Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2010

Dilogo entre Jos Manuel Naredo y Jorge Riechmann
Perspectivas sobre el trabajo en la crisis del capitalismo

Olga Abasolo Pozas
PAPELES de relaciones ecosociales y cambio global

Jos Manuel Naredo y Jorge Riechmann reflexionan en este dilogo sobre el concepto de trabajo, sobre las caractersticas que ha adquirido y las perspectivas que se abren en el actual contexto de crisis de toda una fase del capitalismo. Abordarn la posible reformulacin del concepto y las posibles alternativas a la actual situacin de precarizacin del mercado laboral, de exclusin de amplios sectores de la poblacin mundial y de fractura social que las polticas neoliberales han instaurado.


Olga Abasolo(*): El trabajo se considera actualmente como una actividad humana orientada a la produccin de los bienes y servicios necesarios para la satisfaccin de las necesidades. Pero, al mismo tiempo, en la forma especfica en que tiene lugar bajo el capitalismo, el trabajo asalariado ha sido definido como el modo central de ejercicio de la dominacin y expropiacin burguesa y, como tal, ocupa un lugar central en la reflexin terica y poltica crtica. Creis que la nocin actual de trabajo es una categora til para pensar una sociedad verdaderamente alternativa a la actual?

Jos Manuel Naredo: No, no lo creo. Porque, al igual que otras categoras de la economa estndar, la nocin usual de trabajo es un regalo envenenado de la ideologa econmica imperante, que deforma sin decirlo la imagen que tenemos de la realidad. Pues sesga la percepcin de las actividades humanas a favor de aqullas que tienen una contrapartida pecuniaria y desatiende o invisibiliza otras que no la tienen, aunque sean de gran inters para las personas o para la sociedad, por ser fuente de placer o de creatividad, por ser bsicas para la buena convivencia o para el mantenimiento y la reproduccin social o porque se ejercen libremente, ya sea por el simple gusto de hacerlas o por impulsos cvicos, solidarios, amistosos o afectivos que inducen, precisamente, a compartir tareas y cuidados tiles aunque no sean gratificantes. El problema estriba en que hoy se acepta la nocin usual de trabajo, junto con aquellas de produccin, de crecimiento y de sistema econmico, como si de realidades objetivas y universales se tratara, cuando son creaciones de la mente humana orientadas a delimitar y a subrayar ciertos aspectos de la realidad y a soslayar otros, a valorar ciertos comportamientos y a despreciar otros. Pues tampoco solemos advertir que un determinado enfoque no slo contribuye a subrayar e incluso cuantificar ciertas cosas, sino tambin, por fuerza, a soslayar o ignorar otras. Es evidente que en este breve dilogo me ser difcil subvertir modos de pensar tan asentados, pero al menos tratar de sembrar algunas dudas sobre la universalidad y pertinencia de algunas de las categoras sobre las que se apoyan, como es la de trabajo, para mirar ms all y reenviar a algunas de mis publicaciones en las que trato con mayor amplitud estos temas.

En el captulo de Races econmicas del deterioro ecolgico y social [1] destinado a la mitologa de la produccin y del trabajo, argumento que la nocin actual de trabajo no es una categora antropolgica, ni menos an un invariante de la naturaleza humana. Sino que, por el contrario, se trata de una categora profundamente histrica. Pues la idea actual de trabajo, como categora homognea que engloba y mide en unidades de tiempo y dinero un conjunto de actividades a las que se atribuye algn producto o retribucin pecuniaria, se afianz all por el siglo XVIII, junto con el arsenal de conceptos que dieron vida a la nocin usual de sistema econmico. Estos conceptos antes no existan. Es decir, que no se vean las sociedades humanas desde el prisma de la produccin, el consumo, el trabajo, ni, menos an, el crecimiento econmico. Porque, como expuse largo y tendido en mi libro La economa en evolucin [2] no exista una nocin unificada de riqueza, ni de produccin, ni de trabajo.

Es la idea usual de sistema econmico la que marca fronteras definidas a estos conceptos, que si no se quedan desdibujados. Las contabilidades nacionales, que ofrecen el registro contable de esta idea de sistema, lo tienen claro. El aire que respiramos ni se produce ni se consume ni, por supuesto, respirar es trabajo. Como tampoco lo es correr, conducir, mover o clasificar objetos, dar patadas a un baln, hacer bricolage, cocinar, limpiar, cuidar personas, animales o plantas o cualesquiera otras actividades, a no ser que exista una contrapartida monetaria. Si esta contrapartida existe, es cuando pasan a convertirse en trabajos que, se supone, producen bienes y servicios.

Al igual que la nocin de produccin deja un medio ambiente fsico inestudiado, tambin la nocin de trabajo deja un medio ambiente social inestudiado. Mi propuesta es relativizar y abrir las nociones de produccin y de trabajo como categoras homogneas, para analizar las cosas heterogneas que incluyen y, tambin, las que excluyen, adoptando para ello otros enfoques capaces de abarcarlas. Yo empezara por proponer, como marco general, el anlisis del tiempo que dedican las personas a las distintas actividades a lo largo de las veinticuatro horas del da, para clasificarlo despus atendiendo a varios criterios. Uno de ellos puntuara el carcter ms o menos gratificante o penoso de las actividades realizadas, otro su carcter ms o menos libre o dependiente, otro atendera a su finalidad o utilidad social y otro a que estn ms o menos remuneradas (siendo ste ltimo el que delimita el conjunto de actividades que responde a lo que normalmente se llama trabajo). El cruce de estas variables permitira separar el grano de la paja, visibilizando tareas que, aun siendo imprescindibles para el mantenimiento de la vida y la sociedad, no se consideran trabajo, as como otras parasitarias o socialmente degradantes que s se consideran trabajo. O, tambin, se vera que el supuesto tiempo libre est plagado de servidumbres que las empresas, administraciones o familias han venido cargando sobre los hombros de las personas, dando lugar en parte a eso que Illich llam trabajo sombra (shadow work). sta sera la manera de visibilizar los aspectos y dimensiones que ocultan los enfoques econmicos dominantes de la produccin y del trabajo.

