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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2010

El caso de Nicaragua
La hipocresa de los derechos humanos en la era del poder inteligente

Jorge Capeln
Tortilla con Sal


Todava falta mucha tinta que verter sobre el manejo hipcrita del tema de los derechos humanos a la hora de desestabilizar pases incmodos a los intereses de las potencias atlnticas. Esto cobr especial relevancia a partir del ltimo ao, sobre todo a fines de 2009 cuando el presidente Barak Obama en su discurso de aceptacin del premio nobel de la Paz en Oslo reeditaba la cruzada de Occidente contra el resto levantando el fardo del hombre blanco como pretexto para aprobar presupuestos de guerra que baten todos los rcords histricos y aumentar el nmero de sus tropas en Afganistn.

En Oslo, el presidente Obama dijo, entre otras cosas, las siguientes:

Que no quede la menor duda: la maldad s existe en el mundo. Un movimiento no violento no podra haber detenido los ejrcitos de Hitler. La negociacin no puede convencer a los lderes de Al Qaida a deponer las armas. Decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo; es reconocer la historia, las imperfecciones del hombre y los lmites de la razn

()

Creo que se puede justificar la fuerza por motivos humanitarios, como fue el caso en los pases balcnicos o en otros lugares afectados por la guerra. La inaccin carcome nuestra conciencia y puede resultar en una intervencin posterior ms costosa. Es por eso que todos los pases responsables deben aceptar la nocin de que las fuerzas armadas con un mandato claro pueden ejercer una funcin en el mantenimiento de la paz.

()

En algunos pases, la excusa para no defender los derechos humanos es la falsa sugerencia de que stos son principios occidentales, extraos a culturas locales o etapas de desarrollo de una nacin. Y dentro de Estados Unidos, desde hace tiempo existe tensin entre quienes se describen como realistas o idealistas () Rechazo estas opciones. Creo que la paz es inestable cuando se les niega a los ciudadanos el derecho a hablar libremente o practicar su religin como deseen; escoger a sus propios lderes o congregarse sin temor...

Como dijo el presidente, que no quede la menor duda: Estamos ante una nueva era de intervenciones humanitarias a todo lo ancho y largo del globo. Al aumento de tropas en Afganistn le siguieron la desestabilizacin de Yemen y la invasin de Haiti utilizando como pretexto el terremoto que asol al pas caribeo para inundar con 15 000 soldados y armas a una nacin desesperada por alimentos, salud y viviendas.

El imperio est vido y dispuesto a financiar a miles de almas nobles que le provean de nuevos pretextos para futuras invasiones. Una buena parte de la izquierda mundial fue aprendiendo esta verdad amarga durante los ltimos 20 aos de sucesivas intervenciones militares y hasta se lleg a acuar conceptos como el de imperialismo humanitario de Jean Brickmont.

Sin embargo, el viejo espantapjaros del humanitarismo imperialista an sigue haciendo estragos en amplios sectores de la izquierda. Esto es especialmente claro en el caso de la Nicaragua sandinista cuyo ejemplo estudiaremos con detenimiento en este texto. Amplios sectores de activistas fuera de Amrica Latina, muchos de ellos solidarios con el proyecto del ALBA, an no se percatan de que el pas centroamericano esta siendo objeto de una operacin de cambio de rgimen planificada en Washington con los mismos objetivos de la que result en el golpe militar contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras.

En vez de actuar contra esta peligrosa amenaza, a menudo repiten la caricatura dibujada por la Casa Blanca de un Ortega que casi con una sola mano (naturalmente de hierro) oprime a todos los inocentes que se le oponen, desde intelectuales hasta indefensas mujeres.

Muchas de las voces cantantes tras esta campaa pertenecen a ex-miembros y participantes de la revolucin sandinista durante la dcada de los 80s. Se trata de individuos con estrechos vnculos personales a intelectuales radicales de renombre mundial.

El uso de figuras de prestigio entre aquellos que podran llegar a solidarizarse con el blanco de desestabilizacin no es un elemento nuevo en este tipo de campaas, pero el hecho de que medios tan respetados o difundidos entre las izquierdas norteamericana y europea como Znet, Le Monde Diplomatique o CounterPunch(i) durante mucho tiempo se hayan prestado a hacerle el juego a la propaganda estadounidense contra Nicaragua, muestra que hay ms razones que nunca para profundizar sobre el tema.

IMPERIALISMO HUMANITARIO LO BSICO

Repasemos un poco los fundamentos del tema. La operacin ideolgica de ocultacin de los verdaderos intereses imperiales tras motivos de apariencia noble no es difcil de entender:

Primero, en las reas en las que el propio accionar del imperio y sus fuerzas clientelares produce cantidades masivas de violaciones contra los derechos humanos, se normalizan las prcticas del terrorismo de estado desplazando su responsabilidad a algn actor local supuestamente fuera de la influencia de Washington o la potencia occidental de turno, al mismo tiempo que se construye a un oponente que, por haber sido previamente definido como portador del virus del mal, est de antemano descalificado para cumplir con el ms insignificante rol de interlocutor poltico.

Esto crea una estructura que permite la resignacin total de la opinin pblica y una aceptacin de hecho, de la intervencin en ciernes. Este es el caso, por ejemplo, con los paramilitares colombianos (y hasta con las locuras de Uribe) y las Farc, o de las fuerzas de la OTAN en Afganistn, las lites tteres locales y los temibles talibanes.

