22 de junio del 2001 |
Fernando Velazquez
Servicio Informativo "alai-amlatina"
El pasado 11 de junio, Timothy McVeigh, un veterano de la guerra del golfo, fue ejecutado por presuntamente detonar una carga explosiva en el edificio federal de la ciudad de Oklahoma, el 19 de abril de 1995. La explosión causó la muerte a 168 personas y generó una de las campañas propagandísticas más grandes de la historia de los Estados Unidos. La ejecución por inyección letal de McVeigh ha provocado airadas protestas contra el presidente actual, pues durante sus gobiernos, primero como gobernador de Texas y ahora como ejecutivo, se ha ganado el primer lugar llevando condenados a la muerte.
Poco después de que muriera McVeigh, el presidente George Walker Bush declaró que "no se trataba de una venganza sino de hacer justicia". Pero la muerte del presunto culpable no ha ofrecido respuesta a las interrogantes generadas por la investigación, el juicio y su extinción física a manos del estado.
Muchos se preguntan por qué una parte de la información relevante a la explosión en la ciudad de Oklahoma ha sido clasificada "de seguridad nacional". Además, las grabaciones en audio de las observaciones que hicieron los bomberos mientras revisaban las ruinas del sitio del atentado un día después de la catástrofe, han sido casi totalmente borradas. Y cuestionan como es que algunos personajes centrales en la preparación del atentado trabajaban como informantes de varias agencias de gobierno.
Pongámoslo en un poco de contexto. A mediados de los años 90, Washington enfrentaba un movimiento de "milicianos" armados en varias partes del país. Los grupos de "hombres libres" cuestionaban la legitimidad del gobierno federal, hablaban del Nuevo Orden Económico Mundial y la corporatización global y temían que millones de ciudadanos pasaran a las filas de desempleados. En 1995, grupos neonazis, religiosos de la llamada orientación de "identidad cristiana" eran entrenados militarmente en ciudad Eloheen, una propiedad de 1000 acres al este del estado de Oklahoma. La educación militar allí estaba a cargo de Andrew Carl Straussmeyer, un soldado alemán especializado en inteligencia y miembro del colegio de guerra.
El curso incluía: aprender a convertir un arma regular en automática, cómo fabricar artefactos explosivos y tácticas terroristas. Los movimientos de los disidentes eran cuidadosamente observados por una agencia policial conocida como Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego (la ATF por sus siglas en inglés) a través de Carol Howell, una informante confidencial que operaba dentro del campamento.
A fines de febrero de ese año, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) se percató de la infiltración por parte de la ATF y ordenó un cese a sus operaciones, afirma Roger Charles, periodista, veterano de la guerra de Vietnam y Teniente Coronel retirado de la marina. Luego, argumentando que Howell experimentaba inestabilidad psicológica, la ATF la despidió y el 20 abril, un día después del atentado que destruyó el edificio federal de la ciudad de Oklahoma (y por el cual Timothy McVeigh fue ejecutado), le dio nuevo contrato a la informante pero esta vez le dobló el salario, anota John D. Cash, periodista independiente y abogado. Según Charles, Howell vive ahora en la clandestinidad, manteniéndose alejada del gobierno.
Otras preguntas sin respuesta son: declaraciones de varias personas que dicen haber visto a miembros de las fuerzas de seguridad introducir explosivos de alto grado al edificio, días antes del atentado, los encargados de la seguridad del lugar y los jueces no fueron a trabajar el día del magnicidio, y reportes de daños mayores en partes de la estructura, lejos del vehículo que supuestamente generó la explosión.
"Top secrets"
Cash afirma que Howell dijo haber visitado la ciudad de Oklahoma acompañada por tres individuos entre los que se encontraban Andrew Straussmeyer y Dennis Mayhoum. ¿El objeto de la visita? buscar sitios para destruirlos con explosivos. Esa información ha sido removida de los archivos que el gobierno tiene sobre los informes de Howell, subraya el periodista. Una de las figuras centrales en todo eso es Mayhoum, exlider del Ku Klux Klan en Tulsa. Este individuo ha sido declarado persona non grata en Canadá, Alemania e Inglaterra pero es siempre bienvenido en las oficinas del FBI en esa ciudad, dice Charles.
Para el periodista Cash, la figura que quizá haya sido central en la operación es Pete Longen, un exmiembro de las Naciones Arias del Ku Klux Klan, que en 1983 fue enviado a prisión en el estado de Georgia, y que mientras se encontraba allí, recibió ofertas de empleo de parte del Servicio Secreto. Roger y yo tenemos evidencia de que la ATF proveyó a Carol Howell con materiales para fabricar artefactos explosivos, ella los llevó a Ciudad Eloheen y envolvió a Dennis y a otros a fabricarlos y explotarlos, luego regresó con los pedazos y los archivó. Después el FBI le ordenó a la ATF que terminara la investigación y destruyera la evidencia que tenían contra Dennis, dice. En el caso de Straussmeyer, Steven Johns, el abogado de Timothy McVeigh pidió al juez que ordenara a la fiscalía investigar todos los vínculos del alemán con agencias de policía e inteligencia. Cuando llegaron los datos, la defensa no pudo tener acceso a ellos. Beth Wilkerson, la subjefa de equipo de la fiscalía, aseguró al juez en conferencia a puerta cerrada, que Straussmeyer no estaba vinculado a ningún órgano del gobierno.
En agosto de 1995, Straussmeyer se mudó de Oklahoma a Carolina del Norte, y en diciembre se trasladó a Texas, por donde cruzó la frontera a México rumbo a su nativa Alemania. Después de que el gobierno se enteró que Straussmeyer había retornado a su país de origen, la división antiterrorista del Departamento de Estado lo declaró un terrorista vinculado a la explosión de la ciudad de Oklahoma, comenta Cash. Por su parte el teniente coronel retirado dice tener información de que Straussmeyer vive ahora en Dublín, Irlanda, en una casa propiedad de la policía y que según reportes, trabaja con el Ejército Republicano Irlandés.
Cuando Michael Tigger, representante legal de Terry Nichols (supuesto cómplice de Timothy McVeigh en la destrucción del edificio federal), hacía sus comentarios de clausura durante el juicio (de Nichols) dirigió su mirada a los miembros del jurado y dijo: el gobierno sabe la verdad de lo que pasó allá pero no les va decir porque piensa que ustedes no podrían entenderlo. Mientras tanto, McVeigh murió ejecutado por inyección letal, afirmando que él fue el responsable del magnicidio. Algunos incrédulos afirman que el gobierno hizo uso de varias agencias policiales que a través de informantes, persuadieron a McVeigh y otros como él, a ejecutar un plan gubernamental, destinado a fomentar apoyo político para aprobar legislación antiterrorista, preparada para contrarrestar a los grupos armados en el país.
Otros opinan que la tragedia pudo haberse evitado si los "supervisores" de informantes o soplones fueran menos ineptos. El resto cree casi todo lo que dice la prensa oficialista y responsabilizan a McVeigh del acto terrorista. Para Hugo Rodriguez, un veterano de 20 años en el FBI, la verdad se hará pública cuando el gobierno desista de pensar que los ciudadanos no son capaces de entender "top secrets".