En resumidas cuentas, para pensar una sociedad verdaderamente alternativa a la actual el pensamiento tiene que escapar del cors de la ideologa econmica dominante con sus ideas de produccin, de trabajo y de crecimiento econmico. Precisamente creo que la gran tragedia del movimiento revolucionario no es ajena al hecho de que asumi, con un entusiasmo digno de mejor causa, las mismas categoras de produccin, de trabajo y de crecimiento que la economa poltica, y trat de competir con el capitalismo en su propio terreno ideolgico. Este aparato conceptual fue as una herencia envenenada que abrazaron ingenuamente los crticos del sistema con la vana pretensin de impugnarlo desde ella. El ejemplo de la antigua Unin Sovitica y de los pases de su esfera de influencia es poco reconfortante en este sentido: atizaron la pica del estajanovismo, del productivismo y del desarrollismo industrialista ms desenfrenado, con el lamentable desenlace de todos conocido. Ciertamente, la experiencia no ayud a construir ninguna sociedad alternativa econmica, ecolgica y socialmente ms saludable.

Jorge Riechmann: Yo lo veo de manera algo diferente. Primero, s creo que el trabajo, que es una nocin multidimensional, tiene bastante de constante antropolgica. El hecho de que el contenido del trabajo, las formas del trabajo, las relaciones sociales en las que se desarrolla hayan cambiado mucho a lo largo de la historia humana no quiere decir que no tenga sentido fijarnos en los elementos comunes de esa nocin. Yo s creo que se trata de una dimensin humana bsica, y creo adems que tenemos buenas razones, desde una perspectiva ecolgica y de transformacin social, para querer formular algo as como una tica ecolgica del trabajo, si no estamos de acuerdo y tenemos buenas razones para no estarlo con la tica burguesa, capitalista del trabajo; con la tica protestante del trabajo, tal y como la pens Max Weber. Se trata de una nocin multidimensional. Por ejemplo, si uno relee a uno de los clsicos de la ecologa poltica, como es E. F. Schumacher, en uno de sus libros, El buen trabajo, [3] nada ms empezar recuerda lo siguiente: el trabajo tiene tres dimensiones bsicas. La primera, la productiva, la ms evidente si se quiere, es la produccin de bienes y servicios tiles. tiles para qu? Bien, est luego todo este debate sobre las necesidades, qu necesidades, segn qu criterio discriminamos entre necesidades y meros deseos, qu es lo til y qu no, la produccin de lo superfluo y todo eso. Pero, de entrada, el trabajo produce bienes y servicios tambin entre los cazadores recolectores que trabajan adems de asistir a la sabrosa coyunda entre el cielo y la tierra y dems. Hay una segunda dimensin que se podra llamar de autorrealizacin o de cumplimiento humano, que es el empleo satisfactorio de los talentos y habilidades naturales del ser humano, las capacidades del ser humano. Tambin se es un aspecto problemtico, claro: las capacidades humanas tambin pueden desarrollarse en muchos sentidos, para lo bueno y para lo malo. Un caso extremo puede ser la ancdota que contaba Primo Levi, en uno de sus libros, sobre los campos de exterminio, donde evocaba el caso de un albail italiano con el que comparti su cautiverio, que tena que construir muros de ladrillo con fines inicuos, por ejemplo fortificando las fbricas de armamento de los nazis que funcionaban con trabajo esclavo. Este albail comunista, sin embargo, tena una tica del trabajo tan slida que lo haca totalmente inepto para el sabotaje; construa los mejores muros de ladrillo, aunque saba que estaba haciendo una barbaridad. De manera abstracta, podra decirse que las capacidades humanas tambin existen para el mal, igual que se pueden desarrollar para el bien; pero no deja de ser una dimensin bsica del trabajo y, a travs de ah, de lo humano. Y hay una tercera dimensin que es la de vnculo social, la de socializacin. Poner en comn esas capacidades con otros, persiguiendo fines comunes y creando sociedad en ese empeo. Conviene no olvidarlo. Si simplemente equiparamos trabajo con trabajo asalariado en el capitalismo, que es una cosa mucho ms restringida, y a partir de ah nos fijamos en los aspectos de dominacin, ejercicio de poder y produccin de lo superfluo, que es por donde van las crticas, yo creo que no estamos haciendo bien las cosas. El movimiento obrero formul una tica del trabajo que en algunos casos estaba demasiado pegada a la tica capitalista del trabajo, y en ese sentido tiraba piedras sobre su propio tejado: en ocasiones se trataba sin duda de una tica del trabajo demasiado productivista y demasiado puritana. Pero eso no agota la tica del trabajo ni las posibles ticas del trabajo. De hecho, un libro que recurrentemente aparece en estos debates y que en general no est muy bien ledo es El derecho a la pereza de Lafargue. [4] l lo que hace precisamente no es despotricar contra el trabajo como tal, sino formular la tica obrera del trabajo que es alternativa a la burguesa. Lo que est diciendo es precisamente: dejemos de despilfarrar, dejamos de perder fuerzas en la produccin de lo superfluo, centrmonos en la produccin de lo necesario. La propuesta que aparece en Lafargue no es dejar de trabajar. Parece que la gente no se da cuenta de cundo est de coa marinera: de verdad no sabemos leer un panfleto satrico apreciando la stira y la potente irona? Por ejemplo, cuando dice: tranquilicemos a los burgueses, a quienes sigan firmes en su aversin al trabajo vamos a acogerlos con los brazos abiertos, solamente a los burgueses adictos al trabajo los reeducaremos. Pero ms all de la stira, en la parte de sus propuestas positivas, lo que llama la atencin es la reduccin y redistribucin del trabajo. Lo que aparece una y otra vez es la propuesta de trabajar slo tres horas diarias porque con eso es suficiente, l argumenta, para producir los bienes y servicios necesarios para la vida. Igual que el movimiento obrero formul su tica del trabajo y yo creo que con buen criterio, aunque requiera esas correcciones que vamos sugiriendo, creo que el movimiento ecologista debera formular tambin una tica ecolgica del trabajo. Hay una cuestin muy de fondo que se podra mostrar tambin al hilo de Lafargue: el asunto de la confianza en la mquina, su idea de que la mquina es la redentora que va a aliviar todo el trabajo penoso. Aparece claramente el elemento de mecanizacin basada en combustibles fsiles, que ha sido central en el desarrollo de toda la era industrial. El movimiento ecologista, estoy simplificando mucho, lleva decenios alertando de que eso es insostenible, no vamos a poder seguir manteniendo ese curso industrial petrodependiente. Una sociedad con un sobreconsumo energtico basado en fuentes no renovables no puede seguir mantenindose: pero, precisamente, eso es lo que ha permitido aliviar un montn de trabajo penoso en la era del sobreconsumo energtico. Ahora, con la desvalorizacin general del trabajo a la que asistimos, los dardos mayores contra el concepto de trabajo se dirigen en realidad contra el trabajo manual, contra el trabajo penoso y en concreto la labor manual. En una sociedad ecolgica, en la misma medida en que vamos a tener menos sobreabundancia energtica, tendremos que recurrir ms al trabajo humano. Entonces, resulta contraproducente para el movimiento ecologista un tipo de crtica destructiva del concepto de trabajo, en lugar de una reformulacin de una tica del trabajo en el sentido ecolgico. Si denigra el trabajo, el ecologismo tira piedras contra su propio tejado.