Segundo, en las reas en las que la dominacin imperial es contestada, o en las que existe un inters de parte de las potencias atlantistas en alcanzar lo que denominan un cambio de rgimen, se procede a construir o apoyar una quinta columna de actores internos que, denunciando violaciones reales o inventadas, den credibilidad a una imagen totalitaria de la sociedad en cuestin al mismo tiempo que se construye una sociedad civil vctima de los abusos del estado al que se pretende desestabilizar y conquistar.

La aceptacin de esa versin por parte del pblico, en especial en los propios pases de la OTAN, neutraliza toda oposicin eficaz a las intervenciones poltico-militares an cuando sus objetivos sean aparentes para millones de ciudadanos, ya que si el ro suena piedras trae y algo de la propaganda sobre los supuestos abusos del enemigo debe al fin y al cabo ser cierto como para que ste merezca cualquier tipo de solidaridad eficaz.

La teora de los dos demonios (S, nuestros muchachos o sus aliados cometen atrocidades, pero el enemigo es tambin srdido y malo o slo porque detestas al imperialismo no te vas a ir a abrazar al gobierno x o y) ha sido siempre un efectivo mtodo para neutralizar la oposicin domstica a los crmenes cometidos en nombre del colonialismo y el imperialismo. Tiene la ventaja de construir relatos de apariencia realista sobre el mundo y adems ofrece fuertes incentivos morales para que la opinin de occidente apoye, tolere o no se oponga con mayor tenacidad a las intervenciones y al mismo tiempo mantenga vivas las ilusiones acerca de la superioridad moral en 'ultima instancia de la propia sociedad (Al menos en Occidente somos libres de protestar, etctera).

EL CASO DE NICARAGUA UNA INTRODUCCIN

El viajero que haya tenido la oportunidad de visitar el pas centroamericano en la poca de los gobiernos neoliberales y haya luego regresado en los ltimos aos no podr menos que constatar que en el pas las cosas estn cambiando.

Algunos ejemplos: Se ven muchos menos nios deambulando por los semforos de la capital pidiendo limosna, prcticamente han desaparecido. Ya no hay cortes de luz o son muy pero muy escasos, al contrario de hace apenas unos tres aos. Los viejos buses de transporte colectivo, verdaderos ccteles molotov sobre ruedas, han ido siendo desplazados por nuevas unidades, algunas modernas y otras menos antiguas, y el precio de la tarifa en la capital no ha aumentado desde que el presidente Daniel Ortega tom el poder.

Es cierto que Nicaragua es un pas pobre, que el desempleo es muy alto, que hay criminalidad, etctera. Pero tambin es innegable que por fin, luego de casi 20 aos de neoliberalismo, muchos nicaragenses estn empezando a tener un respiro en sus vidas.

Todo esto es producto de polticas gubernamentales muy concretas, como una campaa de alfabetizacin que redujo el analfabetismo a menos del 3 por ciento, un programa social que sac a 12.000 nios de los semforos y los puso en la escuela, el programa Hambre Cero que, segn la FAO, coloca a Nicaragua entre los ms probables candidatos a reducir el numero de hambrientos antes de 2015, la construccin de ms de cinco veces ms sistemas de agua potable al ao que durante los gobiernos neoliberales, la construccin de miles de viviendas, y una larga lista de etcteras.

No hace falta ser admirador de Daniel Ortega para afirmar que el pas est experimentando una serie de cambios positivos y que esto marca un importante giro con respecto a sus predecesores.

Este cambio fue reconocido por la gran mayora de los pases miembros que en febrero de este ao asistieron en Ginebra al Examen Peridico Universal del estado de los derechos humanos en Nicaragua. Sin embargo, lo que circul en los medios internacionales fueron las crticas de unos pocos pases y ONGs aineados con el reporte presentado por Washington ante el mismo con la broma obscena de criticar a Cuba, Venezuela y Nicaragua como los pases ms violadores de los Derechos Humanos en Amrica Latina(ii).

Ya esto debera dar a las personas medianamente informadas una clave de lo que se esconde tras las crticas al gobierno sandinista, ms all de su supuesta credibilidad.

En un contexto precedido por un golpe de estado contra uno de los pases miembros del ALBA en la regin, de amenazas explcitas de parte de la Secretaria de Estado Hillary Clnton hacia aquellos pases que mantengan buenas relaciones con Irn, y de la invasin por marines estadounidenses de la repblica de Hait, esto debera ser ms que obvio, y la excusa de que el gobierno sandinista no goza de suficiente legitimidad revolucionaria como para ameritar una solidaridad activa contra los intentos desestabilizadores de los Estados Unidos debera ser arrojada al cesto del oprobio.

Acaso hace ms fuerte a la izquierda en Amrica Latina el no ayudar a la Nicaragua miembro del ALBA a tener xito con sus programas y resistir las maniobras de los Estados Unidos?

Esta verdad tan evidente, no ha sido comprendida fuera de Amrica Latina, y ms de un intelectual de prestigio a ambos lados del Atlntico se ha enredado en lo que respecta a Nicaragua: Por qu? Para responder a esta pregunta debemos ir por partes.

INTELECTUALES COMPROMETIDOS, ENGAADOS, CONFUNDIDOS O QU?

