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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2010

Es creble Human Rights Watch cuando habla de Cuba?

Tim Anderson
Monthly Review

Traducido para Rebelin por S. Segu


A finales de 2009, la organizacin Human Rights Watch (HRW), con razn social en Nueva York, public un informe titulado Un nuevo Castro, la misma Cuba. Basndose en el testimonio de ex presos, el informe condenaba de manera sistemtica al gobierno cubano, calificndolo de tirnico y acusndolo de utilizar su maquinaria represiva, leyes draconianas y juicios arbitrarios para encarcelar a decenas de personas que osaron ejercer sus libertades fundamentales.

El grupo afirma que entrevist a 40 prisioneros polticos y que analiz las leyes extraordinarias que permiten que los cubanos puedan ser encarcelados simplemente por expresar opiniones crticas de su sistema socialista.

A primera vista, se nos podra perdonar por pensar que Cuba es uno de los peores violadores de los derechos humanos en las Amricas. Sin embargo, la ms somera reflexin podra llevar a cuestionar tales declaraciones procedentes de los EE.UU., un pas con miles de prisioneros mantenidos en una red internacional de crceles secretas, muchos de ellos sometidos a regmenes de tortura.

Es creble este informe crtico sobre Cuba? A quin representa Human Rights Watch?

La respuesta a la ltima pregunta es un poco ms difcil que en el caso de otras organizaciones como la National Endowment for Democracy (NED), establecida por el gobierno de los EE.UU., o incluso Reporteros sin Fronteras (RSF), con sede en Francia y financiada directamente por el Departamento de Estado usamericano en algunas de sus campaas contra Cuba. A la manera de los periodistas empotrados que viajan con las tropas de EE.UU. en todo el mundo, la NED y RSF pueden ser considerados vigilantes empotrados que contribuyen a legitimar o deslegitimar determinados gobiernos en funcin de la poltica de EE.UU.

Human Rights Watch, sin embargo, no est financiada por el gobierno de los EE.UU., si bien obtiene la mayor parte de sus fondos de una serie de fundaciones usamericanas a su vez financiadas por muchas de las mayores corporaciones de este pas. Estas fundaciones, privadas y adineradas, suelen vincular sus contribuciones a proyectos especficos. As, por ejemplo, los informes de HRW sobre Oriente Prximo a menudo se basan en informes de fundaciones pro israeles y reciben financiacin de las mismas. Otros grupos piden un enfoque sobre los derechos de la mujer o el VIH/SIDA. Ms del 90% de los 100 millones de dlares del presupuesto de HRW para 2009 estuvo limitado de esta manera. En otras palabras, HRW ofrece una seleccin de asuntos privatizada y realizada en EE.UU. que sirve a los intereses de los ricos.

La coordinacin de todos estos intereses se ilustra con toda claridad por medio del nuevo presidente de HRW, James F. Hoge, Jr., editor y periodista, redactor jefe de la publicacin Foreign Affairs, de 1992 a 2009, y miembro prominente del patrocinador de la misma, el Council on Foreign Relations (CFR), ubicado en Nueva York. El CFR, considerado como el ms influyente think tank de la poltica exterior de los EE.UU., incluye gran parte de la elite empresarial usamericana (entre otros los bancos y los medios de comunicacin), as como lderes pasados y presentes de los dos grandes partidos. Ex secretarios de Estado como Henry Kissinger y Condoleezza Rice, y el actual secretario de Defensa Robert Gates, son miembros del CFR. Su lista de miembros es realmente un Quin es quin de las elites usamericanas.

El consejo directivo de HRW est igualmente dominado por la elite corporativa de EE.UU., como la banca y los grandes medios de comunicacin, y algunos acadmicos, aunque no por funcionarios del gobierno. El consejo directivo incluye al ex ministro de Asuntos Exteriores mexicano Jorge Castaeda (acadmico que una vez fue marxista reconvertido en poltico de derecha), mientras que el abogado de origen chileno Jos Miguel Vivanco es director de la Divisin de las Amricas de HRW.

Vivanco ha sido objeto de una gran controversia en Amrica Latina a causa de sus ataques contra Venezuela y Cuba. Si HRW a veces pareca actuar con cierta independencia de la poltica exterior de EE.UU., por ejemplo cuando apoy la guerra contra el terrorismo pero critic las operaciones de este pas en Iraq, ste no ha sido el caso en Amrica Latina, donde el grupo ha seguido al pie de la letra la lnea de Washington.