JMN : Aviado estara el movimiento ecologista si tuviera que tragarse crudas las categoras de la ideologa econmica dominante, como produccin, trabajo o desarrollo econmico, dando por buena una universalidad de la que carecen. Y repito que es la idea usual de sistema econmico la que marca fronteras definidas a estos conceptos, que si no se quedan desdibujadas. Yo no pretendo vetar la palabra trabajo, sino ponerla en su sitio para que sepamos de qu estamos hablando, y hoy por hoy ese sitio es el que le marca la nocin usual de sistema econmico, atribuyndole retribuciones y contrapartidas productivas. Para que la palabra trabajo tenga significado ms all de sus fronteras habituales, a las que se atienen las estadsticas, las instituciones o la prensa, habra que definir otras fronteras y yo no pretendo ahora trazarlas. Es lo que hace Illich cuando nos habla de trabajo sombra, o el movimiento feminista cuando habla de trabajo domstico en un sentido ms amplio del que le otorga el enfoque econmico habitual o lo que intuyo que sugieres y me parece muy bien.

Pero la filosofa de la ciencia nos ensea que no son las definiciones explicitas y enumerativas las que marcan de verdad las fronteras de un concepto, sino la nocin de sistema que aporta la estructura conceptual y el dominio de aplicaciones del enfoque al que pertenecen. En el caso que nos ocupa es la idea usual de sistema econmico la que marca conjuntamente las fronteras oficiales de lo que es produccin y lo que es trabajo. Al igual que el sistema de la mecnica clsica establece una definicin bien clara y diferente de la nocin de trabajo: en los manuales de mecnica se llama trabajo a una magnitud igual al producto de la fuerza por el desplazamiento y potencia al trabajo por unidad de tiempo. Pero esta es una acepcin tcnica ms limitada. Lo mismo ocurre cuando en la ecologa se habla de produccin o de producto, atribuyndoles un significado distinto del que les otorga el enfoque econmico ordinario (se refiere a la generacin de materia vegetal mediante la fotosntesis), pero en ambos casos se precisa con claridad el significado para no inducir a confusin. El problema estriba en que el xito de la ideologa econmica dominante hace que toda la poblacin acepte indiscriminadamente las nociones de produccin, de trabajo y de crecimiento econmico como fuente inequvoca de progreso, sin preocuparse de precisar su contenido, ni de poner en cuestin el lado oscuro ni las lagunas asociadas a estos conceptos. Para iluminar ese lado oscuro y detectar esas lagunas es para lo que propuse cruzar la acepcin habitual de trabajo con otros enfoques que ofrezcan una imagen ms amplia y diferente de las actividades humanas. De este cruce podran surgir nuevas acepciones del trmino trabajo o nuevos trminos que definan y documenten nuevas percepciones. Yo no me opongo al uso de nuevas acepciones o adjetivos asociados al trmino trabajo, pero hay que proponerlas con claridad y tal vez la sociedad las acabe aceptando. Si no seguiremos en el mar de confusin y conformismo reinantes. Mientras tanto debe quedar claro que la nocin de trabajo que la sociedad y las estadsticas asumen es la que marca la ideologa econmica dominante. Y esta nocin es la que hay que relativizar y trascender, para que aunque siga existiendo la palabra, est ya lo suficientemente controlada como para evitar que siga ejerciendo su actual funcin mistificadora.

