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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2010

Turismo, consumo y acorralamiento de recursos nativos

Emiliano Bertoglio
Rebelin


En la actual conformacin social la vida de verano suele tener lugar como tal siempre y cuando permita la concrecin de ciertas aspiraciones burguesas, como la autoridad econmica que canaliza derroche, opulencia, cierto capricho. Entre el inmenso cmulo de mercancas que se ofrece para su vido consumo, se mercantilizan incluso aquellos recursos naturales nativos que ya se presentan como escasos: de ser propios a un lugar determinado, adquieren valor comercial por haberse tornado extraos. Los ejemplos ms visibles son slo el pice perceptible de la irracionalidad inherente a los parmetros de consumo moderno-occidentales. Pues el propio sistema capitalista-neoliberal explota hasta la extincin los insumos que necesita para generar las mercancas que hacen a su esencia. Se escribir el fin del capitalismo en paralelo a los lmites fsicos del planeta?

Temporada estival: miles de familias huyen del agobio de las grandes metrpolis hacia los destinos que prometen distensin y relax. Respetando sus habituales parmetros de abundancia, determinado sector social permuta el diario consumo propio a la vida en la inmensa ciudad por otros pintorescos objetos: artesanas, adminculos para la playa, platos extravagantes, ropa de colores excntricos y un inacabable catlogo de enseres imprescindibles.

La mercantilizacin de la vida profundizada con las transformaciones econmicas de la dcada del 90 trastoc los sentidos de muchas prcticas sociales. Entre otros, los de la recreacin veraniega. El turismo de los estratos relativamente acomodados y de las clases medias muchas veces auto representadas como portadoras de aspiraciones, valores y privilegios burgueses-, parece materializarse objetivamente slo si adquiere el estatus de espacio y tiempo de consumo. Excede, de esta manera, al simple ocio y descanso familiar.

Cuntos paradisacos lugares aparecen como desolados, no son anotados como destino de plcido descanso en las respectivas guas ni beatificados con el ttulo de paisaje, si no cuentan con una feria fenicia que garantice el paseo comercial diario, dador de sueos y de pasajera felicidad?

Voraz e inescrupulosa, la economa neoliberal se caracteriza entre otras cosas por producir mercancas en diferentes escalas y mbitos- sin importar los costos sociales, culturales y ecolgicos de ello.

Respecto de estos ltimos, y considerando el caso de las serranas cordobesas, uno de los ms promocionados destinos tursticos argentinos, es tan llamativo como variado el abanico ofrecido de mercaderas y servicios elaborados con insumos de la flora y fauna nativas que por distintos motivos hoy resultan escasos o casi extintos en la regin[2]. (Irracionalidad que se adosa, por cierto, a la tan comn dilapidacin de recursos naturales en general).

Muebles de algarrobo, peperina (y distintas especies aromticas y de uso medicinal francamente amenazadas por la extraccin compulsiva), Carbn de quebracho blanco, escabeches de liebre y de pato silvestre, Cabrito a la lea (lase madera de monte nativo), labores con cueros de animales no domsticos, Cabaas de troncos. Estos y otros inslitos placeres son anunciados por carteles y volantes. Parecen slo unos tems dentro del exhaustivo men preparado para satisfacer la avidez de los comensales. Pero, tanto los mencionados como muchos ms, son amasados con los pocos especimenes del tipo que la explotacin intensiva del hombre permite subsistir en la regin[3].

Extraas, inhallables exquisiteces que otorgan a los apetitosos compradores cierta distincin social; o el particular deleite individual de estar all en donde otros no, ni en el presente ni a futuro.

Se ofrece slo un plato caliente que se digiere ingenuamente, sin sopesar la inevitable destruccin supuesta en esta transformacin de recurso natural a producto de mercado? O se trata por parte de quien lo consume de la obtencin de un souvenir, de un simbolismo que se fundamenta en el acceso y la conquista de lo ms recndito y ltimo del medio nativo, vivo desde tiempos inmemoriales hasta el momento de aparecer etiquetado en la gndola?

