Portada :: Argentina :: 30 aos por la verdad y la justicia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2010

Votara Usted por Hitler?

Rubn Kotler
Rebelin


El martes 16 de febrero dio comienzo el juicio por la mega causa del Centro Clandestino de Detencin y Torturas, la ex Jefatura de Polica de Tucumn, en el corazn del Noroeste Argentino. Los primeros tres das de sesiones dejaron muchas impresiones y se han convertido en la antesala de los meses por venir. Se calcula que el proceso abierto a siete represores de la ltima dictadura militar por el secuestro y posterior desaparicin de 22 personas, podra extenderse hasta el mes de junio o julio. Lo que sigue entonces es una reflexin sobre qu se est juzgando habida cuenta de la avanzada edad de la mayora de los imputados y ante una sociedad que mayoritariamente parece querer dar vuelta la pgina de la historia. La pregunta que disparar el presente artculo tiene que ver con la expresin de deseo, que parecen tener ciertos sectores ultra conservadores, que no se juzgue a los represores, alegando, entre otros motivos, su aparente delicado estado de salud y su "avanzada edad".

La semana que precedi al inicio del juicio se especul que ste, podra retrasarse una vez ms debido a las complicaciones de salud que aparentemente (siempre, en apariencias) sufra el represor Luciano Benjamn Mnendez. La humanidad de los represores siempre se antepone a la necesidad de las vctimas de conseguir, aunque sea un mnimo y con ms de 30 aos de atraso, la justicia por los crmenes cometidos por el Terrorismo estatal. Las expresiones de la calle y de ciertos foros cibernticos son idnticas: han pasado muchos aos y mejor mirar los problemas que tenemos hoy; dejen de torturar a los abuelitos que adems estn enfermos; que ya han tenido su merecido; que hay que gastar el dinero de los juicios en los problemas actuales. El listado es grande, hay quienes incluso se animan, desfachatadamente a ms: son los hroes de la patria, dejen de juzgarles, merecen reconocimiento por haber limpiado este pas de marxistas. Esta aoranza por la mano dura y la vuelta del ejrcito se expresa en determinados sectores polticos argentinos. Y no hablamos, para el caso tucumano, de los hijos de Bussi, quienes adems buscan asesoramiento en materia de seguridad en Colombia. Hablo a nivel nacional, cmo determinados personajes piden la vuelta del servicio militar obligatorio, mandan a sus policas a las calles con aparatos capaces de picanear, piden pena de muerte y se regocijan de ver cmo en otros pases el verde oliva se impone sobre la poblacin civil. Es as como a los Bussi hay que sumarle el ex presidente Duhalde, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri; todos stos como expresin de importantes sectores sociales que paradjicamente llaman a olvidar el pasado y dar vuelta la pgina de la historia sin revisin, ni juicio ni castigo, y sin embargo, viven aorando la vuelta de los tiempos oscuros en la que los uniformados, que ahora estn siendo juzgados, eran los dueos de la vida y la muerte de los ciudadanos argentinos. Esto que afirmamos aqu es perfectamente aplicable a pases hermanos como Chile, donde ya hemos podido escuchar a los seguidores del presidente electo Piera vivar a Pinochet.

Los dictadores quieren ser como Pinochet

Y claro, es que los generales argentinos emulan a un Pinochet que tienen como ejemplo. Todos recordamos la pantomima del dictador chileno al bajar del avin que lo regresaba a su pas desde Inglaterra, donde por algunos meses estuvo preso. Al pisar la pista del avin el dictador se levant de la silla como si de un milagro se tratara y comenz a caminar. Comparemos lo sucedido en Tucumn al comenzar el juicio y cualquier similitud con la realidad antes descripta es veraz. Bussi: el dictador alegaba y alega un empeoramiento en su estado de salud y una incapacidad para recordar determinados hechos. Yo he podido presenciar las exposiciones del genocida y ver su firme actitud incluso al increpar a los abogados querellantes y lejos de verle con la salud deteriorada el otrora general de las desapariciones de personas, se encuentra en perfecto estado, no le tiembla el pulso, lo mnimo que uno podra esperar de quien toma todo tipo de medicamento y al no sentirse bien representado por sus abogados defensores, l mismo interroga a los testigos, saltando incluso las rdenes de los jueces, quienes desde el estrado le piden moderacin. El altercado con la abogada Mirta Mntaras es solo un ejemplo y demuestra una vez ms que Bussi no solo no ha cambiado las formas, sino que sigue conservando intacto su espritu autoritario, aquel que le llev a comandar la provincia y asesinar a opositores polticos, o ya en democracia (valen las comillas) cuando recibi en casa de gobierno a funcionarios con un revlver en su escritorio.