De lo anterior se desprende que yo no creo que la nocin usual de trabajo pueda calificarse de constante antropolgica ni de invariante de la naturaleza humana. La propia antropologa lo desmiente. En el captulo del libro antes mencionado comento que la antropologa aporta abundantes materiales que indican que en las llamadas sociedades primitivas la nocin de trabajo no tiene ni el soporte conceptual ni la incidencia social que hoy tiene en la nuestra. En consecuencia, se observa que su lenguaje carece de un trmino que pueda identificarse con la nocin actual de trabajo, pues cuentan solo con palabras con significado ms restringido, referidas a actividades concretas, o con otras mucho ms generales. Tampoco en griego antiguo, ni en latn exista la palabra similar a lo que hoy se entiende por. trabajo Como he indicado, hubo que esperar a que esta nocin se consolidara y extendiera por todo el cuerpo social, junto con aquellas otras constitutivas de la idea usual de sistema econmico all por el sigo XVIII.

JR : Pero no nos pasa algo parecido con todos los conceptos importantes? Hay que tener cuidado con el juego de las etimologas, y atender tanto a los cambios histricos que afectan a la semntica como a los ncleos de sentido que permanecen ms o menos constantes. Las palabras griegas que correspondan, ms o menos, a lo que ahora llamamos libertad no se solapan con el concepto moderno de libertad, y no por eso dejamos de entender a los griegos cuando hablaban de su libertad. Lo mismo si hablamos de felicidad: la eudaimona griega no coincide con la felicidad de los modernos, y no por eso dejamos de entender de lo que hablaban ellos hace 25 siglos. Pasa con todos los trminos importantes, por lo que eso no supone un argumento definitivo. La cuestin es ver si tiene sentido o no utilizar un concepto comn para todas esas actividades diferentes, teniendo en cuenta las transformaciones histricas que han sufrido tambin. Yo creo que s que lo tiene: si no acaba uno haciendo autnticos malabarismos conceptuales. Si trabajo es solamente trabajo asalariado bajo relaciones de produccin capitalistas, cmo vamos a llamar al trabajo domstico en las sociedades capitalistas o no capitalistas? Cmo vamos a llamar a la labor de los campos en sociedades precapitalistas y poscapitalistas? Me parece que es una cuestin bsica y que adems tiramos piedras contra nuestro propio tejado lanzando el concepto al cubo de la basura. No necesitamos proponer ahora un nuevo concepto de trabajo partiendo desde cero: lo lleva haciendo con mayor o menor fortuna el pensamiento de izquierdas, y tambin el feminismo, desde hace un par de siglos. Si empleamos la expresin trabajo domstico, la mayora de los lectores entendern que nos referimos a una actividad socialmente necesaria y habitualmente no retribuida: no necesitamos explicitarlo a rengln seguido, por lo general. Si hablamos de trabajo de labranza, nuestro interlocutor o interlocutora no dar por sentado que nos referimos a jornaleros que han vendido su fuerza de trabajo en un mercado capitalista. Me parece claro, por poner otro ejemplo, que el anlisis general del proceso de trabajo que propone Marx no permanece encerrado en el marco del pensamiento econmico dominante.

JMN : No se trata de tirar a la basura un concepto que, quermoslo o no, goza de muy buena salud, sino de desmitificarlo aclarando que es la ideologa econmica dominante la que marca sus lmites, como primer paso para poder relativizarlo y trascenderlo. Si consideras trabajo a todas las tareas domsticas y no slo a las expresamente remuneradas, habr que decirlo y fijar los lmites de lo que se entiende por tareas domsticas. Tendrs que utilizar, para ello, como propona antes, otros enfoques y nomenclaturas que fijen los lmites del nuevo concepto y bautizarlo ya sea adjetivando la palabra trabajo o recurriendo a otras. El problema estriba en que el lenguaje ordinario es tributario de la ideologa econmica dominante y que, sin darnos cuenta, tratamos de ver el mundo, en todo tiempo y lugar, aplicando o estirando sus propios conceptos: esto es lo que nos impide ver sociedades alternativas diferentes en el futuro, porque tampoco las vemos en el pasado. Por ejemplo, tendemos a ver todas las labores del campo desde la nocin actual de trabajo, ignorando que las prcticas agrarias debutaron en la historia de la humanidad impregnadas de un claro sentido ritual que poco tiene que ver con la actual idea desacralizada de trabajo. Lo mismo que pensamos que las personas del paleoltico trabajaban cazando o recolectando o, como apunt Keynes con cierto sentido del humor, que la construccin de las pirmides en el antiguo Egipto fue un buen invento para combatir el desempleo. Tendremos que hacer examen de conciencia y percatarnos de por qu pensamos que las personas del paleoltico trabajan cazando y, sin embargo, no pensamos que trabajen los acaudalados ciudadanos que cazan en un safari africano: hemos de reconocer que es la ideologa econmica imperante la que nos traza sin decirlo la frontera entre ocio y trabajo. No se trata pues de negar la nocin de trabajo, sino de relativizarla y usarla con propiedad, sabiendo dnde ponemos o queremos poner la frontera del concepto y conociendo lo que abarca y lo que queda fuera.

OA: Podran destacarse, de un modo muy sinttico, dos extremos en las interpretaciones ms frecuentes del concepto de trabajo sobre las que se ha reflexionado desde la izquierda. Una, lo entendera como condena (su origen etimolgico es tripalium: instrumento de tortura para amarrar al ganado y a los esclavos) y otra, como un potencial medio de autorrealizacin y de responsabilidad tica hacia la sociedad. Qu relacin consideris que existe entre trabajo y emancipacin; entre trabajo y libertad humana?

