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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2010

La vida en la ciudad de Tlemcen
Das tranquilos en Argelia

Jean-Pierre Sereni
Le Monde Diplomatique

La vida social renace en Argelia, un pas convaleciente. En Tlemcen, a 500 kilmetros de Argel, el boom inmobiliario y las grandes infraestructuras conviven con el desempleo y el mercado negro. El xodo rural modific profundamente el rostro tradicional de la vieja capital del Magreb central, haciendo renacer la nostalgia de un pasado glorioso.


La crisis? Qu crisis? exclama Djamel Bendimered, ex maquis y dueo de la fbrica de ladrillos ms grande del oeste argelino. Hay trabajo y dinero para mucho tiempo!. Ante l, el gran Tlemcen (250.000 habitantes) se extiende por ms de 20 kilmetros. De este a oeste, el gris del hormign va royendo la verde llanura de ms abajo, que hasta principios de los aos setenta estaba cubierta de vergeles y olivares. Empresas constructoras o particulares, cada cual edifica a su modo y de acuerdo a sus posibilidades. Tlemcen sigue coleccionando complejos habitacionales, barrios polvorientos y suburbios satelitales: Kiffane alberga a cuadros y funcionarios desde los aos ochenta; Imama, el nuevo centro, concentra sobre todo las oficinas.

Con la llegada de los aos 2000, todo se acelera. Oulidja ya tiene 35.000 habitantes; Boulidja, que la enfrenta en otra colina, alberga a 25.000. All es fcil reconocer si los edificios que levanta un constructor pblico la Agencia Argelina de Desarrollo de la Vivienda (AADL), con cuatro o cinco pisos de altura, muy coquetos con sus jardincitos prolijos pertenecen a inquilinos-propietarios inscritos en una frmula de acceso a la propiedad particularmente barata (el Estado se hace cargo de la mitad del precio de adquisicin). La vivienda social locativa no luce tan bien, aun cuando haya que ser un privilegiado es decir, tener buenas relaciones para gozar de alguno de sus bajsimos alquileres.

El particular, por su parte, construye primero un garaje en planta baja que servir de local, con la esperanza de levantar luego uno o dos pisos, o incluso ms si se trata de un buen ao. Montaas de chatarra superan por todas partes la altura de las paredes de ladrillo y piedra, nunca revocadas, siempre sin terminar.

El boom inmobiliario se autoalimenta. La gente viene de los 48 wilayas (departamentos) de Argelia para trabajar en las obras de Tlemcen, donde se construye sobre todo para albergar a los recin llegados. A pesar de los esfuerzos de los poderes pblicos, las villas miseria rebautizadas lugares de vivienda espontnea en la jerga oficial no han desaparecido. La ms importante, Boudghane, acurrucada al pie de la meseta de Lalla-Seti que domina la ciudad, albergara a 25.000 habitantes, contra apenas 3.000 al momento de la independencia, en 1962. El xodo rural primero y luego la inseguridad que dur diez aos, a fines del siglo pasado, aumentaron su tamao ms all de las medidas imaginadas. Se ha renunciado a destruirla, se ha intentado mejorarla. Ahora est construida en material y tiene antenas de televisin, terrazas, cuatro mezquitas que ha levantado la gente del barrio, fachadas que la municipalidad pint con cal y callejuelas angostas y serpenteantes. Con todo ello, atrae a los artesanos y prestadores de servicios de todo tipo que quieren ser olvidados por la administracin

Mejoras palpables

A partir de 2001, y sobre todo de 2005, gracias a la estampida de los precios del petrleo y el gas que Argelia exporta en grandes cantidades, se invirtieron importantes recursos para embellecer Tlemcen y su wilaya que, luego de la dcada negra, lo necesitaban bastante.

Faltaba agua potable, los establecimientos sanitarios estaban subequipados, las aulas desbordaban, muchos edificios pblicos estaban casi en ruinas. En 2004 el presidente Abdelaziz Buteflika, originario de la regin, mand a un wali (prefecto) de choque, Abdelwahab Nury. Durante cuatro aos, Nury haba retenido la muy expuesta prefectura de Ain-Defla en el centro del pas, feudo de los maquis islamistas rebeldes durante muchos aos. Misin: devolverle a Tlemcen una apariencia digna de su pasado.