En el caso de Menndez tambin habra que destacar que el represor no solo alega problemas de salud sino que desconoce a la justicia civil que lo juzga. Menndez no ha perdido su calidad de militar estructurado, cuadrado, que solo responde en trminos militares, recibiendo y dando rdenes. Es el nico de los acusados en el juicio de la ex Jefatura de Polica que pidi estar aislado de la sala, siguiendo las instancias del debate en un cubculo de dos por dos acompaado de sus abogados defensores. Si no hubiera tenido la posibilidad de ver a Menndez en persona, conversando tranquilamente con su defensor, pensara que al genocida efectivamente le queda poco hilo en el carrete, sin embargo ni la supuesta neumona ni la actuacin de su salida del tribunal por una supuesta descompensacin son crebles. Aqu, la escuela de teatro pinochetista ha sido muy efectiva y los generales argentinos han aprendido de su maestro en el don de la actuacin. Enferman cuando quieren, pero no les tiembla la voz para amedrentar, incluso dentro de la sala del juzgado, ni le tiemblan las manos para sealar con sus ndices, a los que ellos consideran el enemigo.

Los delitos de lesa humanidad no prescriben

Es cierto que han pasado ms de 30 aos desde que los ltimos militares que asaltaron el poder en Argentina dieran comienzo al Plan sistemtico de exterminio. Es cierto que algunos de los degenerales que llevaron a cabo el genocidio estn viejos y enfermos, algunos incluso ms cerca de la muerte. Es cierto que algunos cobardes manifiestan su propia cobarda de enfrentar a un tribunal civil llorando. Pero no es menos cierto que los delitos cometidos por el Estado terrorista no prescriben, as hayan pasado 40 aos o ms, el ejemplo de Nremberg debe primar. Muchos pueden preguntarse qu sentido tiene el juzgar a estos tipos cuando estn en el eplogo de sus vidas. La respuesta es simple: estos juicios y los que deberan juzgar a los cuadros medios e inferiores, deben ser aleccionadores, deben servir de basamento moral y tico para establecer cul es el lmite dentro del cual un ser humano cualquiera y en especial aquellos que ejercen el poder del Estado, pueden actuar. Deca Marx que la historia se repeta una vez como tragedia y luego como farsa. Por un lado ya hemos tenido en la historia argentina momentos de tragedias y de farsas. Por otro debemos comprender que la actual crisis que se abate sobre el pas, es una crisis cuyos orgenes hay que buscarlos en el modelo econmico y social que vino a implementar a sangre y fuego los dictadores que ahora se sientan en el banquillo de los acusados: el capitalismo en su fase ms salvaje.

Mirta Mntaras lo explic con solvencia durante su testificacin. El golpe del 76 estuvo perfectamente planificado y el proyecto de su ejecucin fue controlado y avalado por el mismsimo Departamento de Estado en Estados Unidos. Ese modelo impuesto a sangre y fuego, de manera ilegal e ilegtima, creando miles y miles de excluidos e indigentes que viven en la miseria ms absoluta, es el que hoy prima en nuestro pas. Porque todo tiene un origen y las polticas criminales de los genocidas tuvieron su corolario en la crisis estructural que vive desde entonces Argentina. De Alfonsn a la fecha, los presidentes elegidos en las urnas no hicieron otra cosa que cumplir a pie juntillas el plan econmico y social impuesto en aquellos oscuros aos 70. Una generacin entera fue desaparecida entonces, otras generaciones han sido postergadas tras el retiro a los cuarteles de los dictadores. Si no comprendemos esta ecuacin entonces seguiremos postrados en la crisis eterna creyendo que lo sucedido durante el genocidio nada tiene que ver con nosotros.

De Hitler a Bussi, pasando por Pinochet

Conviene recordarlo una vez ms. Un da despus de las elecciones presidenciales chilenas, los seguidores del presidente electo, Piera, vivaban a Pinochet y le ofrendaban el triunfo electoral al dictador fallecido. Entre estas manifestaciones y los comentarios que uno puede leer en los peridicos locales de Tucumn, vivando a los genocidas y dndoles fuerza en momentos en que se desarrolla el juicio por los delitos de lesa humanidad, uno reflexiona sobre qu hemos aprendido de nuestra historia. En todo caso estas expresiones son el fiel reflejo del valor que las democracias occidentales pueden tener y lo poco que valen ciertos valores morales y ticos, lo poco que importa el pasado y en todo caso una justificacin de los medios a costa de determinados fines. Sin embargo creo que parte de la poblacin que viva a los Bussi, a los Menndez o a los Pinochet, desconoce el horror de los Centros Clandestinos de Detencin, no comprende que el Arsenal Miguel de Azcunaga pudo haber sido el Auschwitz tucumano, como lo expresan algunos abogados defensores de los DDHH, como Laura Figueroa. A una poblacin convencida del valor de las dictaduras y los genocidios difcilmente pueda uno tratar de explicarle lo sucedido. Sin embargo, estimo, que gran parte de los apoyos que reciben los dictadores hoy, tienen que ver con el desconocimiento de la historia reciente de nuestros pases. Creo que ms all del fascismo residual que queda en nuestras sociedades existe un ncleo importante de poblacin que ignora la magnitud de los genocidios latinoamericanos. A stos ltimos uno debera hacerle la siguiente pregunta: Votara Usted por Hitler?