JR : Propongo detenernos un poco en el aspecto de los trabajos ms difciles y duros, en el trabajo sper penoso y degradante, porque ah hay una piedra de toque. En este debate a menudo asistimos tambin a la asimilacin del trabajo con otras categoras de actividad humana por parte, digamos, de los defensores del trabajo. A menudo encontramos la equiparacin del trabajo o con el juego o con el arte... y por parte de los detractores con la tortura y la terminologa recurrente de tripalium... resulta que el trabajo no es ninguna de esas dos cosas, o que es una cuestin que no va en ninguna de esas dos direcciones, o quiz tiene algo de las dos... lo que est detrs de todo ello son quiz desacuerdos en torno a las ideas de la condicin humana. La burguesa, y con ella tambin, como muestra Lafargue en su libro, buena parte del proletariado consciente, so con la erradicacin completa del trabajo penoso y degradante a travs de la mquina. Ah esta negro sobre blanco en El derecho a la pereza. Yo creo que el ecologismo no puede compartir ese sueo, como no lo han compartido otras culturas. Es un sueo completamente burgus, en ese sentido. Otras culturas han tenido una conciencia ms clara de la condicin trgica del ser humano: te ganars el pan con el sudor de tu frente. Con respecto a ese aspecto, sobre todo del trabajo penoso, ms duro, puede uno abrigar la ilusin de deshacerse completamente de l, pero yo creo que es ilusorio, no responde a lo que realmente somos y llegaremos a ser los seres humanos. Y, en cambio, con todas las medidas algunas de las cuales se han intentado tomar ya, y otras que podramos tomar, se podra acercar ms el trabajo al arte y al juego. Ah est un campo, digamos, bajo la etiqueta de humanizacin del trabajo, de las relaciones laborales, que est siendo un campo de accin del movimiento obrero desde sus inicios. Y es mucho lo que podra hacerse, sin embargo, no podemos pensar en eliminar esa parte dura y penosa del trabajo. Adems, muchos de los ms cotidianos, como cuidar ancianos incontinentes y limpiar las letrinas, van a seguir siendo necesarios, y lo nico que puede hacer uno con eso no es engaarse y pensar que va a poder conseguir robotizar por completo ese aspecto y quitrselo de las manos; creo que es contraproducente y nos lleva al tipo de contrasentidos que abundan tanto en esta sociedad... es preferible avanzar hacia una sociedad ms igualitaria en la que ese trabajo se reparta.

JMN : S, yo estoy de acuerdo con todo eso, pero volviendo a la pregunta, creo que su respuesta se clarifica mucho a la luz de mi propuesta inicial de abrir y relativizar la nocin de trabajo. Pues el conflicto entre los defensores y los detractores del trabajo es un dilogo de sordos que se deriva de la nocin misma de trabajo: unos ven en ella y ensalzan los aspectos positivos, gratificantes o socialmente tiles que encierra y otros los ms negativos, penosos y degradantes que tambin encierra. Para superar ese dilogo de sordos hay que romper ese cajn de sastre del trabajo para ver y valorar lo bueno y lo malo que hay dentro, en vez de tratarlo como un todo... tanto para idolatrarlo, como para denigrarlo en bloque. Y de esas cosas que hay dentro interesar promover las positivas y recortar las negativas.

Efectivamente, como dice Jorge, es un espejismo creer que la mquina podr eliminar todas las tareas penosas, pues podr recortarlas, pero no eliminarlas. La cuestin importante que define el tipo de sociedad en la que nos encontramos es la valoracin social y la retribucin que tienen esas tareas. El desprecio por esas tareas es un rasgo distintivo de todas las sociedades jerrquicas en las que una elite se sita en la cspide de la pirmide social. A medida que esa sociedad piramidal se consolid con la unificacin del poder y la aparicin del Estado en la historia de la humanidad, lo hizo tambin una mentalidad aristocrtica que ha venido despreciando las tareas ms duras o rutinarias ligadas al abastecimiento y la intendencia diaria que fueron quedando en manos de mujeres o esclavos. Ese mismo desprecio es el que seguimos viendo en la sociedad actual, pese a las declaraciones formales a favor de la igualdad de derechos. La escasa valoracin social de esas tareas, va unida su escasa retribucin monetaria. Pues el abanico de retribuciones que se observan en las actuales sociedades capitalistas tiende a distribuirse de forma inversamente proporcional a la penosidad de las tareas realizadas. Esto es un derivado de la que he denominado Regla del Notario [5] , que afirma que en la sociedad actual la valoracin de los procesos y las tareas tiende a evolucionar en proporcin inversa a el coste fsico y a la penosidad de los mismos, haciendo que los que son fsicamente menos costosos y humanamente menos penosos, se lleven la parte del len de la creacin de valor y la retribucin. Por ejemplo, las tareas de mantenimiento y cuidados ejercidas en el entorno del hogar, tienen poca valoracin social y muy escasa o nula retribucin econmica, lo que hace que la mayor parte de ellas ni siquiera salga en la foto de la nocin usual de trabajo. A la vez que las altas tareas de gestin, comercializacin, imagen y direccin empresarial o poltica gozan a la vez del prestigio social y de las retribuciones ms elevadas. En fin, que a la vez que se habla de la globalizacin econmico-finan-ciera, el aumento del paro y del trabajo precario, originan una creciente polarizacin social que se sita en las antpodas de esa sociedad de individuos libre e iguales de la que nos habla la utopa liberal. Los criterios de valoracin antes esbozados hacen que el capitalismo perpete la situacin observada en las sociedades jerrquicas anteriores en las que las tareas ms duras y degradantes eran a la vez las menos consideradas y retribuidas, llegando incluso a denigrar la pobreza hasta el punto de convertir en un insulto el mismo atributo de pobre hombre.