En octubre de 2008 circul una carta abierta, respaldada por decenas de firmas, protestando contra una supuesta campaa de difamacin contra el periodista Carlos Fernando Chamorro, ex-redactor del diario sandinista Barricada en la dcada de los 80s e hijo del famoso periodista Pedro Joaqun Chamorro, asesinado por el dictador Anastasio Somoza.

La carta denunciaba una serie de arbitrariedades atribuidas al presidente Daniel Ortega, desde la prohibicin de partidos polticos hasta la persecucin de organizaciones de mujeres y conclua constatando que estos hechos que slo demuestran el camino que Nicaragua lleva hacia la dictadura bajo el rgimen de Ortega.

Sorprende encontrar un amplsimo abanico de disposiciones entre los firmantes no-nicaragenses de la carta: desde nombres como los de los uruguayos Eduardo Galeano, Ral Zibechi y el difunto Mario Benedetti, de consecuentes defensoras de Cuba, Venezuela y Bolivia como Rosa Regs, hasta celebridades como la feminista nica-estadounidensde Bianca Jagger, ex-guerrilleros convertidos en derechistas como el salvadoreo Salvador Samayoa y liberales bienpensantes como Joaqun Estefana del diario El Pas de Espaa y ex-director de publicaciones del Grupo Prisa.

El abanico de pluralismo en la lista de firmantes se tensa hasta los lmites de lo soportable cuando encontramos nombres como los del profesor venezolano Alexis Mrquez, un ex-comunista desencantado del bolivarianismo desde que en 2003 perdi su puesto al frente de Monte vila Editores, y que dice celebrar todo lo malo que le pase a Venezuela en los canales de derecha, o el de su compatriota Caros Figueredo Planchart, ardiente defensor de la libre determinacin de las provincias separatistas de la media luna de Bolivia, as como de la inocencia del corrupto y genocida Carlos Andrs Prez.

As, la lista va degenerando hacia lo grotesco al llegar al nombre de Danilo Arbilla, ex-presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa y ex-secretario de prensa de la dictadura de Jos Mara Bordaberry en Uruguay, un individuo que comparte responsabilidades por el cierre de incontables medios de comunicacin de izquierdas en los 70s, por el asesinato de periodistas y por el exilio forzado de cientos de intelectuales. No hace falta decir que probablemente, mucho antes de llegar al nombre de Arbilla, una buena parte de los firmantes habra retirado su respaldo al pronunciamiento de haber sabido en qu compaa acabaran.

An ms sorprendente es el hecho de que los firmantes de izquierda no supiesen lo que media Nicaragua conoce, es decir, que la familia Chamorro, a la que pertenece Carlos Fernando y con la que goza de muy buenas relaciones, posee un poder monoplico sobre los grandes medios de comunicacin del pas: La Prensa (desde hace 89 aos) el Nuevo Diario (desde hace 30 aos), el peridico Hoy, la revistas Magazine y Confidencial, y varios programas televisivos todos ellos de tendencia antisandinista.

Otra cosa que sorprendentemente ignoraban muchos de los signatarios es el hecho de que Carlos F. Chamorro es vicepresidente de la Fundacin Violeta Barrios de Chamorro, una beneficiaria rutinaria de fondos de la USAID para "promover la transparencia" segn los criterios de Washington y que adems es presidente de la ONG CINCO, otra importante receptora de fondos del organismo estadounidense(iii) para la desestabilizacin de los pases del ALBA.

En realidad, esa no fue la primera vez que voces de renombre dentro de la izquierda fueron utilizadas en una campaa contra el gobierno sandinista.

El 4 de junio de 2008, la ex-comandante Dora Mara Tllez, pesidente del partido MRS, inici una huelga de hambre contra lo que su partido consideraba como "la dictadura de Daniel Ortega". Una semana ms tarde, 11 intelectuales y activistas firmaron una carta en la que demandaban al gobierno a hacerse eco de la demanda de Tllez cuyo partido, en alianza con otros movimientos, apenas logr un 7 por ciento de los votos en las ltimas elecciones, de llevar adelante un dilogo nacional para resolver la situacin econmica de la poblacin.

Los 11 firmantes de la carta eran Noam Chomsky, Susan Meiselas, Ariel Dorfman, Salman Rushdie, Eduardo Galeano, Hermann Schulz, Juan Gelman, Brian Willson, Tom Hayden, Bianca Jagger y Mario Benedetti. Otra carta en respuesta a la anterior, firmada por 1.400 personas de 53 pases, entre ellas la hija de Augusto Csar Sandino Blaca Segovia, el hijo del fundador del FSLN Carlos Fonseca Tern e intelectuales como Pascual Serrano, Eva Gollinger, Heinz Dieterich, Michel Collon y Theotonio Dos Santos recibi una cobertura meditica incomparablemente menor.

UNA SOCIEDAD CIVIL A LA MEDIDA

Si la lista de firmantes extranjeros del pronunciamiento de defensa de Carlos F. Chamorro resulta sorprendente, la de los firmantes nicaragenses produce, entre aquellos familiarizados con la poltica verncula, menos sorpresas:

Adems de los familiares de Carlos Fernando (Violeta, madre y ex-presidenta de la repblica, su to Jaime, presidente del diario La Prensa, Francisco, su primo y director de El Nuevo Diario, etctera) la del poltico de derecha Eduardo Montealegre, el mismo que defalc al estado por cientos de millones de dlares durante la quiebra bancaria a inicios de la dcada y que el ao pasado corri a Tegucigalpa a felicitar a Roberto Micheletti por su golpe de estado contra Manuel Zelaya, encontramos una larga lista de personas con un pasado sandinista en la revolucin de los 80s como ministros, embajadores, dirigentes histricos, intelectuales, etctera.