Es que tampoco imaginan un Hitler anciano, actuando para las cmaras de TV, hacindose pasar por enfermo, con cara de abuelito que da de comer a las palomas un domingo en la tarde en la Plaza de Mayo. Y no lo imaginan porque esa imagen no existe. La vejez entonces puede generar efectos contrarios, sobre todo cuando iconogrficamente se la muestra con los achaques propios del paso del tiempo. Y esto fue lo que he discutido con algunos militantes tucumanos acerca de una muestra fotogrfica que mostraba imgenes del primer juicio a los dictadores llevado a cabo en 2008. En la muestra las fotos "ms conmovedoras" no parecan ser la de los familiares de las vctimas con sus fotos en la mano, sino la imagen de Bussi con un tubo de oxgeno postrado en una silla de rueda, foto que enternece a quien no sabe que detrs de ese viejito lloroso se esconde el Hitler tucumano. Aquel que en nombre de la civilizacin occidental y cristiana asesinaba a los detenidos polticos a punta de pistola en los campos de concentracin a su cargo. Bussi es Hitler, solo que nuestro Hitler criollo ha envejecido y a quienes desconocen la historia causa piedad. En eso reside la propaganda que los hijos del general apuestan.

Veamos lo que dice su hijo mayor, Jos Luis Bussi: "Antonio Bussi es un hombre de 84 aos; dio lonjas de su vida por los tucumanos y tiene las aas de cualquier persona a esa edad. Acto seguido el hijo de B. recalc que su padre es un preso poltico. Habra que explicarle a Bussi (H) que su padre es un preso VIP y que presos polticos eran los detenidos desaparecidos que fueron secuestrados ilegalmente sin garantas algunas, garantas de las que goza su padre cuando incluso, al momento de declarar, puede evadir el banco de los acusados. Qu clase de preso poltico cumple condena en un Country? Los desaparecidos por su padre? La respuesta es obvia.

Insistimos entonces en confundir la imagen de Hitler con la de Bussi, de la misma manera que la podramos confundir con la de Menndez, la de Videla y con la de tantos genocidas que en la fecha estn siendo juzgados en los tribunales. Lejos de toda piedad, si Hitler viviera y lo encontrramos en una plaza dando de comer a las palomas, no dudaramos ni un instante en exigir a Nremberg que siente en el banco de los acusados al genocida. Detrs de los 84 aos de Bussi, y amn de los triunfos electorales, existe una necesidad moral y tica de juzgar y sentenciar al criminal. En lo personal, y an cuando verdaderamente Bussi o Menndez estuvieran enfermos, cuestin que insisto, me generan dudas, no sentira la mnima piedad por ellos. No son venerables ancianos: SON genocidas. Y esto es lo que hay que explicarle a esa sociedad que lo ignora. El hecho que haya ganado todas las contiendas electorales en las que particip no le condona los crmenes de lesa humanidad cometidos. En este sentido no estoy de acuerdo con aquello que los pueblos no se equivocan y ante la ignorancia que conduce a votar por un genocida, el papel de los historiadores y educadores por explicar quin es quin y qu hizo cada actor social es importante. Insisto en la pregunta sobre las opciones electorales de un Hitler. Y vuelvo una vez ms a recalcar la necesidad de explicar a nuestras sociedades la historia y darles a conocer sin miedos ni prejuicios lo sucedido. Aunque nos vaya la vida en esto. Pues la dignidad de las generaciones futuras y la construccin de otro modelo social justo y equitativo solo puede erigirse sobre los basamentos de los dos principios que las organizaciones de derechos humanos han levantado como bandera histricamente: la Verdad y la Justicia. De lo contrario volveremos a repetir nuestra historia como tragedia una vez ms y nos lamentaremos de no haber juzgado, por lo menos, a los mximos responsables del genocidio.

Blog del autor: www.rubenkotler.com.ar

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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