JR : Pero eso exige reivindicar el trabajo ms que denigrarlo, fjate que precisamente ese asunto de la Regla del Notario es muy ilustrativo. En sociedades como esta, con toda esa pujante dinmica notarial a todos los niveles, resulta muy llamativo el fenmeno de la huida del trabajo manual. Si uno considera las imgenes de joven trabajador que muestran la televisin y la prensa, tenemos a la joven actriz, el joven diseador, la joven estilista, el joven corredor de bolsa... eso es lo tpico. Alucinante, pero se trata de una deriva social muy generalizada: huyamos lo ms posible del trabajo manual (de donde se sigue la necesidad de incorporar al mercado laboral a montones de inmigrantes en condiciones lamentables, des-protegidos y privados de derechos, para realizar porciones cada vez mayores de ese trabajo desvalorizado). La salida no es por tanto la crtica destructiva del concepto de trabajo, es la defensa de una tica ecolgica y social del trabajo.

OA: Efectivamente, y como estis apuntando, para que una sociedad funcione alguien tiene que ocuparse de las tareas consideradas ms penosas y menos creativas y liberadoras. Qu soluciones basadas en la igualdad y la justicia social po dran darse en la prctica?

JMN : En primer lugar habra que valorar y distribuir mejor esas tareas rutinarias o penosas que son socialmente necesarias. Pero tambin habra que aderezarlas con relaciones sociales o aspectos atractivos, como hay ejemplos en la vieja cultura campesina. En las sociedades tradicionales que contaban con un campesinado libre ms o menos igualitario, se solan hacer tareas duras o repetitivas en comn, pero conllevaban encuentros, canciones o fiestas asociadas. El gran problema es que el capitalismo ha tendido a despojar esas tareas duras o rutinarias de cualquier distraccin o complemento gratificante, en aras de aumentar la productividad o reducir el coste laboral unitario, hacindolas mucho ms pura y exclusivamente penosas.

El movimiento sindical ha tratado de reducir y dulcificar la jornada de trabajo intercalando actividades personal y socialmente gratificantes, adems de exigir mayores retribuciones para las tareas ms penosas. Por ejemplo, en la minera ―uno de los trabajos ms duros, tradicionalmente a cargo de esclavos o penados― la presin sindical se ha conseguido en determinados pases notables mejoras en las condiciones de trabajo, los derechos y las retribuciones de los mineros, enderezando de alguna manera en este caso la Regla del Notario.

JR : Pero Jos Manuel, no ves que precisamente para eso una parte de lo que nos toca hacer es la reivindicacin del trabajo, porque el ncleo de la idea de trabajo es el trabajo manual Insisto: si hace falta invertir la Regla del Notario tiene que ser precisamente a travs de una tica del trabajo.

JMN : La ideologa econmica dominante ya se ha encargado de inventar, reivindicar y mitificar sobradamente las nociones homogneas de trabajo y produccin como para que tengamos que seguirlas reivindicando o demandando en bloque, incluido lo que juiciosa-mente se llama ahora trabajo basura, generalmente duro y mal retribuido. Pero entiendo que lo que propones no es reivindicar el trabajo, ni la produccin, en general, sino revalorizar las tareas ms duras y peor remuneradas para invertir la Regla del Notario. Estoy de acuerdo con esta reivindicacin o esta tica que apunta a enderezar la Regla del Notario, siempre que no desemboque en el estajanovismo. Creo que la finalidad de esa tica tampoco debe de ensalzar el trabajo duro y penoso en s mismo, sino tomarlo como una simple carga que la sociedad tiene que soportar, para hacer una llamada a la solidaridad en el reparto de esa carga y en el reconocimiento y retribucin de los que la soportan. Esto tanto en la sociedad en general, como en los colectivos concretos de empresas, administraciones, cooperativas o grupos de amigos y familias, pues siempre me han cado mal los que tratan de escaquearse a la hora de realizar tareas necesarias para el grupo, llammoslas o no trabajo.

OA: El feminismo ha enriquecido histricamente el debate y algunas voces proponen desde l un cambio de paradigma. El concepto de trabajo de cuidados, bsico en el proceso de reproduccin social, pone en el centro la sostenibilidad de la vida; pone el acento en la dimensin de calidad del trabajo, e incluye las dimensiones emocionales y ticas, contraponindolas a los valores productivistas. Plantea un cambio en el diseo tanto de las polticas pblicas como en la empresa privada; un cambio en el reparto del tiempo.

JR: Con respecto a los tiempos de trabajo, se trata de un aspecto central que han introducido, con toda la razn y mucha fuerza, en el debate las mujeres desde hace ms de 30 aos. La cuestin de los tiempos de trabajo formal, y por debajo del mismo todo el trabajo domstico y de cuidado y de reproduccin... En cierto sentido es ms trabajo que el mercantilizado y ms bsico y necesario. De nuevo, creo que ah la va de avance es una igualdad mayor, tambin en el desempeo de esos trabajos y en el gobierno de esos tiempos, con el aadido adems de que parte de esos trabajos ms difciles y desagradables de los que hablbamos se dan en esa esfera y van a seguir estando... Se trata de que cada vez ms sea una responsabilidad socialmente asumida.