Nombres como los de Henry Ruiz, Vctor Tirado Lpez, Luis Carrin Cruz, Dora Mara Tllez, Mnica Baltodano, Hugo Torres, Ernesto Cardenal, Sergio Ramrez, Carlos Meja Godoy, Luis Enrique Meja Godoy, Gioconda Belli, Fernando Cardenal Martnez S.J., y muchos otros forman una impresionante galera de celebridades que da legitimidad de izquierdas al discurso sobre el desarrollo de una supuesta dictadura de Daniel Ortega en Nicaragua. Usando un discurso de principios ticos y derechos humanos, estos nombres, nucleados en torno al partido opositor MRS han impulsado polticas como las siguientes:

Recibir, a instancias de la ex-secretaria de Estado Jeanne Kirkpatrick, miles de dlares del International Republican Institute para la capacitacin de sus cuadros electorales.

Votar, junto con los partidos liberales, por una mocin de censura contra la no-renovacin de la licencia de transmisin de Radio Caracas Televisin en Venezuela en 2007.

Oponerse, junto con la patronal y los partidos liberales, a la introduccin de impuestos progresivos por primera vez desde 1990.

Participar, a mediados de 2008, en la Convencin del Partido Demcrata y en reuniones internacionales organizadas por el partido de los Clinton y del futuro presidente Obama.

Una especie de derecha postmoderna(iv) con una variedad de discursos a la carta, dependiendo de la audiencia, que pueden decantarse bsicamente en dos: uno para el consumo interno y otro para el consumo internacional manteniendo una unidad en la accin con los partidos de la ultraderecha opuestos al gobierno. El analista tony solo lo resume de la siguiente manera:

Adentro de Nicaragua, sus argumentos polticos y econmicos promueven las polticas econmicas neoliberales conforme con la prctica de sus apoyos tipo Tercera Va, New Labour, socialdemcrata que adems son aceptables a sus patrocinadores en el gobierno estadounidense. Afuera de Nicaragua, tienden a dejar caer esos argumentos y traen al frente supuestas inquietudes sobre la democracia y la libertad de expresin.(v)

A travs de sus contactos con grandes casas editoriales y con el jet-set de la cultura mundial, estas personas contribuyen a fabricar una Nicaragua virtual a la medida de los planes agresivos de Washington. A su vez, a travs de sus contactos con la denominada comunidad donante de los pases afines a la OTAN, reciben abundante ayuda internacional de fondos estadounidenses y europeos para la fabricacin de una sociedad civil ad-hoc.

Un estudio de la Fundacin FRIDE, cercana al socialdemcrata Grupo de Madrid y a fundaciones como el Open Society Institute del magnate George Soros, constataba en enero de 2008(vi) la preocupacin de las lites atlantistas ante la itnegracin de Nicaragua al ALBA y un rompimiento con la poltica del gobierno neoliberal de Bolaos durante el cual el pas se haba sometido a las condiciones del Grupo de Pars basadas en el establecimiento de una alianza entre donantes, gobierno y ONGs domsticas bajo conceptos tales como los de "armonizacin, apropiacin y alineamiento" a las condicionalidades impuestas al pas.

Uno de los principales programas conjuntos del proceso promovido por el Grupo de Pars en Nicaragua son el Fondo Comn de Apoyo a la Sociedad Civil cuyo objetivo es el de apoyar a la Sociedad Civil nicaragense en sus esfuerzos por contribuir a la Gobernabilidad Democrtica en el pas(vii) El fondo, con un monto inicial de unos 5.5 millones e dolares, fue creado a iniciativa de las embajadas de Dinamarca, los Pases Bajos, Noruega y Finlandia y adems cuenta con el apoyo de ASDI (Suecia) y grandes ONGs como Trocaire (Irlanda), Oxfam (Gran Bretaa), y SNV (Holanda).

Con el financiamiento de estados europeos, se promueve la independencia de la sociedad civil nicaragense con respecto al estado. La inmensa mayora de las organizaciones que reciben ayuda del Fondo son crticas o abiertamente opositoras al gobierno. Entre ellas no estn representadas grandes organizaciones de masas sandinistas como los sindicatos, las organizaciones juveniles, etctera. Con esos fondos se financian talleres de capacitacin, estudios, reuniones, materiales de propaganda, etctera. Es esta ayuda desinteresada? Evidentemente que no.

El 21 de noviembre de 2009 se enfrentaron en Managua dos sociedades civiles.

Una de ellas moviliz a unos 7.000 simpatizantes, la otra, a 370.000. Una de ellas protestaba contra la dictadura sandinista, la otra celebraba una victora aplastante en las elecciones municipales del ao anterior. En una de ellas, Arnoldo Alemn y Eduardo Montealegre, responsables del robo de unos 900 millones de dlares del pueblo nicaragense a lo largo de los aos, marchaban al lado de los Cardenales, de los Chamorros, y de una parafernalia de polticos ex-sandinistas convertidos en neoderechistas.