De todos los informes de Human Rights Watch sobre Amrica Latina de los ltimos aos, los nicos gobiernos a los que se les ha hecho estas crticas sistemticas son los de Venezuela y Cuba. Otros informes, sobre Brasil, Honduras y Mxico, han tratado de cuestiones mucho ms concretas, como la violencia de la polica, los derechos de los transexuales o la justicia militar. Cuando se trata de Colombia, HRW ha publicado informes sobre el uso de minas terrestres y sobre las mafias paramilitares. Este ltimo informe de hecho recoge que Colombia tiene un ms alto nivel de violencia que casi ningn otro pas en el hemisferio occidental. En realidad, Colombia est por delante de cualquier otro pas latinoamericano en nmero de asesinatos de sindicalistas, periodistas, abogados y personas corrientes. Los militares colombianos y sus aliados de las milicias de extrema derecha han sido responsables de la mayor parte de estas masacres y sin embargo HRW culpa a la guerrilla de izquierda y a las milicias de derecha por igual, sin implicar al rgimen de lvaro Uribe, el mayor receptor ayuda usamericana en Amrica Latina.

Parcialidad en los informes

Por otra parte, el informe del grupo de diciembre de 2008 sobre Venezuela, titulado Una dcada de Chvez, tuvo una motivacin poltica clara. Segn Vivanco, fue escrito porque queramos demostrar al mundo que Venezuela no es un modelo para nadie. Dicho informe fue duramente criticado por ms de un centenar de acadmicos por no cumplir ni siquiera los estndares mnimos en materia de calidad acadmica, imparcialidad, exactitud o credibilidad. Ms que un informe detallado sobre los derechos humanos era un intento de desacreditar a un gobierno, principalmente sobre la base de las acusaciones de discriminacin poltica en el empleo y el poder judicial. La evidencia era escasa y el enfoque en absoluto sistemtico. HRW rechaz estas crticas.

El reciente informe sobre Cuba (Un nuevo Castro, la misma Cuba) es un intento de poner en la picota todo un sistema social basndose en algunas ancdotas. Al igual que desde hace algunos aos, EE.UU. ha centrado su enfoque sobre derechos humanos en Cuba las pocas docenas de personas detenidas y encarceladas por lo que HRW considera que es simplemente la defensa de sus derechos bsicos. El gobierno cubano dice que la mayora de estas personas aceptaban dinero proveniente de los programas de EE.UU. para derrocar el sistema social cubano. HRW ignora el derecho de Cuba a protegerse de los programas intervencionistas de Washington.

Con respecto a los 40 ex presos que afirma haber entrevistado en Cuba, HRW llama la atencin sobre lo que denomina una ley:

que permite al Estado encarcelar a personas antes de que hayan cometido un delito, bajo la sospecha de que pudieran cometer un delito en el futuro Esta disposicin de peligrosidad [se refiere] a cualquier conducta que contradiga las normas socialistas. Es la ms orwelliana de las leyes de Cuba y refleja la esencia de la mentalidad represiva del gobierno cubano.

Otras leyes se han utilizado, afirma, para:

tipificar como delito el ejercicio de libertades fundamentales, en particular leyes que penalizan el desacato, la insubordinacin, y las acciones contra la independencia del Estado. En efecto, el artculo 62 de la Constitucin cubana prohibe el ejercicio de cualquier derecho bsico que sea contrario a los fines del Estado socialista.

HRW tambin afirma que en enero de 2009 algunos jvenes de la zona oriental de Cuba fueron acusados de peligrosidad simplemente por estar desempleados. Se deca que uno de ellos haba sido encarcelado durante dos aos, slo por estar desempleado. HRW seala que Cuba vincula algunas detenciones a una poltica usamericana destinada a derrocar al gobierno de Castro... Sin embargo, en las decenas de casos que Human Rights Watch examin para la elaboracin de este informe, esta afirmacin no se sostiene.

Examen de algunos de los aspectos jurdicos y prcticos de estas afirmaciones.

En primer lugar, el artculo 62 de la Constitucin cubana dice textualmente que Ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la Constitucin y las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisin del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. La infraccin de este principio es punible. (1) Eso no es lo mismo que prohibir el ejercicio de cualquier derecho bsico que vaya en contra de 'los fines del Estado socialista. La disidencia no es lo mismo que atacar el orden constitucional.

Legalmente, hay ciertamente el principio de peligrosidad social en la legislacin cubana, pero se trata de un concepto que tipifica las infracciones penales y de otro tipo. Por ejemplo, la peligrosidad social puede agravar un acto que sea un delito en virtud de la legislacin laboral (Ley 176). Por el contrario, en el Cdigo Penal (art. 14) la ausencia de peligrosidad social puede mitigar la pena por un delito. El estado peligroso, definido por el Cdigo Penal (art. 72) tipifica tambin una serie de conductas antisociales, como la embriaguez.

