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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2010

La mala ficcin de la TV

Edgar Borges
Rebelin


La televisin (sobre todo en su concepto informativo) me parece una mala ficcin. La radio, en cambio, al igual que un libro, ofrece la posibilidad de construir una realidad poderosa, saludable, siempre con la activa participacin del receptor. La voz que cuenta una experiencia a travs de la radio invita al oyente, por la caracterstica mgica del medio, a levantar sus propias interrogantes. Con toda la carga de reflexin y diversidad que eso implica. Un libro es eso, una interpretacin del yo y de los otros; el escritor expone su voz y el lector la disea segn su propia inventiva.

La televisin (que conocemos) ha actuado como creadora de una realidad pasiva, mediocre y engaosa. Bastara con analizar la siguiente frase del escritor Peter Handke: En la televisin, un dirigente palestino hablando en rabe muy tranquilo mientras la intrprete traduce muy apasionada al francs. Ante esto, habra que preguntarse: Qu le ocurre a la intrprete? O si aplicamos la interrogante al da a da televisivo: Por qu la reportera est tan nerviosa? Sin embargo, en la atencin del espectador quedar la angustia de la intrprete o de la reportera, como as lo manda la lgica televisiva (un nuevo ataque a los nervios aumenta la estupidez, y los patrocinios, dice un agudo gerente de la tv) Poco o nada se comprender el mensaje del dirigente palestino. Pero, cul sera el efecto si en reposo mental (cosa imposible en medio del circo informativo global) observramos la representacin (porque es una mala representacin) de la reportera? Acaso no nos compadeceramos de su sistema nervioso? No pensaramos que todo el personal de esa empresa requiere con urgencia tratamiento psicolgico?

No obstante, como la observacin no es un recurso normal por estos das, el pnico se siembra en la vida cotidiana del espectador. Y se asume como realidad colectiva la mentira de unos pocos. La gente en la calle juega a gritar como gritan los presentadores; juega a sufrir como sufren los protagonistas del show planetario televisivo; juega a temblar de miedo como tiemblan de miedo los reporteros; juega a amar como aman los personajes de las telenovelas; juega a vivir como cuentan la vida los noticieros. Juego mediocre que slo respeta las reglas del poder. Reglas que se interpretan para trastocar la vida de las mayoras. De la mentira de la objetividad pasamos a la imposicin de una subjetividad: la del mercado de consumo.

Habra que detenerse, contemplar el festival de la ignorancia meditica y desde la calma preguntarse: Es que los seres humanos somos tan mediocres como nos dibuja la tv?

P.D.: Habr que ver si aceptamos que Internet sea una rplica de la dictadura de la mediocridad o un recurso de nuestra inventiva.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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