El bao de sangre que desde haca semanas pronosticaban los medios de la derecha no se produjo. Tampoco la represin policial que haban buscado. Sin embargo, el da se sald con un muerto, el mlitante sandinista Rafael Anbal Luna Ruiz, mecnico y padre de cuatro hijos, asesinado en Ciudad Daro cunado un grupo de liberales atac a los sandinistas del lugar. Los grandes medios internacionales no se hicieron eco de este hecho. Sin embargo, los cables de la AP, la UPI y la EFE unnimemente alabaron la capacidad de convocatoria de los oligarcas y la sociedad civil prefabricada.

UNOS DERECHOS HUMANOS A LA MEDIDA

Si a fines de 2009 se enfrentaron en Managua dos sociedades civiles, a inicios de 2010 en Ginebra se enfrentaron dos concepciones de los derechos humanos. La primera, de races populares, trataba acerca de los esfuerzos hechos para restituir derechos negados a los nicaragenses, sobre todo los ms pobres, por casi 20 aos de neoliberalismo. La segunda, de races imperiales, trataba la cita como una oportunidad privilegiada para denostar al pas ante la opinin internacional.

El gobierno de Nicaragua, luego de consultas con varias instancias y con organismos de la sociedad civil, present un informe(viii) con las medidas adoptadas en el terreno de los derechos humanos, entre ellas:

47 estados, 20 de ellos miembros y otros 27 observadores del organismo, participaron en el debate del informe, la mayora de ellos elogiando los esfuerzos del pas centroamericano para restituir los derechos humanos de las grandes mayoras postergadas por casi dos dcadas de neoliberalismo. De esas voces, ninguna fue registrada por los grandes medios.

Los grandes medios internacionales callan sobre los evidentes avances del pas en trminos de derechos humanos polticos, econmicos y sociales, en especial de las mujeres, y de manera totalmente hipcrita absolutizan una cara de la crtica: la prohibicin del aborto teraputico (aborto cuando la vida de la madre esta en peligro), el aumento de la violencia contra las mujeres (cuando Nicaragua es uno de los pases con menores niveles de violencia de gnero en la regin), as como la supuesta persecucin de opositores polticos.

Un ejemplo de esta cobertura sesgada es el cable de la agencia IPS del 12 de febrero con el ttulo Nicaragua se niega a discutir aborto teraputico(ix) que dio la vuelta al mundo: Segn la agencia noticiosa, Nicaragua fue criticada por pases como Gran Bretaa, Suiza, Noruega, Suecia, Mxico, Finlandia, Holanda, Francia, Espaa, Chile, Canad y los Estados Unidos. Mientras que los estados europeos y norteamericanos que critican a Nicaragua son, como hemos visto, los mismos que financian a la oposicin poltica al gobierno. Es interesante notar cmo a la crtica se suman dos estados latinoamericanos que prohben el aborto y, en el caso de Mxico, que se caracterizan por sus altsimos ndices de violencia de gnero.

En un abierto abuso del concepto de tortura, el Comit de las Naciones Unidas contra la Tortura, censura a Nicaragua por la prohibicin del aborto teraputico. Adems el comit, partiendo de las afirmaciones de las organizaciones y los medios de la sociedad civil ad-hoc financiada por los Estados Unidos y los pases europeos, afirma que la ausencia de juicios y condenas por abusos y malos tratos por parte de las autoridades sera, segn el comit, una prueba de la impunidad de la que goza la tortura en Nicaragua.

Esta toma de posicin poltica abiertamente antinicaragense de parte del comit a favor de potencias mundiales lderes en la implementacin de tcnicas de tortura a escala global y lderes internacionales en la exportacin de instrumentos para su prctica pone en entredicho su indepedencia para investigar los crmenes cometidos por stas en Irak, Afganistn, Colombia, Palestina y muchos otros lugares del globo.

En cuanto al aborto teraputico, la ministra de gobernacin Ana Isabel Morales explic que las transformaciones legales y las nuevas disposiciones referidas al aborto en Nicaragua son el resultado del ejercicio de la soberana en nuestro pas, no se trata de un asunto de carcter religioso.

Una opinin mayoritaria de los nicaragenses esta en contra del aborto, el actual gobierno sandinista no tiene ni el mandato electoral ni el poder para anularlo. Paradjicamente, los pases poderosos exigen al gobierno ejercer presiones sobre la Corte Suprema de Justicia al mismo tiempo que claman en defensa de supuestas violaciones contra la divisin de poderes cuando el gobierno adopta decisiones de su legtima competencia cuando estas van en contra de los intereses de sus multinacionales o de sus lites clientes locales.

DERECHOS HUMANOS, INC.

Cules son las fuentes que alimentan estas crticas contra Nicaragua? Una industria mundial para la manipulacin de los derechos humanos bajo la hegemona ideolgica de sectores de las capas medias de los pases imperiales occidentales, penetrada y dirigida en base a los intereses geopolticos de los Estados Unidos y Eruopa y a menudo alimentada desde abajo por organizaciones ad-hoc financiadas por esos pases.

Este complejo humanitario-propagandstico critica algunos de los peores excesos del imperio y sus aliados, pero en temas vitales como el Medio Oriente, Amrica Latina, etctera, a menudo olvida detalles importantes y, sobre todo, concentra todo su fuego sobre los movimientos y gobiernos que ofrecen una resistencia efectiva.