En otras palabras, el enfoque de Human Rights Watch sobre peligrosidad es un montaje. No hay delito sustantivo de peligrosidad. Es un calificativo a la conducta real. Asimismo, el hecho de estar desempleado en Cuba no constituye ningn tipo de delito; es sencillamente absurdo.

Los disidentes

Sin embargo, en el caso de los famosos disidentes entre los que se incluyen muchos de los calificados de periodistas independientes y defensores de derechos humanos, financiados por el Departamento de Estado de EE.UU. y los programas de USAID para promover una transicin en Cuba la posesin de grandes cantidades de dinero, en una situacin de desempleo, puede constituir una prueba de delito.

Por ejemplo, el disidente Oscar Espinosa Chepe estaba en paro desde haca diez aos en el momento de su detencin en marzo de 2003; sin embargo, tena ms de 7.000 dlares escondidos en el forro de su traje. Ese dinero poda haber estado en el banco junto con sus otros ahorros, pero lo haba conseguido recientemente de un grupo vinculado a Estados Unidos. Del mismo modo, Ral Rivero, Hctor Palacios, Osvaldo Alfonso Valds y otros fueron acusados porque haba pruebas (entre otras, recibos) de que haban recibido dinero de los programas de EE.UU. destinados a derrocar la Constitucin cubana. El informe de HRW hace caso omiso de esta evidencia.

Los mismos grupos de Miami que enviaron el dinero a estos cubanos (aunque la mayor parte del dinero del gobierno usamericano se queda en Miami, lo que provoca conflictos dentro de estos grupos) eran los que haban organizado los atentados de los hoteles tursticos en Cuba en la dcada de 1990. No es sorprendente que las autoridades cubanas sean intolerantes ante este terrorismo. Las detenciones de marzo de 2003 fueron provocadas por los temores de Cuba de que el rgimen de Bush pudiera organizar una invasin al estilo de Iraq haciendo uso de estos agentes pagados.

Tras el informe sobre el Nuevo Castro, HRW mantuvo su campaa en favor de los disidentes financiados por Estados Unidos. En enero de 2010 ha exigido que el gobierno cubano ponga fin de inmediato al hostigamiento del invidente y defensor de los derechos humanos Juan Carlos Gonzlez Leiva, lder del Consejo de Relatores de Derechos Humanos. Gonzlez Leiva encabeza el captulo de Camagey de la Fundacin Cubana de Derechos Humanos, un organismo que ha sido financiado por Washington a travs de Miami por lo menos durante diez aos.

Una parte de la ayuda usamericana a los agentes cubanos pasa por alto a los cubanos de Miami. El gobierno de EE.UU. apoya directamente a los periodistas independientes, sobre los que tanto Reporteros Sin Fronteras (RSF) como Human Rights Watch manifiestan su santa indignacin. La Seccin de Intereses de EE.UU. en La Habana (la embajada usamericana de facto) imprime directamente la Revista de Cuba de la Marquez Sterling Journalist Society, mientras que la revista El Disidente se edita en Puerto Rico pero se distribuye a travs de la citada Seccin de Intereses.

Esta informacin se publica con cierto detalle en Cuba, pero es apenas mencionada por HRW, o en cualquier otro informe EE.UU. Dado que el consenso usamericano ha descalificado de manera efectiva el sistema cubano en su totalidad, no es preciso tener en cuenta este pequeo detalle. Sin embargo, no puede haber ninguna duda de que los pases independientes tienen derecho a la autodefensa ante la subversin y el terrorismo usamericanos.

HRW no condena el bloqueo de EE.UU.

HRW afirma que los 50 aos de bloqueo econmico de los EE.UU. sobre Cuba han sido un fracaso, sin embargo, a diferencia de los 187 pases que votaron en la ONU en contra del bloqueo en 2009, este grupo con sede en Nueva York no lo condena como una violacin de los Derechos Humanos.

Por el contrario, HRW afirma que Cuba utiliza el bloqueo como un pretexto para la represin. Propone un nuevo programa contra Cuba en el que Europa y Amrica Latina se unan a Washington para exigir la liberacin incondicional de todos los presos polticos, incluyendo los 53 disidentes an en prisin desde la oleada represiva de 2003. Si estas demandas no logran su fin, entonces estos pases, incluido EE.UU., deben ser capaces de elegir individualmente si procede o no imponer sus propias restricciones sobre Cuba. De hecho, EE.UU. es el nico pas que impone tales sanciones contra Cuba.

