderío militar, a retirarse a sus
fronteras . Pero nunca se puso en práctica (excepto en unos cuantos e
inflamados meses durante la guerra coreana). Esto se redujo a un sueño.
Ahora,
en la era postsoviética, nuestro gobierno ha retomado aspectos de los
peores sueños que tuvieron ambas partes durante la Guerra fría. Desea
dominar el mundo. (¿Recuerdan cuando jurábamos que eso era lo que ellos
querían hacer?) Quiere administrar un sistema penal extrajudicial para
sus enemigos, una especie de Siberia global blindada frente a todo tipo
de ojos avizores; y quiere repeler a los ahora patéticamente
empobrecidos remanentes de la Unión Soviética, la Rusia de Putin
(todavía peligrosamente armada con dispositivos nucleares). Así como la
OTAN, con nuestro apoyo entusiasta, abrió en profundidad las fronteras
occidentales de la antigua Unión Soviética, también las fuerzas
militares de EU han instalado sus propias bases en lo profundo de la
antigua Yugoslavia, en las antiguas repúblicas soviéticas del Asia
Central, en Afganistán (donde en esencia la Unión Soviética expiró en
una brutal guerra perdida que también dio nacimiento a Al Qaeda), y en
el futuro en la a
ntigua república soviética de Georgia, que asienta
un oleoducto destinado a traer el petróleo del Caspio hasta Europa y
más allá.
Este es entonces el mundo según Bush, el mundo desde el cual emergieron aquellas fotografías.
Traducción: MOIR
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