El resultado es espectacular. Desde la salida del aeropuerto de Zenata, a 30 kilmetros del centro de la ciudad, una avenida de dos carriles, iluminada durante toda la noche, conduce a una entrada monumental, a un bulevar perifrico, a los chorros de agua de sus fuentes multicolores y a las veredas cuidadosamente embaldosadas con sus bordes pintados alternativamente de rojo y blanco, al estilo britnico. Un telefrico une los barrios del oeste con la meseta de Lalla-Seti a ms de 1.200 metros de altura recientemente acondicionada y muy frecuentada por las familias durante los fines de semana. Se estn construyendo dos enormes plantas de desalinizacin de agua de mar, unas zanjas abren las calles para hacer pasar las redes de agua, electricidad, gas natural, saneamiento. La cuasi totalidad de los hogares recibirn estos servicios.

Tiran una lnea elctrica de kilmetros incluso para una sola familia!, se entusiasma el wali, visiblemente indiferente a la difcil situacin financiera de la Sociedad Nacional de Electricidad y Gas (Sonelgaz), la empresa pblica argelina que, a falta de un aumento de tarifas aplazado ao tras ao, se endeuda ms all de lo razonable para satisfacer a sus clientes. Por primera vez desde hace treinta aos la poblacin de Tlemcen goza a la vez de tranquilidad y, a pesar de una inflacin que sigue siendo fuerte, de un principio de bienestar.

Las grandes obras no han terminado. Despus de Alejandra, Alep, Lahore y Fez, Tlemcen ser la capital de la Cultura Islmica en 2011. Su candidatura fue aceptada por la Organizacin Islmica de Ciencias, Eduacin y Cultura (Isesco, por su sigla en ingls), fundada en 1979 por los saudes e instalada en Djeddah. Se dispuso un ambicioso programa de equipamiento y se lanzaron quince proyectos, entre ellos un gran hotel en Lalla-Seti construido por una empresa china cuyos empleados (chinos) trabajan 24 horas por da para gran asombro de los tlemceninos, poco habituados a semejante ritmo. Si bien el programa hormign se detuvo, el envin sigue en el contenido religioso. Cada uno de los 49 pases miembro de la Isesco dispondr de una semana para presentar su cultura islmica. Qu dir Argelia? Por ahora no se sabe casi nada.

Sari-Ali Hikmet, Doctor en Medicina y Letras y miembro fundador de la Unin Nacional de Zauias de Argelia (UNZA) (1), tiene la firme intencin de aprovechar las circunstancias para volver a lanzar los ideales seculares del islam magreb. A diferencia de la doctrina wahabb, llegada de Arabia Saudita, nosotros siempre pregonamos la separacin del poder temporal del poder espiritual. Sidi Boumedine, el santo patrono de la ciudad, plante ya en el siglo XII que haba que respetar al Rey, explica Hikmet, cuyo abuelo fue el primer mdico musulmn de la ciudad. Las zauias, en conjunto, se negaron a apoyar al Frente Islmico de Salvacin (FIS) entre 1989 y 1992, y muchos de sus dirigentes lo pagaron con sus vidas. El rgimen se ha mostrado agradecido y el Estado los ayuda en sus mltiples actividades filantrpicas, desde los canastos de Ramadn (2) hasta los comedores populares. Los dejar por ello inmiscuirse en la enseanza oficial, como pide la UNZA, que dice representar a 8.900 zauias afiliadas a nueve grandes cofradas, en las que se encontrara la mayora de la poblacin argelina?

La desconfianza no desapareci. Son oportunistas se preocupa un importante productor agrcola de la meseta de Terni. Su islam pretendidamente moderado no es ms que un desvo para llegar a sus fines: un rgimen islmico. No queremos que Tlemcen se convierta en una ciudad islmica. Mientras tanto, durante el ltimo ao se cerraron 15 de las 16 expendedoras de bebidas que servan alcohol en esta ciudad austera donde no hay cine ni teatro y apenas un restaurant digno de ese nombre

La religin sigue siendo el centro de la vida social de esta polis devota, donde la mezquita impone el ritmo cotidiano, ocupa los espritus y domina las conversaciones. Los jvenes se disputan el honor de llamar a oracin desde el minarete de su barrio, la poblacin reclama altoparlantes suplementarios para or mejor la palabra sagrada, y mala suerte para los insomnes despertados antes del alba por el primer llamado a oracin. Ms all de mi oficio, yo me consagro al islam, exclama, exttico, un plomero barbudo y tmido.