Qu decir de Human Rights Watch(x), una organizacin financiada por las grandes corporaciones y fundaciones privadas de los EE.UU, cuyo actual jefe, James F. Hoge, Jr. pertenece al Council on Foreign Relations, un influyente tanque de ideas para la poltica exterior estadounidense y entre cuyos directivos existen ardientes derechistas como el mexicano Jorge Castaeda y el chileno Jorge Vivanco?(xi) Qu decir de la obsesin de esta organizacin contra los gobiernos del ALBA, y de sus relaciones con lo ms rancio de la mafia anticubana de Miami?

Qu decir de Amnesty International(xii), una organizacin financiada por las capas medias de los pases ricos, que se dice independiente polticamente pero que en la prctica, cuando el imperio realmente lo necesita, est dispuesta a proveerle de los alibis necesarios? Qe decir, por ejemplo, del eco que esta organizacin prest a la gran mentira de los bebs de las incubadoras de Kuwait all por 1990, que justific la primera guerra del Golfo? Qu decir de su apoyo al bombardeo humanitario de Serbia? Qu decir de la censura en 2003, durante un festival de cine sobre los derechos humanos, del documental La Revolucin no ser Televisada sobre el golpe contra Hugo Chvez en abril de 2002?

El complejo humanitario-propagandstico de los derechos humanos depende de la creacin de sociedades civiles artificiales hechas a su medida.

Por ejemplo, uno de los reportes presentados a la Comisin de las Naciones Unidas por las ONGs Article 19, CENIDH, CINCO y Violeta Barrios de Chamorro.xiii Como lo vimos anteriormente, tanto CINCO como Violeta Barrios de Chamorro estn controladas por Carlos F. Chamorro y reciben dinero de la USAID. El CENIDH es otra organizacin financiada desde Europa bajo la direccin de la ex-sandinista (ahora renovadora sandinista) Vilma Nez de Escorcia, mientras que Article 19(xiv) es una organizacin especializada en convencer a los grandes capitales latinoamericanos de lo rentable que es el apostar por los discursos sobre los derechos humanos.

La directora del CENIDH es a su vez vicepresidente de la Federacin Internacional de los Derechos Humanos(xv), rgano consultor de las Naciones Unidas y cuyo captulo latinoamericano sigue la lnea oficial imperial de ataques contra Cuba, Venezuela y Nicaragua como grandes violadores de los derechos humanos.

Nez, que en la dcada de los 70s fue electa por unanimidad (segn sus proprias palabras) como miembro del tribunal de apelaciones de la cuidad de Len, lo hizo gracias al sistema de cuotas dentro del esquema de modus vivendi pactado entre los conservadores y el Partido Liberal del dictador Anastasio Somoza que consista en elegir a un conservador por cada tres liberales. Ms tarde la doctora pasara a convertirse en valiosa y valiente abogada defensora de los guerrilleros sandinistas, compromiso que llev al sistema judicial somocista a mandarla a la crcel. La Revolucin la libera y luego la nombra magistrada de la Corte Suprema de Justicia.

Citada por el diario La Prensa el 7 de febrero de 2010(xvi) Nez se queja de entonces haber sido objeto de presiones polticas a causa de su independencia y rectitud. Para Nez, en el somocismo prevaleca el profesionalismo de los jueces, mientras que durante la Revolucin Popular Sandinista, a los jueces que eran independientes se les llamaba "legalistas, reaccionarios y conservadores".

Con esto le limpia la cara a una de las dictaduras ms oprobiosas de Amrica Latina y ensucia a la revolucin a la que en el pasado dijo servir, una revolucin que destruy el estado somocista y sent, por primera vez en la historia, las bases para un desarrollo democrtico en el pas. Es difcil encontrar un caso ms patente de fanatismo antisandinista que el de la doctora.(xvii)

Son crebles las afirmaciones de renovadores sandinistas como Nez, Mnica Baltodano, Carlos F. Chamorro y muchos otros de que el gobierno actural del FSLN estara camino de instaurar una dictadura como la de Somoza?

Tal vez para aquellos que no conozcan la historia del pas, pero la dictadura somocista se instaur para constituir un protectorado de los EE.UU al precio de la vida de decenas de miles de nicaragenses, robando al pueblo cientos de millones de dlares, produciendo cientos de miles de refugiados y endeudando al propio pueblo en unos 1.600 millones de dlares invertidos solamente en el uso de armas de destruccin masiva contra la propia poblacin y el mantenimiento de un ejrcito de 14.000 soldados que se describan a s mismos como tigres sedientos de sangre.

La revolucin sandinista del 19 de julio de 1979 trinf para que ese pasado oprobioso no regresase, y a pesar de la derrota electoral de 1990, los Estados Unidos jams volvieron a tener el protectorado que tanto anhelaban. De hecho, los que reciben dinero de los Estados Unidos hoy en da son los viejos revolucionarios que se dicen traicionados como la propia doctora Vilma Nez, miembro del partido MRS, una secta que, con mnimo respaldo popular, insiste en que se le trate como si fuese un partido mayoritario y califica de dictadura todo aquello que no le gusta.

EL IMPERIALISMO HUMANITARIO Y LA NICARAGUA REAL

Caminando por las calles de la Nicaragua real, volvemos a respirar. A pesar del calor tremendo del trpico, ya no sentimos esa sensacin de opresin en el pecho que nos dejan esos relatos de tanta sociedad civil prefabricada por dueos de peridicos y agencias occidentales para la penetracin poltica.