Este tipo de intervencin con el pretexto de los derechos humanos es coherente con la poltica exterior de EE.UU. en Amrica Latina. La eliminacin de regmenes independientes molestos ha sido una prctica ad nauseam durante todo el siglo americano y fue siempre apoyada por la elite corporativa de EE.UU. Las campaas de deslegitimacin siempre han precedido el cambio de rgimen, por ejemplo, en Guatemala y Chile. Human Rights Watch, al parecer, no ve un abuso de los derechos humanos en dichas intervenciones.

Compartiendo mesa con agentes de la CIA

Jos Miguel Vivanco ha formado parte de paneles con Caleb McCarry, designado por el gobierno de Bush como administrador de la transicin hacia una Cuba libre, sin decir una sola palabra acerca del terrible abuso de los derechos humanos implcito en el hecho de que un pas pretenda organizar la transicin poltica de otro. En este aspecto, HRW tiene que hacer sus deberes en lo relativo al artculo 1 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Polticos (2), que establece: Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinacin.

Vivanco tambin ha hablado en paneles en los que formaban parte ex agentes de la CIA como Frank Calzn y Carlos Montaner, personas que han organizado personalmente ataques terroristas contra Cuba. En ningn momento se sent para condenarlos por estos ataques, sino ms bien estuvo de acuerdo con ellos sobre el apoyo a los disidentes respaldados por Estados Unidos. As de flexibles son sus posiciones.

Como recompensa por sus servicios, en junio de 2009 Vivanco recibi un premio del National Endowment for Democracy por su trabajo titulado La democracia en Cuba, con lo que qued claro su vnculo con el gobierno de EE.UU.

Las campaas de propaganda de EE.UU. contra Cuba no han disminuido en medio siglo, y HRW es slo uno de los colaboradores ms recientes. Respondiendo a las quejas de EE.UU. sobre los derechos humanos y la libertad, un hastiado diplomtico cubano respondi Por supuesto, EE.UU. tiene una larga historia en esta materia, con los Batista, Somoza, Trujillo, Duvalier, Pinochet, Videla, en referencia al respaldo de Estados Unidos a los dictadores de Cuba, Nicaragua, Repblica Dominicana, Hait, Chile y Argentina.

Todos los presos con quienes habl Human Rights Watch haban sido liberados. Uno se pregunta qu hubiera dicho en su informe HRW de haber descubierto una prisin secreta cubana donde cientos de personas estuvieran detenidas sin cargos, fueran torturadas y ubicadas fuera del alcance de cualquier sistema jurdico.

En el caso de estos prisioneros retenidos por los militares de EE.UU. en la Cuba ocupada, en Guantnamo HRW escribi (en enero de 2010) que el presidente Barack Obama debe renovar su compromiso para cerrar la prisin. No hay condena del abusivo rgimen de Washington por esta maquinaria represiva. Pero, por qu deberamos esperar tal sinceridad y la autocrtica de la elite de EE.UU.?

La leccin que nos ensea el informe de derechos humanos de Human Rights Watch sobre Cuba es que nada nos tiene que ensear sobre la pequea isla del Caribe ya sea en sus debilidades o fortaleza una sedicente organizacin de derechos humanos que representa a la elite corporativa y de poltica exterior usamericana.

N.B. Algunos detalles de los cargos contra los disidentes arrestados en marzo de 2003 se publicaron en su momento por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX) y permanecen en lnea. Para ms detalles vase el libro, publicado en 2003, Los disidentes, de los periodistas cubanos Luis Bez y Rosa Miriam Elizalde. El periodista franco-canadiense Jean-Guy Allard, el acadmico francs Salim Lamrani y la periodista usamericana Diana Barahona han escrito numerosos artculos sobre la financiacin por Estados Unidos de estas organizaciones (en su mayora con sede en Miami, pero tambin con sede en Pars: Reporteros sin Fronteras) que colaboran con el gobierno de EE.UU. contra Cuba. Los financiadores de HRW aparecen en los informes anuales de esta organizacin, y la financiacin vinculada figura a menudo en sus informes del pas.

(1) http://www.cuba.cu/gobierno/cuba.htm

(2) http://www.cinu.org.mx/onu/documentos/pidcp.htm

Tim Anderson es profesor de economa poltica en la Universidad de Sydney (Australia).

S. Segu es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica.

Fuente: http://mrzine.monthlyreview.org/2010/anderson160210.html



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