Mezquitas controladas

La vigilancia de las 34 mezquitas de Tlemcen que lleva a cabo la prefectura es muy estricta. Recuperamos el control. El imam es un empleado del Estado: se le comunica en grandes lneas el contenido de su prdica del viernes, que no debe superar los veinte minutos. Antes, cualquiera llegaba y tomaba su lugar; l los dejaba porque no estaba apoyado por las autoridades, explica pausadamente un funcionario de la wilaya. Guarda en su bolsillo las llaves de la Gran Mezquita, cuyos horarios de apertura son fijados por la administracin: una hora antes del almuerzo para la oracin del Dhuhry y luego, de 16 a 22, para la ltima oracin. Antes, demasiada gente pasaba la noche ah y degradaba el lugar, contina.

En realidad, el rgimen est convencido de que una vigilancia insuficiente de los lugares de oracin por parte del Ministerio de Asuntos Religiosos facilit el ascenso del FIS hace veinte aos. Los frrots (sobrenombre que circula en la calle para llamar a los militantes islmicos radicales) no desaparecieron, pero son menos los que se muestran en sus tnicas blancas y no buscan llamar la atencin. El velo integral pas de moda entre las mujeres jvenes en beneficio de una paoleta ms liviana. En esta ciudad estudiantil, muchas alumnas secundarias y universitarias van orgullosamente con sus cabezas destapadas. Cmo voy a encontrar un marido si oculto la cara?, se preocupa una de ellas.

La creacin de mezquitas est cuidadosamente regulada. El terreno slo puede ser cedido por el Estado, la asociacin que la construye debe ser aprobada por la administracin, y el dinero de la colecta de los viernes en las principales mezquitas, que en principio les es devuelto, es repartido discrecionalmente por el wali.

Las mezquitas no constituyen una excepcin. En todos los mbitos, el wali es el hombre fuerte de la ciudad y del departamento. No se hace nada sin su anuencia, y ningn cuerpo intermedio limita su poder. Su omnipotencia se debe a que todo el dinero proviene de Argel, ciudad rica gracias a los ingresos de los hidrocarburos (3). Los legisladores locales no tienen recursos ni legitimidad, los notables tradicionales estn ausentes de las instancias oficiales. Muchos de ellos tienen la vaga sensacin de haber sido estafados desde 1962.

Tlemcen era una de las tres ciudades de la Argelia francesa que tenan un liceo franco-musulmn, una institucin original que reuna una slida formacin en rabe y un curso secundario francs. De all salieron plyades de jvenes y brillantes profesionales que desempearon papeles importantes, en la lucha por la Independencia primero y en el joven Estado despus. Ministros, jefes de empresas pblicas, directores de la administracin pblica, los originarios de Tlemcen que pasaron por el liceo franco-musulmn y por el colegio Slane otra institucin, ocuparon durante largo tiempo los puestos clave, ms all del ejrcito y los servicios de seguridad.

La conversin catica del socialismo a la argelina a la economa de mercado en los aos noventa desvitaliz a las empresas pblicas. Las fbricas de dicho sector fueron cerradas o puestas en hibernacin y sus dirigentes se vieron eclipsados por el ascenso del sector privado y los hombres de negocios, una nueva categora social que tiene el dinero e incluso los medios para manejarse. Slo los mdicos escaparon a cierto desclasamiento, pues si bien Argelia dispone de un sistema de salud gratuito implementado a partir de 1974, en la prctica hay que apelar a menudo al propio bolsillo para recibir atencin. La ciudad tiene una decena de clnicas y algunas aprovechan la vetustez del viejo hospital colonial construido en 1947 para atraer a los enfermos con fortuna. En su momento, un nuevo Centro Hospitalario Universitario (CHU) debera completar el monumental campus de 140 hectreas de la Universidad Abou Bekr Belkaid de Tlemcen, que est a punto de ser terminado y que ya recibe a 35.000 estudiantes, de los cuales 58% son mujeres. Ellas quieren triunfar; trabajan ms que los muchachos y sus familias ya no son reticentes a que terminen sus estudios antes de casarse con un hombre que acepte que ellas trabajen, se entusiasma el rector de la Universidad Nourredine Ghouali, matemtico y nativo de Tlemcen.

