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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2010

Vida cotidiana y vida meditica

Edgar Borges
Rebelin


En el libro Lo infraordinario (Impedimenta), Georges Perec (Francia 1936-1982) escribe: Quien nos habla, me da la impresin, es siempre el acontecimiento, lo inslito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes slo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantos ms muertos hay, ms existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el nico destino de los coches es chocar los rboles: cincuenta y dos fines de semana al ao, cincuenta y dos balances: tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escndalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada ms que a travs de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades histricas, conflictos sociales, escndalos polticos

La reflexin de Perec, que bajo el ttulo Acercamientos a qu? representa la introduccin del libro (traducido por Mercedes Cebrin), me reafirma la idea que me asalta (quebrando la realidad absolutista) cada vez que observo la calle y comparo vida cotidiana y vida meditica. Con el paso del tiempo la estructura meditica dominante (en cada momento histrico), a nivel informativo, ha ido creando una vida artificial que muy poco o nada tiene que ver con la vida annima, sencilla, ntima, de las personas. Del peridico que ejerca de intermediario del poder en una determinada regin, pasamos al voraz crecimiento de una industria televisiva que en las ltimas dcadas del siglo XX termin de consolidar la realidad segn el criterio del mercado de consumo mundial (bajo la dictadura del morbo y del miedo). Y hoy, siglo XXI, cuando las llamadas nuevas tecnologas (Internet como la Madre Red) le regalan a cada quien una realidad satlite de la realidad colectiva impuesta, hemos asumido (al ciento por ciento) el guin de una falsa (y mediocre) instantaneidad. Cambiamos la memoria vivencial por la memoria meditica. Ya no hay educacin ni cultura que valga; la pauta la dicta la industria de la estupidez. Hay un molde de realidad para cada grupo consumidor.

En casa el bombardeo de noticias (y la banalizacin del dolor) me hace temerle al mundo. De la puerta para fuera el infierno; dentro, seguramente, convivo con bestias disfrazadas de amigos. Quin me arrancar hoy la cabeza? Un vez que salgo a la calle (con cuatro ojos y siete sentidos en alerta), mucho despus de largas horas de contemplacin, me pregunt: dnde estn los abominables asesinos? por dnde andarn las malas madres? dnde est tanto marido desalmado? dnde se escondieron los hijos monstruosos? Dnde estn todas las realidades especficas con las que la televisin pretende generalizar nuestras vidas? Georges Perec dice que La prensa diaria habla de todo menos del da a da. La prensa me aburre, no me ensea nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querra formularlo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo dems, todo lo dems, dnde est? Lo que ocurre cada da y vuelve cada da, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo comn, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual, cmo dar cuenta de ello, cmo interrogarlo, cmo descubrirlo?

La interpretacin ha quedado reducida a la nada; la individualidad, hoy como nunca antes, est siendo arrollada por la uniformidad de una cultura global engaosa (vaca, hueca). Son muchos los escritores que han asegurado que la vida es una mierda. Perec, en cambio, se maravilla con Lo infraordinario. Su observacin de lo pequeo lo convierte en un notario de todo aquello (circunstancias, objetos, etc.) que ha dejado de asombrarnos. Quiz, despus de todo, la mierda sea la realidad meditica que sepulta (y adormece) los pequeos detalles de nuestra particular existencia.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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