En una esquina, una polica habla con unos jvenes. Va desarmada, como por lo general se ve a los policas en Nicaragua. No lleva encima la parafernalia de reglamento habitual en la mayora de las democracias occidentales que tanto dicen preocuparse por promover los derechos humanos fuera de sus fronteras: la lata de spray de pimienta, la pistola, el walkie-talkie, el bastn telescpico de titanio...

Por la acera de enfrente va una jven de unos 16 aos. Est embarazada y contenta de que va a tener a su beb. De haber querido podra haber encontrado un doctor que le practicase un aborto a escondidas y sin cobrarle un peso en un centro de salud pblico. Pero Dios dice que eso es pecado. En todo caso, est segura de que va a poder parir a su hijo sin que le cueste un centavo y en condiciones seguras e higinicas. Esto no era as hace apenas tres aos.

Hace poco aprendi a leer y escribir, y ha conseguido un crdito rotativo con otras compaeras para montar una venta de comida. Antes de recibir el dinero, estuvo en un seminario donde hablaron acerca de los derechos de la mujer. Jams en su vida haba odo hablar de eso.

Uno de los hermanos de la joven era pandillero, ahora est dejando esa vida. Participa en un proyecto cultural en su comunidad y por primera vez siente que alguien lo toma en cuenta. El otro hermano est desempleado, buscando hacer lo que sea para ganar un peso. Va a la letrina. Como no hay plata para el papel higinico, en la casa usan trozos de La Prensa o El Nuevo Diario.

La Nicaragua real est compuesta por millones de historias, y nadie dice que es el paraso terrenal. Pero la construccin propagandstico-humanitaria de las lites no tiene contacto alguno con la vida de los sectores populares. En todo caso, para aquellos que desprecian a esos sectores, el Frente Sandinista siempre ha sido sinnimo de dictadura.

Porque el problema democrtico de Nicaragua es que existe un partido como el FSLN que refleja los intereses de los ms pobres. Si esa fuerza no existiese, o si fuese marginal, entonces Nicaragua no tendra problemas, ni de derechos humanos, ni de democracia. Sera un pas del tercer mundo como la mayora de los otros.

La ofensiva propagandstico-humanitaria de los pases de la OTAN contra Nicaragua no va a tener el menor efecto a lo interno del pas. De no ocurrir hechos catastrficos extraordinarios, o errores garrafales de parte de los revolucionarios, Nicaragua se encamina hacia una cmoda victoria electoral del Frente Sandinista en las prximas elecciones y a una mayora en la Asamblea Nacional, lo que le dar espacio para realizar las reformas profundas que el pas necesita.

Pero los efectos de esta campaa a nivel internacional, sobre todo en los pases de la rbita de la OTAN, son devastadores. Anulan y neutralizan todo intento de construir un movimiento efectivo de solidaridad, que no slo tiene que ver con Nicaragua, sino con el proyecto del ALBA en su conjunto.

El ALBA, un proyecto de unidad continental anticapitalista, no tiene nada que ganar de una solidaridad que distinga entre pases buenos y pases malos.

Depender de una solidaridad as significara aceptar un status quo colonial segn el cual, con las palabras de la sociloga Diana Mulinari,(xviii) la mirada etnocntrica de la solidaridad gringa tiende a dejar solas a las gentes y los lugares permaneciendo intacta, entera, impasible ante las derrotas y los sueos rotos. Esta brjula poltica enferma reparte estrellitas europeas a los movimientos de resistencia que en un momento dado estn en onda, toma distancia civilizatoria de aquellos que pasaron de moda, tiene el poder de definir si la lucha es llevada adelante de una manera 'digna' y suspira ante el primitivismo emocional que se apodera de hasta el ms posmoderno de los cabezas negras latinoamericanos cada vez que Fidel o Chvez [o Daniel Ortega] aparecen en la televisin sueca [o europea, estadounidense, etctera]"

Es esta mirada etnocntrica la que se aprecia cuando amplios sectores del feminismo norteamericano y europeo participan en la cruzada propagandstico-humanitaria contra Nicaragua. No es la primera vez, ni ser la ltima, que el tema de salvar a las mujeres se convierte en el leitmotiv de las campaas imperialistas y racistas:

Todas las variantes del velo musulman, desde el burkha hasta el hijab, han sido utilizadas en un momento u otro para justificar invasiones imperiales desde Argelia hasta Afganistn, as como la islamofobia que agresiva y cotidianamente se practica en nuestros das en Europa y Norteamrica. Las violaciones masivas (siemre las de ellos, nunca la de nuestros muchachos) fueron uno de los temas centrales de la campaa de odio antiserbio que se apoder de Occidente cuando haba que destruir Yugoslavia, as como las campaas sobre los supuestos valores patriarcales de los inmigrantes del tercer mundo en los pases de la OTAN que justifican el racismo cada vez ms generalizado, etctera.

Se trata de un feminismo sectario y dogmtico, incapaz de comprender que las grandes mayoras de las y los oprimidos del planeta pueden tener prioridades que no coinciden exactamente con las de sus movimientos. A menudo, pregonan un atesmo militante que los aliena de un proletariado mundial en su enorme mayora creyente. Hijos de las postmodernas polticas de identidad, sus movimientos a menudo tienen un profundo miedo al poder poltico que las masas oprimidas del planeta puedan conquistar. Por eso necesitan a cada instante dispensar estrellitas europeas de legitimidad y certificados de autenticidad a los movimientos con los que se dicen solidarizar.