Sin embargo, la llegada en masa de poblaciones venidas de otras partes, y a menudo de origen rural, dan a los tlemceninos de cuna que tan orgullosos estn de su linaje el sentimiento de ahogarse en su propia ciudad. Los neocitadinos son por lo menos cinco veces ms numerosos y sus negocios, ms que sus clientes, sobrecargan las veredas del centro, donde compran casas viejas para demolerlas y construir all bloques de hormign hermticos, pesados y sin gracia. Smbolo de esta divisin de la ciudad: los matrimonios. No es cuestin de que mi hija se case con uno de ellos, exclama una ama de casa antes de contar la historia de la hija de unos amigos que despos a un muchacho de Ain-Sefra, a 300 kilmetros de aqu, contra el consejo de sus padres. Su padre la repudi!. Ms diplomtico, el marido explica: Si el matrimonio termina mal, entre las familias viejas de Tlemcen, que a menudo estn emparentadas, la cosa se arregla sin mucho ruido, se sabe cmo actuar. Con los otros, no sabramos qu hacer

La base econmica de los padres se vio mermada por los sucesivos decretos llegados de Argel: la comercializacin de los productos agrcolas fue estatizada por el presidente Ahmed Ben Bella en los aos sesenta, las tierras fueron colectivizadas por Houari Boumedine en los setenta. Una burocracia puntillosa y a menudo imprevisible desalent a tejedores, labradores, zapateros y orfebres cuyos talleres, de a cientos, representaban una riqueza de la ciudad que no ha tenido remplazo. Apenas quedan unas cuarenta pymes, de las cuales menos de diez tienen algn nivel, confirma Chekib Mered, un joven y dinmico fabricante de medicamentos. Los dos grupos industriales ms grandes tienen un millar de empleados cada uno y trabajan sobre todo para el Estado. Sin embargo, el retorno a la inversin aqu es considerable, seala el director de la filial local de Natexis, un banco de negocios francs. Pero las inversiones industriales son poco frecuentes. Faltan capitales, administradores y personal calificado, se enoja Abdelhak Boublenza, que exporta la totalidad de su produccin de algarrobas (4) y lidera una asociacin de jvenes emprendedores para crear una escuela de negocios en Tlemcen. La culpa es del sector informal, que nos hace una competencia desleal, opina Sid-Ahmed Habri, al frente de Mega Papiers, un negocio de papelera.

Trfico en la frontera

Como causa o consecuencia de esta trgica falta de empresas, de actividades y empleos (5), el mercado negro estall. Sin cargas sociales, impuestos, tasas aduaneras ni reglamentos, el sector informal no produce nada pero importa todo y prospera en la impunidad. Este cncer, activo en todo el pas, adquiere aqu un aspecto particular. La frontera argelina-marroqu, muy cercana, permanece cerrada desde hace ms de quince aos. Cerrada pero permeable! (6) En la ruta que bordea la frontera, de Lalla-Marnia al Mediterrneo, reina un trnsito intenso; una flota de viejos Mercedes, Renault 21 o camiones fuera de estado ejecutan un ballet ininterrumpido. Su carga? Fueloil disimulado en tanques suplementarios, arreglados por los innumerables mecnicos instalados desde Soudani hasta Boukanoun.

Gracias a la obstinacin de los parlamentarios, los precios de los combustibles no se movieron en los ltimos diez aos, mientras que en Marruecos fueron alinendose progresivamente con los de Europa. Por eso, la diferencia es de 1 a 10 y el trfico aporta jugosos beneficios. A pocos metros de la frontera se cavaron cisternas grandes como playas de estacionamiento subterrneas, donde los comerciantes entregan su precioso lquido, que a la noche se encaminar al otro lado mediante una canalizacin de irrigacin convertida en oleoducto, a menos que sea transportado por asnos que no necesitan de nadie para encontrar el camino hacia el cliente.