JMN : Creo que toda esta esfera de tareas domsticas y cuidados saldra de la sombra a la que la somete la nocin usual del trabajo si se aplicaran los enfoques ms amplios que propuse al principio. Si se analiza el destino que hacen las personas de su tiempo, se apreciar el tiempo que destinan a esas tareas domsticas o de cuidados, est o no remunerado, visibilizando esa realidad antes soslayada. Si se cruzan despus estas tareas con el grado de penosidad o disfrute de las mismas o con la voluntad libre o la coercin que las impulsa, saldr tambin a la luz la complejidad de este campo cuyo juicio pormenorizado escapa a esta breve conversacin. Campo en el que se entrecruzan tareas realizadas con gusto o apoyadas por afectos y solidaridades diversas, con otros forzados por rutinas discriminatorias o por violencias ejercidas normalmente contra las mujeres. Una misma actividad, como es el cuidado de los nios, puede ser motivo de satisfaccin de padres y abuelos, hasta desembocar en casos de verdadera esclavitud: se habla de madres y abuelas esclavas. Este campo resulta, por lo tanto, difcilmente reductible a tiempo de trabajo homogneo desprovisto de sentimientos, valores y connotaciones ticas. A mi juicio habra que extender por todo el cuerpo social esa tica del cuidado, como rezaba el ttulo de un libro clsico sobre el tema, que hasta ahora ha venido recayendo fundamentalmente sobre las mujeres.

OA: Tendra, por tanto, sentido reivindicar que fuera social y polticamente sostenible algn tipo de organizacin colectiva del reparto del tiempo del trabajo y de sus productos conjuntos. Sera conveniente garantizar un derecho a ingresos desligado de la obligacin de contribuir al trabajo socialmente necesario?

JMN : Una cosa es favorecer el reparto de tareas y reequilibrio de retribuciones, ya comentado, y otra el derecho a ingresos desligados de deberes. Esto ltimo plantea otro tema, es que no puede haber una sociedad compuesta por una ciudadana libre e igualitaria sin que haya redes sociales que aseguren un mnimo de subsistencia. Desde hace siglos se sabe que no puede haber libertad e igualdad para todos, si no van acompaadas de fraternidad o solidaridad. Condorcet ya tena bien claro que para que la libertad e igualdad no sean una simple quimera, hace falta una red social que asegure a los que no tienen fortuna unos mnimos para que no se vean forzados a venderse o someterse a otros para subsistir aceptando condiciones precarias. En resumidas cuentas, que lo que habra que evitar es que nadie sea tan pobre como para tener que venderse a cualquier precio y que nadie sea tan rico como para que pueda comprar a otros a cualquier precio. Es evidente que junto a los derechos tiene que haber deberes, pero creo que concretar y matizar todo esto escapa a este breve intercambio.

JR : Las luchas por la igualdad, desde esa percepcin de que siempre habr una parte de trabajo necesario pero penoso que hace falta distribuir de la manera ms equitativa posible, requieren fortalecer las posiciones de los que ahora estn en peor situacin en nuestras sociedades. Pensemos en esas categoras de trabajos reservados a las mujeres y a los inmigrantes: en una sociedad decente eso tiene que cambiar, y los tipos de trabajo ms desagradable pero necesario deben retribuirse de la forma ms equitativa posible. Por qu no organizarlos mediante un servicio laboral obligatorio? Quiz no fuera una mala forma de abordar una parte de ese trabajo ms duro... haciendo visible especficamente en este caso el carcter socialmente necesario de algunos trabajos. Si nos cuesta tanto encontrar recolectores de fruta, o limpiadores, por qu no poner a todos los jvenes de ambos sexos durante un tiempo a la tarea? Por otro lado, ya sabis que desde hace tiempo soy ms bien contrario a la idea del subsidio universal incondicional (o renta bsica). No me parece una buena idea. Es decir, la parte racional es la que seala la imposibilidad de que en sociedades complejas como esta, con una divisin del trabajo sumamente enmaraada, la ideologa segn la cual las retribuciones que conceden los mercados corresponden a lo que cada uno aporta al producto social no tiene asidero. Eso justifica una retribucin en parte desligada del aporte al producto social general que cada uno hace: es el ncleo racional de la idea del subsidio universal incondicional. Pero creo que no debe, en parte por las razones de fondo que antes estaba comentando, no debe romperse el vnculo entre lo que uno da y lo que uno recibe en esa elaboracin del producto social y en esa creacin de un mundo humano comn. Una posibilidad sera precisamente, si decidimos introducir un subsidio universal incondicional, vincularlo a un servicio laboral obligatorio. A usted le toca trabajar en las tareas ms difciles, aprovechando que es joven y tiene fuerzas sobradas, no s, entre los 18-20 aos, o la edad que nos parezca, el tiempo que se calcule no para producir ms de lo necesario, sino lo que de verdad hace falta; y a cambio tiene usted su subsidio universal incondicional durante el resto del tiempo.

JMN : Por supuesto que hay que ligar derechos con deberes, pero, como ha apuntado Jorge, una de las cosas que ha desmontado la sociedad actual es esa idea del enfoque econmico ordinario que presupone que el mercado es justo porque hace que a cada trabajo le corresponda un producto fruto de su esfuerzo. Cuando la cotizacin y el negocio de las grandes empresas transnacionales se apoya hoy sobre todo, ms en la produccin de dinero financiero que en la produccin de mercancas, ms en la comercializacin que en la produccin y ms en la compraventa de acciones, empresas, inmuebles, terrenos y dems bienes patrimoniales, que en la de bienes y servicios, no cabe identificar la contribucin de este o aquel empleado a esa compleja y enmaraada creacin de valor. El predominio de este juego especulativo, unido la dimensin trasnacional de las grandes empresas, hace naufragar el viejo enfoque productivista del trabajo, al romper la asociacin directa entre trabajo y producto y entre derechos y deberes de los trabajadores y los empresarios. La revolucin francesa se hizo contra los derechos sin deberes de la nobleza, es decir, contra sus privilegios. Hoy en da lo que hace el sistema financiero internacional es distribuir derechos sin deberes, abriendo la puerta a nuevos privilegios.