IMPERIALISMO HUMANITARIO EN LA ERA DEL PODER INTELIGENTE

Qu podemos aprender de este largo recorrido por la campaa difamante de la que es objeto la Nicaragua sandinista de hoy? En primer lugar, que el mundo no ha cambiado tanto como parece a lo largo de las dcadas. La solidaridad entre los pueblos oprimidos del planeta y las clases trabajadoras de los pases opresores sigue siendo difcil, espordica y falta de consecuencia, es decir, ineficiente.

El llamamiento del presidente venezolano Hugo Chvez a la formacin de una nueva internacional, que el presidente Daniel Ortega ha dado en llamar internacional de los pueblos es ms pertinente que nunca. Slo un instrumento poltico global salido de los pueblos que luchan por su liberacin podr romper con la hegemona ideolgica del imperialismo y sus aparatos meditico-militares.

El fortalecimiento y desarrollo del ALBA y su(s) socialismo(s) del siglo XXI son la lucha real de nuestros pueblos por la realizacin de sus derechos humanos polticos, econmicos, sociales y culturales. Por eso, toda discusin de los derechos humanos no puede ir desligada de un conocimiento de las alternativas polticas, de sus contextos concretos y de los sujetos sociales histricos que las impulsan.

Tan fundamental como la crtica de la concepcin liberal de los derechos humanos lo es el conocimiento de las economas que la sostienen y de las estrategias poltico-militares que esconde. Es fundamental que todos aquellos compaeros activos en la solidaridad antiimperialista conozcan y denuncien el uso que se hace de los derechos humanos y de las sociedades civiles hechas a la medida de los estados de la OTAN.

Las lites intelectuales profesionales, no importa cun progresistas sean en determinados momentos, no pueden romper por s solas con el orden ideolgico impuesto por las potencias imperiales. Son demasiado fuertes los vnculos personales y profesionales, las lealtades forjadas a lo largo de los aos y a menudo, las presiones de los mecanismos de produccin intelectual, como para no dejarse influenciar en momentos crticos.

Se hace imprescindible democratizar las relaciones de produccin y circulacin intelectual defendiendo espacios alternativos de comunicacin y debate entre las izquierdas del tercer mundo y los pases atlnticos como Rebelion.org y otros. Sobre todo, se hace imprescindible fortalecer las voces de los pueblos que luchan por su liberacin.

NOTAS

i Nicaragua: consentimiento fabricado e Izquierda Neo-colonial, toni solo, Revista Correo, http://tortillaconsal.com, mayo de 2009

ii EE.UU. critica situacin de derechos humanos en Cuba, Venezuela y Nicaragua, EFE, 25 de febrero de 2009 y Universal Periodic Review of Nicaragua Statement by the United States, US Mission to the UN and other organizations in Geneva, 2010

iii La embajada de Estados Unidos en Nicaragua, en un comunicado fechado el 27 de mayo de 2008, da a conocer que CINCO es una de las beneficiarias de ayudas de entre 13.000 y 25.000 dlares para proyectos para promover la participacin ciudadana en las elecciones municipales de ese ao, elecciones que ms tarde seran calificadas de fiasco por esa misma oposicin y los pases donantes de la rbita de la OTAN. Fuente: http://spanish.nicaragua.usembassy.gov/np_27_de_mayo_2008.html

iv MRS, derecha posmoderna?, por Francois Houtart, Radio La Primersima 25 de julio 2007

v Lo que olvidaron o jams supieron Chomsky, Galeano, Gelman, Benedetti... por Toni Solo, Radio La Primersima 25 de junio de 2008

vi El reto nicaragense Armonizacin de los donantes: Entre la eficacia y la democratizacin. Estudio de caso II, de Claudia Pineda y Nils-Sjard Schulz, FRIDE, enero de 2008

vii http://www.fondogobernabilidad.org.ni

viii National report submitted in accordance with paragraph 15 (a) of the Annex to Human Rights Council resolution 5/1* Nicaragua, Naciones Unidas, 2010

ix NACIONES UNIDAS: Nicaragua se niega a discutir aborto teraputico, Jos Adn Silva, IPS Noticias 12 de febrero de 2010

x Es creble Human Rights Watch cuando habla de Cuba? Tim Andersson, Monthly Review, Rebelin.org 21 de febrero de 2010

xi El agente Vivanco, Jean Guy Allard, Granma (Publicvado por Rebelin.org) 22 de septiembre de 2008

xii SourceWatch.org, Amnesty International

xiii ARTICLE 19, CENIDH, FVBCh and CINCO Submission to the UN Universal Periodic Review, Seventh Session of the UPR Working Group, February 2010, UN

xiv http://www.article19.org/work/regions/latin-america/activities.html

xv http://www.fidh.org

xvi Suplemento dominical de La Prensa, domingo 7 de febrero de 2010.

xvii El somocismo de los probos, Jorge Capeln, http://tortillaconsal.com febrero de 2010.

xviii Kolonial Solidaritet, Diana Mulinari, MANA 2007 #4 (la cita traducida del sueco por Jorge Capeln)

Fuente: http://tortillaconsal.com/tortilla/node/5359



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