Como sea, por unos pocos pesos generosamente el sistema permite participar del singular (y quiz no dimensionado) privilegio de maltratar al ambiente, de desbaratar su equilibrio.

Dentro de la lgica del consumo indetenible e irreflexivo, el gozo se erige sobre el cadver de lo virgen. La vida es momento, es presente y yo: no hay ni tiempo ni sentido de la alteridad para reparar en las bellas y diminutas lumbres que se manifiestan frente a los ojos, que si bien pequeas, son en fin las que hacen al indescifrable rompecabezas de la biodiversidad planetaria. Los ejemplos antes referidos son slo pequeos testimonios distinguibles entre tantos gestos inciertos, borrosos. Pero permiten certificar con nitidez la triste insensatez del modelo de hombre dominante en esta poca de la historia. Pues cuanto menos sustentable son las acciones humanas, ms evidente se hace la formulacin de Franz Hinkelammert segn la cual la globalizacin del capitalismo constituye una conformacin canbal respecto del sujeto y del entorno. Aunque tambin, suicida, en tanto para asegurar su existencia socava los propios basamentos en los cuales se asienta la humanidad[4].

En las antpodas del sistema y fuera de esta factibilidad autodestructiva y de la consecuente eliminacin de los hombres que lo padecen a la vez que sostienen- slo puede pensarse en una posibilidad para evitar este escenario: la sensibilidad por la sencillez de la vida; y la consciencia colectiva, revolucionaria, emancipatoria.

Notas:

[1] Por Emiliano Bertoglio. Sierras de Punilla (Crdoba, Argentina). Enero, 2010.

[2] Antese que las diferentes especies amenazadas son valiosas en s mismas, pero tanto ms en tanto parte de un conjunto (considerar a los ejemplares de la flora y de la fauna como existentes independientemente de los dems, es contemplarlos desde una perspectiva excesivamente tcnica, aislados del contexto en el cual desarrollan su vida). Dentro del conjunto que componen, cada accin violenta del hombre altera la delicada necesidad mutua entre quienes conforman la biodiversidad, y no slo a tal o cual animal o planta.

[3] Adems de estas delectaciones autctonas, como goces exticos o provenientes de ignotas regiones, los locales de venta de productos regionales ofertan opciones como ciervo ahumado y salames de jabal, entre otros. (En sintona con las anteriores graficaciones, un selecto restaurant de la Capital Federal honra a sus comensales con un plato formado por carne de yacar asada).

Debe considerarse que en las serranas cordobesas los ofrecimientos constituyen o alternativas de economa de subsistencia para los autnticos lugareos, en donde la explotacin generalmente es menos intensiva; o relativamente importantes emprendimientos comerciales de los migrados capitalinos que buscan en los nuevos aires una vida lejana al vrtigo de la ciudad.

[4] Franz Hinkelammert, El nihilismo al desnudo. Los tiempos de la globalizacin. 2001. Coleccin Escafandra. Santiago de Chile. En sintona con esta expresin, dice Cecea que El mercado, por s mismo, es autodestructivo. [] [Con muchos de] los desarrollos tecnolgicos que se han conocido en los ltimos 30 aos, se traspas el umbral de la mayor catstrofe ecolgica registrada en el planeta. Esta lucha del capitalismo por dominar a la naturaleza e incluso intentar sustituirla artificialmente, ha terminado por eliminar ya un enorme nmero de especies, por provocar desequilibrios ecolgicos y climticos mayores y por poner a la propia humanidad, y con ella al capitalismo, en riesgo de extincin (Ana Esther Cecea, El posneoliberalismo y sus bifurcaciones. Artculo publicado en www.rebelion.org, el 5 de enero de 2010 y das ss.).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons , respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes



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