OA: En el actual contexto de crisis del capitalismo se evidencia una transformacin de las relaciones entre trabajo y ciudadana: la extensin de la precarizacin y flexibilizacin del mercado laboral, la prdida de derechos de las trabajadoras y los trabajadores, la progresiva erosin de la ciudadana laboral; para algunos conlleva que la nocin de explotacin pierda progresivamente fuerza explicativa a favor de la de exclusin. Adems, el momento histrico que vivimos ha sido caracterizado tambin como de quiebra especfica de la conciencia social y colectiva. Qu papel creis que puede llegar a jugar la organizacin colectiva en torno al trabajo o al rechazo del mismo?

JMN: El problema es que el movimiento sindical se articula justo en torno a una nocin restringida de trabajo, la nocin al uso. Esta exclusin que comentas se relaciona con toda la preocupacin ms all del trabajo, que se une luego a lo que Ivn llich denomina trabajo sombra. Son actividades penosas, que hay que hacer, y que se echan cada vez ms encima de las personas, que en su tiempo libre tienen que resolver cantidad de cosas. Antes haba autobuses que llevaban a los trabajadores a sus empresas y ahora que cada cual se compre su coche, o que llegue al sitio como pueda, con lo cual ese tiempo, ese trabajo sombra, no est retribuido... Hay cantidad de aspectos que copan lo que se llama ocio, y por otra parte est todo el tema del paro in crescendo. Si los sindicatos se ocupan solo de lo que es trabajo y de reivindicar ms o menos los salarios de los que estn trabajando... o de pedir las peras del pleno empleo al olmo de un sistema que por sus propias caractersticas genera paro; para que la gente pida de rodillas un trabajo aunque sea precario... yo creo que habra que replanterselo desde una perspectiva mas amplia de toda la sociedad. Esas reivindicaciones, como detallo en el captulo dedicado al trabajo en el libro Races econmicas del deterioro ecolgico y social, deberan ir encaminadas no ya solo a enderezar la Regla del Notario, sino abrirse a preocupaciones sociales que van ms all de reivindicar sin ms los intereses de los asalariados afiliados...

JR: Yo creo que ah la lnea histrica de avance es la reduccin del tiempo de trabajo y la redistribucin del trabajo, durante toda una fase primera del movimiento obrero. Esa fue una fase absolutamente central, y se consigui pasar de las jornadas laborales de 16 18 horas diarias a la de 8 o un poquito menos. Y a partir de ah qued ms o menos congelado, perdi parte del protagonismo que haba tenido en las luchas obreras, y yo creo que, sin embargo, un anlisis del asunto muestra que es la nica forma de apuntar de verdad a una sociedad ms igualitaria y con una capacidad de regulacin colectiva de sus intercambios con la naturaleza, que es lo que necesitamos desde una conciencia ecolgica. Por lo tanto, la cuestin de la reduccin y redistribucin del tiempo de trabajo es bsica. En este sentido, la consigna de Lafargue sigue siendo de actualidad: trabajar tres horas al da y producir en ese tiempo lo necesario, no lo superfluo, sin rentistas ni notarios, digamos.

JMN: S es fundamental reducir la jornada. Pero, yo dira tambin, promover cierto trabajo libre o cooperativo en actividades que el Estado y, en general, toda la sociedad deja de lado. Habra que privilegiar esa salida para que la gente pueda valerse por s misma, que es lo que haba venido haciendo la mayora de la especie humana hasta que el capitalismo le cort las alas, obligndola a mendigar empleo dependiente a un empresariado que ha dejado de ser el explotador insaciable y cruel de la cancin, para convertirse en benfico creador de puestos de trabajo.

JR: S, bueno, pero no se trata solamente de las salidas digamos de autoayuda, autoorganizacin en tiempos malos, sino del asunto mucho ms amplio de la democracia econmica: formas de autogestin de la economa que han de aparecer en cualquier modelo de sociedad deseable. En una sociedad ecosocialista la forma de organizacin de las unidades econmicas tendra que ser cooperativa, claro.




[1] J. M. Naredo, Races econmicas del deterioro ecolgico y social, Siglo XXI, Madrid, 2006 [2 ed. actualizada 2010].

[2] J. M. Naredo, La economa en evolucin. Historia y perspectivas de las categoras bsicas del pensamiento econmico, Siglo XXI, Madrid, 1987 [3 ed. actualizada 2003; 4 ed. en preparacin].

[3] E. F. Schumacher, El buen trabajo, Debate, Madrid, 1980.

[4] P. Lafargue, El derecho a la pereza, Sevilla, Doble J, 2007.

[5] Expuesta tambin en el libro antes mencionado sobre las Races econmicas del deterioro ecolgico y social.

(*) Olga Abasolo Pozas es responsable del rea de democracia, ciudadana y diversidad de CIP-Ecosocial y jefa de redaccin de Papeles de relaciones ecosociales y cambio global

Fuente: Papeles de relaciones ecosociales y cambio global n 108 2009, pp 147-161

http://www.fuhem.es/cip-ecosocial/ y http://www.revistapapeles.fuhem.es/



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