Las casernas de gendarmes, guardias fronterizos y aduaneros, los fortines blancos del lado argelino, rojos en Marruecos pueden multiplicarse, la calesita de vehculos no se detiene. El comerciante que compra su fueloil en una de las 17 estaciones de servicio fronterizas de Naftal, empresa pblica, gana como mnimo cuatro veces el salario mnimo argelino (120 euros). Algunos hacen hasta 14 idas y vueltas en un da, se indigna un viejo funcionario aduanero jubilado.

Los marroques, en contrapartida, venden droga. La regin de Rif, gran productor de kif, est a dos pasos. La mercadera se calibra cuidadosamente: las plaquetas marcadas con la estrella de Mercedes se destinan a Europa: las que tienen una abeja van a frica del este y a Medio Oriente y el resto vuelve a Argelia, sobre todo a las grandes ciudades, donde parece haber cada vez ms consumidores.

Los frutos del trfico son visibles en toda la zona fronteriza, empezando por Marnia que, lejos de sufrir el cierre de la frontera, aprovecha el lavado: proliferan los edificios de alquiler y los hoteles de lujo. Su poblacin se multiplic por trece desde la independencia, el boom inmobiliario es aun ms espectacular que en el Gran Tlemcen, con el que ahora parece rivalizar. Los traficantes ms ricos construyeron mansiones de cuatro o cinco pisos coronadas con pequeos campanarios y cpulas pintadas de colores vivos, casas que tambin se encuentran en otras localidades fronterizas.

En agosto pasado, un camin cargado con nafta de contrabando explot en Ghazaouet, matando a casi veinte personas. Ante la conmocin popular, Argel aplic sanciones y pocos das despus el trfico retom su curso normal. Estall un principio de motn: Dennos trabajo, protestaban los trasportadores del fueloil. Apenas se hace un poco de presin la cosa va mal; entonces se hace la vista gorda para tener paz social, grue un suboficial de Aduana. All se juega sin duda el futuro de Tlemcen, y quiz de toda Argelia. Cmo ofrecer verdaderos oficios a esos miles de jvenes que sobreviven a fuerza de trfico en pequea escala y changas? Cmo normalizar el sector informal, hoy dominante, para ponerlo al servicio del desarrollo local, para que entre en caja, para que respete la ley y genere las empresas y los empleos que tanta falta hacen? La respuesta est en Argel, a 500 kilmetros de all

Notas:

1 Las zauias son estructuras religiosas tradicionales vinculadas con la vida social local, organizadas bajo un modo cooperativo en torno a un lugar de oracin, de enseanza y de albergue.

2 Operacin de distribucin de una canasta caritativa que contiene productos de primera necesidad.

3 Los hidrocarburos constituyen el 98% de las exportaciones argelinas (80.000 millones de dlares en 2008; se calculan menos de 40.000 para 2009) y la mayora de los ingresos fiscales. Las reservas de cambio son importantes (150.000 millones de dlares) y el endeudamiento exterior del pas es menor. Ver O va largent des hydrocarbures, Le Monde diplomatique, Pars, abril de 2006.

4 La algarroba, producto de cosecha, se utiliza en la industria farmacutica y en la agroalimentaria.

5 El desempleo sigue siendo alto (oficialmente, 10%) y el empleo es a menudo precario (construccin, tiendas) fuera de la Administracin, que es el principal empleador de la wilaya. Los jvenes profesionales difcilmente encuentren trabajo; paradjicamente, en Hennaya, a 20 kilmetros de Tlemcen, no se recogen las aceitunas por falta de mano de obra.

6 Vase Francis Ghils, El costo del no-Magreb, Le Monde diplomatique, edicin Cono Sur, enero de 2010.


Fuente: Edicin impresa de Le Monde Diplomatique (Francia). Febrero 2010, pgina 1, 18 y 19.

Traducido para Informe Dipl por Mariana Sal



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